Tras reponernos de la paliza y chaparrón del día anterior, nos levantamos temprano (como no) para empezar la ruta.
Decidimos no visitar Capri, y lo dejamos pendiente para cuando volvamos, porque nos quedan aun cosas por ver. Así que el plan era visitar las ciudades de la costa amalfitana: Sorrento, Positano y Amalfi.
Hay muchas alternativas, pero nosotros elegimos la siguiente:
- Nápoles-Sorrento en Ferry
- Sorrento-Positano en bus
- Positano-Amalfi en bus
- Amalfi-Sorrento en bus
- Sorrento-Nápoles en Circumvesubiano
Para tomar los barcos hay que dirigrise hasta Mollo Beverello, uno de los puertos más importantes de Nápoles.
Para ello, hay que tomar el bus 1 en Piazza Garibaldi, cerca de la estatua. El bus tarda en llegar 15 minutos al mismo puerto, pero hay que estar atento para coger la parada correcta y ahorrarse unos minutos a pie.
A las 9 de la mañana cogimos el ferry de la compañía Allilauro.
El billete nos costó 10€ a cada uno, sólo ida, y fue muy sencillo encontrar las taquillas.
Las vistas desde el Ferry son magníficas a medida que va dejando la costa napolitana, como podréis ver en las fotos.
Había tan sólo 4-5 personas en el ferry, por lo que pudimos situarnos en el exterior del barco para disfrutar del paisaje. Como hubo tormenta durante la noche anterior, el cielo estaba aun muy nuboso, pero fue despejándose poco a poco.
Llegamos en una hora al puerto de Sorrento.
Sorrento es una ciudad muy bonita, casi esculpida en la piedra, y a una altura considerable. Cuando llegamos partían varios ferry repletos de asiáticos.
Sorrento se puede visitar “por encima” plácidamente. Paseamos por el puerto, Marina Piccola y el centro. Hay un tren turístico que cubre toda la ciudad, pero lleva algo más de tiempo.
No encontramos mucha información sobre la ciudad, así que nos dispusimos a pasear a ver qué nos encontrábamos. Por la altura, impresionaba bastante ver algunas construcciones casi “enterradas” , o los diversos rincones con altares dedicados a los santos del lugar.
En cualquier rincón de una ciudad de la Camapania puedes encontrar altares urbanos llenos de flores y esculturas.
De casualidad entramos en una especie de jardín de cítricos muy bonito, “Giardini di Cataldo”, que tiene una pequeña tienda donde vendían un licor muy típico de la Campania: el “limoncello”. Es una bebida fuerte a base de cítricos que hay que tomar muy fría. Una chica nos dio a probar distintos sabores, y compramos unas botellas de aquel licor “ecológico” elaborado con los cítricos que recolectaban en el propio jardín.
Seguimos paseando hasta las 11:30, y nos dirigimos a la estación de trenes – bus para tomar el bus que nos llevaría hasta Positano.
Si tenéis la oportunidad, podéis ir a Positano directamente en ferry, porque el trayecto es PRECIOSO.
Tardamos 45 minutos en llegar a Positano, así que a las 12:15 comenzó el “descenso”. Positano sí que es una auténtica ciudad esculpida sobre la montaña. Las vistas son impresionantes, y la orografía muy acentuada y espectacular. Las aguas de la zona no tienen nada que envidiar a las caribeñas, jejeje.
El bus os deja arriba del todo, pero claro, para vivir Positano hay que bajar hasta la playa. Cientos de escalones, y me quedo corto, pero es muy encantador perderse por la ciudad.
Aunque no sea una ciudad muy conocida, llama la atención la cantidad de tiendas de lujo y galerías de arte que hay por toda la ciudad.
Eso sí, el habitante de Positano apenas coge el coche y debe de tener unas piernas bastante fuertes con tanta subida-bajada de escalones.
La playa es pedregosa y pequeña, pero el cielo aun parcialmente nublado no invitaba al baño. Además, era pleno noviembre. Aun así aprovechamos para almorzar en la playa.
Como nota curiosa y triste, todo el pueblo estaba de luto por la muerte de una niña pequeña, por lo que a cierta hora cerraron todos los comercios y la población se dirigió al funeral.
Seguimos paseando y a las 14:45 subimos hasta una de las paradas del bus de la Costa Amalfitana que nos llevaría hasta Amalfi, una de las cuatro potentes Republicas Marineras durante el Medievo.
En apenas 45 minutos llegamos, con un viaje en bus bastante ameno disfrutando de las panorámicas de la costa y el día totalmente abierto y soleado.
Amalfi es una ciudad impresionante, del mismo estilo que Positano.
El bus nos dejó en el muelle, con un rompeolas muy grande donde nos hicimos bastantes fotos.
Para entrar en Amalfi hay que cruzar una gran puerta (Porta Della Marina) que lleva hasta la Piazza del Duomo, custodiada por una fuente central.



La entrada a la catedral es de pago, pero incluía también la visita a todo el complejo monumental: Claustro del Paraiso, Basílica del Crucifijo, Cripta de San Andrés (a quien está dedicada al catedral) y el propio Duomo. Muy recomendable la visita.
El Claustro del Paraiso es un antiguo cementerio de la nobleza de Amalfi, construido en el siglo XIII. El decorado y arte del edificio es puramente oriental, ornamentado con arcos sostenidos por 120 columnas dobles. En el peristilo hay un bonito jardín mediterráneo, varios sarcófagos y restos de viejos ambones bizantinos del siglo XII-XIII, pudiendo disfrutar de una bella vista del Campanario de la Catedral. Al final del Claustro hay varios frescos de autores muy importantes de la Campania.



La Basílica del Crucifijo data del año 596, y es actualmente sede del Museo. Hay varios Tesoros de la Catedral, como la Mitra anjovina (obra de orfebrería con 20.000 perlas, destinada a Ludovico, hijo de Carlos II), un Cáliz del siglo XIV, diversas vestiduras del S. XV, cajas de relicarios de hueso del S. XIV y varias esculturas de la época.







En la Cripta barroca de 1600 se conservan la cabeza y los huesos de San Andrés, primer discípulo de Jesús, cuyo cuerpo fue trasladado (tras su crucificción) desde Constantinopla a Amalfi.




La Catedral es un edificio barroco del S. XVIII, y esconde una antiquísima iglesia románica. Está ornamentada con mármoles policromados, techo cielorraso, muchos lienzos y preciosas cristaleras que le dan un toque celestial a la catedral. Hay una capilla donde se guardan las reliquias de muchos de los santos que llegaron a Amalfi a la vez que los restos de San Andrés.
Como nota curiosa, el 27 de junio es considerado como festivo, ya que en el año 1544 se produjo una marejada que hundió a los barcos de las tropas de Ariadeno Barbarroja, que estaban atacando a Amalfi. Dicha gesta fue atribuida a San Andrés como una obra milagrosa.



En Amalfi hay mucha tradición licorera, así que en todas las tiendas se pueden adquirir botellas de “limoncello” de diversas formas y tamaños. De todos modos, me quedo con el limoncello “ecológico” del jardín de Sorrento.
Compramos varias botellas y nos tomamos un helado delicioso de crema de limón, totalmente artesano mientras paseábamos por Amalfi. La ciudad es una gran cuesta, que visitada con un poco de oscuridad le da un encanto extra.
Hay muchos rincones escondidos por la ciudad con sorpresas en forma de belenes esculpidos en la montaña, o belenes subterráneos instalados en fuentes, canalizaciones, fuentes subterráneas, pequeñas caídas de agua y cataratas, molinos, jardines, etc. En las fotos podéis contemplar algunos de esos rincones.







A las 18:30 bajamos hasta el muelle para tomar el bus (lo pillamos por poco) que nos llevaría de nuevo a Sorrento. El viaje se nos hizo más largo, ya que teníamos que hacer el trayecto completo de la costa amalfitana. A las 20 h llegamos y nos bajamos en la propia estación de trenes de Sorrento, donde tomamos el Circumvesubiano hasta Nápoles.
75 minutos después llegamos a Nápoles, cenamos en una pizzería de vía Tribunali y nos fuimos a descansar.