Madrugamos para poner rumbo a Suiza. Fueron 2 horas de viaje hasta Berna, eso si pasando por la aduana para contribuír a enriquecer el país,pagando unos 40 francos por la vignette para poder circular por sus autopistas(encima al final del viaje quisimos despegarla por si la reutilizabamos y se autodestruye).
En Berna dejamos el coche en un mega-parking a las afueras que te da derecho a usar el transporte público, con lo que llegamos al centro enseguida.
La ciudad de Berna combina perfectamente modernidad y tradición.Por una parte es una cuidad comercial ,llena de vida, con una extensa red de transporte público, museos...a todo esto hay que sumar el casco histórico,con su arquitectura medieval, calles porticadas, fuentes preciosas y ese aire mágico que tienen las ciudades de la edad media.
Recorrimos la zona antigua visitando por el camino La Colegiata y La torre del Reloj hasta llegar al río Aare, en cuya orilla está el foso de los osos. Ésta zona nos encantó.
Hicimos un descanso para comer. Optamos por un italiano pues suelen tener precios razonables, a no ser que sean muy lujoso
Es una ciudad muy cara como casi todo el país, pero merece mucho la pena.
A media tarde dejamos la ciudad para dirigirnos a Darligen que sería nuestra sede para los próximos dos días. Es un pueblo muy pequeño y nada turístico pero precioso, a orillas del lago Thun.
Teníamos alquilado un apartamento desde el que teníamos éstas vistas:
Es un remanso de paz en plena naturaleza y cuando queriamos algo de movimiento nos acercabamos a Interlaken que está muy cerca.