Lunes por la mañana, salimos andando nuevamente hacia La Bastilla, porque había comprado por Internet un crucero del “viejo Paris”, por el Canal San Martín que atraviesa diversos barrios y parte navega bajo un túnel (Canaxurama.com).

Resultó bastante aburrido. El “viejo París” significaba que el guía decía: “por aquí pasó Napoleón”, “por aquí degollaron a fulano”, “por aquí se robaron tal banco”, “las tropas descansaron”, pero en realidad ahora hay puro edificio. Si, es una oportunidad para transitar zonas absolutamente fuera del circuito turístico, del parisino medio y seguir tostándonos ahora sobre la cubierta.

Del punto final, en metro hacia Montmartre, a recordar fundamentalmente la zona de Pigalle y el Moulin Rouge.

Fotos, compra de recuerdos, buscar un cibercafé, más un bonito restaurant con mesa sobre la vereda.

Bien temprano del martes, desayunamos, dejamos las maletas preparadas, y tomamos raudamente el metro hasta desembocar junto a la Torre Eiffel.

Caminata por la orilla izquierda, tirarse al piso para intentar abarcar la torre, cruce del Sena, Avenue D’ilena hasta el Arco de Triunfo, adivinar al fondo de Champs Elysees, la Place de la Concorde y el Jardín de la Tullerías…pero se nos va el tren.

Buscamos las maletas, y a la Gare de Lyon. Uf, que calor. El TGV un placer, vagones de dos pisos (33 libras c/u, en libras porque me salió más barato comprarlo en el sitio de Eurostar). Campiña y trigo nuevamente, a toda velocidad.

Puntual en la Gare St. Charles de Marsella. A tomar el metro. Escalera mecánica que no anda en un tramo y que es inexistente en el otro. Finalmente subimos y en dos estaciones llegamos al Virus Port. Escalera mecánica hasta el nivel de la calle, para salir justo en medio de un puerto de veleros y yates.

Sabíamos que un taxi era caro y que había dos líneas de bus urbano que nos dejarían justo en la avenida costanera, frente a la playa. Arriba con las maletas. Efectivamente nos dejo a 2 cuadras y el mar estaba barranca abajo…menos mal.

Habíamos rentado un apartamento (www.homelidays.es), un muy buen sitio que conecta particulares, ni siquiera hay comisión, frente a la Plage des Catalans. Nos costó 200 Euros por las tres noches. Una playa concurrida básicamente por marselleses (la más cercana al Centro), con no demasiado turista, bulliciosa y con alguno que otro papel arrojado sobre la arena.

Ya era bastante tarde, estábamos famélicos, y en el apartamento encontramos un paquete de fideos, y en la heladera un tomate y un tarro de aceitunas negras en conserva….de ajo. Dos cervezas en el bar de abajo…nos supo a manjar.
A la mañana del miércoles, primero al súper y mientras tanto aprovechamos que a la vuelta había una lavandería automática para poner al día la ropa. Terminamos llegando a la playa luego de mediodía. Playa….con topless. Primera vez. El Mediterráneo con agua tibiecita, los cruceros pasando delante, por fin descansar quietitos.

Jueves, la playa y a la tarde a buscar un cibercafé para hablar con Buenos Aires. El viernes siguió el descanso playero mediterráneo, para irnos del apartamento sobre las 17.00 hs. Maletas dos cuadras cuesta arriba hasta el bus. Adiós a los veleros, entramos en el metro para nuevamente llegar a la Gare St. Charles. Anexo a la estación de tren, está la terminal de buses.

Allí un bus de Eurolines que nos llevaría hasta Madrid, saliendo 20:15 para llegara allí al mediodía siguiente (Eu 39,50 c/u). Nos despertamos al amanecer, sorprendidos, pero resultó que estábamos en la estación de buses de Barcelona, a cambiar de bus (no sabíamos que era indirecto). Pero aprovechamos para comprar café y churros y hablar en español.
Entre brumas del amanecer íbamos adivinando algunas avenidas y ramblas y recordando un poquito de aquella ciudad que nos encantó en el viaje anterior. Algo nublado pero siempre bastante bueno, atravesar el sur de España es toda una hermosura de colinas, parques de generación eólica, y letreros del toro negro del brandy Osborne.

Llegamos a la estación de buses de Álvaro Méndez, en medio de una huelga del metro de Madrid. Igual funcionaba, pero con bastantes demoras. Teníamos reserva en un hotel de la cadena Meliá (Tryp Washington), Eu 59 la doble sin desayuno, wifi, cuatro estrellas, sobre Gran Vía, llegando a Plaza de España. A correr y buscar un bar que transmitiesen el partido de cuartos de final de Argentina con Alemania.
A unos pasos de plaza del Callao, en una lateral encontramos…un restaurante argentino: Chimi&Churri. Claro, a 4 euros el sándwich de chorizo. Muchísima gente, apiñados en las mesas, viendo el partido muy de costadito. Mejor no recordar el resultado. Ni tampoco los títulos de los diarios del día siguiente, mejor guardar la bandera.
Era el fin de semana del orgullo gay, así que cantidad de marchas y gente muy alegre, disfrazada, travestida, de todo un poco. Dimos nuevamente una caminata hacia Puerta del Sol, entramos en El Corte Inglés para llevar unos regalitos…y se nos fue la tarde allí dentro.

Arrancamos el último día del viaje, domingo a todo sol y calor. Madrid, que calurosa que es. Desayunamos en el último piso de El Corte Inglés, con una panorámica de la zona de Palacio, Campo del Moro y el valle del río Manzanares.

Fuimos justamente hacia Palacio por las calles que bajan hacia el Teatro Real, entramos un rato a la blanca Catedral de la Almudena, subir por calle Mayor, pasar por nuestro conocido Mercado San Miguel, para desembocar en la inolvidable Plaza Mayor. Almorzamos en un restaurant sobre la propia plaza, sorprendidos por la exigua cantidad de gente. El mozo dice que todo el mundo se espanta por el calor.

Caminando sin apuro, un poco por calle del Arenal, llegamos a Gran Vía altura de la estación de metro de Santo Domingo, casi sobre la entrada del Hotel. Maletas, ascensor del metro, y conexión en Nuevos Ministerios con la línea hacia Barajas. Con el tema del Mundial, había cambio de avión. En lugar del Jumbo, Aerolíneas tenía un Airbus 340, y nos habían asignado asientos totalmente alejados. Empezando a levantar el tono de voz, y por ser miembros antiguos de Aerolíneas Plus, los dos asientos juntos aparecieron (habrán damnificado a algún otro). El vuelo, sensacionalmente tranquilo, y llegada al frío de Buenos Aires ya en día lunes.

Todos los precios que aquí aparecen son absolutamente reales. Todos comprados en sus respectivos sitios de internet con la mayor antelación que en cada caso brindaban.
Incluso antes de trazar el itinerario, hice comparativas de días y precios. Por ejemplo el día más barato para el tren de Venecia a Munich eran los lunes. El golazo fueron los dos alquileres de coche, con excelente precio, y que nos permitieron realmente palpar muy de cerca la gente, aire y costumbres locales.
Es cierto que nos animamos a pasar dos noches en tren y dos noches en bus, ahorrando euros y tiempo. También nos hizo ganar mucho tiempo el evitar aviones; trenes y buses no requieren mayor antelación y siempre paran en el centro de las ciudades…y no cobran por llevar la maleta como hacen ahora las low cost.
En cuanto a las reservaciones de alojamiento, naturalmente fueron a través de los portales usuales: Venere, booking, hostelclub, y similares. No obstante, una vez identificado el o los hoteles posibles, es aconsejable buscar la propia página del hotel; a veces logré mejor precio, o menor comisión o habitación diferente. En otras, mejor por el portal.
Si fue largo el relato, disculpen, pero escribo esto en Enero de 2011, pasaron ya seis meses y todavía.....no volví del todo. Lo que necesiten me contactan a correo_verde@hotmail.com .-