A la mañana siguiente nos preparamos para la excursión, nos recogieron en la puerta del hotel y nos llevaron en un pequeño autobús hasta el aeropuerto de Boulder. Allí tomamos un café y nos dieron instrucciones sobre donde ubicarnos en la avioneta, lo distribuyen en función del peso. Te toman una foto con el piloto que luego puedes recoger a la vuelta y comienza el tour. Está todo muy bien montado y te entregan unos auriculares y te van explicando la historia del Gran Cañón, se puede escuchar en diversos idiomas, el español entre ellos lo cual ayuda bastante, aunque digamos que un español bastante peculiar:) El paisaje es realmente espectacular, impresiona muchísimo, es algo que difícilmente uno ha podido ver antes, merece muchísimo la pena creo que es uno de los sitios que más impacta de este viaje, totalmente recomendable.
La excursión que nosotros habíamos elegido consistía en la avioneta más un recorrido terrestre en bus. En cuanto aterriza la avioneta te montan en el autobús para hacer la ruta por dentro del parque, tiene un par de paradas donde puedes aprovechar para tomar fotos, o comer algo de la caja de picnic, o dar un paseo por los preciosos parajes de la zona. Hace muchísimo frio, es imprescindible abrigarse bien porque de verdad que te quedas helado, recuerdo que uno de nosotros tuvo que comprar un forro polar allí mismo. El bus hace un par de paradas y luego regreso al aeropuerto y otra vez en la avioneta. Tuvimos bastante suerte porque hizo un día espléndido, de mucho sol y disfrutamos de unas vistas preciosas y unas fotos fantásticas.
Alrededor de la 1 de la tarde estábamos de regreso en el hotel y nos dimos una vuelta para ver la piscina, era impresionante, con olas "de verdad", arena, tumbonas, bueno por algo la llamaban la playa
Por la tarde salimos nuevamente a pasear por el Strip para ver el resto de hoteles que nos quedaban, estaba todo súper animado. Nos subimos a la Torre Eiffel, del Hotel París, tiene unas vistas impresionantes, y abajo nos tomamos un cóctel que viene en un envase con la forma de la torre, un caprichito de la niña. El hotel es muy bonito, con decorados parisinos por dentro, está todo muy conseguido. Desde arriba pudimos admirar las fuentes del Bellagio y luego entramos también, tiene el casino mundialmente famoso por varias películas como Ocean’s Eleven y sus secuelas. En el MGM vimos los leones. Éste es el hotel más grande del mundo, con más de 5000 habitaciones. El Caesar Palace también impresiona por el tamaño de sus edificios, y así con todos, lo cierto es que cada hotel tiene su propio encanto. Otro de los que más me gustó fue el Venetian, con sus góndolas circulando y la Plaza de San Marcos.
A la vuelta estábamos cansadísimos de todo el día y cogimos el autobús que recorre el Strip para regresar al hotel. Muy cómodo y por problemas logísticos no pudimos ni pagar. Nos dejó en la misma puerta del Mandalay. Yo quería ir a LUSH (una tienda de cosmética fresca) que es mi tienda favorita y fue una grata sorpresa encontrarla allí, justo en nuestro hotel. Aproveché para comprarme una burbuja y darme un bañito relajante en la estupenda bañera del hotel.
Cogimos el coche y nos fuimos hasta la parte más antigua de Las Vegas. Digamos que es también la zona más auténtica, donde nacieron los casinos, las capillas y los primeros hoteles en la época dorada. La mítica calle de Fremont Street ha sido reformada con un espectáculo muy bonito de luces y sonido en una cúpula a modo de “techo” que tapa la calle, es muy curioso de ver. Si te sales un poco del meollo turístico es una zona que sin llegar a ser peligrosa si que se ve algo más “chunga” que el Strip. Visitamos también el hotel Stratosphere, que tiene una torre muy alta a la cual se puede subir, había un poco de cola y por falta de paciencia decidimos no subir. Dimos un paseo por algunas de las capillas, vimos una boda, con sus limusinas, todo muy típico y hortera, pero imprescindible en una visita a Las Vegas. Decidimos cenar en McDonald’s, un clásico ya que el Big Mac nunca defrauda.
A la vuelta al hotel, los más osados se quedaron en el Casino jugando unos numeritos, y otros nos fuimos a la cama pues estábamos realmente cansados después de una jornada de lo más completa. Al día siguiente partíamos de ruta, con destino a Mammoth Lakes y era la única noche que no teníamos reservada en ningún hotel.