DIARIO EN CONSTRUCCIÓN.
Dieciséis días de viaje por el Sur de Italia saliendo desde Madrid con nuestro coche. Visitamos diferentes lugares de Campania, Puglia (Apulia), Basilicata, Calabria y un crucero de un día por las Islas Eolias. Autor:Artemisa23Fecha creación:⭐ Puntos: 5 (6 Votos)
Teníamos ganas de recorrer el sur de Italia, de cuya zona solo conocíamos Nápoles, Pompeya y Capri en un viaje de hace treinta años. Después de la experiencia del año pasado en los Dolomitas, decidimos llevar de nuevo nuestro coche particular desde Madrid, utilizando también el ferri que zarpa de Barcelona, si bien en esta ocasión teniendo como destino el puerto de Civitavecchia en vez del de Génova. Quizás no sea lo más económico ni lo más rápido, pero mi marido lo prefiere a utilizar el avión y un coche de alquiler, y a mí me daba un poco lo mismo siempre que pudiera incluir en el itinerario los lugares que más me interesaban, fundamentalmente la región de Apulia (Puglia en italiano) y, por supuesto, Matera, uno de mis objetivos irrenunciables. En cuanto a la época del año, hubiera sido mejor elegir mayo para evitar el calor y las multitudes, pero después de ir juntos a Egipto en abril, yo tenía otro viaje a Albania; así que acabamos concretando la salida para el ocho de junio.
Costa Amalfitana desde el sendero de los dioses.
Matera (Basilicata).
Panorámicas desde Altomonte (Calabria) al atardecer.
El barco que hace el trayecto entre Barcelona y Civitavecchia es de la compañía Grimaldi. A primeros de marzo, saqué los pasajes por internet, recibiendo un descuento por reserva anticipada. El trayecto de ida y vuelta para los dos y el coche junto con un camarote privado interior nos costó en total 447 euros. Se puede ahorrar en el precio si se prescinde del camarote, bien reservando una butaca o incluso sin hacerlo, pues suele haber asientos de sobra y generalmente no comprueban donde se acomoda cada cual. En este caso, es importante que no se trate de una época de alta ocupación, por ejemplo cuando viajan los emigrantes magrebíes, pues entonces se llena todo y puede resultar agobiante. De todas formas, para travesías en las que pasas la noche completa a bordo, el desembolso por el camarote (nos salió por 60 euros cada trayecto) merece totalmente la pena, al menos en mi opinión. Pero eso depende de cada cual.
Anfiteatro Campano (Santa María Capua Vetere).
Caserta Vecchia (Campania).
Pompeya (Campania).
Mucho más trabajo y tiempo me llevó encontrar los alojamientos. En nuestros viajes, en vez de fijar bases desde las que hacer excursiones, preferimos ir avanzando en el recorrido, incluso cambiando de hotel a diario: estamos acostumbrados y nos resulta cómodo, pues no movemos equipaje continuamente sino que llevamos lo necesario en una mochila y el resto se queda en el maletero. Así, aunque nos sirven perfectamente las habitaciones estándar, queríamos alojamientos céntricos, con aire acondicionado y un aparcamiento seguro para el coche, lo cual reducía la oferta y subía los precios, teniendo en cuenta que Italia no es un país barato. Al final, compensando unos con otros, encontré más o menos lo que buscaba por un importe razonable. Todas las reservas las hice a través de booking.com. Pese a las incidencias acaecidas en aquella época en cuanto a filtraciones de datos, no tuvimos ningún problema y la comunicación por email y whatsapp fue bastante ágil con los establecimientos, que fueron un total de once para diecisiete noches, la mayor parte con cancelación gratuita, si bien no faltaron los que demandaron pago anticipado, incluso un par de semanas antes de la llegada. No es algo que me guste, pero el ahorro en el precio me animó a aceptarlo. Por cierto que en Italia, al menos en las zonas donde estuvimos, en los alojamientos se paga una tasa turística por persona y noche, entre dos y cuatro euros según los lugares. Aunque te hayan cobrado el importe de la estancia por anticipado, las tasas siempre se abonan una vez hecho el check-in, y en la mayor parte de los casos te piden el importe en efectivo, nada de tarjetas. En fin, que puedes pagar el alojamiento con tarjeta sin problema alguno, pero las tasas las quieren en “cash”.
Palacio Real de Caserta (Campania).
Polignano a Mare (Puglia).
Lecce (Puglia)
Otra cuestión compleja fue el itinerario, que tras darle muchas vueltas quedó definido del siguiente modo, sin que tuviésemos que alterarlo demasiado posteriormente. A simple vista, puede parecer un poco caótico, pero me condicionaban la excursión en barco a las Islas Eolias (que no sale todos los días) y la Costa Amalfitana, que de ninguna manera quería que me coincidiera en fin de semana. Los días se refieren al mes de junio.
Día 8. Viaje desde Madrid a Barcelona, donde tomamos el ferry, con salida a las 21:00 horas.
Día 9. Llegamos a Civitavecchia a las 17:30 horas. Traslado en el coche hasta Santa María Capua Vetere, donde nos alojamos.
Día 10. Anfiteatro de Capua y Museo de los Gladiadores, Abadía de Sant’Angelo in Formis, Palacio y Jardines de Caserta y Caserta Vecchia. Alojamiento en Pompeya.
Día 11. Pompeya. Traslado a la región de Puglia. Alojamiento en Castellana Grotte.
Día 12. Grotta de Castellana, Polignano a Mare, Monopoli y Alberobello. Alojamiento en Alberobello.
Día 13. Brindisi y Lecce. Alojamiento en Lecce.
Día 14. Otranto y Ostuni. Alojamiento en Ostuni.
Día 15. Locorotondo y Matera. Alojamiento en Matera.
Día 16. Roca Imperiale, Capo di Vaticano y Tropea. Alojamiento en Tropea.
Día 17. Día entero en el crucero a las Islas Eolias desde Tropea. Alojamiento en Tropea.
Día 18. Cosenza y Altomonte. Alojamiento en Altomonte.
Día 19. Paestum y primera tarde en Nápoles. Alojamiento en Nápoles.
Día 20. Todo el día en Nápoles.
Día 21. Mañana en Nápoles. Después de comer, ruta al cono del Vesubio. Alojamiento en Salerno.
Día 22. Salerno. Ferry hasta Amalfi y paseo por Atrani.
Día 23. Sendero de los Dioses en la Costa Amalfitana. Positano. Alojamiento en Herculano.
Día 24. Visita de Herculano. Viaje a Civitavecchia para tomar el ferry a Barcelona a las 21:00. Noche a bordo.
Día 25. Llegada a Barcelona a las 17:50.
Parque Arqueológico de Paestum.
Crucero por las Islas Eolias (Sicilia).
Brindisi (Puglia)
Pudimos haber visitado más sitios, pero, salvo alguna excepción, preferimos dejarlo en dos destinos por jornada para no agobiarnos, ya que el calor empezaba a sentirse con fuerza. Al final, terminamos bastante satisfechos con lo visto. Ya lo iré contando.
Algunos de los lugares a los que fuimos situados en Google Maps.
En Italia, los precios de atracciones y monumentos suelen ser altos, con tarifas reducidas únicamente para menores y estudiantes; para los seniors, solo había en sitios muy concretos y casi siempre dependientes de la Iglesia. También existen pases descuento que incluyen varias visitas, sobre todo en Nápoles y Campania, pero hay que estudiar muy bien si compensan. En nuestro caso, dado el tipo de viaje que íbamos a hacer, no lo vi nada claro y las descarté.
Duomo de Salerno.
Cráter del Vesubio.
Ostuni (Puglia).
Al consultar las páginas oficiales de reservas de visitas (suelen requerir registro previo), me encontré con la sorpresa de que algunas cobran una comisión por la adquisición anticipada online. De modo que únicamente compré las entradas que exigían reserva previa necesariamente y las que temía que pudiesen agotarse en el horario que nos interesaba, es decir, el acceso al Palacio de Caserta, la entrada a Pompeya a las nueve de la mañana, la visita a la Capilla de San Severo en Nápoles y la autorización para la ruta de senderismo del cráter del Vesubio, cuyo cupo por franjas horarias se publica con cuarenta días de antelación. Lo iré contando con detalle en sus respectivas etapas.
Grotta de Castellana (Puglia).
Roca Imperiale (Basilicata)
Capo di Vaticano (Calabria)
Por lo demás, tratándose de Italia, no era preciso hacer muchos más preparativos, salvo acordarnos de llevar las tarjetas sanitarias europeas en vigor para cualquier emergencia médica. No obstante, dado el tipo de viaje que íbamos a hacer contraté también un seguro básico con Heymondo.
Por carretera desde Madrid hasta Barcelona, donde cogimos el ferry rumbo a Civitavecchia. Desde allí, ya en coche hasta Santa María Capua Vetere, nuestro primer destino y alojamiento.
Pese a la distancia que teníamos por delante, no madrugamos demasiado, pues tampoco nos convenía llegar a Barcelona demasiado pronto teniendo en cuenta que hasta las siete no podíamos subir al ferry. Almorzamos unos menús del día en el Hotel Norte, muy cerca de Zaragoza, en una vía de servicio de la autovía que va a Huesca. Si nos pilla de paso, solemos parar allí, pues se come bien con muchas opciones, tiene buen precio (15,50 euros) y, lo principal, atienden rápido. Sin embargo, en fin de semana no lo recomiendo tanto, pues el menú del día pasa ser un menú especial festivo bastante más caro. Por supuesto, no nos olvidamos de llenar el depósito de combustible antes de embarcar, pues sabíamos que en Italia el litro de gasóleo nos iba a costar bastante más.
Trayecto en ferry desde Barcelona a Civitavecchia.
Embarcamos sin novedad con destino a Roma-Civitavecchia. Para este destino, el barco es de la compañía Grimaldi. En la oficina del puerto, al entregar la documentación para hacer el check in, nos proporcionaron las cartas de embarque y las tarjetas llave del camarote interior que habíamos reservado, suficiente para que dos personas pasen una noche con cierta comodidad. En realidad, se pueden alojar un máximo de cuatro personas, pues hay cuatro camas, dos abajo y otras dos, arriba, plegadas sobre las de abajo; sin embargo, tanta gente en un espacio tan reducido particularmente me resultaría insufrible. Dispone de aseo con ducha, armario, mesa, mesita de noche con cajones, enchufes… Como he comentado, para un día está correcto, sin que me parezca necesario pagar más por un camarote exterior o uno tipo suite, más lujoso. Pero, lógicamente, eso va en gustos y necesidades. Por cierto que eché de menos el cuadro con paisaje al fondo que tenía el camarote del ferry que nos llevó de Barcelona a Génova el año pasado.
El barco parecía similar al del año pasado, aunque al final nos resultó más incómodo, pues la cubierta de paseo apenas contaba con sombras y permanecer al aire libre entre el viento y el sol no resultaba muy agradable. Contaba con una pequeña piscina abierta y un montón de tumbonas (todas a pleno sol) que no utilizamos. La comida en el bufet y el restaurante nos pareció repetitiva, de poca calidad y cara, incluso peor que la del barco de GNV. En fin, nada nuevo bajo el sol.
La travesía fue tranquila, con el mar en calma. Un par de horas antes de llegar al destino, te avisan para que dejes libres los camarotes.
De Civitavecchia a Santa María Capua Vetere.
Desembarcamos en Civitavecchia (un puerto sin ningún atractivo visual) a la hora prevista, las cinco y media de la tarde y nos dirigimos directamente a nuestro primer destino: Santa María Capua Vetere, donde esa noche teníamos reservada una noche de alojamiento.
Según Google Maps, era un recorrido de unos 265 kilómetros, casi todos por autopista; algo menos de tres horas en el coche. Y cumplimos la previsión, aunque nos encontramos con un buen atasco en las inmediaciones de Roma. Creo recordar que pagamos peaje dos veces. En total, fueron unos 30 euros. En esta zona, utilizamos la tarjeta sin problemas en las máquinas, lo que no sucedería los días sucesivos, en el entorno de Nápoles, donde tuvimos que pagar en efectivo. Así que siempre conviene llevar algo de dinero suelto. Pero eso ya lo contaré.
Cuando entramos en Santa María Capua Vetere tuvimos una sensación extraña porque las calles del pueblo -ya de noche cerrada, con poca iluminación y casi sin gente- nos resultaron un poco siniestras. Nuestro alojamiento, L’Arena B&B, estaba casi medio escondido en un callejón y nos lo encontramos cerrado. Tuve que llamar por teléfono a la amabilísima anfitriona, que no tardó ni dos minutos en abrirnos. La habitación estaba francamente bien: decoración moderna, aire acondicionado, dos botellitas de agua de cortesía, buen cuarto de baño y podíamos utilizar un comedor, con nevera y máquina de café. El coche lo pudimos dejar gratis en el callejón, pegado a la puerta de la casa. Precio: 85 euros con desayuno. Ignoro el motivo, pero aquí no nos cobraron tasas turísticas: o se le olvidó a la propietaria o estaban incluidas en el precio final pero sin especificar.
Nuestra primera jornada de visitas en Italia estuvo compuesta por cuatro lugares: el Anfiteatro Campano, la Abadía de Sant’Angelo in Formis, el Palacio Real de Caserta y el pueblecito medieval de Caserta Vecchia. Por la noche nos alojamos en Pompeya. En total, unos 93 kilómetros de recorrido y unas dos horas en el coche, según Google Maps.
Anfiteatro de Capua y Museo de los Gladiadores.
Desayunamos en una cafetería presentando los boletos que nos había entregado la noche anterior la encargada del alojamiento: cafés y bollería a elegir. A la luz del día, la calle tenía mucho mejor aspecto que por la noche. Vimos a la gente dedicada a sus tareas. Nos llamaron la atención varios talleres de artesanos, tapiceros, reparación de vehículos y demás, de los que ya apenas se estilan en España. Por lo demás, se trata de un típico pueblo italiano.
Sin mover el coche de donde estaba aparcado, fuimos caminando a visitar la mayor atracción de esta localidad: su fantástico anfiteatro romano.
Anfiteatro Campano (Anfiteatro de Capua) y Museo de los Gladiadores.
Se trata del segundo anfiteatro más grande del mundo, solo superado por el Coliseo de Roma. Capua fue la cuna de la rebelión de los gladiadores, liderados por Espartaco, pero ellos no combatieron en esta arena, pues aquellos hechos se desarrollaron en el año 73 a.C. y la construcción del anfiteatro se inició en el siglo I d.C., en tiempos de Augusto. Fue restaurado posteriormente por Adriano, que añadió diversos conjuntos escultóricos de los que solo se conservan sendas estatuas de Hércules y Silvano. Podía albergar a más de 60.000 espectadores y se utilizó principalmente para diversos espectáculos con gladiadores.
El anfiteatro se encuentra en un parque, desde el que se puede vislumbrar un poco su fachada, si bien para darle la vuelta y verlo por dentro hay que pagar una entrada (3,5 euros), que también incluye el Museo de los Gladiadores. Iba con la intención de visitar también el Mitreo, situado muy cerca, pero me dijeron que estaba cerrado. Ignoro si en realidad no se quisieron molestar en llevarnos a verlo (te lo enseñan en una visita guiada, según he leído), pues estaban tan ricamente sentados a la sombra, en la taquilla, y empezaba a hacer calor.
La fachada llama la atención a simple vista y en el exterior se pueden contemplar muchas esculturas y piezas sueltas. El anfiteatro fue saqueado por Genserico en el año 456 d.C. Se reparó en el año 530 y siguió albergando combates hasta que fue destruido por los sarracenos a mediados del siglo IX. Posteriormente, sirvió como fortaleza y de cantera para la construcción de otros edificios de la ciudad. Fue excavado entre 1811 y 1860, si bien no quedó libre de tierra hasta 1930.
Uno de los principales atractivos del anfiteatro hay que buscarlo en sus subterráneos, que están entre los mejor conservados del mundo romano. Resulta sorprendente el laberinto de pasadizos y túneles, los mismos por los que se movían los gladiadores y donde se encontraban las jaulas de las fieras.
En el Museo, se hallan piezas originales tanto de la estructura como de la decoración del anfiteatro: el molde del busto de Volturno, diversas inscripciones honoríficas, esculturas y demás.
En resumen, un lugar espectacular y poco concurrido. Si se tiene la suerte de ver el Mitreo, sería una visita perfecta.
Abadía de Sant’Angelo in Formis.
Supe de este lugar por casualidad, mirando la ruta hacia Caserta. Y menuda suerte, porque es un verdadero tesoro escondido. Está a unos cinco kilómetro del Anfiteatro Campano, unos diez minutos de recorrido en coche. Además, nos encontramos con la sorpresa de que dispone de aparcamiento gratuito bastante grande en las afueras del pueblecito del que toma su nombre. No sé si en otro momento habrá muchos visitantes, pero cuando nosotros llegamos no había nadie. La entrada cuesta un euro. La plaza donde se ubica la iglesia es bastante amplia y posee un estupendo mirador hacia la campiña, ya que está situada en las faldas del monte Tifeta, rodeada de bosques y arroyos. Mucho más bonito al natural que en la foto.
En esta antigua abadía benedictina, destaca su basílica románica del siglo XI, dedicada a San Miguel Arcángel y auspiciada por el abad Desiderio, futuro Papa Victor III. Fue construida sobre un antiguo templo romano dedicado a Diana Tifatina; aún se pueden contemplar en el suelo losetas de su pavimento original.
Cuenta con una encantadora fachada precedida por un pórtico con cinco arcadas ojivales y un campanile de piedra caliza con base cuadrada. Se pueden vislumbrar algunas pinturas.
El interior es una maravilla, pues atesora una fantástica serie de pinturas al fresco románicas de influencia bizantina catalogadas entre las mejor conservadas del mundo: un Pantocrátor en el ábside principal, escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento en los muros laterales de las naves y una impactante representación del Juicio Final en el muro interior de la entrada a la iglesia, separando muy explícitamente a los condenados de los salvados.
Me pasé un buen rato allí dentro, contemplándolo todo y haciendo fotos. Además, estábamos solos. Preciosa esta basílica que desde 2016 está la lista indicativa de la Unesco, proceso previo para ser declarada Patrimonio de la Humanidad formando parte del bien cultural “los asentamientos benedictinos en la Italia medieval”.
@spainsun Muchas gracias por tu comentario y tus estrellas. Es un placer escribir para este magnífico foro que tanto me ayuda en mis viajes, tanto los que hago por libre como los que no.
@lucino Muchas gracias, como siempre. Pues el sur tiene bastante que ver y con más tranquilidad. Eso sí, hace calor. Creo que te gustaría mucho ver el gigantesco mosaico medieval del suelo de la Catedral de Otranto; es una maravilla. Y, sí, tengo varios diarios pendientes, a ver cómo me las apaño, que el tiempo no me da de sí, bueno, de mí...
Una absoluta fantasía, qué ganas le tengo a estas zonas italianas, siempre soñadas por separado. Veo que con bastantes días se pueden combinar. No será en verano. Gracias por compartir. Te mando estrellitas
@Salodari Muchas gracias por pasarte, como siempre. Con dos semanas se pueden combinar perfectamente Puglia, Basilicata y Calabria. Al añadir Campania y el crucero por las Islas Eolias, se nos quedó el viaje un poco comprimido; pero, bueno, quise aprovechar por si ya no volvemos en plan coche. Y, sí, mejor evitar el verano: mucho calor y mucha gente.
Italia y sus pueblos-2018/2019/2023DAROS A CONOCER LOS DISTINTOS LUGARES DE ITALIA, UNOS MAS CONOCIDOS QUE OTROS PERO IGUAL DE...⭐ Puntos 3.83 (6 Votos) 👁️ Visitas mes actual: 829
Hola.
Tenemos previsto hacer un viaje por el sur de Italia durante la segunda quincena de junio. Al igual que el año pasado, que recorrimos los Dolomitas, vamos a llevar nuestro coche. Así que embarcaremos en el ferry que va a Chivitavechia. Desde allí, el itinerario que he pensado es el siguiente. Si podéis echarle un vistazo y darme algún consejo, os lo agradecería mucho.
Día 1. Madrid-Barcelona y embarque en el ferry Grimaldi.
Día 2. Desembarcar en Chivitavechia y dormir por la zona de Anzio o por donde veamos, rumbo al sur.
Día 3. Anzio (o lugar de pernocta), visitar Caserta y... Leer más ...
Hola, quiero hacer un viaje de unos 10 días por Italia. Por ahora no tengo nada...ni billetes ni reservas ni nada de nada. Mi idea era empezar por Sicilia (si no me recomiendas lo contrario) y ver Palermo, Catania, Corleone, Empedocle (por Camilleri). No sé si es una decisión correcta porque ya os digo que ahora mismo no tengo ni idea y me guio por lo que he escuchado o lo que más me suena.
De Sicilia me gustaría pasar a la península y visitar algunos lugares de camino a Nápoles. He pensado en Messina, Bari, Maratea....igualmente no sé que visitar, salvo Pompeia.
Tras Napoles me... Leer más ...
Indialuna Moderador de Zona 20-01-2008 Mensajes: 25546