Mykonos
Por tercera vez en nuestro viaje, nos dejamos abordar por la gente que ofrecía un sitio donde dormir. Aquí queríamos quedarnos en la propia ciudad de Mykonos, capital de la isla, y finalmente aceptamos la oferta de una simpática señora que nos ofrecía una habitación con baño en su propio domicilio, en el centro de la ciudad, y nos prometió que era muy tranquila. Y en verdad el sitio cumplió todas las expectativas. Y por sólo 40 euros. Esta mujer fue la que nos comentó que en las islas griegas los meses de julio y agosto son temporada alta, y el resto temporada baja. De hecho, dijo que esa misma habitación la alquilaba por 120 euros en verano, y sólo por Internet, de manera que en esos meses no se acercaba al puerto a buscar inquilinos porque la tenía reservada de antemano.

Una vez instalados, dimos un primer paseo por Mykonos. Esta isla, al igual que Santorini, ofrece unas imágenes realmente pintorescas: las calles de detrás del puerto, imposible orientarse en ellas; los cinco molinos de viento juntos; la zona de la Pequeña Venecia; los pelícanos deambulando por los sitios más insospechados; las magníficas vistas del atardecer…

Comenzamos caminando hacia la zona de la Pequeña Venecia, suponemos que llamada así no tanto por tener canales, sino porque las casas están construidas sobre el mar. Después continuamos hasta llegar a los molinos de viento. Al llegar allí tuvimos nuestro primer encuentro con un pelícano. Estaba justo por donde queríamos pasar, y no sabíamos muy bien qué hacer para “sugerirle” que se apartara un poco. Al fin y al cabo, en el pico de ese animal cabe un brazo entero y parte del otro. Ahí andábamos nosotros con nuestras dudas, tratando de ser amables con el bicho para que se apartara (el cual, por supuesto, no nos hacía ni caso), hasta que llegó una nativa y empezó con mucha convicción a dar unas palmadas y a decir algo en griego. El pelícano, aunque hizo una especie de ademán como insinuando que no le gustaba que perturbasen su paz (al menos esa es la sensación que nos dio, no somos ornito-especialistas), no sabemos si porque entendió las palabras o qué, muy mansamente se apartó y dejo libre el camino. Tras esta curiosa experiencia pudimos finalmente disfrutar de la vista de la Pequeña Venecia desde la zona de los molinos de viento.



Después volvimos al centro para comer, y lo hicimos en un restaurante al aire libre, en el que comimos muy bien, aunque claramente más caro que en las dos islas anteriores. Después nos echamos una siestecita, y por la tarde salimos a pasear otro rato. Estuvimos dudando si alquilar una moto, como hicimos en Parikia, pero al final decidimos optar por dejar vía libre a la posibilidad de beber unas cervecitas en cualquier agradable terraza, y no tener que andar preocupados por el alcohol. Dimos un paseo más amplio que el matutino, llegando a sitios un poco más alejados, y callejeando por la zona del centro. Estuvimos un buen rato perdidos (aunque quién no lo estará por esa zona de calles estrechas todos muy parecidas entre sí) hasta que sin saber muy bien cómo, salimos a la calle que bordea el mar. Así pudimos orientarnos, y decidimos volver a la zona de la Pequeña Venecia, donde entramos en un bar llamado Sunset Bar, desde cuya terraza supusimos se podría contemplar el atardecer, como así fue. Estábamos agradablemente sentados en la terraza, bebiendo un cóctel y contemplando el atardecer, cuando aparecieron los señores norteamericanos que habíamos conocido esperando el ferry en Santorini. Estuvimos charlando un poco con ellos, pero se marcharon porque habían conocido a su vez a otra pareja que vivía en el mismo estado que ellos en USA, y habían quedado para cenar juntos. Así que nos quedamos contemplando el atardecer en Mykonos, que fue bastante bonito pero nos gustó más el de Oía en Santorini.


Por la noche pudimos comprobar el ambiente que ha hecho de esta isla una de las más marchosas de las islas griegas (si no la que más). Y si había ese bullicio y animación en temporada baja, no podemos imaginar lo que debe ser en julio o agosto. Con razón dicen que la gente no va a Mykonos a de turismo, sino de fiesta.
A la mañana siguiente compramos los billetes del ferry que nos llevaría de vuelta a Atenas, ya que al día siguiente teníamos un temprano vuelo con dirección a Rodas.
Llegamos por la tarde a Atenas con el tiempo suficiente para dar una pequeña vuelta por la ciudad. En esta ocasión habíamos reservado un hotel cerca de la Plaza Syntagma, que es el centro de la ciudad, ya que desde allí salían los autobuses hacia el aeropuerto, y como nuestro vuelo salía a las cinco de la mañana, nos permitía tomar un autobús temprano sin tener que caminar mucho.
A la mañana siguiente compramos los billetes del ferry que nos llevaría de vuelta a Atenas, ya que al día siguiente teníamos un temprano vuelo con dirección a Rodas.
Llegamos por la tarde a Atenas con el tiempo suficiente para dar una pequeña vuelta por la ciudad. En esta ocasión habíamos reservado un hotel cerca de la Plaza Syntagma, que es el centro de la ciudad, ya que desde allí salían los autobuses hacia el aeropuerto, y como nuestro vuelo salía a las cinco de la mañana, nos permitía tomar un autobús temprano sin tener que caminar mucho.
