Tras un suculento desayuno, salimos dirección a Termini (menos de 5 minutos) para comprar las tarjetas Roma Pass. Bajamos al Metro para coger la línea A (naranja) dirección Anagnina, hasta la parada de San Giovanni.
San Juan de Letrán
Desde la salida del metro ya se divisa la majestuosidad de la Catedral de Roma, la Archibasílica de San Juan de Letrán. El Primer templo cristiano de toda la historia. La única iglesia que ostenta el título de "Cabeza y Madre de todas las iglesias del mundo".
Poco queda de la construcción original. Casi todo lo que podemos ver de la construcción actual es obra de Borromini, si bien la fachada es posterior.
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La fachada actual es obra de Galilei en la que tienen un lugar destacado, junto al Salvador, San Juan Bautista y San Juan Evangelista.El ciborio es el elemento más antiguo que podemos ver en el interior.
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Lo encargó Urbano V en el siglo XIV. Una las escasas huellas que los Papas franceses de Avignon dejaron en Roma. Su arquitectura denota la influencia del gótico francés. Obra de Giovanni Di Stefano.Este ciborio sirve como relicario. Ya que en su parte superior, tras la reja, se custodian las cabezas de San Pedro y San Pablo.
Martin V Colonna encargó el precioso pavimento que hoy luce la Basílica. En el que se puede apreciar, en más de un lugar, una columna que es el emblema de su escudo de armas. Su tumba está situada en una cripta, justo delante del ciborio.
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Lástima que la lámina que protege la tumba no deje ver el magnifico bajorrelieve, atribuido al círculo de Donnatello.Clemente VIII rehabilitó el interior de la Basílica para el Jubileo de 1600, comenzando por esta nave transversal.
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El Altar del Sacramento con un bellísimo sagrario en forma de templete. Sobre éste, un bajorrelieve dorado con una representación de la Última Cena. Tras el cristal se observan unas viejas tablas que, según la tradición popular, pertenecieron a la mesa en la que Cristo instauró la Eucaristía. En lado opuesto, el órgano más antiguo de Roma.Borromini, fue el encargado de reconstruir la nave central. El Papa le había pedido que conservara los muros originales de la Basílica, por lo que este genial arquitecto los envolvió con nuevos muros. Con lo cual consiguió que los antiguos muros se guarden como reliquias en el interior de los actuales.
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Un perfecto equilibrio entre los altos arcos y las hornacinas. Estas están coronadas por unos relieves con escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento y encima de estos unos medallones con figuras de profetas.Al salir al exterior nos damos cuenta de que, de seguir a este ritmo, necesitaremos dos meses para completar el itinerario previsto. Así que no nos entretuvimos mucho en la Scala Santa y en el Baptisterio.
Cruzamos la calle para subir al bus 218 que nos conducirá hasta la parada de "Fosse Ardeatine" que está justo en la entrada de las Catacumbas de San Calixto.
Catacumbas de San Calixto
Aunque anuncian una frecuencia de la línea 218 de 26 minutos. A mí se me hizo más largo. Volvía a chispear y el viento hacía su aparición. Por fin llegamos y tras sacar las entradas (8 € por persona), esperamos unos 15 minutos para la visita guiada en español. Lo que aprovechamos para visitar los servicios y la tienda de souvenir.
Nos dieron una breve explicación general de lo que íbamos a ver y pasamos al interior de las galerías. Parece ser que una de las razones por las que los cristianos escogieron este lugar para cavar las catacumbas, es que toda esta zona de la Via Appia Antica contiene en su subsuelo gran cantidad de Toba volcánica. Una roca relativamente blanda, que se endurece al contacto con el aire. Lo que les facilitó enormemente la ejecución de los casi 20 kilómetros de galerías, llenas de criptas y nichos.
Son espeluznantes las explicaciones del guía y los 40 minutos que dura la visita, se nos hacen cortísimos.
Está prohibido hacer fotos en el interior.
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Al salir, paseamos en dirección a la iglesia de Quo Vadis y tras una fugaz visita nos volvemos a San Juan utilizando la misma línea de bus.
Desde allí paseamos, bajo la lluvia que ha vuelto a aparecer, hasta Santa Croce in Gerusalemme. Desgraciadamente estaba cerrada. Mis horarios estaban equivocados. Así que aprovechamos para comer en un bar cercano. Caffè Italia en la misma Via Santa Croce in Gerusalemme, 4. Había de todo, pasteles, helados, pasta, pizza. Buena relación precio/calidad y buen servicio.
Tras reponer fuerzas, paseamos hasta Piazza Porta Maggiore donde cogimos el tranvía 5 que nos llevó a Termini. Desde donde nos dirigiríamos a nuestra siguiente visita.
Santa Maria de los Angeles
Una sobria y cóncava fachada nos recibe. Abierta en los gruesos muros de las Termas de Diocleciano, esconde uno de los espacios más asombrosos de Roma. Miguel Ángel fue el encargado de darle al interior el esplendor de los antiguos edificios termales, orgullo del Imperio Romano. Fue el emperador Diocleciano quien en el siglo IV mandó construir las termas de mayor tamaño y más lujosas de Roma (incluso mayores que la de Caracalla), si bien nunca llegó a verlas terminadas.
Tras las invasiones bárbaras, todo el complejo fue saqueado convirtiéndose el complejo en una enorme cantera de materiales de construcción. Fue en el siglo XVI, cuando por iniciativa de Antonio Lo Duca y con la ayuda de San Felipe Neri, consiguieron que Pio IV ordenara aprovechar lo que quedaba en pie y construir esta enorme iglesia y un convento de monjes cartujos.
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El crucero de esta iglesia es espectacular. Con una bóveda sostenida por 8 columnas de granito rojo de 14 metros de altura y 1,5 metros de diámetro. Después se le añadieron otras 8 de mampostería y estuco.Curiosísima es la meridiana clementina que está insertada en el pavimento con una perfecta orientación norte-sur. Ordenada por el Papa Clemente XI con ocasión del Jubileo de 1700, fue diseñada por Francesco Bianchini. Aquí se ajustaron los relojes de Roma hasta 1846.
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Por un pequeño orificio (no se si se distingue en la fotografía), entra desde primera hora de la mañana un haz de luz que se va acercando hasta la línea de bronce, de forma que se sitúa sobre ella a las 12 en punto del mediodía, con un margen de error de 1 o 2 segundos. Este haz de luz toca a mediodía un punto distinto de la meridiana, dependiendo de la inclinación del sol en cada época del año. A los lados de la línea se sitúan grabados con los signos zodiacales así como los solsticios y equinoccios.En apenas 3 minutos llegamos, a través de la Via Vittorio Emanuele Orlando, a nuestro siguiente destino.
Santa Maria della Vittoria
Uno de los mejores exponentes del barroco italiano, decorada en su totalidad por Carlo Maderno.
La iglesia destila barroquismo por todos lados.
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Pero, sin duda, su mayor tesoro es la obra cumbre de Gian Lorenzo Bernini, El Éxtasis de Santa Teresa.
Lástima que mi pobre fotografía no de fe de ello.
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Tomamos ahora la Via 20 de Settembre para llegar en unos 5 minutos al siguiente punto de la ruta.
San Carlo alla Quattro Fontane
En el cruce de las cuatro fuentes, el punto más alto de la colina del Quirinal es donde en una pequeña casa se establecieron en 1609 la orden religiosa de los Trinitarios. Unas espectaculares vista ofrece este cruce, flanqueado por una bellísima fuente en cada esquina, pero que, lamentablemente, presentan un estado de suciedad y deterioro más que notable. En 1634, Francisco Borromini se encargó de realizar todas las dependencias del convento de forma gratuita. A cambio recibió "vía libre" para ejecutar este que sería su primer proyecto en solitario. La fachada presenta una ondulación cóncava-convexa muy original que marcó tendencia.
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La cruz bicolor de los Trinitarios es el único emblema que podemos observar en el interior de esta iglesia, que contrasta con la anterior. Una original cúpula se encarga de dotar de luz y espacio a este pequeñísimo templo.
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En el diminuto claustro, Borromini sigue huyendo de los ángulos rectos, su verdadera obsesión.Apenas 200 metros nos separan de nuestro próximo destino.
San Andrea al Quirinale.
Obra de Gian Lorenzo Bernini, es considerada como "la perla del barroco". 3 años duró la construcción y 20 años la decoración interior. Ni que decir tiene que, la cercanía de este templo con el anterior que visitamos, fue como una muestra comparativa de estos dos grandes arquitectos que estuvieron enfrentados durante toda su vida.
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Por esa época andaba Bernini restaurando el Pantheon y parece ser que algo de inspiración le vino de allí. Aunque, en este caso, la planta es elíptica.
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Lo primero que se nos viene a la vista al entrar es el altar mayor, con un lienzo de Guillaume Courtois, que representa el martirio de San Andrés (ojo al marco de mármol).
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Desde aquí bajamos hasta Via Nazionale, para tomar el bus X40 que nos conduciría hasta el Vaticano.
Basílica de San Pedro
Cae la tarde y la nubes siguen sin dar tregua.
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Ya habíamos estado en la Basílica en nuestro anterior viaje. Pero nunca está de más recordar esta maravilla.La visión desde la entrada es espectacular. Es curioso cómo, conforme vas observando el interior de la Basílica, todas las proporciones que nos deslumbran al entrar, comienzan a ser razonables.
Lo mismo ocurre con el majestuoso baldaquino de Bernini.
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Miguel Ángel se encargó de dejar para la posteridad dos de las visiones, a mi criterio, más espectaculares que se pueden apreciar en Roma. La cúpula de San Pedro y La Piedad.
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Los amables empleados de la Basílica nos invitan a ir saliendo. Es la hora de cerrar.
Así que, obedientes de condición nos dirigimos hacia el exterior.
La noche cae y se impone ir buscando donde cenar.
Así que ponemos rumbo a la zona centro y deambulando entre Sant'Andrea della Valle y Campo dei Fiori, nos tropezamos con Baffetto 2 y entre las recomendaciones del foro y un cierto gusanillo por el estómago que entra al oler el horno de leña......... No nos lo pensamos.
El local estaba bastante lleno, pero había una mesita para los cuatro. Cenamos unas pizzas y unas cervezas que nos supieron a gloria.
Tras cenar, cruzamos hasta PIazza Navona para verla de noche y en el Corso del Rinascimento, tomamos el Bus 492 que nos dejará en la calle Volturna, en la esquinita de donde está nuestro hotel.
Agotadora primera jornada. No pensábamos, ni de lejos, hacer todas las visitas programadas. Pero, al final, sólo se quedó fuera Santa Croce in Gerusalemme.