Una primera mirada a un país que empezamos asociando a su pasado trágico y que acabaría revelándose mucho más vivo, diverso y sorprendente de lo que esperábamos.
Cuando decidimos viajar a Polonia, tengo que reconocer que no era uno de esos destinos con los que habíamos soñado durante años.
No íbamos en busca de paisajes espectaculares ni de monumentos mundialmente famosos. De hecho, la imagen que teníamos del país estaba marcada sobre todo por su historia: la Segunda Guerra Mundial, Auschwitz, el comunismo y aquella idea de un país que durante décadas había permanecido al otro lado del Telón de Acero.
Quizá precisamente por eso el viaje acabó convirtiéndose en una de las mayores sorpresas que recuerdo.
Mapa del recorrido por Polonia, con cerca de 1.500 kilómetros entre Wrocław, Cracovia, el este del país y Varsovia.
Durante quince días recorrimos cerca de 1.500 kilómetros por carreteras secundarias y pequeñas ciudades, descubriendo una Polonia muy diferente de la que imaginábamos antes de salir de casa.
Desde la vitalidad de Wrocław y Cracovia hasta la solemnidad de Auschwitz, pasando por los paisajes agrícolas del este del país, los pueblos a orillas del Vístula o la reconstruida Varsovia, cada etapa nos mostraría una nueva cara de un país extraordinariamente complejo.
Paisaje rural de Polonia, una sucesión de campos y suaves colinas que nos acompañó durante buena parte de la ruta.
Una de las primeras cosas que nos llamó la atención fue precisamente esa Polonia rural que apenas aparece en las guías. Kilómetros y kilómetros de campos, pequeños pueblos y carreteras tranquilas que transmitían una sensación de calma muy diferente a la imagen industrial o gris que muchos todavía asociábamos al país.
Pero la historia aparecía constantemente.
Y a veces lo hacía de forma imposible de ignorar.
Entrada de Auschwitz-Birkenau, uno de los lugares más duros e imprescindibles del viaje.
Auschwitz fue, sin duda, uno de los lugares más impactantes de todo el recorrido. Hay sitios que forman parte de la memoria colectiva de Europa y ante los que resulta difícil encontrar palabras. Polonia obligaba a mirar de frente algunos de los capítulos más oscuros del siglo XX.
Sin embargo, reducir el país únicamente a su pasado sería profundamente injusto.
Un café en Cracovia, ejemplo de aquella Polonia viva y agradable que no esperábamos encontrar con tanta naturalidad.
Porque al mismo tiempo descubríamos plazas llenas de vida, terrazas animadas, ciudades universitarias dinámicas y una sociedad moderna, abierta y plenamente europea.
Aquella Polonia gris que muchos todavía teníamos en mente simplemente no existía.
En su lugar encontramos un país optimista, acogedor y mucho más diverso de lo que habíamos imaginado.
El Vístula al atardecer en Kazimierz Dolny, una de las imágenes más tranquilas del viaje.
Con el paso del tiempo, lo que más recuerdo de este viaje no son tanto los monumentos concretos como la sensación de haber descubierto un país que no buscaba impresionar a nadie y que, precisamente por eso, acabó sorprendiéndonos mucho más de lo esperado.
Un país donde la historia está presente en todas partes, pero que no vive anclado en ella.
Un país que nos recibió sin grandes expectativas y que abandonamos convencidos de haber conocido uno de los rincones más interesantes e infravalorados de Europa.
Este es el relato de aquel viaje por la Polonia del verano de 2010.
Una ruta que comenzó en Wrocław y que, sin saberlo todavía, acabaría regalándonos mucho más que un simple viaje.
El primer contacto con Polonia, entre puentes, plazas reconstruidas, ambiente universitario y pequeños gnomos de bronce que cuentan una historia de resistencia.
Habíamos llegado en avión y también era el punto de partida de la ruta que nos llevaría a recorrer buena parte del país durante las dos semanas siguientes. Como suele ocurrir el primer día de un viaje, todavía llevábamos en la cabeza una imagen bastante difusa del lugar que íbamos a descubrir.
Para muchos occidentales, Polonia seguía asociada a la guerra, al comunismo y a cierta imagen gris de la Europa del Este.
Pero Wrocław necesitó muy poco tiempo para empezar a desmontar todos esos tópicos.
Los pequeños gnomos de bronce de Wrocław, hoy símbolo simpático de una antigua forma de resistencia contra el régimen comunista.
Una de las primeras cosas que descubrimos fueron los famosos gnomos repartidos por toda la ciudad.
Sin buscarlos especialmente, aparecían por todas partes. Sentados en un banco, escondidos en una esquina, escalando una ventana o trabajando delante de algún edificio.
Al principio parecían simplemente una curiosidad turística, pero pronto descubrimos que detrás de aquellas pequeñas esculturas se escondía una historia mucho más interesante.
Durante los años ochenta, en plena época comunista, surgió en Wrocław un movimiento opositor conocido como la Alternativa Naranja. Sus miembros utilizaban el humor y la ironía para ridiculizar al régimen. Cuando las autoridades borraban pintadas reivindicativas de los muros de la ciudad, los activistas dibujaban pequeños gnomos sobre ellas.
Aquellos personajes acabaron convirtiéndose en un símbolo de resistencia pacífica y libertad.
Uno de los patios históricos de Wrocław, muestra de la elegancia que nos sorprendió en el primer contacto con Polonia.
Pero más allá de los gnomos, lo que realmente nos sorprendió fue la ciudad en sí.
La primera impresión fue la de una ciudad elegante, cuidada y sorprendentemente acogedora. Los edificios históricos aparecían perfectamente restaurados, las calles estaban llenas de gente y el ambiente universitario aportaba una vitalidad que no esperábamos encontrar.
Más que una ciudad marcada por su pasado, Wrocław transmitía la sensación de una ciudad plenamente viva.
La plaza del Mercado de Wrocław, llena de fachadas de colores y de un ambiente mucho más vivo de lo que imaginábamos.
El corazón de la ciudad es la Rynek, la Plaza del Mercado.
Considerada una de las plazas más grandes de Europa Central, está rodeada por un espectacular conjunto de fachadas de colores que invitan a pasear sin prisas y simplemente disfrutar del ambiente.
La gran plaza de Wrocław, con su aire centroeuropeo y la animación constante de terrazas y peatones.
Como muchas otras ciudades polacas, Wrocław sufrió enormes destrucciones durante la Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo, el trabajo de reconstrucción ha sido tan cuidadoso que cuesta imaginar el estado en que quedó tras el conflicto.
Sentados en alguna de las terrazas de la plaza, observando el ir y venir de la gente, resultaba difícil asociar aquella ciudad vibrante con la imagen gris que habíamos traído desde casa.
Pasajes y soportales del centro histórico de Wrocław, rincones tranquilos en medio de una ciudad sorprendentemente viva.
Paseando por el centro histórico también fuimos descubriendo otra característica de la ciudad: su compleja historia.
A lo largo de los siglos, Wrocław ha sido bohemia, austríaca, prusiana, alemana y finalmente polaca. Después de la Segunda Guerra Mundial la población alemana fue expulsada y sustituida por polacos procedentes de otras regiones del país.
Todo ello ha dado lugar a una ciudad con una personalidad única, situada culturalmente entre Europa Central y Europa del Este.
Vista de Wrocław desde las alturas, con los tejados rojizos y las torres marcando el horizonte.
Desde uno de los miradores del centro pudimos contemplar la ciudad desde arriba.
Los tejados rojizos se extendían hasta el horizonte, interrumpidos aquí y allá por campanarios, cúpulas y las sinuosas líneas del río Óder.
Aquella panorámica nos permitió comprender la verdadera dimensión de Wrocław y confirmó una sensación que ya empezaba a hacerse evidente.
Polonia era muy diferente de la que habíamos imaginado antes de salir de casa.
Wrocław iluminada de noche, cuando la ciudad conservaba todavía toda la vida de las terrazas y las calles del centro.
Cuando cayó la noche, la ciudad no perdió ni un ápice de su vitalidad.
Las fachadas iluminadas, las terrazas todavía llenas y el constante movimiento de gente creaban una atmósfera especialmente agradable.
La plaza del Mercado de Wrocław de noche, una primera muestra de la Polonia animada y europea que íbamos descubriendo.
Sentados en la plaza, disfrutando del ambiente de aquella noche de verano, tuvimos la primera gran certeza del viaje.
Polonia no iba a ser únicamente una sucesión de monumentos y episodios históricos.
También sería el descubrimiento de un país moderno, dinámico y profundamente europeo.
Y no podíamos haber encontrado una ciudad mejor para comenzar esta aventura que Wrocław.
La gran ciudad histórica del viaje: Wawel, la plaza del mercado, el barrio judío de Kazimierz, la fábrica de Schindler y las noches en las terrazas probando vodkas polacos.
Si Wrocław había sido una agradable sorpresa, Cracovia era probablemente la ciudad que más ganas teníamos de conocer antes de comenzar el viaje.
Antigua capital del reino de Polonia durante siglos, muchos la consideran el verdadero corazón histórico, cultural y espiritual del país. Y después de pasar allí varios días, resultó difícil no compartir esa opinión.
El castillo de Wawel, símbolo histórico y espiritual de Cracovia y de toda Polonia.
La visita comienza inevitablemente en Wawel. Elevándose sobre una colina junto al Vístula, el castillo y la catedral han sido durante siglos el centro del poder polaco. Reyes, obispos, héroes nacionales y algunos de los momentos más importantes de la historia del país han pasado por este lugar.
Más allá de su valor monumental, impresiona la carga simbólica que sigue teniendo para los propios polacos. Desde sus murallas se obtienen magníficas vistas de la ciudad y resulta fácil comprender por qué este lugar continúa siendo uno de los grandes símbolos nacionales de Polonia.
Las calles de Cracovia, siempre llenas de vida entre edificios históricos, tiendas y visitantes.
Pero si algo nos gustó de Cracovia fue precisamente que no parecía una ciudad museo. La historia está presente en todas partes, pero sigue formando parte de la vida cotidiana. Las calles están llenas de gente, las terrazas rebosan actividad y los edificios históricos conviven con tiendas, cafeterías y una intensa vida urbana.
Era una ciudad para caminar sin prisas, para perderse y para volver una y otra vez a los mismos lugares.
Terrazas y restaurantes en el barrio judío de Kazimierz, una de las zonas con más personalidad de Cracovia.
Uno de los lugares que más nos impresionó fue Kazimierz. En lugar de recorrerlo por nuestra cuenta, decidimos contratar a un guía local que nos acompañó durante varias horas. Fue, sin duda, una de las mejores decisiones de toda la visita.
Gracias a sus explicaciones, aquellas calles adquirieron una dimensión completamente diferente. No nos hablaba únicamente de edificios o monumentos. Nos explicaba cómo había vivido allí durante siglos una de las comunidades judías más importantes de Europa, sus tradiciones, sus comercios y sus lugares de encuentro.
Pero también nos habló de la tragedia. De la ocupación nazi, del gueto y de la desaparición de una comunidad que había formado parte de la identidad de Cracovia durante generaciones.
Una pausa en un café de Cracovia, de esos momentos sencillos que ayudan a recordar una ciudad.
Sin embargo, cuando pienso hoy en Cracovia, no recuerdo únicamente los monumentos o las explicaciones históricas.
También recuerdo momentos mucho más sencillos. Las pausas en alguna cafetería, los paseos sin rumbo y, sobre todo, los atardeceres en la Plaza del Mercado.
Al terminar las visitas nos gustaba sentarnos en una terraza y observar cómo la ciudad seguía viviendo a nuestro alrededor.
Fue también allí donde descubrimos otra de las tradiciones del país: los vodkas polacos. Reconozco que antes del viaje apenas sabía nada sobre ellos. Muy pronto descubrimos que existía mucha más variedad y calidad de la que imaginábamos.
Aquellas tardes tranquilas degustando distintos vodkas mientras la ciudad se iba iluminando forman parte de los recuerdos más agradables que conservamos de Cracovia.
Rincones del centro histórico de Cracovia, donde la ciudad monumental sigue formando parte de la vida cotidiana.
A medida que recorríamos el centro histórico, una sensación se repetía constantemente. Cracovia consigue algo que pocas ciudades históricas logran mantener.
Conserva un patrimonio extraordinario sin perder autenticidad. No parece un decorado para turistas. Sigue siendo una ciudad real, habitada y vivida por sus propios habitantes.
Calle animada de Cracovia, entre fachadas históricas y el ambiente constante del centro.
Quizá por eso terminamos sintiéndonos tan cómodos allí. Había algo especialmente agradable en caminar por aquellas calles, mezclarse con la gente local y dejar que la ciudad marcara el ritmo de la jornada.
Sin grandes planes. Sin prisas. Simplemente disfrutando del ambiente.
La antigua fábrica de Oskar Schindler, hoy museo sobre la Cracovia de la ocupación alemana.
La visita terminó en otro de los lugares más ligados a la memoria reciente de la ciudad: la antigua fábrica de Oskar Schindler.
Más allá de la popularidad que le dio la película de Steven Spielberg, el museo permite comprender mucho mejor cómo fue la vida en Cracovia durante la ocupación alemana y la complejidad moral de aquellos años.
Fue el complemento perfecto a todo lo que habíamos aprendido durante la visita a Kazimierz.
Al abandonar la ciudad teníamos la sensación de haber conocido mucho más que un conjunto de monumentos.
Cracovia había sido una auténtica inmersión en la historia y el alma de Polonia. Sus calles, las historias de nuestro guía, los recuerdos de Kazimierz y aquellos tranquilos atardeceres compartiendo un vodka en alguna terraza acabaron convirtiéndola en uno de los grandes recuerdos de todo el viaje.
Y aunque todavía quedaban muchos kilómetros por delante, empezábamos a sospechar que sería difícil encontrar otra ciudad capaz de dejar una impresión tan profunda.
La siguiente etapa nos llevaría a un lugar completamente diferente.
Un lugar donde la historia deja de ser una lección para convertirse en una experiencia imposible de olvidar: Auschwitz.
Excelente ¡Da gusto leer cuando se escribe tan bien!
He estado en Polonia (en Cracovia, Gdansk, Torun y Poznan) y entiendo y reconozco esas sensaciones de las que hablas.
Me han sorprendido Zamosc, Lublin y Kazimierz Dolny
Las fotografías: Fabulosas
Muchas gracias por compartir. 5* y un saludo
POLONIA, destino turistico fascinanteUn recorrido por dos de las ciudades más importantes de Polonia....Varsovia y Cracovia...⭐ Puntos 5.00 (1 Votos) 👁️ Visitas mes actual: 399
Gdansk en 3 dias y medio.Estancia de 3 dias y medio en Gdansk, con un par de excursiones.⭐ Puntos 5.00 (13 Votos) 👁️ Visitas mes actual: 175
Nueve días en Polonia.Relato de nuestro viaje de nueve días por Polonia en la pasada primavera, visitando Varsovia, Gdansk, el Castillo de Malbork, Torun, Poznan, Wroclaw...⭐ Puntos 4.92 (12 Votos) 👁️ Visitas mes actual: 171
Polonia en verano de 2024Recorrido de diez días por Polonia pasando, en este orden, por Cracovia, Wroclaw, Varsovia y Gdansk⭐ Puntos 5.00 (4 Votos) 👁️ Visitas mes actual: 129
Foro Europa del Este: Foro de viajes de Europa del Este: Rep. Checa, Hungria, Polonia, Rumanía, Eslovaquia... Praga, Budapest, Varsovia, Cracovia, Bratislava, Bucarest.
De Torun, mejor ir a Wroclaw o a Varsovia??
Quiero organizar la ruta optimizando los desplazamientos. Siempre que sea posible usare los intercity o loa tenes que sean mas rapidos
javiky13 Dr. Livingstone 27-02-2012 Mensajes: 7018
De Torun, mejor ir a Wroclaw o a Varsovia??
Quiero organizar la ruta optimizando los desplazamientos. Siempre que sea posible usare los intercity o loa tenes que sean mas rapidos
Depende como tengas organizada la ruta y de donde vengas....Si llegas a Gdansk y vuelves desde Cracovia, me parece mejor opción Torun-Varsovia-Breslavia-Cracovia.....pero como digo, depende desde donde llegas y desde donde sales del país
En principio la ruta sera entrar por Gdansk y salir por Cracovia.
Aunque estoy viendo que también hay vuelos desde Wroclaw igual se puede regresar desde allí, aunque desde Cracovia hay mas oferta y horarios para elegir.
En principio la ruta sera entrar por Gdansk y salir por Cracovia.
Aunque estoy viendo que también hay vuelos desde Wroclaw igual se puede regresar desde allí, aunque desde Cracovia hay mas oferta y horarios para elegir.
C
No sé cuantos días tienes en total, así que elimina algo si no te llegan, pero yo entonces haría:
Gdansk, Malbork desde Gdansk
Varsovia
Torun (Bydgoszcz desde Torun)
Poznan
Wroclaw (excursión a Swidnica y Jawor)
Si sobrase tiempo, y te interesa, parar en Czestochowa
Cracovia
Desde Cracovia, si tuvieras tiempo, puedes hacer una excursión de un día a los montes Tatras, en la frontera con Eslovaquia. A nosotros nos gustaron mucho.