A las 10.30 ya estábamos en Helsinki. Lo primero que nos llamó la atención fue aún dentro del avión, asomados a la ventanilla, creíamos que íbamos entre nubes cuando de repente ¡zas! "golpe" contra el suelo. No eran nubes, era una densa niebla confundida con la cantidad de nieve que había.
El aeropuerto está bien señalizado y gracias a la información que trajimos desde España, sabíamos dónde teníamos que ir. Hay varios autobuses que llevan a Helsinki (el aeropuerto está en Vantaa), cogimos el más barato, por 4.80€ que nos dejó Rautantientori. Los autobuses de Finnair dejan en el mismo sitio, pero son más caros. Allí mismo, en la plaza y junto al museo de Arte, vimos las máquinas de billetes de transporte público, por lo que cogimos dos tickets de 4 días de transporte ilimitado (bus, tranvía, ferry y metro) por 17€ cada uno.
Cargados con nuestras maletas y un poco perdidos, nos montamos en el tranvía 4 hasta la última parada, Saunalahdentie, donde estaba nuestro hotel: Hilton Kalastajatorppa. Se encuentra en el barrio de Munkkiniemi, una zona residencial de la capital, muy tranquila y junto al mar. El hotel, una maravilla, cogimos una habitación doble deluxe con desayuno: 32 m2, terraza con vistas al mar, baño completo con ducha y bañera, TV, minibar, cafetera/tetera, etc.

Después de disfrutar del hotel un rato, cogimos de nuevo el tranvía y nos plantamos en Rautatientori, donde nos bajamos para coger el tranvía 3T e ir a Kauppatori, ya que habíamos leído que ahí podríamos comer bien y barato. Debimos tener mala suerte, porque no había nada de comer, así que nos acercamos al Pohjoiesplanadi donde había un mercadillo de Pascua y a hacernos unas fotos con Havis Amanda. Acabamos comiendo en el restaurante Chico's, en el centro comercial Forum, y terminamos la tarde en los grandes almacenes Stockmann, comprando, comprando y comprando. La verdad es que es todo muy caro, pero no podíamos dejar a la familia sin regalitos. De aquí recomiendo las mantas con renos dibujados, son muy suaves y por 12€, son un buen regalo. Si tenéis niños en la familia, también venden unos ositos polares de peluche con la bandera finesa al cuello, también por 12€. El resto de típicos souvenirs son caros.
A pesar de ser sólo las 6-7 de la tarde, volvimos al hotel a disfrutar de esa estupenda bañera y a descansar, previo paso por el supermercado a comprar la cena.

