Salimos de Madrid a última hora con destino Amsterdam, donde tuvimos que hacer noche y así aprovechamos para dar una vuelta por la ciudad y visitar un coffee shop. Aunque era de noche, descubrimos que Amsterdam es una ciudad muy bonita, por lo que queda pendiente para una visita más larga y más aún después de lo sucedido en la vuelta a España.
El aeropuerto de Schiphol está muy bien señalizado y no hay posibilidad de perderse para llegar hasta la estación de trenes. El billete lo sacamos en las famosas máquinas amarillas (3.80 cada uno), pero no encontramos las de monedas, así que tuvimos que recurrir a la de tarjeta, como no admite débito, nos cobraron 1€ más por usar la de crédito (única opción posible).
Cuando llegamos a Amsterdam Centraal, lo primero que nos llamó la atención fue lo bonita que es la Estación Central. Continuamos dando un paseo, vimos la iglesia de San Nikolas, seguimos hasta la plaza de Dam (estaba en obras) y ya nos fuimos de paseo por el Barrio Rojo hasta acabar en el coffee shop 36, con vistas al canal.

El hotel que escogimos, Hotel Beursstraat, era realmente pequeño, estaba algo sucio pero muy bien situado para ir andando a la Estación Central, a unos 5 minutos.
A las 5 de la mañana tuvimos que salir rumbo a Schiphol para coger el vuelo que nos llevaría, por fin, a Helsinki.

