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La verde Asturias -Diarios de Viajes de España- Lou83
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Diario: La verde Asturias  -  Localización:  España  España
Descripción: Diario del viaje realizado a Asturias en agosto de 2017
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Etapas 1 a 3,  total 8
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Etapa: Día 1: Vuelo a Asturias, Foces del Pendón, Mirador del Fitu  -  Localización:  España España
Fecha creación: 21/08/2017 06:45  
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2 de agosto de 2017


Mapa de la etapa 1

Vacaciones. Naturaleza. Senderismo. Paisajes verdes. Un pensamiento lógico sería "¡Pero pedazo de locos! ¡No hace ni dos meses que volvísteis de Yosemite! ¿Ya os vais otra vez a un National Park?". Y no, no hemos ido tan lejos. Porque tampoco hacía falta: teníamos lo que necesitábamos a mucho menos distancia en avión.

En este Capítulo II de nuestro plan "tres viajes durante 2017", nuestro destino se encuentra mucho más cerca de Mallorca. Cumpliendo por fin esa eterna intención de visitar también la naturaleza nacional hoy ponemos rumbo a algunos de los encantos naturales del Principado de Asturias. El objetivo: encontrarse con prados, vacas, menos masificación que el agosto balear y temperaturas más suaves que el horno en el que se ha convertido el Mediterráneo en verano. Vamos allá.

Nada más y nada menos que a las 4:30 de la mañana debe sonar nuestro despertador para asegurar que no perdamos un avión que despegará a las 6:30. Parece la estrategia perfecta para sufrir sueño durante nuestra primera etapa incluso compartiendo zona horaria con nuestro destino. Damos así por finalizada prematuramente la que ha sido la noche más calurosa que recordamos en los 10 años que llevo viviendo en Mallorca. La temperatura en el interior de la casa es de unos absurdos 29,6 grados.

Mediante el agradecido y gratuito servicio de traslado del hermano de L, son las 5:15 cuando ya estamos buscando el mostrador de facturación de Vueling en el Aeropuerto de Son Sant Joan. Mucha gente para tan temprana hora, aunque no debería ser tan sorprendente tratándose de ese insostenible infierno turístico en el que se ha convertido Mallorca durante los meses estivales. Facturamos nuestras dos bolsas de equipaje sin problemas y al pasar el control de seguridad me hacen sacar la cámara de fotos de su mochila por primera vez. Hasta ahora siempre había bastado con poner en la bandeja el ordenador portátil.


¡Nos vamos!

El vuelo sale puntual -faltaría más siendo el primer servicio del avión y la tripulación para el día de hoy- y tras alrededor de hora y media Asturias aparece bajo nosotros cubierta con un manto de niebla. Niebla que sin embargo comienza a despejarse por allí y por allá lo suficiente para dejar entrever varias colinas totalmente cubiertas por un intenso verde. Podemos vislumbrar ya -y nos gusta- que cuesta encontrar 100 metros seguidos sin desnivel, siendo todo el terreno una serie constante de colinas con casas de campo y granjas esparcidas por ellas. Con la ayuda de auriculares y el bendito efecto adormeceder de los motores en los niños que tenemos en los asientos inmediatamente anteriores y posteriores, incluso hemos podido conciliar pequeños momentos de "quedarse traspuesto" para tocar tierra con una pequeña propina de descanso sobre el escaso tiempo que hemos dormido esta noche.

Tomamos tierra y, en comparación con los aeropuertos que solemos frecuentar tanto dentro como fuera de España, el de Asturias-Oviedo nos parece de juguete. Todo está convenientemente cerca, siendo necesarios apenas tres minutos para alcanzar las cintas de salida de equipaje tras abandonar el avión. Y ya con nuestras bolsas de nuevo en nuestro poder, en apenas unos pasos estamos frente al mostrador de la empresa de alquiler de coches Europcar.

Cuando se trata de viajar a otro destino que no sea Norteamérica, alquilar un vehículo siempre es un puñal en el corazón. Acostumbrados a los bajísimos precios de las oficinas "rent-a-car" de Estados Unidos, nos resultan muy altos los más de 400 euros que pagamos por un pequeño vehículo, conductor adicional, y paquete medio de servicios y coberturas adicionales para incluir asistencia en carretera y rebajar la franquicia en caso de desperfectos a "solo" 300 euros. Tras darnos de alta en el sistema y consultar la reserva -realizada directamente con la compañía- la empleada nos entrega la llave del Volkswagen Polo que nos permitirá desplazarnos durante los próximos siete días. Modelo de gasolina, ya que si queríamos un vehículo diésel debemos pagar 20 euros más.

Mientras esperamos en el mostrador, las puertas automáticas de la terminal que se abren y cierran a escasos diez metros de nosotros ya nos anticipan lo que va a ser una estupenda noticia. ¡Hace frío! La brisa que entra en el edificio nos obliga, al igual que muchos de los recién llegados, a echar mano del equipaje para añadir alguna capa con mangas a nuestra indumentaria. Teniendo en cuenta que hace apenas unas horas nos encontrábamos en alerta naranja por temperaturas máximas superiores a 40 grados, nuestra satisfacción es infinita.

Quedan pocos minutos para las nueve de la mañana cuando localizamos nuestro vehículo en el aparcamiento del aeropuerto. Tras comprobar que todo está en orden -solo un pequeño arañazo en el parachoques trasero del que ya son conscientes en la oficina- nos ponemos en marcha. Nos esperan 44 kilómetros en dirección al este que interrumpiremos para realizar algunas compras básicas. Comienza el recorrido por una autopista con poco tráfico y tramos de espesa niebla que dificulta ver nada más allá del asfalto. Cuando lo permite podemos ver ya los primeros prados y vacas asturianas, aunque el resto del paisaje lo protagoniza una zona industrial que no está a la altura.

La parada de aprovisionamiento tiene lugar en el Hipermercado Carrefour de Azabache, pero antes de acceder a él pasamos unos minutos en el Decathlon anexo. Compramos aquí dos o tres artículos económicos para añadir mangas y pantalones largos a nuestro arsenal, ya que especialmente en mi caso he pecado de optimista y ahora no descarto pasar frío cuando el termómetro coquetea con las mínimas del día. Notamos ya aquí, y lo confirmamos al acceder al supermercado, que todo tiende a ser más barato que en casa. Consecuencias del elevado coste de la vida y la insularidad en lo que hacemos llamar hogar.

Aprovechamos el bar-cafetería del hipermercado para desayunar, costando decidir qué escoger de un mostrador en el que todo tiene una pinta inmejorable: empanadas, bocadillos, bollería... no es fácil elegir un ganador. Nos decantamos por sendos cruasanes, uno relleno de ensaladilla rusa y otro de ensalada de cangrejo. Con el estómago por fin atendido tras demasiadas horas sin darle trabajo pasamos al interior del supermercado para comprar algunas bebidas y patatillas necesarias durante el viaje. Cerramos la visita llevándonos del mismo sitio en el que hemos desayunado sendos bocadillos para el futuro almuerzo. Son las 10:30 cuando volvemos al exterior y la niebla ha desaparecido totalmente, permitiendo así la llegada de un sol que ahora amenaza con subir la temperatura varios grados. Por ahora sitúa el termómetro en los 20 y ya no está tan claro que vayamos a necesitar la manga larga durante el resto del día.

Retomamos la marcha y a las 11:00 detenemos el motor en el aparcamiento junto a la embotelladora de Fuensanta tras abandonar la autopista y recorrer durante apenas dos kilómetros una carretera nacional en el municipio de Nava. Nos espera aquí, perfectamente señalizado en un cartel cercano a la fuente en la que un anciano rellena varias garrafas, la primera excursión del viaje. Un pequeño aperitivo que no debería llevarnos más de cuatro horas conocido como la "Ruta de las Foces del Río Pendón".


No tiene pérdida

La ruta consiste en un recorrido circular que en su primera mitad nos llevará por el lateral de un barranco al fondo del cual transcurre dicho río. En el punto más alejado desde la salida, nuestra altura y la del río coincidirán para poder ver desde muy cerca unos pequeños saltos de agua. Al regreso y tras un remonte descenderemos por la cara opuesta de la misma colina hasta regresar a la embotelladora desde la que hemos partido.


No tardamos en empezar a subir

Arrancamos con una fina capa de manga larga sobre la camiseta de manga corta, pero tras unos minutos dicha capa termina en el fondo de nuestras mochilas. La temperatura, estable y soportable pero ya lejos del frescor de hace unas horas, se suma a un desnivel que muy pronto nos hace sudar mientras nos obliga a ganar ya gran parte de la altura de la ruta. En apenas 30 minutos alcanzamos el alto de Los Fornos tras cruzarnos con algunas vacas, cabras, e incluso tres enormes cochinos celosamente encerrados. Tenemos ya aquí, pese a un resol que no permite disfrutarlas plenamente, vistas a las verdes tierras del municipio de Nava. Comenzamos entonces la ruta paralela al río, dejando la caída a mano izquierda y acompañados a mano derecha por una elevada pared que cuando llevamos aproximadamente una cuarta parte del recorrido se pone a llorar debido al agua que cae desde las alturas. Momento perfecto para empapar nuestras gorras y dar un respiro a nuestras cabezas que han soportado el peso del sol durante todo un tramo escaso en sombras.


Primeras vistas a los valles asturianos


Comienza la senda junto al precipicio


El río queda bajo nosotros a mano izquierda


Duchas naturales


Detalle de las paredes que lloran

Cuando se cumple una hora desde la salida alcanzamos ya los dos puentes que atraviesan el Río Pendón y disfrutamos de un clima mucho más fresco gracias a las frías aguas que forman pequeños saltos a escasos metros de nosotros. Durante todo el trayecto solo coincidimos con un matrimonio y su hijo y nos acompañan pocos mosquitos para lo que cabría esperar.


Y aquí están los saltos del río


Un alivio de sombra y frescor tras el paseo al sol

El regreso comienza de forma muy potente, con un recorrido en zig-zag que vuelve a ganar altura rápidamente hasta alcanzar un alto en el que nos esperan varias grandes e inmutables vacas en pleno centro del camino. Pasando lo más lejos posible de ellas con toda la precaución posible -esos cuernos impresionan aunque no sean de toro- iniciamos los últimos cuatro kilómetros que nos separan del punto de partida. Los interrumpimos cuando encontramos, entre refugio y refugio, una roca situada convenientemente a la sombra en la que poder sentarnos y disfrutar de un almuerzo con vistas. Acompañados por el sonido de los cencerros de vacas comemos en absoluta tranquilidad ante las casas de Nava, ahora mucho más distinguibles desde nuestra posición tras haber perdido altura. Perfectamente podría ser el lugar perfecto para vivir acorde a nuestras preferencias.


Volvemos a los paisajes en cuanto subimos un poco


Los guardianes del paso elevado


Los últimos cuatro kilómetros son en descenso


Comiendo con vistas a Nava


Un último paisaje antes de perder el resto de altura

Son las 14:50 cuando estamos de nuevo en el coche, acalorados tras el soleado regreso. Tomo el relevo de L, que ha sido la primera en ponerse a los mandos de nuestro pequeño pero suficiente Volkswagen. Nuestro navegador GPS de Garmin se empeña en salir y entrar de la carretera nacional que estamos transitando para hacernos atravesar pequeños núcleos de casas. Desde un punto de vista turístico está bien, pero cuando para salir de alguno de esos nucleos tenemos que atravesar tramos de carretera rural en muy mal estado deja de tener tanta gracia. Decidimos ignorar sus arrebatos de naturaleza hasta que vuelva a sus cabales y no vuelva a proponernos abandonar innecesariamente la vía principal. Alcanzamos Arriondas, pueblo atravesado por el Río Sella y desde el que parte el popular descenso de embarcaciones por dicho río. Y resulta que dicho descenso tendrá lugar dentro de tres días. Y resulta que coincide con las fiestas locales. Dicho de otro modo: nos encontramos el pueblo engalanado y con una afluencia de visitantes mucho mayor de la esperada.

Pero no es aquí a dónde nos dirigíamos, si no algo más allá en dirección al norte. Concretamente diez kilómetros más allá, donde tras una carretera de montaña que nos impide pasar de la tercera marcha nos espera el Mirador del Fitu. Aparcamos en uno de los pocos espacios que quedan libres para alcanzar una pequeña escalera estratégicamente ubicada que ofrece un balcón hacia uno de nuestros destinos principales del viaje. Lamentablemente, los Picos de Europa quedan escondidos tras un espeso banco de nubes por lo que debemos conformarnos con el resto de vistas a toda la región, que no es poco. Si bajamos del mirador oficial y subimos unas pequeñas rocas en el lado opuesto podemos ver las orillas de algunas pequeñas playas del Cantábrico.


El Mirador del Fitu


Las vistas desde el Mirador del Fitu


Los Picos de Europa, tapados por las nubes


El Cantábrico tras nosotros


Por ahora, el sitio más concurrido de la jornada

Tras pasar un buen rato en lo alto del mirador escuchando el incesante ir y venir de turistas nacionales -por el acento creemos que hay una notable afluencia de extremeños- seguimos avanzando unos pocos cientos de metros por la misma carretera hasta alcanzar un área recreativa consistente en un aparcamiento que ha sido tomado por varias vacas sin intención de moverse. Dejamos el coche en el lugar más alejado posible de ellas y nos asomamos hacia el norte, donde los pueblos costeros son ahora mucho más visibles que desde el mirador.


Siempre dispuestas a posar

Deshacemos los 10 kilómetros ahora en descenso que nos separan del concurrido Arriondas y paramos durante unos minutos en un supermercado Mercadona para comprar algo que nos sirva de cena para esta noche. Solo nos queda avanzar 18 kilómetros más hacia el sur y habremos llegado a nuestro destino final del día, previo paso por un Cangas de Onís casi exclusivamente dedicado a abastecer de aparcamiento y accesos a los populares Lagos de Covadonga que esperamos visitar en breve.

Son las 18:00 cuando accedemos a nuestro alojamiento de hoy, La Casona de Con. Nos recibe un dueño que se encontraba en esos momentos en la cocina y durante los trámites de la entrada nos da valiosos consejos que incluso nos llevan a plantear modificar nuestros planes para mañana, tras ser muy evidente al repasarlos sobre un mapa que íbamos a recorrer distancias pesadas e innecesarias. Nos acompaña hasta nuestra habitación, que es amplia, acogedora y goza de muy buenas vistas a los alrededores. Lo único que nos inquieta son los diminutos zapatos que reposan frente a la puerta de nuestros vecinos, temiendo que haya que echar mano de recursos de emergencia para poder conciliar el sueño ante posibles ruidos.

Lo primero que hacemos al acceder a la habitación es consultar la carta del servicio de cenas que tiene lugar a las 21:00, ya que en caso de querer hacer uso de él tenemos que hacerle saber al cocinero qué plato queremos antes de las 19:00. Los precios son aceptables en algunos casos y algo elevados en otros, pero en cualquier caso desestimamos la posibilidad. Ya habrá tiempo para disfrutar de comidas locales y hoy ha sido un día muy largo que preferimos terminar en la tranquilidad de nuestra habitación.

Solo queda ahora disfrutar del resto de horas de sol repartidas entre la bañera, el sofá y la cama de nuestro hogar por una noche. La tranquilidad solo se ve interrumpida por el ruido de un lejano tractor -soportable- y puntualmente por el matrimonio y su hijo de la pared anexa -algo más molesto-. Cuando pasan las 20:00 echamos mano de nuestra cena siguiendo las noticias de Baleares a través de la web de IB3, y tras otro rato navegando por las redes sociales desde la cama son las 22:00 cuando apagamos las luces y nos vamos a dormir todavía con claridad asomando por los bordes de las cortinas. Asturias nos ha recibido con muy buenas formas, y ya estamos deseando ver cómo continúa nuestro encuentro con ella.
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Ver Etapa: Día 1: Vuelo a Asturias, Foces del Pendón, Mirador del Fitu



Etapa: Día 2: Picos de Europa - Lagos de Covadonga  -  Localización:  España España
Fecha creación: 22/08/2017 07:45  
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3 de agosto de 2017


Mapa de la etapa 2

Con lo pronto que nos fuimos a dormir anoche debido al madrugón del primer día no es de extrañar que esta segunda jornada comience para nosotros tan temprano como a las siete de la mañana. Tras un reparador sueño gracias al cómodo colchón y la ausencia de ruidos durante la noche, tenemos dos horas por delante hasta que podamos bajar a la zona común para desayunar. El sonido de los cencerros y la brisa fresca al abrir las ventanas nos dan la idea perfecta para ocupar ese tiempo: dar un breve paseo por el interior y los alrededores de La Casona de Con. Con la única compañía de otro huésped con el que nos cruzamos una sola vez, contemplamos los valles que nos rodean y las ovejas y caballos de los alrededores.


Paseando por La Casona de Con (I)


Paseando por La Casona de Con (II)


Paseando por La Casona de Con (III)


Paseando por La Casona de Con (IV)


Nuestra rústica habitación (I)


Nuestra rústica habitación (II)


Y las vistas desde ella

Dan las nueve y bajamos a por el desayuno, que consiste en café, zumo natural de naranja, pan de hogaza tostado con mermeladas varias y miel, membrillo, queso de cabrales, bizcocho de limón... todo en cantidades normales, pero que en su conjunto suponen todo un festín para abrir el día. Y acompañados en todo momento por las vistas al valle en el amplio ventanal junto a nuestra mesa.


Desayuno con vistas

De nuevo en nuestra habitación conectamos con la webcam de los Lagos de Covadonga y vemos que no hay rastro de niebla. Así que no hay tiempo que perder: tramitamos la salida del alojamiento pagando los 45 euros restantes a sumar a los 50 de la señal y nos ponemos en marcha. Paramos antes en el colmado de Casa Luis para tantear la posibilidad de comprar unos bocadillos en previsión del almuerzo en plena excursión, pero la larga cola esperando a su turno nos quita la idea de la cabeza. Ponemos rumbo a Cangas de Onís, el pueblo que habilita hasta cinco aparcamientos desde los que coger uno de los autobuses que suben a visitantes hasta los Lagos de Covadonga. Alcanzamos el 4, el más alejado del pueblo, y no encontramos excesiva competencia para aparcar. Pagamos los dos euros del aparcamiento y los ocho por persona para tener derecho al trayecto de ida y vuelta hasta los lagos, con la posibilidad de bajar y subir del autocar para aquellos que deseen visitar también otros miradores en la ruta o el Santuario de Covadonga.

Uno de los múltiples autocares de Alsa que cubren el servicio llega a la parada. Subimos junto al resto del pasaje, se pone en marcha y da comienzo a un espectáculo de curvas, subidas, vacas en el arcén, maniobras imposibles y emisora de radio en la que conductores se coordinan informando de la situación y tráfico que se va encontrando cada uno cuando supera un tramo. Un auténtico show digno de las carreras de Fórmula 1 cuando éstas tenían emoción.

Ganamos y ganamos altura y con ello el derecho a unas vistas cada vez más espectaculares. Vistas que ya deben haber disfrutado los conductores que descienden con su vehículo privado y deben haber alcanzado los lagos antes de las 8:30, hora a la que durante todo el verano el acceso queda restringido a solo las empresas de transporte que operan el recorrido. La pendiente del asfalto crece hasta unos 13 grados de inclinación que ponen a prueba la pericia de nuestro conductor.


Subiendo a los Lagos (I)


Subiendo a los Lagos (II)


Subiendo a los Lagos (III)

Llegamos al aparcamiento en las alturas alrededor de las 11:00 y nada más bajar un trabajador del parque nos introduce la zona y las posibilidades que hay para recorrerlo, haciendo especial hincapié en la ruta corta que sube hasta un mirador y alcanza las orillas del Lago Ercina. Cuando el grupo se disipa le pedimos más información sobre la alternativa más larga, esa que en algo menos de tres horas visita el mismo mirador, el mismo Lago Ercina, pero da luego todo un rodeo por el sur para pasar también junto al Lago Enol. Tras escuchar sus indicaciones y confirmar que el desnivel es asequible, nos ponemos en marcha.


Un poco de información para los recién llegados

Empezamos por el Mirador del Príncipe, que por su cercanía al aparcamiento y su facilidad de acceso -apenas unos cientos de metros en subida por un camino empedrado- es de lo más concurrido del parque. Nos regala este balcón vistas a un prado bajo nosotros en el que las vacas viven en total tranquilidad. Desde luego, más tranquilidad que la que pueden gozar las que tenemos a lado y lado de los senderos, constantemente importunadas por turistas que no hacen especial acopio de prudencia cuando posan acercándose a ellas e incluso tocándolas sin tener ninguna garantía de que alguna pueda reaccionar inesperadamente ante tanto afecto.


Subiendo al Centro de Visitantes


No tardamos en conseguir vistas...


Superamos ya el Centro de Visitantes


Las vistas desde el Mirador del Príncipe


Hay quien ya está almorzando

Tomamos tras el mirador un desvío a la derecha que sigue subiendo, con la esperanza de que nos brinde algunas vistas adicionales. Lo hace pero no lo suficiente para justificarlo, así que nos podríamos haber ahorrado el esfuerzo y deshacer el camino al Mirador del Príncipe sin perdernos nada del otro mundo. Bueno, no es del todo cierto: cuando giramos noventa grados y comenzamos a descender, tenemos el Lago Ercina visible desde una altura mucho más grande que la que suelen disfrutar el grueso de visitantes. Comenzamos a bajar a través de la pradera hasta alcanzar la orilla, previo paso por una acequia natural invadida por el barro y que hace estragos en nuestras botas.


Ellas, siempre tan tranquilas...


Pato. No.


Aproximándonos al Lago Ercina

Alcanzamos la orilla del Lago Ercina, uno de los dos que conforman los Lagos de Covadonga. Nos instalamos durante media hora a escaso medio metro de un agua en la que aclaramos como podemos las botas, y echo mucho de menos el trípode fotográfico que se ha quedado en el maletero para así no cargar tanto peso a la espalda. El viento que mece las aguas y mueve a toda la velocidad las nubes podría haberme brindado algunas fotos de larga exposición dignas del lugar. Surca las aguas un solitario pato encantado de recibir atenciones en forma de trozos de pan lanzados por unos vecinos. Nuestra tranquila parada se ve alterada por la llegada de una vaca que decide que el mejor sitio para echar un trago es a escasos dos metros de nuestra posición, trayendo tras de sí a todo un rebaño de turistas cámara en mano para generar megas y megas de nuevo material.


El Lago Ercina, desde su orilla


La vaca sedienta

Nos alejamos de la orilla de Ercina y pasamos de largo, por ahora, uno de los tres refugios con servicio de bar disponibles a lo largo de las rutas que corren los lagos. Comenzamos a subir escalones para alcanzar el Mirador de Entrelagos, el único sitio en el que con solo mover la cabeza pueden contemplarse tanto el Lago Ercina como su vecino, el Lago Enol. Disfrutamos de la brisa que aquí corre y hace aún más llevaderos unos 20 y poco grados que para unos mallorquines y siendo agosto ya sabían a gloria, y deshacemos la misma escalera. Visitamos ahora sí el Bar Maria Rosa donde un filete cuesta 9 euros, los bocadillos rondan los 4, y el menú del día sube hasta los 12. Podría ser mucho peor, pero de todos modos salimos con las manos vacías ya que esperamos alcanzar otros locales durante nuestro itinerario.


Mirador de Entrelagos, con Ercina a la izquierda y Enol a la derecha


El Lago Enol, ahora perfectamente visible. Luego ya será otro cantar...

Volvemos a acercarnos al Lago Ercina, pero antes de volver a alcanzar su orilla giramos a la derecha para comenzar el tramo que da inicio a la "versión larga" de la Ruta de los Lagos. El terreno se complica pasando de la hierba y la tierra compacta al empedrado en ocasiones algo difícil de atravesar, pero afortunadamente el desnivel sigue sin ser un problema. El Lago Ercina desaparece a nuestra espalda y cobran protagonismo los helechos que crecen a lado y lado del camino, solo interrumpidos por los pequeños refugios de piedra que vamos superando.


Pasando junto al Lago Ercina


Refugios, vacas... el paisaje no cambia


Comenzamos a superar territorio más salvaje


Vacas de cerca y vacas de lejos


Mientras veas estas cosas, todo va bien


El barro en algunos tramos del sendero

Antes de alcanzar el Lago Enol una señal nos obliga a decidir entre una versión corta y directa u otra un poco más larga con la recompensa de atravesar un pequeño bosque. Ya puestos, nos decantamos por la segunda, y tras algo más de tiempo el lago comienza a asomar en el horizonte. El paisaje se abre y nos reencontramos con las praderas plagadas de vacas y más vacas. Alcanzamos la cuesta que tras unos pocos metros alcanza el Refugio Vega de Enol, en el que se halla otro de los bares de la zona. Este sí que es el elegido y por 12 euros nos regalamos un bocadillo de lomo y queso, otro de "chorizo sidra" y una cerveza. Los comemos fuera, apoyados en la pared del refugio y contemplando como la niebla hace acto de presencia y empieza a engullir el Lago Enol que queda ahora a unos 500 metros de nuestra posición.


Regreso a los prados


Con esta creo que van 91.523 vacas, ya


El refugio...


... y sus tesoros

Cuando son las 15:00 y nos volvemos a poner en pie, el lago ya ha sido devorado por completo por la niebla. Según nos acercamos a él va costando más y más distinguir el horizonte hasta terminar literalmente dentro de la nube de vapor de agua. Nos unimos así al éxodo de excursionistas que se dirigen en masa hasta el aparcamiento y de los que solo podemos ver aquellos que se encuentran a menos de 10 metros de nuestra posición. Esa migración masiva nos lleva a tener que esperar unos largos 20 minutos en la cola que precede a los andenes donde los autocares cargan para el regreso, por lo que son ya casi las 16:00 cuando subimos a bordo de uno de los coches y comenzamos a descender de nuevo. El viaje de vuelta resulta muchísimo menos vistoso que el de la ida ya que la niebla se niega a desaparecer hasta haber perdido mucha altura y nos priva así de las magníficas vistas en las cotas más altas.


La niebla se ha comido a Enol


Y ahora se nos come a nosotros


Pero cariño, dijiste que iríamos a un lago...

Niebla aparte, hay que reconocer que el servicio ofrecido por Alsa es admirable. No solo por la pericia de sus conductores si no por como todos sus empleados, incluidos los numerosos asistentes en tierra, velan para que todo transcurra de forma civilizada y no se entorpezca el tráfico ni siquiera en los aparcamientos. Además, vista la dificultad de la carretera y los problemas que representa el cruce de dos vehículos, parece plenamente justificado restringir el tráfico en las épocas de mayor afluencia de turistas. El precio del pasaje podría ser algo menos elevado, pero nadie es perfecto.

Pasamos de largo el Mirador de la Reina, en el que nadie se plantea parar ya que desde los asientos resulta evidente que no tiene ningún sentido quedarse mirando a la más absoluta nada provocada por la persistente niebla. Bajamos y bajamos y alcanzamos el Santuario de Covadonga, que desde la distancia resulta muy atractivo pero que desistimos visitar por temor a sufrir otra larga cola cuando decidamos regresar a bordo de un autocar. Con todo ello son las 17:00 cuando estamos de nuevo en el aparcamiento P4, en la zona de El Repelao.


Lo más cerca que estaremos del Santuario

Tras descansar unos minutos los pies, nos ponemos en marcha y atravesamos la vía principal de Cangas de Onís, llena de coches en doble fila que dificultan el tráfico y evidencia un claro problema en cuanto a las plazas de aparcamiento disponibles en el pueblo. Abandonamos Cangas y empezamos a superar uno tras otro pueblos mucho más modestos, tanto que en algunos casos consisten en apenas cuatro o cinco casas a pie de la carretera. Pasamos de largo el Río Dobra, desde el cual nace la excursión de la Olla de San Vicente que tanto nos recomendó nuestro anfitrión en La Casona de Con pero que a estas horas preferimos no realizar. Avanzamos y avanzamos y llegamos así al inicio de una carretera de montaña que atraviesa el punto más bajo de un cañón por el que transcurre un viejo conocido: el Río Sella. Empiezan a sucederse curvas y más curvas que hacen imposible intentar siquiera superar el límite de velocidad marcado en 60 kilómetros por hora, y tras un buen puñado de esas curvas abandonamos temporalmente Asturias para adentrarnos en tierras de Castilla y León.


La niebla desaparece tras perder altura

Tras superar otros tantos pueblos minúsculos -a excepción de uno: Oseja de Sajambre- reentramos en el Parque Nacional de Picos de Europa. Cuando faltan 10 kilómetros para alcanzar nuestro próximo alojamiento topamos con un mirador muy prometedor, pero en el preciso instante que nos apeamos del coche el ya recurrente banco de niebla aparece tras nosotros y empieza a cubrir esas vistas que tanto queríamos retratar. Habrá que recordar volver a parar mañana, cuando volvamos a atravesar esta carretera en sentido contrario.


Pero vuelve a aparecer cuando menos la necesitas

Continuamos la marcha, perdiendo altura ahora a toda velocidad en comparación a los modestos 30 o 40 kilómetros por hora a los que conducíamos hasta aquí. Ganamos algo de terreno a la niebla y eso nos permite disfrutar por primera vez de la silueta de los Picos de Europa desde la distancia. Es la última parada, ya que la siguiente tiene lugar en el aparcamiento del Hotel Rural Picos de Europa, un alojamiento que ofrece cabañas y habitaciones y en el que pasaremos la noche de hoy por unos muy aceptables 65 euros.


Un último vistazo a la silueta de Picos de Europa

La encargada nos da la bienvenida y nos informa de que el desayuno, no incluido, tiene un coste de 5 euros por persona y comienza a las 8:30, aunque a petición de los huéspedes puede adelantarse a las 8:00. Nos acompaña hasta nuestra habitación y encontramos en ella un espacio pequeño pero acogedor. Hay armario, hay cama, y hay baño completo, no necesitamos más. El extra son las espectaculares vistas a la cordillera sin tener siquiera que levantar la cabeza de la cama. La habitación se encuentra en la tercera y más alta planta del edificio, así que el riesgo de ruido por vecinos se reduce al mínimo.

Aprovechamos el regreso al coche del que recoger nuestro equipaje para parar antes en la piscina, cuya agua está fría pero no gélida para lo que podíamos esperar. La piscina está también estratégicamente instalada para tener vistas a los Picos desde el mismo agua... agua cuya superficie está plagada de pequeñas moscas que perecieron en su intento de echar un trago.

Subimos nuestras cosas a la habitación y bajamos, móvil y portátil en mano, hasta el salón de la planta inferior en el que poder disfrutar de la conexión a internet gratuita que no alcanza las habitaciones. Nos ponemos al día y escribo el relato de la jornada acompañados de una Estrella Galicia y una San Miguel con limón junto a una tapa de queso y jamón serrano. Junto a la brisa que entra por la ventana con vistas a las montañas, el momento es perfecto. Dan las 20:30 cuando regresamos a la habitación ya sin intención de abandonarla hasta mañana, dado que los bocadillos del mediodía parecen haber sido suficientes para llevarnos hasta la noche con poca necesidad de comida. Los plátanos y las patatillas que llevamos con nosotros serán más que suficientes para aguantar hasta el desayuno.


Las vistas desde el salón


Dicho y hecho. Tras subir a la habitación, hablar con las familias y darnos una merecida ducha cerramos el día con nuestra extraña "cena de picoteo" antes de apagar las luces. Pasan las diez de la noche y los Picos de Europa se han ido a dormir, cubriéndose con la sábana que supone la espesa niebla que, esperemos, mañana vuelva a levantarse para que podamos disfrutar como es debido de lo que se anticipa como una de las excursiones estrella del viaje.
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Ver Etapa: Día 2: Picos de Europa - Lagos de Covadonga



Etapa: Día 3: Una parte de la Ruta del Cares  -  Localización:  España España
Fecha creación: 23/08/2017 07:07  
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4 de agosto de 2017


Mapa de la etapa 3

La noche ha sido más accidentada de lo deseado. Comenzó con nuestra intención de dejar la ventana entreabierta, ya que al estar nuestro cuarto en la planta más superior el calor acumulado durante el día hacía que la temperatura interior fuese algo elevada. Nuestro gozo en un pozo: en cuanto abrimos, pudimos percibir como desde algún lugar llegaba el sonido de música lejana, enemigo número uno a la hora de conciliar el sueño. Resignados a pasar algo de calor, cerramos y procedimos a nuestro ritual de dejar encendido el ordenador portátil emitiendo el "ruido blanco" de lluvia que siempre nos acompaña, especialmente necesario en esta ocasión ya que podíamos escuchar en las habitaciones cercanas a nuestros vecinos hablar y caminar. Sin embargo dejarlo en una zona cercana a donde pueda amortiguar el ruido para nosotros suponía colocarlo cerca de una pared, y ya habíamos comprobado que las paredes no son especialmente gruesas. Así que no tardamos en percibir que el ruido estaba llegando a los vecinos, y aunque nosotros estemos acostumbrados a él y de hecho nos ayude a dormir puede que ellos no lo percibieran del mismo modo. Ante el riesgo de que decidan acudir a la fuente de esa lluvia fantasma para pedir explicaciones, no nos quedó más remedio que dejar el portátil en un punto tan alejado que tampoco nos suponía una gran ayuda, y hasta que al cabo de una hora no cesaron las idas y venidas de los huéspedes en las plantas inferiores tuvimos que recurrir a unos tapones para los oídos que nunca resultan cómodos.

En resumen: no hemos dormido tan bien como querríamos, pero hemos dormido. Especialmente en las últimas dos horas, tras abrir de nuevo la ventana con las primeras luces del día y disfrutar ahora sí del fresco de la noche sin que venga acompañado de ruido alguno.


La habitación...


... y las vistas desde ella

Cuando dan las 8:00 bajamos a consumir ese desayuno no incluido en la reserva del hotel pero disponible a razón de cinco euros por cabeza, y aunque nos satisface tampoco nos parece un banquete por ese precio. Tenemos el obvio café y zumo, dos piezas de bizcocho y pequeñas rebanadas de pan a las que acompañar con mantequilla, mermeladas, miel o el plato de jamón serrano y queso del centro de la mesa.

Regresamos a la habitación con el único objetivo de comenzar a cargar de nuevo el coche, y cuando dan las 9:00 estamos tramitando la salida del hotel. Pagamos los 65 euros de la noche más los 10 por el desayuno y nos ponemos en marcha. Para hoy tenemos una de las visitas más obvias, esa que cuando dices "Voy a visitar los Picos de Europa" siempre llega introducida con la frase "Pues no puedes marcharse sin visitar...". Frase que, dicho sea de paso, resulta odiosa. Evitadla, por favor.

Vamos a visitar la Ruta del Cares. O por lo menos parte de ella. Dicha senda consiste en una excursión de 13 kilómetros que enlaza las localidades de Caín de Valdeón y Poncebos, y lo hace acompañando al Río Cares a lo largo de una garganta comprendida entre dos altas paredes de piedra. El trazado que dibuja el sendero, cruzando el río en numerosas ocasiones y ganando altura a través de pequeñas pasarelas talladas en la pared, hace de él una de las atracciones turísticas principales del Parque Nacional.

Nosotros no tenemos intención de hacer el recorrido íntegro, ya que tras alcanzar el otro extremo regresar a la casilla de salida solo presenta dos opciones: o deshacer los mismos 13 kilómetros en sentido contrario o gastarse hasta 100 euros en un taxi que te devuelva a la casilla de salida tras un largo rodeo -similar al que nosotros hicimos ayer- por Asturias y Castilla y León. Porque esa es otra de las peculiaridades de la ruta: tiene repartida su longitud casi a partes iguales entre las dos comunidades autónomas.

Tras un estudio previo de los desniveles y el paisaje desde cada extremo decidimos que lo que más nos convenía era acercarnos a él por el sur, motivo por el cual ayer recaímos en Castilla y León y ahora conducimos hasta la población de Caín de Valdeón. Aquí la garganta es más estrecha y los desniveles iniciales mucho más suaves, motivos más que suficientes para que nos merezca mucho más la pena que recorrer la mitad norte. Avanzamos kilómetros a través de una carretera de montaña cada vez más estrecha y que atraviesa algunos pueblos de calles en las que es mejor no encontrar tráfico en dirección contraria. Las pendientes son cada vez más agresivas, llegando a atravesar subidas y bajadas con desniveles de hasta el 20%. Alcanzamos las casas de Caín de Valdeón y tras ver que en plena calle las pocas plazas de aparcamiento ya están ocupadas nos desviamos por uno de los múltiples letretos con la leyenda "Parking" que asoman a cada pocos metros. Según nos estamos bajando del coche un hombre de pelo blanco se acerca a nosotros y a otro vehículo que acaba de llegar y nos informa de que el aparcamiento es privado y el coste de permanecer en él es de tres euros para todo el día. No entrega a cambio ningún tipo de resguardo o comprobante, así que nos quedamos con la duda de si hemos topado con un "gorrilla" leonés. Son las 9:30 cuando cambiamos neumáticos por botas de montaña y nos dirigimos hacia el cañón.


Comencemos


Montañas a mano izquierda se despiden de nosotros

No tardamos en convencernos de que hemos tomado la decisión correcta entrando por el sur. La garganta es ya espectacular desde el primer instante, cuando una pequeña presa pone freno a las aguas que a partir de aquí pasarán, en parte por el río que sigue varios metros por debajo de nuestra posición, y en parte por un canal construido a propósito para que circulen a toda velocidad. La presa da lugar a las primeras cornisas lo suficientemente anchas como para no suponer un problema incluso sufriendo de vértigo y apenas pasan unos minutos cuando nos encontramos atravesando unos pequeños túneles escarbados en la piedra y que a estas horas apenas reciben luz natural, provocando que pisemos charcos que no podemos anticipar. Esa misma ausencia de luz provoca que el cañón permanezca por ahora completamente a la sombra, lo cual es un alivio para nuestras cabezas. Y también para la fotografía, ya que toda la escena permanece alumbrada de forma homogénea y es más sencillo conseguir que todo el cuadro aparezca correctamente iluminado.


Acercándonos a la presa


Alcanzando la presa


Primeros metros por la Senda del Cares


El momento del día es perfecto


Tenemos que atravesar oscuros túneles

Si los Lagos de Covadonga nos recordaban a algunas zonas de Banff en Canadá está clara nuestra referencia para la Senda del Cares. Este caprichoso camino atravesando a un cañón es muy similar al que recorrimos hace unos años en el Zion National Park, cambiando los tonos grisáceos de esta roca por los colores rojizos de Utah. Seguimos la marcha con el ánimo alto al ver que en los siguientes metros a recorrer no hay previsión de grandes pendientes a superar y que la sombra todavía nos acompañará durante un buen rato.


El cañón se va alumbrando


Todavía disfrutamos de sombra


Cruzamos sobre el río varias veces durante el camino

Cuando llevamos alrededor de dos tercios de los 13 kilómetros recorridos el sol empieza a asomar tras las cimas más bajas de la pared derecha. Todavía no alcanza a demasiados tramos pero los rostros de los primeros grupos que nos cruzamos en dirección contraria -presumiblemente procedentes de Poncebos- nos hacen pensar que en la mitad norte el sol ya está dando con fuerza y el calor que lo acompaña no es precisamente un aliado para el senderismo. Cuando estamos ya acariciando el ecuador de la ruta, una señalización nos informa de que desde aquí nace un desvío que tras nueve horazas de camino nos llevarían hasta la zona de Covadonga. Solo apta para valientes.


La luz es cada vez más intensa al fondo

A las 11:15 y con una distancia de 6,7 kilómetros recorridos decidimos que es momento de dar la vuelta. Hemos superado la división de Asturias y León -distinguible por un simple letrero de la Junta de Castilla- hace ya un rato y el paisaje ante nosotros no parece que vaya a aportar nada que no hayamos visto ya. La garganta se ha ensanchado hasta tal punto que la sensación de atravesar un cañón comienza a disiparse y la ladera izquierda en la que nos encontramos no tiene ya ningún rincon a salvo del fuerte sol que nos obliga a cubrir nuestras cabezas.


Encontramos algunos grupos de vecinos


Separando Asturias de Castilla y León


Más túneles, ahora más alumbrados


El sol se presenta al fin


Y ya alumbra toda la pared izquierda

La vuelta es algo menos placentera que la ida por dos motivos. El primero, que el sol ha seguido subiendo y muchos de los tramos que antes estaban en sombra ahora están ya iluminados y debidamente recalentados. El segundo, que el tráfico ha ido creciendo a cada minuto haciendo honor a eso de que estamos en "La ruta de senderismo más visitada de España" y ahora es común adelantar, ser adelantados, y cruzarse con grupos de mayor o menor número a cada pocos metros. Viendo el fuerte calor que nos acompaña solo podemos dar gracias a que ayer en Covadonga tuviéramos un día más bien nublado, ya que sin lugares en los que resguardarse pasar cinco horas visitando los lagos Ercina y Enol a pleno sol hubiera sido una experiencia mucho menos placentera.


La vuelta es más dura...


Pocos tramos escapan ya al sol

Son las 12:30 cuando alcanzamos de nuevo el extremo sur de la garganta, haciendo antes de buen samaritano al utilizar la linterna del móvil para ayudar a una familia valenciana que no le veía mucha gracia a atravesar esos túneles que, aunque ahora ya están ténuamente iluminados, seguían sin dar muchas pistas sobre el terreno que pisamos.


Y salimos de la garganta

A las 12:45 alcanzamos de nuevo el coche, reencontrándonos con nuestro potencial gorrilla que parece que pese a todo era el legítimo dueño del solar. Antes paramos en un pequeño kiosko de recuerdos junto a la salida de la ruta en el que por 2,20€ engordo las arcas de la "Operación Dedal" en la que intento traerme de cada viaje uno o más dedales para ampliar la colección de mi madre. Cuando entramos en el coche, que descansa a pleno sol, el termómetro marca 33,5 grados. Decidimos ponernos en marcha ya ante la previsión de que la carretera de montaña que nos ha traído hasta aquí y ahora tenemos que deshacer pueda complicarse debido al tráfico en sentido contrario.


Un último vistazo a Caín de Valdeón

Los astros se alinean y solo sufrimos tráfico opuesto en algunos tramos donde no es necesario dar marcha atrás para buscar la zona donde la carretera se ensanche. Alcanzamos el Mirador de Panderrueda, ese en el que la niebla nos privó hace menos de 24 horas de disfrutar de vistas hacia la silueta de los Picos de Europa. Esta vez no hay rastro de ella y podemos disfrutar del paisaje en compañía de unos pocos vecinos.


El Mirador de Panderrueda, ahora sin niebla


Merece la pena la parada

Apenas recorremos unos kilómetros por una carretera nacional antes de desviarnos de nuevo hacia una comarcal, la que nos llevará hasta el Puerto de Tarna donde reentraremos en Asturias. La carretera está en bastante buen estado, pudiendo alcanzar velocidades entre los 60 y los 90 kilómetros por hora según lo tortuoso del camino. Superamos más casas que encajarían perfectamente en nuestra definición de hogar ideal y según volvemos a perder altura el termómetro sube y sube hasta unos 31 grados que deben estar provocando estragos entre unos asturianos -porque ya hemos vuelto a Asturias- que no deben estar acostumbrados a este calor.


Subimos puertos de montaña...


... y regresamos a Asturias

El camino se hace más pesado desde el Puerto de Tarna hasta Ríoseco, ya que las curvas no dan un respiro y en varias ocasiones debemos esperar la ocasión adecuada para superar con garantías un tractor o camión que ralentiza nuestra marcha. A escasos siete kilómetros de nuestra meta de hoy y cuando dan las 15:00 paramos en un Hipermercado Alcampo para reponer nuestras reservas de agua y refrescos y conseguir una comida de emergencia que no sea excesiva, ante la previsión de cenar en algun restaurante esta misma noche.


Un último esfuerzo hasta Langreo

A las 15:15 alcanzamos Langreo y más concretamente el Langrehotel & Spa que será nuestro campamento base para la próxima noche. Reservado a través de centraldereservas por 70 euros, venimos especialmente ilusionados por esa coletilla de "y Spa" ya que un tratamiento de aguas termales tras tres días de excursiones suenan como la tierra prometida. Por ahora comenzamos tramitando la entrada y encontrando las primeras sorpresas desagradables. La cama y el wifi están incluidos, pero poco más. El recorrido de 90 minutos por la zona termal tiene un precio de 12 euros para los huéspedes, 15 para los que no estén alojados en el hotel. El desayuno -esto ya lo sabíamos- no está incluido. Y tampoco el aparcamiento, que tiene un coste de más de ocho euros por noche pero afortunadamente no tenemos que pagar ya que encontramos plazas libres en la calle trasera del hotel. Esta zona de Langreo, por su parte, nos recuerda a los nucleos de L'Hospitalet junto a Barcelona o San Sebastián de los Reyes junto a Madrid: eminentemente residencial y basada en grandes bloques de hormigón que hacen las veces de ciudad dormitorio.

Subimos a la habitación 301 que nos ha sido asignada y vemos con recelo que se encuentra justo enfrente del vestíbulo de ascensores. No es un buen presagio estar a pocos metros de un lugar que presumiblemente será zona de paso hasta más allá de nuestro toque de queda, así que bajamos y preguntamos si sería posible un cambio. En este caso la dirección del hotel sí está a la altura y nos reasigna la habitación 307, perdiendo por el camino una bañera que ahora es solo un plato de ducha y sustituyendo la cama de matrimonio por dos camas individuales instaladas una junto a la otra. Nos compensa.

Veníamos tan ilusionados ante la perspectiva del spa que accedemos a pagar esos 12 euros por cabeza. Tenemos que sumarles 1,5 más por persona por nuestro descuido de no traer en el equipaje gorros de baño, pero ahí acaba la inversión. Reservamos "hueco" para las 17:00 y tras un breve repaso a las redes sociales desde la habitación volvemos al ascensor para descender hasta la planta -1.

A nuestra entrada a la zona termal, solo estamos nosotros dos. Un minuto después llega una segunda pareja, y así nos quedamos durante unos minutos en los que comenzamos a relajarnos. Tenemos a nuestra disposición una piscina con agua caliente e instalaciones de hidromasaje, dos jacuzzis, hasta cuatro tipos diferentes de ducha, un pediluvio y dos saunas, una seca y una húmeda. En lo que vamos trazando un recorrido llega otro grupo más numeroso, esta vez de cuatro chicas y una mujer. Para cuando salgo de los 15 minutos de sauna en los que me traslado a la Mallorca de agosto ya somos hasta 15 personas en el complejo. Sigue habiendo espacio para todos, pero el incesante run-run de las conversaciones -algunas a demasiado volumen- ya empieza a dificultar eso de relajarse. En cualquier caso amortizamos los 12 + 1,5 euros y vamos alternando piscinas y jacuzzis hasta las 18:45, hora en la que volvemos a la habitación para rematar la relajación con una ducha y una larga hora tumbados en la cama. Turno para hacer copias de seguridad de fotografías, escribir el relato de la jornada y buscar la mejor opción a pie -por aquello de no perder la plaza de aparcamiento- para darnos un homenaje en forma de cena para esta noche.


El spa, cuando estaba tranquilo


Complicado hacer fotos prácticamente a oscuras

Una breve búsqueda utilizando como punto de partida TripAdvisor y tirando del hilo a partir de sus resultados nos lleva a elegir un ganador: la Sidrería y Pulpería Casa Arca, convenientemente situada a cinco minutos a pie de nuestro hotel y cuyas opiniones auguran el festín que andamos buscando. Algo más tarde de las 20:00 nos echamos a la calle -¡por primera vez sin ropa de excursión!- y atravesamos la vía en la que se encuentra, una suerte de bulevar copado de bares y restaurantes. Entramos a un salón para el que somos los primeros comensales de la noche y lo que viene a continuación no defrauda.

Una clara de limón para L y sidra para mí, en la primerísima ocasión que pido y pruebo el inevitable brebaje asturiano. Me plantan la botella, me escancian el primer vaso y durante el resto de la noche llegaría hasta el fondo de la misma culín a culín. De la carta pedimos una ración de croquetas con jamón, pero el plato fuerte es uno que no aparece porque, supongo, dan por hecho que todos los clientes saben que disponen de él: un cachopo de ternera que es plato casi obligado para todo carnívoro que pasa por el Principado.

Las croquetas, ocho bolas rebozadas servidas en un plato alargado, están de muerte. No solo sabe el jamón, si no que la corteza está en su punto perfecto y la bechamel está suave y jugosa. Y llega el cachopo, que tal y como nos había asegurado el camarero bastaba para dos. Y vaya, si bastaba. Una aberración de la naturaleza con el largo de dos cuchillos uno tras otro, con un crujiente rebozado cuyo interior esconde dos láminas de filete de ternera, queso fundido, jamón serrano y adornado por encima con pimientos asados. Cada bocado es una fiesta. Y no hay que desmerecer la bandeja de patatas que lo acompaña: doradas por fuera y suaves por dentro. Más por educación que por necesidad ante la insistencia del camarero, pedimos una tarta de queso para postre y ahí nuestros estómagos llegan a su límite -en realidad lo habían pasado hace ya muchos minutos, pero una noche es una noche-. Por 45 euros hemos salido con la mision más que cumplida: cachopo devorado, sidra volatilizada y barriga a reventar. Volvemos hacia la habitación y solo queda disfrutar, haciendo la pesada digestión, del capítulo filtrado de la séptima temporada de Juego de Tronos. Tenemos HBO y preferiríamos esperar al lunes para verlo en condiciones óptimas -alta definición, subtítulos...-, pero es una de nuestras series favoritas y propensa a los "spoilers" así que preferimos no correr el riesgo. Nos alegramos de haberlo hecho.


Las croquetas...


... el Cachopo, con c mayúscula...


... y la cuenta

Y así, entre dragones y cachopos, termina este día que comenzó al norte de Castilla y León y terminó al sur de Asturias. Para mañana se anuncian lluvias pero albergamos la esperanza de que no sean tan abundantes como para desbaratar nuestros planes para la cuarta etapa. Y si no, qué demonios, hace falta lluvia para mantener todo este verde que nos rodea.
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  Últimos comentarios al diario  La verde Asturias
Total comentarios 7  Visualizar todos los comentarios

oblomgo  oblomgo  24/08/2017 09:29   
Comentario sobre la etapa: Día 4: Oviedo - Monumentos prerrománicos, Casco histórico
Como me gusta Asturias y Oviedo es una de mis ciudades favoritas.

Esperando ver la etapa de Somiedo, que es una joya.

Salud y estrellas.

marimerpa  marimerpa  24/08/2017 17:56   
Soy una enamorada de Asturias y tu diario me está gustando mucho. Sigo leyendo, recordando lugares que conozco con tus fotos, y descubriendo lugares nuevos, que en Asturias siempre hay.

Saludos y 5 estrellas.

marimerpa  marimerpa  27/08/2017 14:13   
Comentario sobre la etapa: Día 6: Somiedo - Lago del Valle
Estas últimas etapas me traen muy buenos recuerdos del año pasado. Somiedo se me resistía, después de haber anulado un par de veces, y por fin pudimos recorrer algunos de sus senderos. Lástima que tuvieseis tanta niebla, aunque a ratos sí que os permitió disfrutar de las magníficas panorámicas. La senda del oso es otra de las cosas que se me resiste.

Muy buen diario, muchas gracias.

michi_ast  michi_ast  29/08/2017 04:24   
Me ha encantado el diario, y más que te haya gustado tanto mi tierra, escribo desde Lena (al lado de Mieres), y sí, este verano pocos días veraniegos hemos tenido, visto lo que buscabais, mejor!! Y que te voy a decir yo, pero la mejor gastronomia que yo hya probado, aquí! Saludos

Ripley  Ripley  03/10/2017 22:11   
Siempre disfruto mucho de la narración de tus diarios y este no iba a ser una excepción, te dejo mis estrellas, un saludo!

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afizionau
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Indiana Jones
Indiana Jones
Ago 04, 2011
Mensajes: 3311

Fecha: Lun Oct 16, 2017 08:47 am    Título: Re: Itinerarios, rutas por Asturias

El coche te da libertad para moverte a conocer zonas del oriente u occidente que no son accesibles en coche.

Si tu idea es dedicarte solo a ciudades, entonces tienes Alsa que sale cada 15 minutos desde Oviedo en dirección a Gijón y Avilés. O incluso el cercanías de Renfe.

El tiempo que te puedes encontrar, pues generalmente noviembre es un mes lluvioso, aunque cada vez llueve menos y las temperaturas no son demasiado frías. El único problema de Noviembre son las horas de luz, que si está mal día, a las 5 de la tarde ya es casi de noche.
naghtan
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Feb 20, 2010
Mensajes: 84

Fecha: Lun Oct 16, 2017 11:32 am    Título: Re: Itinerarios, rutas por Asturias

Y suele haber nieve?

Estando solo en estas ciudades se puede probar buena gastronomía sin precios prohibitivos?

Un saludo y muchas gracias..
naghtan
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Feb 20, 2010
Mensajes: 84

Fecha: Lun Oct 16, 2017 02:08 pm    Título: Re: Itinerarios, rutas por Asturias

Sirve de algo irse la última noche a dormir a Avilés para estar más cerca del aeropuerto?
alfredin66
alfredin66
Indiana Jones
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Jun 12, 2007
Mensajes: 3019

Fecha: Lun Oct 16, 2017 04:45 pm    Título: Re: Itinerarios, rutas por Asturias

naghtan Escribio:
Sirve de algo irse la última noche a dormir a Avilés para estar más cerca del aeropuerto?

No porque entonces no tendrías transporte al aeropuerto. De Oviedo al aeropuerto en bus son treinta minutos.
alfredin66
alfredin66
Indiana Jones
Indiana Jones
Jun 12, 2007
Mensajes: 3019

Fecha: Lun Oct 16, 2017 04:47 pm    Título: Re: Itinerarios, rutas por Asturias

Nieve? Que va! Nieve en las montañas, abajo nada.

Por supuesto que se puede comer bien en las ciudades y por un precio normal. Hay un hilo de comer en Oviedo ,léelo.
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