Huashan, una de las Montañas Sagradas de China. Cinco picos a coronar, y la promesa del sendero más peligroso del mundo. El día se presentaba, cuanto menos, interesante. A pesar de que la tarde anterior, cuando llegamos a Huashan, había una niebla que nos impidió ver la montaña hasta que estuvimos a sus pies, la mañana se había levantado despejada, por lo que, siendo las 07.00h, cogimos un taxi en el hotel que nos llevó a la entrada de la Montaña por 10yuanes. Hay varias opciones para subir: un camino largo, de unas seis horas; un camino corto, el camino de los soldados; y un teleférico, opción por la que nos decantamos. Llegamos a la taquilla, donde compramos la entrada a la zona, por 120 yuanes, y el billete de bus hasta la entrada al teleférico, por 20 yuanes más. El bus salió al poco, y tras unos 15 minutos estábamos a los pies del teleférico, que os creíais iba incluido en la entrada, pues no, 150 yuanes más, recorrido ida y vuelta. Desde ahí partía también el camino de los soldados, que es el que “googleando” aparece como el sendero más peligroso del mundo, el de los tablones de madera, ese en el que mueren, dicen, 100 personas cada año. Aquí quiero aclarar que el sendero, si lo haces ya desde el pico Norte, a la salida del teleférico, puede ser cansado, pero en ningún momento peligroso. La parte “heavy” es la que os comento, y nosotros ni la vimos, sólo vimos un cartel que la indicaba, pero por tiempo no pudimos investigar. En fin, que nadie deje de visitar Huashan por el peligro, porque no lo tiene, y si lo tiene, en su caso, es en la subida en teleférico…
Porque empezamos a subir, oye que pasada, sin colas, claro, era tan temprano, solos en la cabina, qué vértigo, uy que muevo la cabina, que risas ja-ja, ji-ji, y de repente…el hilo musical se corta, empieza a sonar una alarma, mamasita que miedo!!! Nos pusimos blancos, ostras ya me veía yo haciendo un picado hacia abajo, ni una foto más hicimos, casi ni nos movíamos!!! Y que altura…y cuánto tiempo! Porque no os creáis que son unos minutillos, no, son diez minutazos hasta que llegas arriba! En fin, después de la que sin duda fue la experiencia más “peligrosa” de la jornada, llegamos arriba, donde casi beso el suelo en plan apostólico… pero me contuve, porque otra cosa llamó mi atención…vaya vistas, qué maravilla!!!
Desde la salida del teleférico tienes un camino a la derecha, que conduce al pico Norte, y otro hacia la izquierda, para los demás picos. La mayoría de los chinos hacen el pico Norte y alguno de los más cercanos, llegando al paso del candado de oro (por cierto, teníais que ver el contraste, nosotros super equipados, en plan “patrocinados por Decathlon”, y las chinas en tacones y con bolsas del día…).
Huashan se resume en dos conceptos: vistas de vértigo y muchos, muchos escalones. Nosotros decidimos hacer lo que pudiéramos en unas cuatro horas y, salvo el pico central, nos dio tiempo a los otros cuatro. El recorrido es agradable, ya os digo, muchísimos escalones, pero merece la pena. Como siempre, me remito a las fotos…
En unas cinco-seis horas se puede hacer el recorrido entero, y no os dejéis engañar por nombres como “el puente de la flor de loto” o “el jardín del perpetuo jade”, pues lo único que encontraréis serán más escalones que te acaban llevando al mismo sitio. Por cierto, si leéis etapas anteriores, veréis que llevamos unos días que para nosotros se quedan, en lo que a trekking-escalones se refiere… la Gran Muralla, las dunas del Gobi, los escalones de Huashan…y lo que está por venir!!!
Una vez de vuelta, la bajada en teleférico se hizo más agradable, sin alarmas, menos mal. Volvimos a coger el bus, dejando atrás, ahora sí, hordas de turistas haciendo cola para subir, y volvimos al hotel sobre las 12.00h. Nos dimos una ducha y dejamos la habitación, para coger el tren de vuelta a Xi’an. Fue gracioso, pues había una guardia que nos puso a todos en fila antes de acceder al andén para explicar, en plan azafata de avión, cómo pasar los billetes por los torniquetes de entrada, y le pegaba cada bronca a los chinos que intentaban colarse… Como volvíamos a Xi’an Norte, el aeropuerto estaba cerca, a unos 10 kilómetros, por lo que en poco tiempo estábamos ya allí. Cogimos vuelo a Guilin, siguiente etapa en nuestro viaje. Hubo un retraso de casi dos horas, por lo que llegamos a Guilin bastante tarde y no pudimos visitar nada, sólo ver de lejos las Pagodas Gemelas del Sol y la Luna. Los dos días siguientes podríamos relajarnos, pues los teníamos organizados con www.winwintravels.com, de manera que sólo tendríamos que dejarnos llevar. Mañana habrá más escalones, y algunas de las vistas más inolvidables, todo en Tiantou, una aldeíta sobre las Terrazas de Arroz del Espinazo del Dragón. Pero esto será otra historia…

Porque empezamos a subir, oye que pasada, sin colas, claro, era tan temprano, solos en la cabina, qué vértigo, uy que muevo la cabina, que risas ja-ja, ji-ji, y de repente…el hilo musical se corta, empieza a sonar una alarma, mamasita que miedo!!! Nos pusimos blancos, ostras ya me veía yo haciendo un picado hacia abajo, ni una foto más hicimos, casi ni nos movíamos!!! Y que altura…y cuánto tiempo! Porque no os creáis que son unos minutillos, no, son diez minutazos hasta que llegas arriba! En fin, después de la que sin duda fue la experiencia más “peligrosa” de la jornada, llegamos arriba, donde casi beso el suelo en plan apostólico… pero me contuve, porque otra cosa llamó mi atención…vaya vistas, qué maravilla!!!


Desde la salida del teleférico tienes un camino a la derecha, que conduce al pico Norte, y otro hacia la izquierda, para los demás picos. La mayoría de los chinos hacen el pico Norte y alguno de los más cercanos, llegando al paso del candado de oro (por cierto, teníais que ver el contraste, nosotros super equipados, en plan “patrocinados por Decathlon”, y las chinas en tacones y con bolsas del día…).

Huashan se resume en dos conceptos: vistas de vértigo y muchos, muchos escalones. Nosotros decidimos hacer lo que pudiéramos en unas cuatro horas y, salvo el pico central, nos dio tiempo a los otros cuatro. El recorrido es agradable, ya os digo, muchísimos escalones, pero merece la pena. Como siempre, me remito a las fotos…


En unas cinco-seis horas se puede hacer el recorrido entero, y no os dejéis engañar por nombres como “el puente de la flor de loto” o “el jardín del perpetuo jade”, pues lo único que encontraréis serán más escalones que te acaban llevando al mismo sitio. Por cierto, si leéis etapas anteriores, veréis que llevamos unos días que para nosotros se quedan, en lo que a trekking-escalones se refiere… la Gran Muralla, las dunas del Gobi, los escalones de Huashan…y lo que está por venir!!!
Una vez de vuelta, la bajada en teleférico se hizo más agradable, sin alarmas, menos mal. Volvimos a coger el bus, dejando atrás, ahora sí, hordas de turistas haciendo cola para subir, y volvimos al hotel sobre las 12.00h. Nos dimos una ducha y dejamos la habitación, para coger el tren de vuelta a Xi’an. Fue gracioso, pues había una guardia que nos puso a todos en fila antes de acceder al andén para explicar, en plan azafata de avión, cómo pasar los billetes por los torniquetes de entrada, y le pegaba cada bronca a los chinos que intentaban colarse… Como volvíamos a Xi’an Norte, el aeropuerto estaba cerca, a unos 10 kilómetros, por lo que en poco tiempo estábamos ya allí. Cogimos vuelo a Guilin, siguiente etapa en nuestro viaje. Hubo un retraso de casi dos horas, por lo que llegamos a Guilin bastante tarde y no pudimos visitar nada, sólo ver de lejos las Pagodas Gemelas del Sol y la Luna. Los dos días siguientes podríamos relajarnos, pues los teníamos organizados con www.winwintravels.com, de manera que sólo tendríamos que dejarnos llevar. Mañana habrá más escalones, y algunas de las vistas más inolvidables, todo en Tiantou, una aldeíta sobre las Terrazas de Arroz del Espinazo del Dragón. Pero esto será otra historia…