Hoy nos hemos levantado con un cielo bastante optimista. Toda la noche lloviendo a lo bestia, imagino que habrá vaciado lo que quedara de agua, qué locura. Nos hemos despertado a las 6 y como el desayuno no es hasta las 8 nos hemos cogido las bicis para dar una vuelta por el pueblo, ya que ayer apenas pudimos verlo con la lluvia. Todas las casas por las que pasamos están prácticamente con el terreno inundado. Las casas que se ven, por otra parte, son buenas casas, me recuerda muchísimo nuevamente a Belice. Con las bicis hemos llegado hasta las playas del norte, Anse Patates y Anse Sévère. Playitas que con la marea alta y el mar duro están casi desaparecidas. El paseo es bastante bonito y aun siendo temprano está lleno de locales yendo de un lado a otro con sus bicis. Hasta nos hemos topado con una panadería de toda la vida donde hemos podido comprar para comer a precios humanos.
De vuelta al alojamiento nos han puesto el desayuno más copioso que existe. Tremendo el desayuno, más que recomendado el sitio porque viendo los precios que manejan por aquí con este desayuno el precio está más que justificado.
Desayunado y con las cosas preparadas hoy vamos hacia Anse Cocos. Anse Cocos se encuentra al final de una ruta a la que se llega en bici para después ir andando entre bosque y playas. En esta zona el mar está fuerte y el baño es delicado, pero en Anse Cocos se forma una piscina natural que hace el punto popular para bañarse. El camino en bici es una delicia, pasando hasta por una especie de iglesia excavada en roca. Casitas de estilo colonial y bosque selvático. Al final del camino se dejan las bicis libremente y se empieza a andar. El camino no es ninguna locura, se hace perfectamente en 40 minutos. Se pasa por una primera playa bravísima, Grand Anse, luego por Petite Anse, tambien con oleaje, y finalmente se atraviesa bosque para llegar a Anse Cocos.
Hemos llegado relativamente temprano. Como a las 10:30 y apenas estaba una pareja de guiris y nosotros. La piscina está ideal y el entorno es muy Seychelles. Nos hemos pegado un par de baños entre piedras llenas de cangrejos y unos peces que se llaman blenios saltarines que se encuentran fuera del agua y se desplazan dando saltos impulsándose con el cuerpo y las aletas. Pueden respirar fuera del agua mientras mantienen la piel húmeda, el eslabón perdido entre peces y anfibios.
Para las 12:30 la calita ha empezado ya a llenarse, es tan pequeña que apenas lleguen 20 personas se siente abarrotada. Se nos han sentado el equivalente a domingueros pero en alemán al lado, fumando como alquitraneras y hemos dado por terminado Anse Cocos. Hemos recogido y hemos ido desandando. Nos hemos tomado un coco y comido en un puesto al inicio de Anse Cocos y, en Petite Anse, hemos visto que había una especie de cabañitas de paja donde te puedes resguardar del sol y que el baño, aun con olas, es viable sin meterse muy dentro. Además prácticamente sin gente. Hemos echado lo que queda de tarde aquí más a gusto que nadie. Baños de olas y vuelta y vuelta de sol y coco con takamaka.
Para las 17:00 hemos desandado lo que quedaba y con la bici hemos hecho el intento de subir a una cafetería que está en lo alto de la isla, pero con el calor que hace hemos desistido a los 10 minutos. Es inviable subir cuesta arriba con el soletón. Te deshidratas en dos pasos que das.
De vuelta al alojamiento nos hemos arreglado y ya para la tarde-noche hemos vuelto a tomar una cervecita en el pueblo viendo atardecer, dar una nueva vuelta viendo el ambiente y pillar cena en el takeaway de ayer, si ayer hubo espaguetis hoy ha tocado arroz. Día muy bien aprovechado, las predicciones decían tormentas todo el día y en cambio ha sido el mejor día, en cuanto a tiempo, del viaje, no dan una las predicciones.
Mañana cambiamos de isla a Praslin.