Un puente de tres días como el de este 1 de mayo es ideal para hacer una escapada europea. El destino elegido este año ha sido el
Lago Maggiore, uno de los lagos del norte de Italia.
Aunque el lago más famoso entre Milán y los Alpes sea quizás el
Lago Como, el Lago Maggiore es más tranquilo y no le faltan atractivos: pueblos bonitos, palacios lujosos, islas encantadoras, naturaleza a raudales y montañas en el horizonte.
Hace unos veranos estuvimos en el
Lago di Garda, el mayor de los tres, y
nos encantó. Intentar compararlo con el Lago Maggiore sería injusto, ya que en el Garda estuvimos más días y tuvimos tiempo de explorar mucho más, aquí sólo hemos estado tres días y sólo hemos recorrido un tercio del lago.
El aeropuerto más cercano al sur del Lago Maggiore es
Milán Malpensa.
Llegamos el jueves por la noche, y tomamos el tren hasta la localidad de
Gallarate, a medio camino entre el aeropuerto, Milán y el lago.
Podríamos haber hecho un transbordo de tren aquí y llegar esta noche al lago, pero como últimamente uno no se puede fiar de que los vuelos lleguen a su hora

, y no queríamos perder el tren, pasamos la noche en un hotel enfrente la estación del tren.
Mañana por la mañana tomaremos el tren entre Gallarate y
Arona, el pueblo donde estaremos las dos próximas noches.
01/05/2026
Llegamos a
Arona bien pronto. La estación de tren está en un extremo del pueblo, pero es tan pequeño que tardamos menos de 10 minutos en llegar al hotel. ¡Nos tocará una habitación con vistas al lago!
Arona es una de las ciudades principales del sur del lago. Muy bien comunicada con la costa oeste en tren, y en general con todos los destinos turísticos principales en ferry.
El lago es tan largo que para llegar al extremo norte, ¡tardaríamos 4 horas y media en ferry! De hecho, ¡el extremo norte es Suiza! Así que nos conformaremos con explorar menos de la mitad del lago.
Desde Arona se puede ver en la otra orilla, una fortaleza encima de un promontorio de roca. Es la
Rocca di Angera, un castillo medieval visitable.
Tomamos un ferry y en cinco minutos hemos cruzado el lago.
La empresa de ferries se llama
Gestione Navigazione Laghi.

Los tickets del ferry se pueden comprar:
Online (como mínimo 15 minutos antes de la salida)
En las taquillas, por el mismo precio.
Los ferries no acostumbran a ser puntuales (se van retrasando conforme avanza el día) o quizás hemos sufrido retrasos por ser puente del 1 de mayo, un festivo en prácticamente toda Europa, y haber muchísimo turismo.
Los ferries no tenían servicio de cafetería (o no lo tenían abierto), desconozco si tienen baño, pero son cómodos y silenciosos.
Aparte, hemos visto
otra compañía de ferries que ofrece conexión entre Stresa y las islas, con el mismo precio.
Llegamos al muelle de
Angera, y su castillo está en la cima de un montículo, así que ¡toca subir!
Es 1 kilómetro y medio de distancia, o veinte minutos largos. Por suerte no hace calor.
El castillo abre a las 10:00. Nosotros tenemos compradas las entradas online, pero también se venden en taquilla.

De hecho, por 44€ hemos comprado un pack de 3 visitas en
la web Terre Borromee, que gestiona las propiedades de la familia noble Borromeo.
Hemos elegido la
Rocca di Angera, la
Isola Bella y la
Isola Madre, cada una de las islas con un opulento palacio y un exuberante jardín.

Las tres visitas tienen que hacerse en dos días consecutivos, siendo el mismo día que se visiten las dos islas (nos las dejamos para mañana).
El orígen del
castillo remonta al siglo XI, siendo propiedad del arzobispado de Milán. En el siglo XIII pasó a ser de los Visconti, unos de los nobles más importantes del norte de Italia.
A mitad del siglo XV el conde de Arona, de apellido Borromeo, le compró el castillo a los Visconti.
Siendo también propietario del castillo de Arona, en la orilla opuesta, (actualmente destruido), con su fuerza defensiva dominaba buena parte del territorio y lo protegía de invasiones suizas.
Lo primero que se ve al entrar es el
patio a dos niveles. Desde aquí se distribuyen las distintas alas, llamadas por sus constructores:
Scaligera,
Visconti y
Borromei.
El
ala Scaligera es actualmente una sala de exposiciones de arte contemporáneo que no visitamos.
Las alas Visconti y Borromei contienen salas históricas y un peculiar
Museo de Muñecas y Juguetes.
Empezamos por el museo, cuya colección contiene objetos desde el siglo XVIII hasta la actualidad.
Las más de 1.400 muñecas, algunas de cera, algunas de porcelana, de madera o incluso de papel maché, son caldo de cultivo para las pesadillas más traumáticas.

Miradas al vacío, expresiones inertes, rostros petrificados con todo tipo de vestimentas, desde trajes de gala hasta infantiles batitas.
Complementan la colección varios juguetes históricos como el juego de la oca, cartas, trenes, puzzles o animales de peluche, y un buen puñado de autómatas.
En cuanto a las
salas históricas, destaca la
Sala de la Gloria Borromea, en el que una gran pintura representa el orígen de la dinastía Borromeo, momento en el que Giovanni expulsa los godos de Roma y recibe el apodo de “buen romano”, de aquí deriva el apellido, “buon romei”, “Borromeo”.
La
Sala de las Ceremonias alberga los restos de los frescos medievales del Palazzo Borromeo de Milán, actualmente destruido.
La
Sala de la Justicia es de las más bien conservadas, los frescos del siglo XIV representan escenas históricas y también motivos astrológicos como los símbolos del zodiaco y demás ornamentación de estilo gótico.
Se puede subir a la
torre principal y observar las murallas, el jardín y todo el frondoso paisaje.
El
jardín es de dimensiones pequeñas y en primavera está espectacular

, nos envuelve la fragancia de todas las flores: rosas, jazmín, lirios… Además de plantas aromáticas y medicinales, como hubiera sido un jardín medieval de la época.
Hemos visitado toda la Rocca en unas dos horas. Como el siguiente ferry sale a las 13:30, tenemos una horita para tomar un aperitivo en la orilla del lago.
En una agradable terraza encontramos el aperol spritz con picoteo más generoso del lago, y con un precio super aceptable.
En una hora y media de trayecto llegamos a la
Isola Superiore, también llamada
Isola dei Pescatori.

El famoso archipiélago de las Islas Borromeas está formado por tres islas:
La
Isola Superiore, diminuta, conteniendo un pueblecito muy pintoresco.
La
Isola Madre, más al norte, propiedad de los Borromeo, con un palazzo y un jardín botánico.
La
Isola Bella, la más famosa, también propiedad privada de la misma familia, también con un fastuoso palazzo y jardín.
Hoy visitamos la Superiore (o de los Pescadores). Son 100 metros de ancho por 350 metros de largo. Tres calles longitudinales están conectadas entre sí por callejuelas que se recorren en un minuto.
Cómo tan poco espacio puede contener tanta tienda, tanto restaurante y tanto turista, se escapa de mi entendimiento.
Llegamos un poco tarde para comer, pero por suerte los restaurantes a las 14:45 todavía tienen la cocina abierta. Dos estupendos platos de pasta acompañados con
“vino della casa”.
Los precios de todo son bastante más caros en las islas que en cualquier pueblo de la costa.
La calle que da al muelle son casas con tradicionales fachadas, los negocios son mayormente restaurantes.
La calle de enmedio es demasiado estrecha para la cantidad de visitantes que pasean. Las tiendas ponen sus souvenirs al exterior. Pasta de todas las formas y colores imaginables…
Y en la calle superior hay nuevamente más restaurantes, con terrazas con formidables vistas.
En un extremo está la iglesia de la cual asoma el campanario visible desde el lago y le da a la isla esta silueta tan perfectamente pintoresca, de postal.
En el otro extremo hay una plaza con árboles que ofrecen una agradable sombra.
Para regresar, o bien tomamos un ferry a Arona, cuyos horarios no son muy convenientes, o bien tomamos uno hacia Baveno, una población un poco más al norte, y desde allí, un tren a Arona.
Nos decantamos por esta segunda opción. Hubiésemos querido explorar un poco
Baveno, que parece el tradicional pueblo de costa encantador y enano, pero tenemos el tiempo justo para llegar a la estación de tren.
Al menos pasamos por delante de la iglesia y el baptisterio románico.
En Arona encontramos
un restaurante que nos aceptan aún sin tener reserva, porque llegamos a las 19:30. Descubrimos la “pizza al tegamino”, es decir, cocida en una sartén, y nos encanta.
Al atardecer paseamos por la animada
Piazza del Popolo, con una pequeña iglesia, muchos restaurantes con terraza al aire libre y el antiguo muelle.
Más allá se observa una colina, es la Rocca di Arona, donde todavía queda algún resto de lo que fue el castillo borromeo antes de ser bombardeado por Napoleón.
En el paseo junto al lago, que es prácticamente peatonal, quedan restos también de la muralla medieval que protegía a toda la población.
El sol se ha ocultado hace rato detrás de las montañas del oeste y el cielo oscurece en tonos rosados y azul pastel.
Ya de noche, vemos asomar la luna llena por la colina de la orilla opuesta, su reflejo en el lago crea unos destellos cautivadores.

Estamos mucho rato disfrutando de las vistas y luego vamos a dormir.
02/05/2026
Estamos de vacaciones y no nos vamos a poner el despertador, pero nos despertamos justo que el sol está asomando por detrás del lago. Las vistas desde la habitación son fabulosas.
Hoy queremos ir a primera hora a la
Isola Bella, antes que se ponga llenísima de visitantes, pero desayunamos con mucha calma y no llegamos al primer ferry.
Por suerte, media hora más tarde sale un tren en dirección a Stresa ¡que llega con tiempo más que suficiente para atrapar al ferry perdido!

Hay trenes express que van de Arona a Stresa directos en 11 minutos, luego hay trenes que hacen parada en varios pueblos y tardan media hora, los dos cuestan lo mismo, 3’70€.
Llegamos a la Isola Bella a las 9:15. La isla se divide en dos zonas,
la privada, de los Borromeo, y
la pública.
Prácticamente la mitad de la isla es el jardín del Palazzo Borromeo, esta extravagancia en forma de media pirámide verde, adornada con obeliscos y estatuas, que se alza hasta 37 metros por encima del nivel del lago.
En el espacio público está por un lado el paseo del muelle, con un montón de restaurantes y tiendas, y en extremo, una plaza arbolada con la fachada del palacio de fondo.
Según
su web oficial, el horario de apertura al
Palazzo es a las 10:00. Pues a las 9:30 pasamos por delante de la puerta y ya está abierta.

Hay mucha cola, tanto en las taquillas como en el acceso.
Hay más de 20 salas, a cuál más ostentosa y barroca que la anterior. Cada mueble, cada pared y cada esquina está decorada en exceso, con todo tipo de materiales suntuosos: mármol, plata, seda, madreperla…
La
Galleria Berthier parece un museo de falsificaciones de arte, porque hay copias de obras maestras renacentistas, por lo visto era habitual que los ricachones decorasen sus habitáculos con pinturas famosas aunque no fueran las auténticas.
También podría confundirse con un muestrario de marcos, porque hay cuadros en el que hay más marco que pintura.
La
Sala de Napoleón es un dormitorio en la que un par de noches de agosto durmió el famoso general, y se le ha puesto el nombre en su honor.
Todo es ultra lujoso: los tejidos contienen seda e hilo de plata, las lámparas si no son de cristal de Murano, son de Bohemia.
La
Sala di Margherita era el dormitorio de la madre de San Carlos Borromeo, el más famoso de toda la dinastía. Ella misma era de la casa Medici.
La
Galleria degli Arazzi tiene tapices flamencos con seda, lana, oro y plata con animales salvajes, algunos inidentificables, ¿es un perro-león? ¿un tigre-oso?
No puede faltar el unicornio, uno de los símbolos de la familia Borromeo, que también encontraremos en el jardín.
El
Salón de baile es la estancia más grande del palacio, las paredes y el techo están profusamente decorados. Es un espacio super luminoso ya que está orientado directamente hacia el lago.
Aquí aprendemos los emblemas de la familia, que hemos visto repetidas veces en todo tipo de decoraciones.
El camello es el símbolo de la paciencia, el unicornio, de la devoción, el freno de caballo, de la fuerza y la cidra (un cítrico), que representa las islas Borromeas
Además, por todo el palacio, en todo tipo de decoraciones pomposas a más no poder, se lee la palabra
Humilitas, lema de la familia.
En la planta baja del palacio están las
grutas artificiales. Se componen de seis espacios de temática marina, con las paredes, techo y suelo recubiertos de fragmentos de roca volcánica, guijarros y conchas.
La función de las grutas es puramente decorativa, albergando esculturas, jarrones y demás adornos extravagantes.
Desde las grutas se accede a los jardines, otro de los caprichos de esta acaudalada familia.
Nada menos que diez terrazas se sobreponen una encima de la otra, como una tarta nupcial, y la guinda del pastel sería en este caso un cupido o un angelito montado en un unicornio. ¿Un poco excesivo? Probablemente.
El llamado
Teatro Massimo, parece un escenario barroco, es un muro decorado con todo tipo de motivos marinos y variopintas esculturas.
La generosa y cuidadísima vegetación no pasa desapercibida. Setos que parecen recortados con escuadra y cartabón, delicados rosales en flor, e incluso un invernadero con orquídeas y otras plantas exóticas.
Aún así, los protagonistas indiscutibles de los jardines son unos pavos reales blancos que acaparan todas las miradas y cámaras cuando les da por abrir su espectacular cola.
Llevamos aquí varias horas y nos está entrando hambre. El único puesto de restauración es una cafetería con terraza al aire libre de precios bastante más elevados que en los bares o restaurantes de fuera del recinto, pero es lo que hay…

Además cabe mencionar que en prácticamente toda Italia el servicio de mesa se paga, el concepto se llama “cubierto” y es un suplemento de unos 2’50€ por persona.
Una vez finalizamos la visita damos una vuelta por la calle comercial del muelle y la plaza del extremo de la isla.
Tomar un ferry hasta la
Isola Madre es una experiencia un tanto caótica. Los turistas nos apelotonamos delante del acceso al embarcadero, porque no hay espacio para hacer una cola como Dios manda.
Para colmo, como todos los ferries van con retraso, debes enterarte por los gritos del personal de la compañía de si el ferry que llega es el tuyo o no.
La Isola Madre tiene más o menos las mismas dimensiones que la Isola Bella, pero prácticamente toda es privada. Solo hay un par de muelles y un restaurante fuera del recinto del Palazzo Borromeo. (Sí, el palazzo se llama igual que el de la Isola Bella).
El
jardín de la Isola Madre es menos artificioso, y abarca prácticamente toda la isla, así que para poder ver algo, es imprescindible tener el ticket de entrada.
Aquí han vivido Borromeos como mínimo desde el siglo XVI, lo que en un principio era una finca agrícola ahora es un hermoso jardín con una extensa variedad de árboles y plantas.
Uno de los que más destaca es el ciprés de Cachemira. Sus semillas llegaron a la isla desde Asia ¡hace más de 160 años!
Camelias, lirios, buganvillas y glicinas están en flor, salpicando de tonos rosa, malva y violeta toda la verde extensión.
En cuanto a fauna, llaman la atención los pavos reales blancos y los faisanes multicolor.
El
Palazzo es muchísimo más discreto que el de la Isola Bella, y también se ve más antiguo, o peor conservado.
Lo más curioso de su interior es la colección de
teatros de marionetas. A través de varias salas está expuesta una variedad de escenarios, decorados y títeres que se usaban en el palacio para entretener a los invitados.
A la hora indicada estamos ya en el muelle para tomar el último ferry directo a Arona. No es muy tarde, pero los siguientes requieren hacer trasbordos.
Durante prácticamente dos horas de navegación disfrutamos de la fresca brisa y del paisaje.
Nos encanta la vista de la ermita de
Santa Caterina del Sasso, del siglo XIII y XIV, prácticamente suspendida en la roca a los pies del lago.
Nos hubiera gustado visitarla pero los horarios de los ferries no nos resultan muy convenientes.
Al llegar a
Arona compramos varios productos típicos italianos en un supermercado y disfrutamos de una cena improvisada en la terraza del hotel, con vistas al atardecer en el lago.