A medianoche el fin del mundo paró. Me he levantado con más miedo que otra cosa a mirar la ventana y se veía el amanecer con claros entre nubes. Después de lo que estuvo lloviendo ayer ver un claro despierta a uno más que veinte cafés. Hemos desayunado rápido y con el amanecer hemos cogido el coche para ir a Anse Georgette, una de las playas más famosas de Praslin. Antes de coger el coche en el mismo jardín del alojamiento he echado un rato con la cámara porque está lleno de loros negros de Seychelles, está todo lleno de frutales y hay un grupo de 10 loros de un lado a otro comiendo las frutas y peleándose entre sí, yo creía que sería más complicado verlos y los tenemos aquí como palomas.
Anse Georgette geográficamente está cerca de donde estamos nosotros pero para llegar hay que dar toda la vuelta a la isla, atravesando la Valle de Mai. Para llegar a Anse Georgette hay dos formas. Una es pidiendo un permiso a un hotel para atravesar su terreno y llegar a la playa por el campo de golf y la otra es haciendo una rutilla de dos kilómetros por el monte de Praslin. Hemos decidido hacer la rutilla viendo que es muy temprano y ya volveremos por el hotel.
Los dos kilómetros que se hacen son un paseo bonito, tras una primera subida tienes vistas a las montañas de Praslin con el aeropuerto a un lado y las playas y luego vas descendiendo hasta llegar a la playa. La playa la hemos encontrado a las 8:30 sin nadie. Una playa de arena finísima, con la vegetación cerrándola y en cada lateral las típicas piedras graníticas de Seychelles. El baño es con olas pero el agua es tan cristalina que parece una piscina. Playa tremendamente bonita.
Según ha avanzado la mañana ha ido llegando gente. La gran mayoría por el hotel y solo dos parejas más de pobreticos como nosotros han llegado por la ruta de senderismo. Realmente la ruta es bien bonita pero si la haces con el sol ya apretando es un disparate por el calor. A las 12:30 ya satisfechos de playa hemos recogido y hemos salido por el campo de golf. Tienen el campo precioso y es curioso ver, aun con el calor que hace, a bastante gente jugando. Hemos llegado al coche empapados de sudor, si llegamos a volver por el monte nos morimos.
Del aparcamiento hemos ido para el Valle de Mai. La Valle de Mai es una reserva natural declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO que conserva uno de los bosques de palmeras mejor conservados del mundo. Es uno de los pocos lugares donde el coco de mer crece de forma natural y se pueden ver las seis especies de palmeras endémicas de Seychelles. La entrada vale 25 euros, me parece una pasada el precio pero es algo tan único que aun poniéndolo a 40 € terminaría pagándolo. Nada más entrar tienes la tienda de souvenirs con sus cosas de coco de mer y de la tienda entras de lleno al bosque.
El bosque es como andar por un escenario sacado de la imaginación de un paleoartista. Un bosque de palmeras con un techo de hojas enormes con cocos de mer colgando. Hay tres senderos, el central, el sur y el norte. Hemos ido recorriendo el central y sur parándonos sobre todo para buscar el premio gordo, el camaleón de Seychelles. La gente contrata guía pero si la entrada son 25 euros el guía no he querido ni preguntar. No hay mucha gente por lo que vamos a confiar en nuestro ojo.
Los cocos de mer son impresionantes, se ven tanto masculinos con su vara floral, como cocos de mer femeninos con auténticas monstruosidades como cocos, muchos de esos cocos dejan el que me compré ayer por pequeño. Hemos ido andando lentamente viendo 1000 caracoles endémicos y algún que otro gecko de Seychelles hasta que mi pareja, en una rama se ha parado y ha gritado un «lo tengo!». Justo en una hoja de coco de mer un camaleón subiendo elegantemente. Vaya ojo, no lo hubiera visto ni de broma. Va andando por todo el borde de la hoja, parándose de vez en cuando, con su característico apéndice en forma de barbilla. Muy bonito. Y no se está quieto, he estado un rato grabándolo y tirándole fotos y se ha recorrido la hoja del coco de dos metros de diámetro al menos de arriba abajo. Un camaleón de Seychelles en una hoja de Coco de mer, más auténtico imposible.
Tras el camaleón hemos seguido la rutilla, pasando por un mirador, más bosque cerrado con cocos de mer por el suelo y ya, una hora y media después y chorreando de sudor como si nos hubieran tirado un cubo de agua, hemos salido de la reserva.
Ya en el coche, hemos parado a comprar un par de cervezas y nos hemos ido a Anse Lazio a rematar la tarde y ver el atardecer entre nubes con una SeyBrew. Anse Lazio es otra de las playas famosas, pero al lado de Anse Georgette pierde claramente. Es más una playa con ambiente local y turístico. Está al lado de la carretera y hay varios bares y puestos, me ha recordado a la de Beau Vallon de Mahé. Aun así la playa está bonita y los veleros y catamaranes aprovechan la bahía para hacer ahí noche al resguardo dando una foto curiosa.
Hoy para cenar hemos variado y nos hemos pillado unas pizzas en un restaurante bastante decente a precios de España. Ni tan mal. Día redondo donde el cielo ha respetado mucho y ha terminado con un atardecer bien bonito mientras nos comíamos las pizzas.
Mañana tenemos el tour en barco por unas islas de alrededor y ya recta final de Seychelles. Dos días contados quedan de playa.