Ese día fuimos a Freudenstadt, estaba nublado y hacía fresco. Queríamos hacer una rutilla, pero ibamos en pantalones cortos y nos habíamos dejado en el apartamento los pantalones largos y los chubasqueros …
Aparcamos en un parking en la Marktplatz y preguntamos por la ruta que queríamos hacer en la oficina de información y turismo. Nos atendió una chica que nos indicó la ruta, nos dio un papelillo en el que venían explicados los tramos de la ruta y nos miró el tiempo que iba a hacer durante la mañana para ver si iba llover o no. Al ver que no iba a llover, nos animamos a hacer la ruta.
Sacamos el coche del parking y aparcamos en una de las calles que hay nada más entrar a Freudenstadt, en las que es gratuito el aparcamiento.
La ruta era circular, 25 kilómetros en total, 11 de ida hasta Kniebis y 14 de vuelta por otro sitio. La vuelta, es posible hacerla en autobús, que es gratuito con una tarjeta que te dan por estar alojado en la zona (nos la dio el propietario del apartamento el primer día y todavía no la habíamos usado …).

Hacemos la ruta hasta Kniebis, muy bien indicada, bonita, atravesando pura selva negra (había zonas en las que sólo íbamos por un senderillo rodeados de árboles y arbustos altísimos sin poder ver casi más allá).

Buscamos en Kniebis la parada de autobús y traduciendo un cartel que había en una de ellas, descubrimos que estaban canceladas dos paradas de autobús en el pueblo, por fiesta popular que hacían en el centro. Seguimos traduciendo y dedujimos que sólo paraba el autobús en la primera y en la última parada del pueblo. Encontramos la última parada y después de un rato en el que hubo un par de autobuses que tenían que pasar y no pasaron, pasó el nuestro. Llegamos a Freudenstadt y nos fuimos al apartamento.
Yendo dirección al apartamento, paramos en Oberkirch a preguntar por el alquiler de unas bicis para el día siguiente. Llegamos a casa, duchita y salimos a cenar a un festival que habían organizado en el pueblo, con una carpa en una placita muy chula y rodeado de puestecillos de los restaurantes de la zona, con bancos/mesas en el centro. Nos encontramos con los propietarios del apartamento, que nos indicaron cómo iba el asunto, elegimos dos platos y dos cervezas y cenamos allí. Luego, nos fuimos a dormir porque estabamos muy cansados.