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Paseo por el barrio de Hampstead, tras las improbables huell ✈️ Foro Londres, Reino Unido e Irlanda ✈️


Guia-Guide Tema: Londres en diez pasos y mas...ayuda para la visita

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Londoner111
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A High Street es la calle principal de Hampstead, este barrio del noroeste levantado sobre colinas, con pronunciados desniveles. Hay comercios coquetos en los bajos de las casas de ladrillo en tonos pastel, hueso o naranja, recoletos callejones que se abren a los lados, árboles y flores. Un joven sonrosado, rubicundo y uniformado que conduce un motocarro reparte leche fresca en preciosas botellas de cristal. Pido un mapa a una india que regenta un ultramarinos y la mujer, cabello cano y gafas con lentes gruesas, se anima a dibujarme con paciencia y precisión un plano con todos los lugares que quiero visitar. Yo probablemente me reencarne en una cucaracha, pero ella, sin duda, está cerca de la iluminación definitiva.

Eso sí, ella, como otros a quienes pregunté, no había oído nada de la residencia de los Waugh, y hube de contentarme con comenzar el recorrido por la iglesia de Saint John. Gracias a sus indicaciones la encontré sin dificultad. Comenzada a construir en 1745, es una parroquia de ladrillo claro, con una torre con reloj y un pináculo verde bronce. Lo más interesante es su cementerio, arbolado, en desnivel, con templetes y lápidas ilegibles, algunas invadidas por la hierba. El pintor John Constable reposa en una esquina, bajo la sombra de un roble que refresca el musgo que cubre su lápida. También encuentro la tumba de una tía de Jane Austen, pero me pierdo la de los padres de... Waugh.

Por aquí hay casas de estilo georgiano y una pequeña iglesia católica, Saint Mary, encajada entre casas blancas con puertas pintadas de alegres colores. Pero también mansiones, recogidas tras muros de piedra y verjas de hierro, al fondo de caminos de grava que recorren amplísimos jardines. Fenton House, Wind Mill House, Enfield House... O residencias extravagantes, como la Admiral's House, blanca y azul marino, que parece un barco encallado. Nos recuerdan que en Hampstead, en el siglo XVIII, la aristocracia estableció su segunda vivienda, embelleciéndolo. Desde entonces este barrio ha sido residencia de la clase alta y también de artistas y bohemios con posibles. Lord Byron, Dickens, Gropius, Audrey Hepburn, Sigmund y Lucien Freud, Martin Amis o Russell Crowe han subido o suben sus cuestas y han olido o huelen sus hortensias. La pregunta no es qué celebridad ha vivido aquí, sino quién no lo ha hecho. Y sus vecinos saben lo que quieren: no pudieron impedir que aterrizase McDonald's, pero al menos lograron reducir el tamaño del logotipo en la fachada.

Una de las casas más visitadas es la de Keats, ese romántico. Los pájaros cantan, amenaza lluvia y la casa del poeta aparece tras una rústica valla de tablones de madera, adosada a aquella en la que vivió Fanny Brawne, su amor, fiel suscriptora de revistas de moda. Las dos son neoclásicas, la una, blanca; la otra, amarillo pálido. Aquí, bajo un ciruelo, Keats escribió su Oda a un ruiseñor.
Ranas y Rembrandt

Recupero fuerzas en un restaurante indio y me dirijo hacia Hamstead Heath, un parque abierto, sin muros ni verjas, que separa el barrio del de Highgate. En el Heath, con sus estanques, praderas sin segar y bosquecillos, uno tiene la sensación de haber salido de la ciudad. Solo se oye el viento y el paso de algún avión. Hay ranas del tamaño de la uña del pulgar, urracas, pescadores y una casa en lo alto de una loma, Kenwood House, que alberga obras de Vermeer, Rembrandt o Guardi. Una de las cosas que uno no puede perderse es la vista desde una pradera de Parliament Hill, en un claro, con la City en el horizonte.

Al abandonar el parque me dirijo hacia la Spaniards Inn, residencia de los embajadores españoles en tiempos de Jacobo II. Un taxista me había contado que es el pub más alto de Londres. Me pido una cerveza mientras repaso mentalmente el paseo. Acodados en su barra de madera se han emborrachado, cómo no, célebres escritores.

A la vuelta, ya en Madrid, supe que el dato del nacimiento de Waugh no era correcto. En realidad, sus padres vivían en North End Road, perteneciente a Golders Greene, un suburbio cercano. Waugh, avergonzado, cuando escribía a sus compañeros universitarios de Oxford, caminaba hasta Hampstead para que el matasellos fuera más presentable. No me había perdido nada. A Waugh, como a tantos otros -snobs o no-, le hubiera encantado nacer y vivir en Hampstead. Da un poco de pena su vergüenza por un origen nada vergonzante. Prefiero recordarlo por aquella ocasión, más festiva y extravagante, en la que trató de quitarle el bigote "falso" a Dalí, que le retiró la palabra.

Visitas

» Casa Museo de John Keats (www.keatshouse.cityoflondon.gov.uk; 0044 20 73 32 38 68). Keats Grove, Hampstead. En invierno abre de viernes a domingo, de 13.00 a 17.00. 5,85 euros.

» Museo Freud (www.freud.org.uk; 0044 20 74 35 20 02). 20 Maresfield Gardens. Abre de miércoles a domingo, de 12.00 a 17.00. Entrada, 7 euros.

» Spaniards Inn (0044 20 87 31 84 06; thespaniardshampstead.co.uk). Spaniards Road.

» Kenwood House (0044 20 83 48 12 86; www.english-heritage.org.uk/ ...ood-house/). En el parque Hampstead Heath. De 11.30 a 16.00. Entrada gratuita.

» Iglesia de Saint John (www.hampsteadparishchurch.org.uk; 0044 20 77 94 58 08). Church Row.
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Londoner111
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El viajero que vaya a Londres por primera vez con la sana intención de ver teatro no tardará en percatarse de dos realidades paradigmáticas: a) es muy difícil ver allí un mal espectáculo, y b) las entradas cuestan un potosí. Obviamente, este segundo apartado es el primero que se constata, pero ya llegaremos a eso. Para empezar, conviene olvidarse de los precios en España, donde el teatro, en comparación, es casi regalado. ¿Por qué es tan caro el teatro en Londres? Una respuesta posible se obtiene entrelazando el punto a) y el punto b): porque es muy bueno. Para que sea tan bueno ha de pasar por infinitas "previsiones de calidad" que encarecen el producto. Un ejemplo entre muchos: los understudies, algo inimaginable en nuestra escena, y que consiste en que la mayor parte de espectáculos han de costearse un doble reparto por si alguno de los actores del cartel se pone enfermo o le cae una teja en la cabeza.

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Los jardines colgantes de Kensington

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Por otro lado, no gozan de tantas subvenciones como en la escena continental. En Londres solo hay cuatro espacios plenamente "oficiales": el National Theatre (NT), el Royal Court, el Sadler's Wells (dedicado a la danza) y la Royal Shakespeare Company (RSC), que tiene su sede en Stratford y presenta sus producciones en diversos teatros del West End. Las entradas de los teatros oficiales suelen oscilar entre las 12 y las 45 libras (de 13 a 50 euros), un precio apañado en comparación con el West End (los espacios "comerciales"), donde las localidades se disparan, mayormente porque el alquiler de los teatros es prohibitivo y porque los musicales (su principal tipo de producción) son un pozo sin fondo.

Luego, claro está, los productores se desquitan a modo: por un espectáculo de éxito, aunque lleve varios años en cartel (Billy Elliott, por ejemplo), pueden llegar a pagarse 65 libras (71 euros), mientras que una función de reciente estreno y mucho reclamo (The Ladykillers, en el Guielgud) alcanza tranquilamente las 85 (94 euros), que ya es alcanzar. Así, pues, los precios del West End se elevan hasta la estratosfera (y entonces tenemos lo que se llama un hot ticket) cuando coinciden dos factores: función que el público anhela ver y protagonismo de una estrella de cine, televisión o el star-system teatral, como Kristin Scott-Thomas en Betrayal (75 libras, 83 euros) o Dominic West, el gran McNulty de The Wire, en Butley (por el precio relativamente módico de 53,50 libras o 59 euros). Sepa también el viajero que no suele haber diferencias de precio de entrada entre el West End y el Fringe (antes llamado off). El fringe (literalmente, flequillo) indica, simplemente, que el teatro en cuestión no forma parte del centro geográfico o de la asociación de empresarios teatrales del West End, que agrupa los teatros comerciales en dos o tres cadenas. Tampoco hay diferencias de precio entre una matinée y una entrada de noche: cuestan lo mismo y, simplemente, la matinée es una función más temprana, a las tres o las cuatro de la tarde (lo que permite ver dos funciones distintas el mismo día, si el cuerpo y el bolsillo lo soportan).

Hay varios sistemas para conseguir entradas. La forma habitual es comprarlas online en páginas como What's On Stage (www.whatsonstage.com) o Ambassadors Tickets (www.ambassadortickets.com). Naturalmente, llevan recargo, pero es el mejor sistema cuando se trata de un espectáculo muy solicitado, que obliga a reservar con meses (no exagero) de antelación. La segunda opción es, claro está, personarse en las taquillas el mismo día, con el riesgo no menos obvio de que estén agotadas. Hay que tener en cuenta que los teatros de Londres, con una continua afluencia de turistas y un fidelísimo público local, están siempre llenos.

La tercera consiste en utilizar los servicios de TKTS (www.tkts.co.uk), una empresa que comenzó a funcionar en Broadway en los setenta y en Londres una década después. Tienen una caseta central en Leicester Square y ofrecen entradas del día (o de la semana entrante) a mitad de precio o con sustanciosas rebajas. Para ello conviene personarse en la caseta o consultar su web, donde cada día muestran su oferta, aunque solo pueden comprarse in situ, desde las 10.00 hasta las 19.00. Cuarta opción (para madrugadores): cada día se ponen a la venta en determinados teatros (NT, Donmar Warehouse) un remanente de entradas, los llamados day seats. Es imperativo hacer cola desde primera hora de la mañana, antes de que abran las taquillas a las 9.30. Quinta y última opción (para espíritus arriesgados): acudir al teatro media hora antes para ver si hay devoluciones y encomendarse a un santo o santa.

También conviene saber un par de cosas sobre los teatros londinenses. La mayoría fueron construidos hace dos o más siglos. Esto quiere decir que son preciosos, pero tan pequeños como incómodos. En invierno, la calefacción brota del suelo, con lo cual arden los pies a la media hora. En verano no suele haber aire acondicionado, lo que implica una temperatura cercana a la del horno de san Daniel (hay excepciones, pero no abundan). Observará igualmente el viajero que las funciones tienen deliciosos rituales, como la copa de vino blanco en el intermedio (se puede reservar a la entrada: el blanco del NT es el mejor) o las tarrinas de helado, que los británicos ingieren con voracidad (hay puestecitos junto a las puertas o vendedores que recorren la sala) en cualquier época del año.

Otro de los rituales infaltables es la compra del programa. En mi opinión, equivale a tirar tres libras, porque casi nunca dicen nada de interés y todo se les va en fotos y papel caro, salvo los del NT, pródigos en ensayos (muy claros, muy informativos: en una palabra, muy ingleses) de auténticos especialistas.
Teatros

NATIONAL THEATRE (NT)

Por fuera es un horrísono edificio de hormigón armado (70's style, como el Barbican, que también es feo a morir), al otro lado del río, cruzando el puente de Waterloo (metro Enbankment, Southwark o Waterloo). En su interior, lo más cercano al paraíso para los amantes del teatro. Tiene tres salas (Olivier, la grande; Lyttelton, la mediana; Cottesloe, la pequeña) con continua y a menudo espléndida programación, en invierno y en verano: solo cierran los domingos. Hablando de entradas, aquí hay que señalar la formidable iniciativa de un mecenazgo privado: Travelex, una empresa de cambio de divisas, compra cada temporada la mitad de las localidades de uno o varios espectáculos de la sala Olivier, y esas entradas (que, lógicamente, van que vuelan) se ponen a la venta a 12 libras, o sea, que estén atentos a la web.

Una jornada perfecta en el NT empieza con una visita a los estupendos puestos de libros de segunda mano que hay enfrente, a la orilla del río. Si el visitante está interesado en libros de teatro, encontrará en el interior del complejo una de las mejores librerías especializadas, el NT Bookshop, con textos, ensayos y todo tipo de audiovisuales.

Para comer en el NT se puede optar por el restaurante Mezzanine (00 44 207 452 36 00; dos platos, unos 24 euros), en la primera planta, sobre el Olivier, o hacerlo en la misma cafetería, en la planta baja, donde sirven platos y bocadillos, escuchando a los intérpretes de jazz o clásica que tocan, muy bien y de modo ininterrumpido, desde primera hora de la mañana. Otra cafetería muy asequible y con mayor número de platos es la del British Film Institute, BFI (www.bfi.org.uk), en el edificio contiguo.

» Southbank (www.nationaltheatre.org.uk; 00 44 207 452 30 00).

ROYAL COURT

En Chelsea, uno de los barrios más trendy de Londres, se encuentra el teatro más históricamente combativo de la ciudad: desde 1956, cuando John Osborne estrenó Mirando hacia atrás con ira, el Royal Court ha sido y es el templo de la nueva autoría británica y los clásicos contemporáneos. Activísimo (con programas y residencias de nuevos dramaturgos), mantiene una abundante programación: 20 espectáculos por temporada, desde producciones propias hasta festivales internacionales, repartidos en sus dos salas, Downstairs (400 butacas) y Upstairs (90), de modo que siempre hay algo sugestivo que ver. Atención: los lunes, las entradas cuestan 10 libras (11 euros). Reducida, pero interesante librería.

» Sloane Square (www.royalcourttheatre.com; 00 44 207 565 50 00).

DONMAR WAREHOUSE

A cuatro pasos de Covent Garden, en los bajos de un centro comercial, el Thomas Neal's Shopping Center, el Donmar es visita obligada. Se trata de un not-for-profit theatre (es decir, no comercial), pero no por subvención, sino por mecenazgo. Sam Mendes tenía 24 años cuando, en 1990, se le ocurrió la gran idea de pedir financiación a los dueños de las tiendas de la zona, que luego amplió, a lo grande, con nuevos patrocinios, tanto ingleses como americanos. Mendes puso al Donmar en el mapa, con montajes exitosísimos (Cabaret, Piaf, Assasins y un largo etcétera), y ha seguido su estela el actual director artístico, Michael Grandage, atrayendo a actores estelares como Judi Dench, Derek Jacobi, Gillian Anderson, Ewan McGregor o Jude Law (que en agosto y junto a Ruth Wilson protagoniza Anna Christie, de O'Neill, absolutamente sold out), en la línea del Almeida de los noventa. Sus dimensiones son similares a las del Lliure de Gràcia: 250 butacas y escenario sin cajas laterales. Acostumbran a hacer seis espectáculos por año, que complementan con producciones invitadas. Transfieren luego sus mejores espectáculos al West End (han hecho temporadas extraordinarias en el Wyndham's y el Piccadilly) y a Broadway (Frost/Nixon fue su éxito más reciente). En la sala 2 de Trafalgar Studios muestran el trabajo de sus jóvenes ayudantes de dirección. Se impone reserva, porque siempre suele haber bofetadas para entrar.

» 41, Earlham Street (www.donmarwarehouse.com; 00 44 844 871 76 24).

MENIER CHOCOLATE FACTORY

Junto a la estación de London Bridge y muy cerca de la Tate Modern se levanta esta antigua fábrica victoriana, cerrada y en ruinas desde 1980, hasta que en 2004 el jovencísimo director David Babani (19 años) convenció a la financiera Danielle Tarento para que alquilara el local. Remozaron el edificio, levantaron un teatro, un restaurante y una sala de ensayos y comenzaron a ofrecer packs de cena y espectáculo. El restaurante, en la planta baja, es cálido, con buen menú y mejor precio: no supera las 14 libras (15,50 euros). En el sótano está el pequeño teatro. Tiene 180 butacas y la boca del escenario es de apenas diez metros, pero se atreven con todo: clásicos, contemporáneos, stand-up comedy y, sobre todo, musicales. El precio medio de la entrada es de 30 libras. ¿Cómo se mantienen? Vendiendo luego sus producciones "de bolsillo", convenientemente ampliadas y con nuevo reparto. Sus grandes triunfos han sido Sunday in the park with George, A Little Night Music, The Little Shop of Horrors o La cage aux folles. El montaje de A Little Night Music, dirigido nada menos que por Trevor Nunn, saltó a Broadway con un cast de lujo, encabezado por Catherine Zeta-Jones y Angela Lansbury. Sondheim les está tan agradecido que eligió estrenar en la Menier (el pasado 6 de julio) su nuevo y esperadísimo musical, Roadshow.

» 53, Southwatk Street (www.menierchocolatefactory.com; 00 44 207 378 17 13).

OLD VIC

Por allí ha pasado la flor y nata del teatro inglés, desde la generación de Olivier, Guielgud, Richardson y Edith Evans en los veinte y treinta hasta la de O'Toole, Finney, Hopkins y Maggie Smith en los sesenta. Fue sede del NT hasta 1976, y en 1988, cuando sus propietarios amenazaban con derribarlo, lo compró la empresaria Sally Greene, que creó una fundación (The Old Vic Theatre Trust) y una productora (Old Vic Productions, OVP) y puso al frente a Peter Hall, que tan solo lo dirigió durante dos temporadas a finales de los noventa. En 2003, la dirección artística pasó a manos del actor americano Kevin Spacey, que apuesta por una programación de calidad para públicos amplios. En 2008 tuvo un gran éxito coprotagonizando con Jeff Goldblum Speed-the-plow, de David Mamet; en 2009 apadrinó The Bridge Project, una serie de montajes coproducidos por Sam Mendes, el Old Vic y la Brooklyn Academy of Music (BAM) con dobles programas de Shakespeare y Chéjov, algunos de los cuales han podido verse en el Español madrileño. Spacey protagonizará la nueva entrega del Bridge Project, un Ricardo III que llegará al Centro Niemeyer de Avilés el próximo otoño. Entre otros triunfos recientes del Old Vic cabe destacar la trilogía The Norman conquests, de Ayckbourn, y Cause célèbre, la obra póstuma de Terence Rattigan, en conmemoración de su centenario.

» 103, The Cut, Waterloo Road (www.oldvictheatre.com; 00 44 844 871 76 28).
Restaurantes

Para el viajero español, comida y teatro tienen complicada combinación en Londres. Casi todas las funciones empiezan a eso de las siete y media de la tarde -muy pronto para cenar - y acaban hacia las diez o más tarde -es cuando muchos restaurantes comienzan a cerrar cocina-, con lo cual estás condenado a picar algo en un pub o en el bar del teatro (antes) y pillar una pizza al vuelo (después)..., o a rastrear los lugares que tienen el detalle de bajar la persiana around midnight, como en la canción.

Otra fórmula es pillar una matinée: suelen comenzar a las tres (miércoles o jueves y sábados). Eso permite la imprescindible visita al Pub Salisbury (90, Saint Martin's Lane), cerca del Covent Garden. La comida de pub tiene detractores, pero la del Salisbury es superior a la media. Tienen unas salchichas (especialidad de la casa) muy recomendables, sin embargo, la gracia del Salisbury radica en que es uno de los más antiguos (construido en 1892) y está muy cerca de los principales teatros del West End. Se trata del clásico pub victoriano, con cristales biselados, grandes espejos, figuras de bronce y lámparas art nouveau. Ha aparecido en infinidad de películas inglesas desde que en 1961 se rodó allí Victim, de Basil Dearden, con Dirk Bogarde. Por lo que respecta a los restaurantes "tardíos", propongo un posible póquer de ases de la zona Soho-Covent Garden.

THE IVY

Cuando abrió se convirtió casi instantáneamente en el restaurante de la gente del mundo del cine y el teatro. A esa parroquia se sumó la alta sociedad londinense, atraída por su condición de local de moda, no en vano Harold Pinter situó allí su sátira Celebration. En su momento era desorbitadamente caro; con la crisis ha bajado mucho sus precios y ofrece, cosa impensable años atrás, un menú de tres platos por 29 euros. Está entre Leicester Square y Shafterbury Avenue, justo frente al St Martin's Theatre, donde desde 1974 se viene representando La ratonera.

» 1-5 West Street (00 44 20 78 36 47 51; www.the-ivy.co.uk). A la carta, ensalada de pollo 13 euros, chuleta de cordero, 25 euros.

SHEEKEY

La empresa del Ivy comanda también el Sheekey restaurant & oyster bar, no lejos de allí. Está especializado en pescado y marisco, algo un tanto inusual en Londres. En cierto modo ha tomado el relevo del primer Ivy entre la farándula, que acude a cenar o, sobre todo, a tomar ostras, vino blanco y dry martinis en (naturalmente) la barra del Oyster Bar. Entre los habituales, Vanessa Redgrave o Michael Gambon. El Sheekey sigue la misma tónica de su hermano mayor: no es precisamente barato pero tampoco es salvajemente caro. Ah, y cierra a medianoche.

» 33-34 Saint Martin's Court (00 44 7240 2565; www.j-sheekey.co.uk). Menús desde 29 euros. A la carta, seis ostras, 16 euros.

YAUACHTA

Hasta las 11.45 abre este restaurante oriental ultramoderno en pleno Soho, cuyo himno debería ser Werewolves of London de Warren Zevon. No hay que perderse un clásico: la hot and sour soup with shredded chicken, o sea, la sopa agridulce con pollo.

» 15-17 Broadwick Street (00 44 20 7494 8888; www.yauatcha.com). Menú entre semana 32 euros.

JOE ALLEN

En un callejón cercano a Covent Garden está su discreta entrada con una simple placa en la pared. Basta bajar unos peldaños para percibir, de golpe, el bullicio y la música de piano y, tras la cortina, los infinitos carteles del West End y Broadway que lo convierten en una especie de museo. Franquicia americana, Joe Allen abrió en Londres en 1977; en los ochenta se convirtió en lugar favorito de muchos actores, entre otras cosas porque cierra pasadas las doce. Estupendas hamburguesas y huevos Benedict. Hay un pre-theatre menu (2 platos, 18 euros) de 17.00 a 18.45. Cosa insensata para nosotros, ya digo, pero una solución si se te ha pasado la hora de comer.

» 13, Exeter Street (00 44 20 7836 0651; www.joeallen.co.uk). Principales, unos 20 euros.

THE BOTANIST

A guisa de comodín de este póquer, The Botanist es el restaurante obligado antes o después de ver una función en el Royal Court (o tras un paseo por Chelsea). Abrió hace tres años y sigue llenísimo, sobre todo su bar. Mezcla cocina inglesa y francesa de muy alto nivel. Lujoso y clavón, pero con ofertas asequibles: hay un pre-theatre (de 17.30 a 19.15) por 23 euros.

» 7, Sloane Square (00 44 20 7730 0077; www.thebotanistonsloanesquare.com). A la carta, principales a partir de 20.
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Foco de tendencias y estilos variados, en Londres lo kitsch se abre un hueco con tiendas de ropa confeccionada con prendas de segunda mano, bazares para coleccionistas de todo tipo de curiosidades y hasta un restaurante adornado con animales disecados. ¡Y enjoyados! Lugares con un punto de excentricidad que sirvieron de escenario para la película El retrato de Dorian Gray, basada en la novela homónima de Oscar Wilde. Incluso se puede dormir en un hotel que combina un tapiz morisco con cojines en dorado brillante sobre una colcha atigrada. Desde la regenerada zona industrial de Shoreditch hasta el centro de la vida nocturna en el Soho y Covent Garden. Porque aunque lo kitsch representa el estilo que ha dejado atrás su momento de auge, quienes saben de moda dicen que es un fenómeno cíclico. Propuestas acompañadas por una estética nada convencional que raya lo cursi. Pero nunca aburre.

Tentación con aire kitsch

Oscar Wilde dijo que "la mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella". Y resistirse a volver de Londres con un souvenir con un aire excéntrico es casi imposible. Está lleno de tiendas especializadas, moda vintage que se torna el último grito y mercados extravagantes. Como Forbidden Planet (forbiddenplanet.com), un bazar enorme dedicado a la ciencia ficción, paraíso de los aficionados a los cómics y objetos coleccionables de películas o series. Los auténticos fans, en este caso de los Beatles, no tienen que acudir hasta el museo en su honor de Liverpool. Su parada londinense está en Baker Street, donde pueden adquirir cualquier artilugio con el sello de la banda. Camisetas, carteles, tazas o incluso recuerdos originales de los sesenta. Si no se encuentra lo deseado, otra alternativa es un puesto dedicado al grupo musical en el mercado de Portobello Road Market, los viernes y sábados.
También en Baker Street el suspense tiene protagonismo en el Museo de Sherlock Holmes que se encuentra, tal y como relataban las novelas, en el número 221B. La casa conserva el estilo victoriano representando el edificio donde vivían el detective y el Doctor Watson. Entre figuras de cera, artículos de regalo, libros y antigüedades, imposible salir de allí sin una fotografía con pipa y gorra imitando al investigador ideado por Conan Doyle.
Como si de un rincón donde Halloween se celebra todo el año, una visita a la Pequeña Tienda de los Horrores (viktorwyndofhackney.co.uk), del dandi y organizador de fiestas Viktor Wynd permite toparse, entre curiosidades y obras de arte, con una proyección de linterna mágica subida de tono.
Trastos viejos que marcan moda

La ruta de la moda urbana con aire kitsch pasa por echar un vistazo a la tienda Junky Styling (www.junkystyling.co.uk),en el mercado de Brick Lane. Allí la ropa de segunda mano se reconvierte en nuevos diseños, una especie de collage que recicla los objetos más insospechados para añadirlos a trajes de estilo junky (traducido como trasto viejo o basura). Un look tan particular como exclusivo solo apto para los más atrevidos. Las compras continúan en Coco de Mer (www.coco-de-mer.com), exquisita boutique de lencería y objetos eróticos en Covent Garden. Aunque para adquirir el complemento perfecto hay que desplazarse hasta One (www.only0ne.com), en Ledbury Road. A la venta productos realmente individuales, desde accesorios a medida a estilos vintage que parecen sacados de un papel tapiz antiguo.
Con la vestimenta adecuada, el almuerzo espera en Les trois Garçons (www.lestroisgarcons.com), un pub victoriano que tres anticuarios han convertido en un excéntrico restaurante repleto de animales disecados adornados con joyas. Ostentosas lámparas de cristales y un ambiente surrealista. Especializado en la cocina francesa combinada con influencias británicas, hay que poner especial atención a la carta de postres, en particular al brownie con helado de pistacho. De copas a un club nocturno ubicado en unos antiguos baños turcos (www.thebathhousevenue.com). Música en vivo y cócteles con firma de la casa por diez libras y media.
Y para terminar la noche, oda a la estética kitsh en el céntrico Pavilion Hotel (www.pavilionhoteluk.com). De sus 30 habitaciones ninguna es igual a la anterior. Estilo sesentero con muebles exclusivos que parecen combinados de forma arbitraria. La habitación Casablanca Nights es una muesca de ello. Representa el ambiente marroquí pero con colores mucho más llamativos y con una colcha de estampado de leopardo en la cama. Rodeado de bares, tabernas y teterías libanesas, el hotel ofrece a sus clientes la posibilidad de alquilar coches como un lamborghini morado. La opción más tamizada pero igualmente particular es el Portobello Hotel (www.portobellohotel.com), cuya habitación más solicitada cuenta con una sexy cama redonda.
Escondites de Dorian Gray

Aunque naciera en Dublín, la fascinación de Oscar Wilde por Londres se refleja en obras como El retrato de Dorian Gray. Descubre rincones excéntricos e incluso tenebrosos de la ciudad que conoció a finales del siglo XIX. Estética gótica segregada por el famoso cementerio de Highgate, al norte de la capital inglesa,que se utilizó como localización en la película basada en su novela. En él descansa, entre tumbas y edificios fúnebres, el filósofo Karl Marx.
El joven Dorian Gray, cuando llega a Londres, desciende al mundo del libertinaje frecuentando bares de perdición como el Café de París (www.cafedeparis.com), el club nocturno que vio representaciones de Dorothy Dandridge o Marlene Dietrich, cerca de Leicester Square. Se convirtió para el rodaje en el Casino de Venise. También Crocker's Folly, en St John's Wood, representó en el filme un opulento bar y un fumadero de opio.
La ciudad de Oscar Wilde pasa además por la habitación 118 del Hotel Cadogan (www.cadogan.com), en el barrio de Knightsbridge, donde el literato fue arrestado por mantener relaciones homosexuales. Más tarde fue condenado en el juzgado Kempinski, que hoy es un hotel, bar y restaurante asiático que conserva parte de la decoración original de la sala de juicios (www.courthouse-hotel.com).
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Londoner111
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01 El Kensington de T. S. Eliot

"Para disfrutar Londres hay que conocer su historia", comenta Miriam cuando paseamos por South Kensington, su barrio de siempre. De ahí que en plena Gloucester Road, a dos pasos del metro del mismo nombre, señale que en el 133 de la calle vivió J. M. Barrie, el autor de Peter Pan, y repare también en la iglesia anglicana de St. Stephen: "Aquí fue sacristán durante veinticinco años T. S. Eliot, y en estas calles están inspirados sus poemas sobre gatos que dieron lugar al musical Cats". En efecto, una placa en la iglesia confirma el dato.

Cuando sale a comer por el barrio, Miriam frecuenta Mohsen, "una fondita persa donde tú mismo te puedes traer el vino de casa". Aunque South Kensington sea una especie de sucursal de Francia en Londres, a Miriam no se le ocurre entrar en un bistró: "Es una bobería: son lugares caros y en España los hay mejores".
02 Tiendas sin mañana

Así llama Miriam a TK Maxx, Fopp y Poundland, tres de sus edenes de la oferta favoritos. En todos ellos la mercancía varía prácticamente a diario, cosa que, para Miriam, es un aliciente. Entramos en la sucursal de TK Maxx en Hammersmith, una tienda sobreiluminada y multicolor cuya misión es, como cuenta Miriam, "cumplir esos pequeños deseos que una tiene". Esos pequeños deseos se pueden traducir en una chaqueta de Vivienne Westwood rebajadísima o en una falda de Valentino que en su día costaba 600 doradas libras y allí se adquiere por 129. El consejo de Miriam es contundente: "Si no compras al momento, te quedarás sin lo que quieres, pues apenas traen productos repetidos".

Enfrente, y bien escondido en el centro comercial Kings Mall, está Poundland, la versión esterlina del todo a cien de antaño: cualquier objeto vale aquí una libra. "He traído a millonarias y a sus nannies y todas quedan encantadas". Seguimos la ruta: los empleados de Fopp, donde conviven música, películas y series de TV, saludan a Miriam afables, como suelen hacer con las buenas clientas. Se le van los ojos al CD Spanish sketches, de Miles Davis. "Lo teníamos en vinilo, pero Guillermo se lo regaló al Loco de la Colina"; por suerte, la pequeña negligencia de su marido se suple pagando tres modestas libras.
03 El imperio de la baquelita

Entre los teatros y las librerías de Charing Cross se encuentra Cecil Court, una calle peatonal que nos retrotrae al Londres de principios del XX. Sus tiendas exponen carteles de circo con tipografías retro, primeras ediciones de novelas, mapas y también joyas de fantasía como las de Christopher St. James, diseñador que ha elaborado sus creaciones para Sexo en Nueva York, El fantasma de la ópera o Shakespeare in love. Miriam es asidua de este imperio de la baquelita y la pedrería insólita. "Tengo una tarántula negra como esa del escaparate. La llevo en la solapa del abrigo y la gente se queda impresionada", comenta Miriam. También posee una pulsera-cocodrilo comprada allí por una razón de peso: "Su forma me recuerda a la isla de Cuba".
04 Por Covent Garden

Durante décadas, Miriam fue actriz profesional, de ahí su interés por el templo de St. Paul, a dos pasos de la Ópera de Covent Garden: "Es la iglesia de los actores; aquí celebran sus funerales y homenajes". St. Paul -no confundirla con la catedral homónima- posee su propia compañía de teatro en activo, además de un jardín trasero donde, desde 1633, se puede descansar del bullicio de la zona. El paseo continúa: a unos metros está la perfumería Penhaligon's, con olores que la pituitaria de Winston Churchill ya disfrutaba, pues era usuario de uno de sus perfumes: el Blenheim Bouquet. Y para comer, un restaurante donde los amigos de Miriam quedan siempre contentos: Rules, inaugurado solamente nueve años después de la Revolución Francesa. Su decoración a base de taxidermia nos deja ver que la caza es su especialidad. En Rules, la comida inglesa se dignifica y se hace inmune a las chanzas y burlas clásicas que tradicionalmente circulan sobre ella. No estaría de más poder preguntarles a Dickens, Graham Greene o Evelyn Waugh su opinión al respecto, pues eran asiduos comensales.

Para terminar, Miriam suplica a los visitantes que no se suban al típico autobús turístico: "Si toman el número 11 en Trafalgar Square, les llevará por los mismos sitios". Seguiremos sus consejos a pies juntillas.

Guía

Comer

» Restaurante Mohsen. 152, Warwick Road. Kensington (020 76 02 98 88).

» Restaurante Rules. 35, Maiden Lane, Covent Garden (www.rules.co.uk).

Comprar

» FOPP. 1, Earlham Street.

» Poundland. Centro comercial Kings Mall, Hammersmith.

» TK Maxx. 57, King Street, Hammersmith.

» Joyería Christopher St. James. 14, Cecil Court, Charing Cross.

» Perfumería Penhaligon's. 41, Wellington Street, Covent Garden (www.penhaligons.com).

Visitas

» Iglesia de St. Paul (Covent Garden). Bedford Street. WC2E 9ED www.actorschurch.org.

» Iglesia de St. Stephen. Gloucester Road, SW7. www.saint-stephen.org.uk/
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WEMBLEY
La catedral con Ikea

Desde el vecino campus de la Universidad de Westminster, Wembley es el arcoíris. Pero en realidad la catedral del fútbol inglés se ha convertido en el polígono industrial del fútbol, con goles de Ikea. Aislado por las vías del tren, este nunca fue un barrio con solera, pero aquellas dos torres de 1923, inauguradas por el rey Jorge V, daban lustre canónico a un estadio en el que la demolición de las Twin Towers dio paso al arco del polémico proyecto de Norman Foster en 2007. Sí siguen los 39 hitchcockianos escalones del césped al palco, reservados a campeones (el Barça los subió) y visitantes del recomendable tour de Wembley (15 libras), donde el culto inglés al balompié se concentra en un trozo de madera: el larguero del gol fantasma que decidió el Mundial de 1966, el único que han ganado los inventores del fútbol. En esta santa casa.

CRAVEN COTTAGE
Un chalé en el Támesis

Incluso a pesar de la estatua de Michael Jackson que Mohamed al Fayed (dueño del Fulham FC, del imperio Harrods y padre de Dodi, novio de Lady Di) acaba de levantar aquí, este es el estadio con más encanto del Reino Unido quizá del mundo. A Craven Cottage hay que venir en metro, hasta la pinturera estación de Putney Bridge, y desde ahí, en un paseo privilegiado por el río, hasta este estadio de ladrillo eduardiano diseñado (y aún en pie tal y como se alzó en 1905) por el escocés Archibald Leitch, arquitecto de stadiums que dejó su sello por todo el país desde finales del siglo XIX hasta su muerte en 1939. La ruta pasa por Bishops Park, uno de esos parques cuyo descubrimiento compensa el viaje.

Antes de adentrarse en el prado da gusto parar a preguntar por el equipo en Hurlingham, la librería de lance de Ray, el hincha más culto del barrio. Bishop Park señorea junto al Támesis, frente a la orilla en que los clubes de remo nos advierten de que además de fútbol, este país tiene la regata Oxford-Cambridge.

En el estadio nos recibe Johnny Haynes, futbolista cumbre del pequeño Fulham, cuyo monolito compensa el atentado al rey del pop. Craven Cottage es un monumento gracias sobre todo al pequeño chalé NeoTudor de Stevenage Road, en una esquina de este estadio de dimensión humana, casi ecológico, entre zona residencial, parque y río. Una casita modélica construida cuando el fútbol explotó a principios del siglo XX, que sigue ahí, velando por las esencias del balompié, al menos en este rincón del mundo.

STAMFORD BRIDGE
Balonazos con 'glamour'

El Londres señorial (y pijo), que empieza en Knightsbridge y South Kensington, tiene su prolongación de nuevo rico a lo largo de Fulham Road, hasta desembocar en Stamford Bridge, el cubista estadio del Chelsea, un parque temático a imagen y semejanza del millonario ruso Roman Abramovich, dueño del club históricamente más estiloso del país, convertido hoy en el Versace del fútbol. Pubs, restaurantes, un hotel y hasta una megastore completan este village azul que rompe la coqueta estampa de una zona elegante, pero con vida de barrio, en la que pese a los flirteos con lo hortera se respetan los vestigios del pasado: aquí hasta los muros, como el del Shed End, antigua terrace (grada de pie) del estadio que proyectó Archibald Leitch, tiene su placa. Azul, por supuesto.

WHITE HEART LANE
Siderurgia multicultural

Sin fútbol, esta es una zona fronteriza, de almacenes de repuestos, a medio camino entre Seven Sisters -centro comercial de un barrio que pasó de proletario a multicultural en los sesenta- y la nada. La excusa para seguir subiendo Tottenham High Road es este estadio hecho a retazos, revestido de metales modernos. Es lo más parecido a ir al fútbol hace 40 años. De la antigua cervecera que había aquí quedan hoy los pubs, llenos en match day, y el gallo dorado que domina la tribuna Oeste. Una pinta en Rudoplh's, ante la verja del club que crearon los judíos de Londres, y se saborea el football de antaño.

DE HIGHBURY AL EMIRATES
Orgullo del Norte

Herbert Chapman revolucionó el fútbol con la táctica WM, pero además puso el balompié en el mapa. Literalmente. El Arsenal, club que en 1932 logró dar nombre a la estación de metro de esta zona obrera del Norte de Londres, se trasladó a un nuevo estadio en 2006, pero aquí nadie pensó en demoler el viejo Highbury, un oasis entre adosados. No solo se respetaron sus cuatro coquetas tribunas (y la fachada), sino que se han construido en ellas, aprovechando los adornos art déco de Leitch, viviendas de lujo con un transitable jardín interior donde estuvo el césped, en una restauración única, ejemplo de amor al fútbol y al reciclaje de edificios. El peso de la historia se siente a escasos 200 metros, donde se yergue, moderno y desmesurado, el Emirates Stadium, rodeado de vías de tren y pisos nuevos en un barrio, Islington, que ha pasado de proletario a burgués, y donde no tiene por qué ser día de partido para cruzarte con Nick Hornby, el escritor que hizo entender al mundo que el amor por el fútbol también puede ser cultura.
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Canterbury!

Canterbury vive su particular revolución urbana. La conexión rápida en tren con Londres, tan solo 50 minutos con el High-Speed (alta velocidad) desde hace algo más de un año, ha animado el turismo y el comercio. Sus calles son un trasiego de visitantes y sobre todo de jóvenes, gracias a su universidad, ubicada en un moderno campus en la periferia con residencias para estudiantes, teatros, cines, bares e incluso una discoteca. La capital del condado de Kent, conocida como jardín de Inglaterra, permite sumergirse en un mundo fantástico de cuentos y leyendas. La cuna de Los cuentos de Canterbury, de Geoffrey Chaucer, obra clave de la literatura del siglo XIV.

9.00 Jardines y cárceles

El tren llega puntual a Canterbury West Station (1) y nos dirigimos a Westgate Towers (2),unas impresionantes torres de acceso a la muralla por cuya puerta pasan coches y autobuses, y en cuyo interior se puede visitar una curiosa colección de armas, cascos y corazas de viejos conflictos, y cárceles utilizadas todavía en la época victoriana. Desde las almenas se ve el perfil de la ciudad medieval y su impresionante catedral. Antes de callejear merece la pena dar un paseo por los jardines de Westgate Gardens (3),donde está la Tower House.
10.30 Paseos en barco

Recorremos St. Peters Street (4) una calle repleta de tabernas y tiendas en los bajos de las típicas casas inglesas, reconstruidas tras la guerra, y en la que se puede visitar el Eastbrigde Hospital (5), que data del siglo XII. Canterbury fue bombardeada durante la II Guerra Mundial por las tropas alemanas, pero su reconstrucción se hizo imitando la arquitectura tradicional británica. El río cruza la calle comercial, y en ese punto durante el verano se ofrecen dos paseos en barco: Canterbury Historic River Tours (www.canterburyrivertours.co.uk) o el Canterbury Punting Company (www.canterburypunting.co.uk). Al llegar a la calle Guidhall doblaremos a la izquierda para visitar la catedral (6).


11.30 Una catedral de cuento

Delante del acceso al recinto de la catedral está la oficina de turismo. La plaza destaca por la puerta de acceso (7). Como si de un pórtico catedralicio se tratara, al cruzar podemos observar los rostros de los reyes Enrique VIII y su primera esposa, Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos. La catedral -patrimonio mundial por la Unesco junto con la abadía de San Agustín( y la iglesia de San Martín (9)- es lugar de peregrinación: aquí tiene su sede el arzobispo de Canterbury, líder espiritual de la Iglesia anglicana. El complejo catedralicio también alberga el colegio The King's School (10). La catedral se salvó de los bombardeos porque apagaban las luces de la ciudad. La cripta es la parte más antigua, del siglo XI, y conserva los arcos románicos normandos. La capilla de San Gabriel guarda algunos de los frescos cristianos más antiguos de Inglaterra. La historia del templo se remonta al papado de Gregorio Magno, que en el año 597 envió al misionero Agustín para evangelizar la región, quien se convirtió en el primer arzobispo de Inglaterra. En 1170 el arzobispo Thomas Becket fue asesinado en el altar en plena celebración por cuatro caballeros a las órdenes de Enrique II. Los Cuentos de Canterbury se inician con un grupo de peregrinos que se dirigen al relicario del santo en esta catedral. La nave gótica del XIV impresiona por su altura. El coro y la capilla de la Trinidad se reconstruyeron y ampliaron en el siglo XII después de un devastador incendio. En esta capilla están los sepulcros de los reyes Enrique IV y Eduardo, príncipe de Gales, también conocido como el Príncipe Negro. Los alrededores de la catedral destacan por sus jardines, la torre del agua, una joya de estilo románico y el albergue convertido en el hotel Canterbury Cathedral Lounge (11) (www.canterburycathedrallodge.org).
13.00 Sopa en el mercado ecológico

A la hora de comer, la calle comercial ofrece varios restaurantes italianos, como el moderno Askitalian (12) (www.askitalian.co.uk), y tabernas típicas (The Old Brewery Tavern (13) en Stour Street). Como las distancias son cortas, podemos regresar a la estación de tren para visitar The Goods Shed (14) (www.thegoodsshed.co.uk), un mercado ecológico ubicado en el interior de un antiguo almacén, en el que además se puede comer en el restaurante una buena carne, platos típicos o sopas.


14.30 Ruinas en la librería

Después del almuerzo damos un paseo por encima de las almenas de las murallas (15). Desde el final de la St. Georges Street subimos a Upper Bridge y seguimos hacia los jardines Dane John Garden (16), construidos en el XVIII. Desde la colina Dane John Mound visitamos las ruinas del castillo normando (17),que desde el siglo XII fue usado como prisión. Regresamos al centro por St. Margaret Street, donde se encuentra uno de los vestigios más antiguos de Canterbury, que ya fue capital administrativa romana: los restos de unas termas públicas romanas en la planta inferior de una librería (Waterstone's (1, en el número 20). Enfrente mismo está The Canterbury Tales, un centro de cuentos y de historias que nos traslada a la Inglaterra del siglo XIV. Muy interesante para los niños.
17.00 El 'tour' del fantasma

Son las cinco y es la hora sagrada del té, para ello nada mejor que ir a Tiny Tim's Tearoom (19) (www.tinytimstearoom.co.uk), local con solera y encanto, donde además del té se pueden probar sus deliciosos pasteles. Para los más atrevidos, en la última planta está la habitación del fantasma, parte del The Canterbury Ghost Tour (www.canterburyghosttour.com), un paseo guiado nocturno por los escenarios en los que la leyenda asegura que se dan fenómenos misteriosos.
18.00 Una pinta o dos

El día se consume y nos falta conocer el bullicioso centro comercial Whitefriars (20) y otra zona comercial, la King's Mile (21). Aunque también podemos sumarnos a la costumbre inglesa de tomar unas pintas de cerveza con los amigos tras la jornada laboral. Cualquier taberna es buena, y Canterbury, como ciudad universitaria, está repleta de ellas.
20.00 La cena, retro

Para cenar, The Farmhouse (22) (Dover St., 11; www.thefarmhousecanterbury.co.uk), un local con decoración retro de los sesenta, frecuentado por estudiantes, que suele acoger conciertos de música en directo.
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El East End londinense, símbolo de la cultura obrera, se ha convertido en los últimos años en el barrio de moda de la capital británica. El reconvertido y vanguardista mercado de Spitafields o el área bengalí de Brick Lane son ya paradas obligadas para los viajeros más modernos. Pero aún queda una nueva zona por descubrir Shoreditch. Lo último de lo último.
El primer escollo con el que se encuentra el visitante es conseguir distinguir su ubicación dentro de los barrios que forman el East End. Muchos londinenses suelen utilizarle indistintamente los nombres de Hoxton y Shoreditch para hacer alusión a una zona comprendida entre la rotonda de la estación de metro de Old St y el barrio de Brick Lane. El nombre Shoreditch surgió en el siglo XII para designar un asentamiento erigido en torno a la unión de dos vías romanas importantes: Kingsland Rd y Old St. Era la parroquia donde se ubicaba el pueblo de Hoxton. Actualmente, Hoxton se identifica con la zona situada al norte de Old St, hacia Kingsland Road. Y Shoreditch se corresponde con las calles ubicadas al sur, que van hacia el este, hasta Brick Lane.
Una vez situados, llega el momento de descubrir los secretos del barrio. El fenómeno Shoreditch comenzó a finales de la década de 1990, cuando creativos y artistas huyeron del West End ahuyentados por los alquileres prohibitivos y comenzaron a comprar almacenes en lo que entonces era un páramo urbano, abandonando tras el colapso de la industria textil. En unos años la zona se transformó por completo con la aparición de clubes de vanguardia, galerías y restaurantes. La regeneración actual de la zona ha dado vida a algunos de los rincones hasta entonces más pobres de Londres y se ha extendido a los vecinos Hackney y Bethnal Green.
01 ARTE
A la última y la penúltima

White Clube Gallery (Hoxton Sq 1, www.whitecube.com) Ganó su reputación en la década de los noventa con exposiciones de artistas nada conocidos entonces como Damien Hirst, Antony Gormley y Tracey Emin. Ahora forma parte del establishment británico, pero merece la pena echar un vistazo a las últimas exposiciones.



02 COMER
Mucho más que pubs

Leila’s Shop (17, Calvert Ave) Bocadillos recién hechos, desayunos sabrosos y grandes ventanales con flores naturales. Está en la prometedora zona de la avenida Calvert.
Les trois garçons (1 Club Row. www.lestroisgarcons.com) Sirve cocina francesa pero en realidad es un pub victoriano reformado, con las paredes llenas de animales disecados y lámparas de araña. La comida es excelente, aunque algo cara, y el pequeño ejército de sigilosos camareros reparte sabrosos obsequios, cortesía de la casa. Entre semana hay menús del día con buena relación calidad/precio (2/3 platos, 17,50 / 22 libras).
Princess of Shoreditch (76 Paul St. www.theprincessofshoreditch.com). Con buen ambiente y frecuentado por yupis de la City y periodistas. La comida es la típica de un gastropub, pero muy bien elaborada, con platos del día y un servicio educado.
Eyre Brothers (70 Leonard St. www.eyrebrothers.co.uk) Ofrece cocina luso-española con un toque africano en un local elegante. El cerdo ibérico de bellota, poco común, es de una calidad excepcional. Todo se acompaña con una amplia lista de vinos portugueses y españoles.



03 CÓCTELES
Grafiti en el barrio londinense de Shoreditch. / Dosfotos

Agitado y revuelto

Worship St Whistling Shop (63 Worship St. www.whistlingshop.com). Una guarida del “beber victoriano” que da a los cócteles una dimensión molecular: una whitling shop (“tienda silvante”, nombre que los victorianos daban a los sitos de venta ilegal de alcohol, por el silbido de contraseña para acceder) con brebajes inusuales de elaboración experta, a partir de pociones fabricadas en su propio laboratorio. Se aconsejan el Panacea, el Black Cat Martini y el Bosom Caresser (con leche infantil).
Calooh Callay (65 Rivington St. www.calloohcallaybar.com) Dado su nombre –inspirado en Jabberwock, el poema-galimatías de Lewis Carroll –la decoración excéntrica no sorprende.
Loungelover (1 Whitby. www.lestroisgarcons.com). Es toda una institución en Shoreditch, gracias a los cócteles supremos y al estilo que le da su decoración de segunda mano.



04 TEATRO
Noches de comedia

Comedy Café (66-68 Rivington St. www.comedycafe.co.uk). Es una importante sala construida, cómo no, para la comedia, que recibe la visita de buenos profesionales. Puede resultar demasiado forzado y extravagante, pero las presentaciones de los principiantes, los miércoles por la noche, están bien para echarse unas risas.



05 SALIR
La marcha más divertida

Bar Kick (Shoreditch High St. www.cafekick.co.uk). Lleno de vida y con cuatro futbolines que apenas dejan sitio a unos sofás de piel y algunas mesas y sillas sencillas.
Mason & Taylor (Bethnal Green Td. www.masonandtaylor.co.uk). En una esquina en la que Banglatown pasa a ser Shoreditch, se encuentra esta cervecería de diseño con una variedad extraordinaria de cervezas de barril.
En la categoría de clubs nocturnos, son imprescindibles Cargo (Rivington St. www.cargo.london.com) de ambiente ecléctico y bajo los arcos de ferrocarril de ladrillo, o el Plastic People (Old St. www.plasticpeople.co.uk) especialmente recomendable las noches de viernes y sábado dedicadas a grupos de DJ, con mezclas de house y electrónica.
Queen of Hoxton (1,5 Curtain Rd. www.thequeenofhoxton.co.uk). Es un bar chic industrial, con sala de juegos, sótano y noches de música variada. Su verdadero atractivo es la enorme azotea, decorada con flores, lucecitas de coleres e incluso una pecera, además tiene unas vistas fantásticas de la ciudad y un club de cine al aire libre muy popular, que abre de junio a septiembre.
Catch (22, Kingsland Rd. www.thecatchbar.com) En la planta de arriba suena de todo, desde música de los años noventa hasta funk y hip-hop, además de una gran selección de grupos nuevos y ya consagrados. En la planta de abajo se disfruta de un ambiente de fiesta house, con DJ que mezclan casi cualquier cosa, ya sean exitazos o temas electro y techno. La entrada a esta parte es gratis, abre hasta tarde y la diversión está garantizada.



06 COMPRAS
Café Kick en Shoreditch High Street, en Londres. / Quentin Bargate

Vintage y nuevos diseñadores

Start (42-44 Tiviengton St. www.start-london.com). Es un conjunto de tres boutiques dirigido por la antigua guitarrista de The Fall, Brix Smith, una rockera de culto amante de la ropa aniñada. Predominan diseñadores como Mulberry y Helmut Land, y Smith se enorgullece de su selección de vaqueros favorecedores (ofrecen servicio de arreglos).
No-one (1,Kingsland Rd. www.no-one.co.uk). Situado dentro del bar de la estación de Old Shoreditch, vende revistas de moda, extraños accesorios y zapatos.
Absolute Vintage (15 Hanbury St. www.Absolutevingtage.co.uk). Ofrece una inmensa colección de zapatos retro: desde calzado de marca hasta piezas que podrían salir del armario de cualquier abuela. En la parte de atrás hay ropa para hombres y mujeres.



07 HOTELES
Sueños de diseño

Hoxton Hotel (81 Great Eastern Street. www.hoxtonhotels.com). Desde 59-199 libras. Situado en el barrio de moda Shoreditch, este hotel de diseño ofrece una relación calidad-precio (casi) sin competencia, y un sistema de reservas inspirado en el de las compañías aéreas de bajo coste. Las 205 habitaciones son pequeñas, pero confortables, y el vestíbulo de entrada tiene una decoración de manoir urbano posmoderno. El hotel ofrece cada día 10 de sus habitaciones a precio de saldo, con cinco habitaciones a 1 libra por noche y otras cinco a 29 libras por noche, reservando con tres meses de antelación.
Shoreditch House (Ebor Street. www.shoreditchhouse.com) Habitaciones a partir de 85-120 libras). Situado en un antiguo almacén que en la actualidad alberga uno de los clubs privados más populares de Londres, este hotel de diseño ofrece 26 habitaciones, pequeñas pero luminosas. Algunas disponen de terraza con vistas a la City, pero la gran ventaja de ese hotel es que permite el acceso al club, con su piscina en la azotea, su jardín colgante, sus bares siempre animados, así como su spa.
Boundary (2-4 Boundary Street. Entrada por Redchurch St. www.theboundary.co.uk) Este hotel abierto en un antiguo almacén es el primero de Terence Conran, el creador de Habitat, y es una obra maestra. Cada habitación ha sido decorada en un estilo diferente, sea por el mismo Conran, sea por otros diseñadores o decoradores, como Andrée Putman. El restaurante en la azotea tiene una vista impresionante sobre la City.



08 MERCADOS
Flores, ropa y muebles

Basta con ir al East End un domingo para verse atrapado entre mercados. Se puede empezar en el mercadillo de flores de Columbia Rd y después ir al sur a disfrutar de un paseo entre ropas coloridas y económicas. El mercado de Brick Lane (domingos de 8 a 15 h) se extiende por varias calles circundantes, con puestos de artículos para el hogar, baratijas y ropa de segunda mano. Junto a Brick Lane está el mercado de Backyard (sábados y domingos de 11 a 17 h), con puestos de ropa, cerámicas y muebles, todo de estilo retro. Un poco más al sur, al otro lado de la avenida, jóvenes diseñadores venden en el Sunday UpMarket (domingos de 10 a 17 h) ropa, música y artesanía; además, hay un espacio de comidas excelente, con productos de todo el mundo, desde platos vegetarianos etíopes hasta manjares japoneses. Si aún quedan fuerzas, un paseo por el mercado de Spitafields será la guinda perfecta. Abre seis días a la semana con distintas temáticas. Los mejores son los jueves (antigüedades), viernes (moda) y domingos, cuando el bullicio alcanza su clímax y abundan los puestos de ropa, joyas, comida y música.
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Shallbefree
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Y para una ocasion muy especial...cual seria el sitio mas romantico en londres?
Un saludo
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Seamos realistas y hagamos lo imposible." El CHE

Mio diario: https://www.losviajeros.com/Blogs.php?u=194825
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