El martes 6 de julio fuimos a Los Haitises
Aquel día me desperté a las 5, pero había un motivo, estaba cayendo la del pulpo... A recoger lo de la terraza y a hacer tiempo hasta una hora razonable
A las 7 nos levantamos, duchamos, preparamos las mochilas y a la panadería francesa a desayunar otra vez. La verdad es que es un sitio muy cómodo para desayunos, te sirven en un chin y tienes la terracita para sentarte. Además, había otra razón para acercarnos al pueblo; el día anterior hubo una agencia en la que no pudimos preguntar porque estaba cerrada, queríamos probar a ver si ya la habían abierto. Nada, no tuvimos éxito.
Habíamos quedado con la chica de la agencia en la puerta del hotel. Cuando llegó el taxi desde El Portillo iban ya 3 franceses a los que se unieron 4 más en ese momento... ya me veía yo como las únicas españolas del viaje. En la siguiente y última parada se unieron otros 3 franceses, una pareja española y la que organizaba la excursión. Ya no íbamos a ser las únicas que hablábamos español...
Partimos hacia Sánchez... LLegamos a la agencia que realizaba la excursión y... ¡sorpresa! eran los mismos con los que fui la otra vez, excepto por el hecho de que yo lo hice a través de otra agencia. Vamos, que todos deben trabajar con la misma gente, sólo que en días diferentes

El cielo no sabría cómo definirlo; no estaba encapotado pero tampoco lucía el sol como otros días. Los guías decían que era buen día para hacer la excursión pero me costaba mucho creerles.
El rato de lancha fue salto va, salto viene. En ocasiones el bote molesta un poco en la espalda pero por lo menos no te mareas. LLegamos a una pequeña cueva en la que desembocaba un río subterráneo en el mar. Nuestro guía nos estuvo explicando cosas de la misma (los otros también, en sus respectivos idiomas) mientras unos alemanes sacaron una caña de pescar

Tras esto vuelta a la lancha. Vimos diversos cayos, zonas súper chulas, la cueva de la Boca de Tiburón pero justo cuando pasábamos por el "islote de los pájaros" comenzó a gotear... Por cierto, el cayo ese estaba misteriosamente vacío... Cada vez llovía más y nos dieron chubasqueros, pero con la lluvia unida al viento del día y el provocado por el movimiento de la lancha, no había impermeable que evitase que n os calásemos hasta los huesos... El capitán para evitar la lluvia nos llevó a refugiarnos a la cueva de "Boca de Tiburón"
Cueva Cabeza de Tiburón

Cuando la lluvia amainó partimos rumbo a la Cueva de San Gabriel. Como el día estaba tan oscuro la verdad es que lo que se pudo ver dentro de la cueva no fue mucho, al menos bastante menos que las otras veces que he ido a la cueva (una de ellas estaba llena de focos y cámaras así que no la tendré muy en cuenta como referencia

Mientras estábamos en la cueva llegaron 2 embarcaciones más. Yo siempre he visto el Parque como un lugar casi desierto, nada más lejos de lo que nos encontramos aquel día, eso parecía el metro en hora punta... No fue este el único punto en el que nos encontramos con varias embarcaciones.
El sol no iba a salir así que cuando los guías creyeron oportuno volvimos a la lancha. Desde la lancha estuvimos viendo los manglares. Nos explicaron que en República Dominicana hay 4 tipos de manglares, nosotros estuvimos viendo los rojos. Los manglares siempre ha sido algo que me ha gustado mucho, esas raices descomunales que se ven con tanta fuerza, tan vivas...

Tras unas vueltecillas por los diversos manglares fuimos a la Cueva de la Línea. Esta es la cueva en la que más pinturas taínas podemos ver. T enen su nombre, su forma diferente... pero básicamente son figuras esquemáticas que representan dioses, elementos cotidianos...


A la salida nos llevaron a ver los postes que quedan de la antigua línea del ferrocarril, de la época en la que llevaron a montones de haitianos a la zona para recoger la fruta para exportar (¿no os recuerda a los bateyes?)

El último lugar que visitamos fue la Cueva de la Arena, supongo que llamada así porque el interior está lleno de arena. Allí nos dieron un pequeño refrigerio y la estuvimos viendo. Podeis encontrar algunos restos taínos tallados en la roca que me encantaron (más que las pinturas incluso) y dentro unas cuevas muy chulas. Lo más llamativo de las cuevas es cómo se ve el horizonte desde los huecos de la cueva.

Esta era teóricamente la última parada. Se supone que teníamos que visitar la isla de Supervivientes, pero no lo hicimos; supongo que no nos dio tiempo, no sé si por el tiempo que perdimos esperando a los alemanes, el tiempo que pasamos a cubierto por la lluvia o por la suma de todo ello... Ya partimos hacia el restaurante pero de camino vimos una manada de delfines y paramos a fotografiarlos. Debe ser relativamente habitual poder verlos en verano pues en mi anterior viaje (que también fue en julio) también aparecieron.

La comida en el rancho fue aceptable (ni más ni menos): ensalada normal, de pasta, pollo, pescado, patatas cocidas y fruta (piña, guayaba y coco). Estuvimos un poco por el rancho y de vuelta en el taxi a Las Terrenas.

En el pueblo probamos a ir a la tercera agencia de excursiones, en la que no habíamos logrado pillar abierta. Esta vez sí que había alguien, un francés que no dominaba muy bien el idioma español. En esta agencia no había ninguna excursión que se acomodase a lo que buscábamos (el lunes habían ido al Rincón
Otra vez al hotel a ducharnos y eso y también a pensar qué hacer el día siguiente. Yo tenía entre ceja y ceja ir a el Rincón, pero siendo sólo 2 personas ir con un taxista se salía completamente del presupuesto, lo ideal hubiese sido contratar una excursión como hice con Los Haitises pero fue imposible contratarla pues fueron el domingo (día que llegamos a Las Terrenas) y lunes (el domingo estaba todo cerrado para contratarla). Así que se me ocurrió que podíamos ir a El Valle... Sólo nos faltaba conseguir alguien que nos llevase. LLamamos al taxista que la agencia había contratado para ir a Los Haitises, pero nos cobraba mucho. Probamos a ir a preguntar a la chica de la recepción si conocía algún taxista y justamente estaba pagándole al que le había llevado aquel día a trabajar. Negociamos con él y quedamos para el día siguiente. La verdad es que no sé si fue mucho o poco lo que pagamos, 3000 pesos. A todo esto yo cojeando, porque en un principio el golpe que había dado en la cueva parecía una pequeñita herida pero luego no veais lo que dolía...