Nos levantamos bien temprano para coger el autobús que nos llevaría a Mostar, tanto habíamos oído hablar de la belleza de esta ciudad que la verdad, fue decepcionante.
Llegamos sobre las 12.00 h, bajo un sol abrasador y temperaturas que rebasaban los 40 ºC, supongo que este hecho influyó bastante... La entrada a la ciudad es capaz de remover las conciencias más retorcidas... pequeños cementerios a pie de carretera y edificios destrozados llenos de agujeros de morteros y restos de metralla, la verdad... un panorama bastante desolador...
Nada más salir de la estación de autobuses rumbo al famoso puente... nos asaltan un montón de críos pidiendo dinero y comida... la verdad... no esperaba encontrarme eso...
Caminamos un buen rato hasta llegar a la zona del puente que con tanto tenderete y chiringuito, me parecia más estar en una zona de playa en España... Reconocer eso sí, que la reconstrucción de puente es perfecta, tanto que se ve demasiado nuevo y las vistas del río desde el puente bien valen un alto en el camino.
Comimos en un restaurante al lado del río (demasiados mosquitos) y tomamos algo en un bar que es como una cueva, estravagante pero me pareció original (y se estaba muuuuuuyyyyyyy fresquito).
A las 17.30 h cogíamos el bus de vuelta a Dubrovnik, dónde llegábamos a la hora de cenar. Había hambre y esta vez tocaba pizza!!