Hoy día de transición entre islas. Se supone que hoy el parte del tiempo era favorable en todos los modelos y ha resultado un drama de día, al menos ha pillado en un día de transición y rompe menos, pero bajón.
Nos hemos despertado sin prisa para nuestro último maravilloso desayuno en Tannette Villa. Con todo recogido y pagado hemos dejado las mochilas y nos hemos ido a la Veuve Special Reserve. Es una reserva natural pequeñita en medio de La Digue que tiene como objetivo la conservación de un ave endémica muy amenazada, el papamoscas del paraíso de Seychelles. Es una de las aves más raras de las islas y se estima que quedan entre 350 y 500 ejemplares. Hubo un tiempo en donde su población llegó a estar reducida a tan solo 28 ejemplares concentrados en la Digue. Ahora parece que los programas de reintroducción están funcionando poco a poco en otras islas como Denis y Curieuse.
Llegando a la reserva desde la carretera unos obreros nos han señalado uno, efectivamente en las ramas de enfrente hemos podido ver uno posado con su enorme cola. Ha aguantado poco y se ha metido entre los árboles. Hemos pasado a la reserva y hemos echado una hora larga buscando al pájaro. Al final, un hombre de mantenimiento se ha acercado a nosotros y nos a una parte del camino donde a lo lejos se podía diferenciar un nido. Nos ha dicho que aguardemos ahí, gracias al hombre a los pocos minutos hemos podido ver un macho acercarse y posarse varias veces alrededor del nido. Muy bonito, llega a recordar al quetzal por las dos plumas tan largas que tiene, aunque es un pájaro mucho más pequeño que el quetzal. La reserva tiene su punto y merece la pena, además del papamoscas se ve mucho pájaro, tejedores, palomas y ambiente selvático.
De la reserva hemos cogido la bici y nos hemos pegado un buen paseo dándole la vuelta a la isla. La gente va con la bici hasta un bar que se llama Chez Jules que está en el otro lado y es donde acaba la carretera. El camino vas intercalando calitas y hoteles. Todo muy bonito hasta que sobre las 11 se ha puesto a llover. Hemos vuelto para el pueblo ya lloviendo y justo hemos llegado al alojamiento a la 1 cuando más ha empezado a apretar. Con el ferry a las 13:30 hemos aguantado un poco pero bajo la lluvia hemos tenido que echar a andar.
Ha empezado a llover a las 12 y no ha parado de llover en todo el santo día, ha sido como si Seychelles estuviera dentro de una nube todo el rato. Vaya mala suerte de día. El ferry ha salido puntual, lo bueno es que de La Digue a Praslin son solo 15 minutos. Bajo el diluvio nos ha recibido el chico del alquiler del coche. Aquí una pareja de turistas que bajaban del ferri han preguntado, mientras haciamos el papeleo, si podían alquilar un coche y el chico les ha dicho que esta todo reservado, asi que no está demás la reserva con antelación viendo que pueden agotarse. Ya con nuestro cochecito, y viendo el panorama de lluvia, hemos ido hacia una tienda de coco de mer oficial a ver qué había. UBICACIÓN DE LA TIENDA
La tienda de coco de mer es pequeñita pero está bien bonita y es la única en todo el viaje donde hemos podido ver variedad de Cocos de Mer a precios oficiales. Dividen los cocos de mer por categorías A, B y C. La chica me dice que categoría A no tienen y que duda que en la Vallée de Mai tengan, no ya de la A si no de cualquiera. De la B hay un ejemplar muy chulo, muy simétrico y para lo que yo quiero (quitarme el capricho y tener un recuerdo en la casa del coco de mer) más que de sobra. En un momento la chica me ha rellenado los papeles de exportación y listo. Ya tengo mi frikada del viaje.
A las 15:00 hemos llegado a nuestro alojamiento por unas carreteras bastante estrechas que le hace a uno temer lo peor cuando un coche local viene de frente sin hacer el más mínimo amago de frenar. El alojamiento, Mirella Villa, un sitio algo viejo pero con unas vistas impresionantes al diluvio universal, a ver si mañana mejora y tenemos las vistas por las que hemos pagado. La tarde poco más, la idea era pasarla en la playa de Côte d'Or (Anse Volbert), pero con la que cae hemos ido a comprar terminando mojados hasta los huesos. Al menos hace calor y no fastidia mojarse. Hemos decidido comprar unas cervezas y un ron Takamaka y a ver llover desde nuestra terraza de vistas dramáticas. Buen viaje de takamakas nos estamos pegando. Takamakas bajo la lluvia.