Tras el preceptivo desayuno en Lori's, cogimos un tranvía hasta Castro. Estuvimos paseando un rato por sus calles, con ambiente (no es un juego de palabras) porque era domingo por la mañana y la gente desayunaba tranquilamente en las cafeterías, algunas con terracita, y fuimos viendo los sex shops especializados y algunas casas victorianas muy bonitas. De allí fuimos caminando hasta Misión Dolores, una iglesia y museo creados donde se asentó la primera misión española que dio origen a la ciudad. Estuvimos en el final de la misa, y después comenzamos a recorrer la iglesia, hasta que vimos gente saliendo por un lateral... y resultó ser otra entrada al museo y al cementerio donde está enterrado Fray Junípero Serra, el misionero fundador de la misión. Así que, sin pagar, echamos un vistazo rápido y seguimos camino.
Antes de coger de nuevo el tranvía, entramos en una librería de segunda mano y fue todo un acierto, ya que compramos varios libros de fotografía sobre San Francisco e incluso alguna guía de viaje a muy buen precio.
Decidimos volver a Chinatown, para verlo con actividad, y es que los barrios chinos de las grandes ciudades siempre sorprenden por los artículos que venden, tanto estilo todo a 100 como, sobre todo, artículos de alimentación y remedios naturales.
Continuamos camino pasando por Nob Hill, donde comimos en un italiano que estaba muy bien, antes de ir bajando, en dirección al hotel, hasta desviarnos para llegar al museo del tranvía. Entramos sin mucho interés, pero nos sorprendió gratamente: explican el funcionamiento del sistema utilizado para mover todos los vagones y puedes verlo en marcha allí mismo. Además, pueden verse fotografías y vagones históricos,... en fin, muy muy recomendable, no os lo perdáis!

Seguimos hasta Grace Cathedral. Lo primero que sorprende son sus puertas, copia de las del Baptisterio de Florencia, de Boticcelli.

Una vez dentro, lo más interesante es quizá las vidrieras, modernas pero bien realizadas, especialmente una con la fórmula E=m*c2, y un apartado dedicado a las víctimas del sida, con un tríptico en bronce y oro muy chulo.

Por último, bajamos hasta Downtown y entramos en algunas tiendas, antes de intentar cenar en el Cheesecake Factory que se encuentra en el último piso de Macy's, y digo intentar porque estaba hasta arriba, nunca mejor dicho, de gente. Así que dimos una vuelta, foto desde la terraza, y a otro sitio.
Era nuestro último día en San Francisco, y pensamos en dar un último paseo en tranvía, pero finalmente decidimos organizar todo para el día siguiente.
Como resumen de San Francisco, debo decir que es una ciudad que nos sorprendió muy positivamente. Sin que pueda compararse con Nueva York, que habíamos visitado el año anterior, nos pareció una ciudad más auténtica y con mucha menor presión del turismo, agobiante a veces en NY, y con un estilo de vida mucho más relajado. 3 días completos me parecieron perfectos para conocerla.