Lo mejor: los paisajes de las islas (y la comida).
Lo peor: el caos de Atenas.
Prescindible: las prisas.
Imprescindible: Santorini.
Inicio
A vuelo regalado no le mires el destino. Así debería llamarse este relato.
El azar hizo que nuestro destino fuera Grecia. Teníamos unos puntos en la tarjeta Iberia Plus que caducaban en diciembre, y así como hay quien dice eso de “antes muerto que sencillo”, nosotros dijimos “antes muertos que perder un viaje de avión gratis”. Al final todo es psicológico, porque por no perder esos puntos tienes el vuelo gratis, pero las tasas no te las quita nadie. Si a eso se le añade lo que pagamos por los hoteles, ferrys y demás, resulta que aprovechar los dichosos puntos nos costó una pasta. Pero como dice el refrán, “no hay viaje que por bien no venga”.
Y, como decimos, fue el azar el que nos llevó a Grecia (bueno, fue un avión de Iberia, pero era una metáfora), porque dividimos los puntos de que disponíamos entre dos personas, y de entre los destinos posibles por esos puntos, Grecia nos pareció el más apetecible. A mediados de septiembre no habría tanta gente como en verano, los precios serían más moderados, todavía haría buen tiempo y, además, somos unos fieles amantes de la comida griega. Así que, una vez pagadas las tasas del viaje y descontados los referidos puntos, nos encontramos con que teníamos que decidir qué visitar en Grecia en siete días. Y nos decidimos por las islas más famosas. Aunque seguramente algún despistado estará pensando en la isla de Lesbos, nosotros optamos por Rodas, Mykonos y Santorini.
Vimos que Santorini y Mykonos se encuentran en las Islas Cícladas, y que había fácil conexión entre ambas y Atenas. El problema surgió con Rodas. Era mucho más fácil, operativo y barato, volar desde Atenas. Así que el plan nos quedó un poco raro: volamos a Atenas; ferry a Santorini (por ser la más alejada); ferry a Mykonos; ferry a Atenas; avión a Rodas; vuelta a Atenas; y vuelta a casa. Ese era el plan. Ya sobre el terreno decidimos hacer una parada entre Santorini y Mykonos, en la isla de Paros. Así que compramos el vuelo a Rodas y reservamos todas las noches de hotel en Atenas, que fueron cuatro en total, y en tres hoteles diferentes. Los ferrys y los hoteles en las islas los dejamos a la improvisación.
Lo peor: el caos de Atenas.
Prescindible: las prisas.
Imprescindible: Santorini.
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A vuelo regalado no le mires el destino. Así debería llamarse este relato.
El azar hizo que nuestro destino fuera Grecia. Teníamos unos puntos en la tarjeta Iberia Plus que caducaban en diciembre, y así como hay quien dice eso de “antes muerto que sencillo”, nosotros dijimos “antes muertos que perder un viaje de avión gratis”. Al final todo es psicológico, porque por no perder esos puntos tienes el vuelo gratis, pero las tasas no te las quita nadie. Si a eso se le añade lo que pagamos por los hoteles, ferrys y demás, resulta que aprovechar los dichosos puntos nos costó una pasta. Pero como dice el refrán, “no hay viaje que por bien no venga”.
Y, como decimos, fue el azar el que nos llevó a Grecia (bueno, fue un avión de Iberia, pero era una metáfora), porque dividimos los puntos de que disponíamos entre dos personas, y de entre los destinos posibles por esos puntos, Grecia nos pareció el más apetecible. A mediados de septiembre no habría tanta gente como en verano, los precios serían más moderados, todavía haría buen tiempo y, además, somos unos fieles amantes de la comida griega. Así que, una vez pagadas las tasas del viaje y descontados los referidos puntos, nos encontramos con que teníamos que decidir qué visitar en Grecia en siete días. Y nos decidimos por las islas más famosas. Aunque seguramente algún despistado estará pensando en la isla de Lesbos, nosotros optamos por Rodas, Mykonos y Santorini.
Vimos que Santorini y Mykonos se encuentran en las Islas Cícladas, y que había fácil conexión entre ambas y Atenas. El problema surgió con Rodas. Era mucho más fácil, operativo y barato, volar desde Atenas. Así que el plan nos quedó un poco raro: volamos a Atenas; ferry a Santorini (por ser la más alejada); ferry a Mykonos; ferry a Atenas; avión a Rodas; vuelta a Atenas; y vuelta a casa. Ese era el plan. Ya sobre el terreno decidimos hacer una parada entre Santorini y Mykonos, en la isla de Paros. Así que compramos el vuelo a Rodas y reservamos todas las noches de hotel en Atenas, que fueron cuatro en total, y en tres hoteles diferentes. Los ferrys y los hoteles en las islas los dejamos a la improvisación.