Al levantarnos, nos asomamos a la ventana…otro día gris en París, parece que el tiempo no va a ser nuestro aliado en este viaje.
Tomamos el RER destino Versailles y su famoso castillo (www.chateauversailles.fr). El tren va atestado, lo cual es un preludio de lo que nos vamos a encontrar allí: muchísima gente!!!. Al llegar, salimos de la estación y no hace falta preguntar donde está el castillo, sencillamente sumérgete en la corriente del río de gente que va toda en la misma dirección.
Primera vista del castillo, y vemos que está en obras de restauración. Para que no quede tan feo han colocado unas telas pintadas representado lo que hay tapado, pero las fotos ya no son lo mismo. La cola de los tickets es kilométrica, suerte de llevar la museum pass pienso. Intentamos ir a los lavabos y desistimos al ver la gente que hay. Nos aguantamos las ganas, ya veremos después si hay menos gente.
Vamos a entrar a palacio, según la pass tenemos acceso por puerta preferencial. Pues no, hay que entrar por la de todos. Suerte que van rápido y tenemos que esperar poco.
Una vez dentro de palacio vemos que hay audio-guías para poder visitarlo. Desistimos pues de haber esperado estariamos todavía allí. Vamos por libre. Hay un recorrido marcado y todo el mundo va por el mismo camino. Salas y más salas ricamente decoradas, dormitorios, salones de estar, etc., hasta que llegas al salón de los espejos que es para mi sin duda lo que mas vale la pena. Si habéis estado en La Granja en Segovia, este palacio es lo mismo pero con más gente.

Terminamos la visita y la necesidad de ir al lavabo es casi igual al hambre que tenemos. Media hora de cola para los servicios y nos tomamos un bocata rápido y de pie en una cafetería que hay en un sótano del palacio. Dentro del edificio palaciego es el único sitio donde te dejan comer.
Vamos a ver los jardines, ojo, hay que pagar, pues al ser domingo hay espectáculo de las fuentes y están cerrados al público en general. No valen museum pass ni gaitas. Como el tiempo sigue oscuro y no nos queremos ir sin ver la granja de Maria Antonieta, pensamos ir allí primero y luego como tenemos tiempo ya pagaremos para ver las fuentes.
Tomamos el trenecito que hay para ir hacia el petit trianon y el hameau de la Reina. Este tren efectúa tres paradas dentro del recinto de los jardines (petit trianon, gran trianon y centro del gran canal9 y te ahorra un buen paseo pues los jardines son inmensos. También puedes alquilar un cochecito eléctrico como los de los campos de golf, pero sale más caro y tienes que esperar a que queden libres.

Paramos en petit trianon y vimos el pequeño palacio en el que vivió la reina pues se sentía mas segura y fuera de todo el lujo y ajetreo de Versalles. No tiene nada que ver con el palacio principal, aquí todo es sencillez y simpleza. Al terminar, intentamos encaminarnos hacia el hameau de la reina, pero nos cae un aguacero terrible y nos toca espera un rato a que amaine. Por fin vamos hacia el capricho de la reina: crear un paisaje artificial similar a una granja en plena Normadía que había visto representada en un cuadro. Es un conjunto de casitas con molinos, todo tipo de animales, una casa de campo, una torre, un lago artificial y muchos otros lujos más.

Es precioso ,de verdad, es como retroceder en el tiempo o meterte en un cuento de hadas. El pequeño estanque con sus patos y sus cisnes. Las casitas todas con flores, la torre del molino, los prados… sencillamente maravilloso. Volvemos paseando al petit trianon para tomar el trenecito y vuelve a llover. Al final, en vista del tiempo que hace, desistimos de ver el espectáculo de las fuentes y nos despedimos del Palacio y sus jardines, encaminándonos hacia la estación de tren y volver a París.
Llegamos al hotel, cenamos y a la cama a descansar.
Tomamos el RER destino Versailles y su famoso castillo (www.chateauversailles.fr). El tren va atestado, lo cual es un preludio de lo que nos vamos a encontrar allí: muchísima gente!!!. Al llegar, salimos de la estación y no hace falta preguntar donde está el castillo, sencillamente sumérgete en la corriente del río de gente que va toda en la misma dirección.
Primera vista del castillo, y vemos que está en obras de restauración. Para que no quede tan feo han colocado unas telas pintadas representado lo que hay tapado, pero las fotos ya no son lo mismo. La cola de los tickets es kilométrica, suerte de llevar la museum pass pienso. Intentamos ir a los lavabos y desistimos al ver la gente que hay. Nos aguantamos las ganas, ya veremos después si hay menos gente.
Vamos a entrar a palacio, según la pass tenemos acceso por puerta preferencial. Pues no, hay que entrar por la de todos. Suerte que van rápido y tenemos que esperar poco.
Una vez dentro de palacio vemos que hay audio-guías para poder visitarlo. Desistimos pues de haber esperado estariamos todavía allí. Vamos por libre. Hay un recorrido marcado y todo el mundo va por el mismo camino. Salas y más salas ricamente decoradas, dormitorios, salones de estar, etc., hasta que llegas al salón de los espejos que es para mi sin duda lo que mas vale la pena. Si habéis estado en La Granja en Segovia, este palacio es lo mismo pero con más gente.

Terminamos la visita y la necesidad de ir al lavabo es casi igual al hambre que tenemos. Media hora de cola para los servicios y nos tomamos un bocata rápido y de pie en una cafetería que hay en un sótano del palacio. Dentro del edificio palaciego es el único sitio donde te dejan comer.
Vamos a ver los jardines, ojo, hay que pagar, pues al ser domingo hay espectáculo de las fuentes y están cerrados al público en general. No valen museum pass ni gaitas. Como el tiempo sigue oscuro y no nos queremos ir sin ver la granja de Maria Antonieta, pensamos ir allí primero y luego como tenemos tiempo ya pagaremos para ver las fuentes.
Tomamos el trenecito que hay para ir hacia el petit trianon y el hameau de la Reina. Este tren efectúa tres paradas dentro del recinto de los jardines (petit trianon, gran trianon y centro del gran canal9 y te ahorra un buen paseo pues los jardines son inmensos. También puedes alquilar un cochecito eléctrico como los de los campos de golf, pero sale más caro y tienes que esperar a que queden libres.

Paramos en petit trianon y vimos el pequeño palacio en el que vivió la reina pues se sentía mas segura y fuera de todo el lujo y ajetreo de Versalles. No tiene nada que ver con el palacio principal, aquí todo es sencillez y simpleza. Al terminar, intentamos encaminarnos hacia el hameau de la reina, pero nos cae un aguacero terrible y nos toca espera un rato a que amaine. Por fin vamos hacia el capricho de la reina: crear un paisaje artificial similar a una granja en plena Normadía que había visto representada en un cuadro. Es un conjunto de casitas con molinos, todo tipo de animales, una casa de campo, una torre, un lago artificial y muchos otros lujos más.

Es precioso ,de verdad, es como retroceder en el tiempo o meterte en un cuento de hadas. El pequeño estanque con sus patos y sus cisnes. Las casitas todas con flores, la torre del molino, los prados… sencillamente maravilloso. Volvemos paseando al petit trianon para tomar el trenecito y vuelve a llover. Al final, en vista del tiempo que hace, desistimos de ver el espectáculo de las fuentes y nos despedimos del Palacio y sus jardines, encaminándonos hacia la estación de tren y volver a París.
Llegamos al hotel, cenamos y a la cama a descansar.