Llegué a la “Edingurgh Bus Station“ a las ocho y media de la mañana. Nueve horas de viaje!
Salí de la Bus Station, pasé por Saint Andrew Square que tiene un gran monumento y me dirijí al Scott Monument, el cual se erige sobre el final de los Princess Street Gardens. Después de darle varias vueltas al negruzco memorial dedicado a Walter Scott, crucé el puente Wavertey y derechito entré en una calle curva que resulto ser la más bella de la ciudad (a mi gusto) y que me depositó en la High Street.
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Monumento a Scott
Decidí ir en dirección al castillo ya que cada vez que llego a una ciudad no me aguanto mucho para ver lo más importante. Pasé frente a la Saint Giles Cathedral y entré por el costado. Allí dentro alguien tocaba el piano de iglesia con ese increíble sonido de película de suspenso-terror que decoró la visita, lamentablemente solo tengo videos de esto. En el interior pueden verse los famosos angelitos tocando gaitas y el techo pintado como los colores de la bandera escocesa.
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Saint Giles Cathedral
Hay que recordar que en Edimburgo hay más iglesias que bares, y como se ve que les sobran, las usan para cualquier otra cosa que no tiene que ver con nada católico como consultorios o restaurantes, y que puedes diferenciarlos por sus puertas pintadas de color rojo.
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A media cuadra de la catedral había una estatua dedicada al filósofo David Hume, la que el paso del tiempo maquilló a favor. Estas cosas sí que embellecen la ciudad!
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En menos de dos cuadras walá!! El castillo en lo alto, como clavado en una roca, un pedazo vivo de historia pura. Lo fui bordeando siguiendo las rejas y sin querer queriendo encuentro mi salsa, el cementerio! Lo que me gusta de estos es que a diferencia de los lugares los cuales tienes que imaginar a la gente que los habitaba en ese entonces, en el cementerio sabes con seguridad que allí mismo se encuentran esas mismas personas, las que vivieron el pasado.
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Algo que me pareció curioso es que los policías no llevan armas, y no pueden arrestarte sin una causa muy justificada. Primero deben hablarte y tener una charla con vos, y si no se soluciona el tema recién ahí pueden pedirte que los acompañes a la comisaria. De todas formas yo no me arriesgaría.
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Cruce Princess Street y regresé a la Bus Station por la George Street ya que tenía mi ticket para ir hasta Stirling a las 11:05 hs.
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El viaje fue de una hora, setenta kilómetros. Stirling es pequeña y la estación se encuentra en una esquina de la ciudad. Compre un sándwich de 3 libras y decidí ir a pie hasta el Castillo (en qué estaba pensando..) y casi muero en el intento. Como todos los castillos, este también se encuentra sobre una colina, la que subí a pie, dejando la vida por Escocia como me enseñó William Wallace. Yo siempre digo que las ciudades se las conoce mucho mejor a pie, pero vamos, no hay tomarse las cosas muy a pecho, te recomiendo ir en bus desde la estación, puedes conocer la ciudad en el camino…
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El castillo de Stirling. Entrada 13 libras. Audioguía 4 libras. Me esperaba encontrar con algo semi destruido y más pequeño. Pero superó todas mis expectativas, también tengo que acotar que fue mi primer visita a un castillo y eso jugó a favor. Pero mi recomendación es comprar la audioguía. Es mucho mejor que la de Edimburgo. En esta, el relator se hace pasar por un protagonista de aquellos tiempos y te va llevando de cuarto en cuarto de manera magistral.
En la entrada tienes la famosa estatua de Robert “The Bruce”, y desde esa misma ubicación se ve el monumento a William Wallace, el cual por razones de tiempo (pensé que el castillo era más pequeño!) no llegué a visitar. Además tampoco llegué a visitar el puente en el que se celebró la batalla de 1297 donde Wallace derrotó a los ingleses, y que no aparece en la película Braveheart sino que fue cambiado por un campo de batalla. Quedarán para mi próxima ida a Escocia dentro de diez años!
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Esta todo muy bien cuidado y puedes encontrar cañones, calabozos, jardines, pero lo que más me gusto fueron los dormitorios, quizás no de una época tan lejana pero muy bonitos.
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Después de casi tres horas di por terminada la visita. Tome un bus a la salida del castillo por 1 pound que me dejó en la estación. A las 4.45 hs emprendí el regreso.
Al llegar nuevamente a Edimburgo estaba lloviendo bigornias de punta. No puedes pasar por la “ciudad humo” sin ver llover. Aproveché para meterme en un Starbucks por un café y con mi Nokia en mano y wifi en el aire pude conectarme a internet para saber dónde se encontraba mi Hostel “Castle Rock”. Sobre la Princess Street pueden verse unos rieles cuya obra nunca llegó a terminarse porque se les terminó el dinero.
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Rumbié para el lado del castillo y al salir el sol pude hacer unas buenas tomas. Después de dar cien vueltas y preguntar catorce veces con mi inglés básico a cuanta persona se me cruzaba, dos ancianos se prestaron a llevarme al hostel. Y verán porque no lo encontraba.
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Están refaccionando y nadie me avisó! Es que tienen que poner un cartel afuera aprueba de tontos porque casi duermo en la calle! Lo bueno es que está pegado al castillo, lo malo es que pensé que la habitación tenía vista al castillo y no tenía ni ventanas. Pero lo importante es participar, así que no me quejé mucho, que por 15 libras estuvo muy bien.
Para la noche solo salí a cenar a un Mc Donalds en la Princess Street, que por 4 libras te dan el menú. Después me dedique solo a ver cómo los escoceses se iban agolpando en las calles y que con mucho entusiasmo se iban a los bares y pubs de la zona. Yo la verdad estaba rendido, y a pesar de que encontré otros argentinos en el hostel me fui al sobre temprano.