Sobre las cinco de la tarde llegamos al aeropuerto Marco Polo y cogimos el autobús rumbo a Venecia.
El bus te deja en Piazzale Roma justo al lado del puente Calatrava o Puente de la Constitución. Teníamos ganas de verlo, por la polémica que suscitó su diseño, que fue tal que se llegó a cancelar la ceremonia de apertura, así que el puente nunca fue oficialmente inaugurado.

Nos dirigimos a nuestro hotel dando un largo paseo para aprovechar y ver la zona de Santa Croce y San Polo.
Al llegar nos llevamos una agradable sorpresa, pues aunque lo escogimos a conciencia, teníamos algo de miedo ya que en Venecia nunca sabes que sorpresa te espera.Los hoteles son muy caros pero la mayoría no ofrece una calidad adecuada al precio.
En éste caso el Hotel La Corte resultó una estupenda elección y no dudo en recomendarlo.


Como el hotel está muy bien situado, dejamos las maletas y nos dirigimos hacia el corazón de Venecia.
No era la primera vez que viajabamos a Venecia y por lo tanto nos dedicamos casi exclusivamente a pasear sin rumbo fijo. Aprovechamos para fijarnos en detalles que no ves la primera vez que vas a ésta magnífica ciudad porque aunque es pequeña todo es digno de ver.
Si aún hoy en día a pesar de la decadencia de muchos de sus edificios y de la masificación de turistas que sufre, sigue siendo una ciudad incomparable ; no soy capaz de imaginarme como sería la vida en Venecia en los siglos de mayor esplendor de la ciudad.

Tras pasar un buen rato en la plaza San Marcos , contemplando la imponente fachada de la Basílica, nos dirigimos al Gran Canal , pasando por el bullicioso Rialto, el puente más antiguo sobre el gran Canal.

Hacía un calor espantoso a pesar de que ya anochecía así que cenamos en el patio de una trattoria y cansados por el viaje nos fuimos al hotel.
