Como siempre, nos levantamos temprano y desayunamos en la cocinita del hotel. Luego, cogemos el metro hasta Bryant Park, ya que hemos reservado con el CityPass subir al Empire State a las 11:00 (e incluye la opción de subir también de noche el mismo día). Al llegar, aprovechamos para visitar la impresionante Biblioteca Pública y la Rose Main Reading Room, había una exposición del New Yorker. Después, como aún nos sobraba tiempo, visitamos la Grand Central Terminal, que nos encantó, y fuimos a la esquina donde se susurra y se escucha en la otra punta de la sala
Nos costó encontrar la puerta por la que teníamos que entrar para subir, pero al final llegamos y nos encantaron las vistas desde el Empire State, y lo mejor, no había mucha gente. Nos hicimos sitio en todos lados sin problema para sacar fotos. Desde la primera parada hasta el piso 87, yo aproveché para subir un tramo de escaleras para sentirme como los que corren la carrera de subir los escalones.


Al bajar, nos decidimos a hacer unas compras en Levi's, Footlocker y Macy's. Los precios tampoco me parecieron espectaculares. Después, cogimos la comida para comer en las mesitas de fuera en la calle, que hay por todos lados. Yo decidí comprar en Shake Shack, ya que tiene mucha fama y me apetecía probar. Es más caro que la mayoría de comida rápida allí, o a mí me lo pareció, pero estaba buenísima. No sé si son los mismos precios dependiendo de la zona donde esté.

Mi amiga iba a subir al Summit a las 14:30. Yo decidí que no, porque tampoco me gustan mucho las alturas y ya eran bastantes rascacielos, y ese, además, está lleno de cristales. La acompañé a la cola y luego fui a tomar un café en Bryant Park, un sitio vibrante, y a hablar por teléfono con mi familia. Luego, me fui caminando hasta el edifico de la ONU, que tampoco es muy original, y a ver el edificio Chrysler que, junto con el One World Observatory, es de los que más me gustó por fuera. Volví por Park Avenue y me compré un bubble tea de mango, una cosa muy rara y muy pesada.


La recogí en el Summit y, después de otro café en Bryant Park, nos fuimos a Burlington a comprar. Era un buen trecho, pero esta tienda sí tiene buenos precios y yo tenía que comprar algo más de abrigo porque, como era de esperar, me cogió el frío. Cualquier cosa por debajo de 30 grados me da frío. Tomamos algo en un Starbucks y entramos en un Trader's Joe, un supermercado de verdad, con baños limpios además. Yo me compré ahí la cena.
Volvimos de camino al Empire State, pues teníamos la entrada para la noche, y de camino nos paramos en Jimmy's Bar, un bar al lado de Times Square que había encontrado en internet y que realmente era auténtico y barato. Solo había americanos, no turistas, y nos tomamos dos Budweisser. Tuvimos un malentendido con la propina, y aún hoy no sé qué pasó, pero tenía una forma muy rara de proceder, cobrando primero y dándote un papel para que apuntaras la propina después. No sé cómo hacen eso cobrando con tarjeta, pero lo hacen. Creo que no lo entendimos y a la camarera no le pareció bien...

Nos encantaron las vistas desde el Empire State de noche, las luces, los sonidos de la ciudad... Al bajar, también quisimos ver Times Square de noche, pero tengo que decir que casi me impresionó más de día. De nuevo, no había mucha gente en ningún sitio, o al menos lo que esperarías en Nueva York. Acompañé a esta a comprar la cena en Pollo Campero y volvimos al hotel con solo una línea de metro. Creo que fue el día que más anduvimos, ¡en mi reloj tenía registrada la increíble cifra de 36 000 pasos!