Cada año suelo hacer con amigas una o varias de las rutas culturales para mayores de 55 años que patrocina la Comunidad de Madrid. Desde luego, el mejor viaje es que prepara uno/a mismo/a, de acuerdo con sus preferencias y circunstancias, pero ya con cierta edad y achaques, no nos importa recurrir a estas opciones en grupo. Con sus pros y sus contras, sabemos disfrutarlos y para nosotras la alternativa nunca es “no viajar”. De todas formas, aunque vaya en un viaje organizado, siempre procuro informarme bien sobre los sitios incluidos en el programa e investigar lo que puedo hacer por mi cuenta en el tiempo libre. Como en todos mis diarios, no pretendo recomendar nada (los gustos y las expectativas difieren mucho según las personas), sino contar mi experiencia personal en cada destino. A mis años, he aprendido a ser una persona positiva y, aunque a menudo me “reboto” si algo no responde a lo que me hubiese gustado, sin obviar la crítica, siempre acabo por quedarme con el mejor recuerdo de cada sitio. Sé que no todo el mundo piensa igual.
Tiflis.
Río Kurá (Mtkvari) al atardecer.
Monumento de las Crónicas de Georgia.
Itinerario.
Hacía tiempo que me apetecía visitar Georgia. Casi todos los programas ofrecían un combinado de Georgia con Armenia o con Azerbayán, pero dos paises nos parecía demasiado abarcar para tan poco tiempo, así que nos decantamos por la opción de Nautalia, la única agencia que ofertaba solo Georgia. Incluía siete noches en Tiflis y una en Gudauri, con el siguiente recorrido:
1. Vuelos con Turkish Airlines Madrid-Estambul-Tiflis.
2. Tiflis.
3. Zona vinícola de Telavi y Monasterio de Alaverdi.
4. Miskheta e Iglesia Jvari. Monumento Crónicas de Georgia.
5. Kajetia: Convento de Bodbe y Sighnaghi.
6. Fortaleza de Ananuri y Carretera Militar Georgiana: Monumento de la Amistad, Kazbegi e Iglesia de la Trinidad en Guergueti. Alojamiento en la estación de esquí de Gudauri.
7. Región de Karti: Gori, Catedral de Samtavisi y ciudad de piedra de Uplistsikhe.
8. Vuelos con Turkish Airlines Tbiliso-Estambul-Madrid.
Sighnaghi
Jardines del Convento de Bodbe.
Preparativos.
No es un país que requiera muchos preparativos, pues para estancias turísticas de hasta 365 días, los ciudadanos españoles no necesitamos visado y podemos entrar en el país con el D.N.I. o el pasaporte en vigor. No obstante, se recomienda llevar el pasaporte por si alguna línea aérea o personal en aeropuertos u hoteles no reconocen el documento de identidad, lo que puede dar lugar a retrasos y comprobaciones adicionales.
Zona vinícola de Kajetia.
Catedral de Samtavisi.
Documentación.
Desde el 1 de enero de 2026, para acceder al país es obligatorio contar con un seguro de viaje que cubra gastos médicos por un mínim de 30.000 GEL (laris georgianos), unos 10.000 euros al cambio. Yo siempre viajo al extranjero con un seguro con coverturas muy amplias, así que no me supuso ningún inconveniente. En este caso, contraté un seguro de Heymondo, con 1.500.000 euros de gastos médicos entre otras coverturas, que me costó 35 euros. En nuestro caso, en el control de pasaportes del aeropuerto de Tiflis, no nos pidieron el comprobante del seguro. Sin embargo, es una cuestión muy particular y cada cual hará lo que considere.
Iglesia de la Trinidad de Guergueti
Atardecer en el paso montañoso de Gambori.
Datos móviles.
Como no necesito datos ilimitados, prefiero contratar un número concreto de GB, lo que me sale mucho más barato. Roamic me había dado muy buen resultado en Albania, así que repetí la jugada y compré online una esim de 5GB válidad para 21 días por 7,99 euros. Funcionó perfectamente durante todo el viaje.
Paisaje en la Carretera Militar Georgiana.
Ciudad trimilenaria tallada en la roca de Uplistshike.
Moneda.
La moneda de Georgia es el lari (GEL). Durante nuestra visita, 1 euro equivalía a 3 laris. Una vez allí, encontramos oficinas de cambio en Tiflis que nos dieron 2,99 laris por un euro y sin comisión. El uso de tarjetas está extendido, pero conviene llevar un poco de dinero en efectivo por si no disponen de datáfono y algunas monedas de 1 lari para los baños.
Billetes y monedas georgianas.
Diferencia horaria.
Georgia mantiene un horario fijo todo el año, con lo cual, durante el horario de verano en España, la diferencia es de dos horas más, pasando a ser de tres horas más durante nuestro horario de invierno.
Enchufes y adaptadores.
Los enchufes son los mismos que en España, de modo que no hace falta llevar adaptador para los cargadores de teléfonos y aparatos electrónicos.
Murallas en Miskheta y Monasterio de Jvari.
Alrededores de la Estación de Esquí de Gudauri.
Climatología.
Septiembre se considera un buen mes para viajar a Georgia, sin los calores del verano ni el frío extremo del invierno, pero hay que tener en cuenta que en las montañas ya baja bastante la temperatura, por lo que hay que poner en la maleta alguna ropa de abrigo. Una vez allí, nos hizo de todo: calor, frío, tormentas, niebla... Así que lo mejor es utilizar ropa variada por capas,sin olvidar, chubasquero y paraguas. No teníamos problemas en cuanto al peso del equipaje, pues nuestro billete incluía una maleta facturada de hasta 23 kilos, y un bulto en cabina de 7 kilos como máximo.
Fortaleza de Ananuri.
Monumento de la Amistad de Rusia y Georgia en la Carretera Militar.
El primer día se fue en el viaje: vuelos de Turkish Airlines con escala en Estambul, aeropuerto al que me estoy volviendo asidua Como simple curiosidad, decir que la distancia en línea recta desde Madrid a Tiflis es de 4.015 kilómetros, que se convierten en 5.150 si se mide por carretera. Tras conocer a Albert, nuestro guía acompañante desde España (un chico catalán que resultó ser un encanto de persona), salimos puntuales de Madrid a las 12:15 p.m. y aterrizamos igualmente en hora en la ciudad turca cuatro horas más tarde. Nos sirivieron una comida muy aceptable para los estandares actuales: a elegir pollo o pasta. Escogí la pasta. Pedí cerveza y me dieron una lata, lo que no sucede siempre (al a vuelta no llevaban).
En esta ocasión, la escala fue de cuatro horas, lo que nos evito ir a la carrera como otras veces a través de los larguísimos pasillos del aeropuerto de Estambul, donde incluso perdimos una vez el vuelo a Madrid al regreso de Taskent. Entretanto, procuramos combatir el aburrimiento contemplando el enorme trasiego de gente, de todas las razas, religiones y vestuarios: y es que este aeropuerto se ha convertido en uno de los sitios más multiculturales del mundo. Impresionan las vistas de Estambul de noche desde la ventanilla del avión, con su enorme extensión.
Despegamos puntualmente a las 10:15 p.m. y aterrizamos en la capital de Georgia dos horas después. Durante el trayecto nos sirvieron una cena similar a la comida del vuelo anterior; en esta ocasión tomé pollo empanado, un poco seco para mi gusto.
Aunque habían llegado un par de vuelos a la vez y nos encontramos alg de cola en el control de pasaportes, los trámites no se prolongaron demasiado: nos preguntaron de dónde veníamos, nos hicicieron una foto y nos sellaron el pasaporte. No mencionaron el seguro médico. Ignoro si es lo habitual, pero como al parecer es un requisito obligatorio, conviene no arriesgarse. Por lo demás, hubo suerte y no se perdió ninguna maleta.
En la salida de la terminal, nos esperaba Tina, nuestra guía local (muy maja, hablaba un español fluido y nos contó un montón de cosas sobre su país a lo largo del viaje) junto con el conductor y el autobús que nos acompañarían todo el trayecto. En adelante, fuimos muy cómodos, pues al no ser un grupo grande, más de la mitad del autocar iba vacío y cada cual pudo sentarse donde quiso. Ningún problema con los asientos.
El aeropuerto de Tiflis se halla a unos 18 kilómetros del centro de la ciudad. A las dos de la madrugada, el tráfico estaba tranquilo, así que el trayecto fue rápido y tardamos poco más de media hora en llegar a nuestro alojamiento, el Hotel Moxy, de la cadena Marriot, situado en la Plaza Saarbrucken, al lado del puente del mismo nombre, desde donde no se tarda ni quince minutos a pie hasta la Plaza de la Libertad y el casco viejo por calles iluminadas. Quizás haya gente a quien le pueda parecer una distancia larga, pero para nosotras era un simple paseo. Fuimos andando a todos los sitios que visitamos por nuestra cuenta sin que nos hicera falta tomar metro ni taxi. Por lo tanto, muy bien. El hotel es de diseño moderno y cuenta con habitaciones confortables, aire acondicionado que funcionaba perfectamente, televisión, nevera, cafetera, enchufes de sobra y cuarto de baño provisto de un secador potente y una amplia ducha con mampara de cristal corredera y alcachofa con barra para ajustar la altura, algo que valoro mucho por el tema “pelos”; el agua caliente brotaba pronto y se regulaba bien. Nos dejaban dos botellitas de agua de cortesía cada día. El wifi funcionaba correctamente. Hubo quien se quejó de falta de limpieza y de que no les cambiaban las toallas. No fue nuestro caso. Desde la ventana de la habitación, que no se podía abrir, divisamos la estampa espectacular de la Catedral nueva de Tiflis iluminada, que luego nos cansaríamos de ver desde casi todas partes en el centro. Entre unas cosas y otras, cuando nos metimos en la cama eran las tres de la madrugada.
Unos pocos datos sobre Georgia.
A caballo geográficamente entre dos continentes, se considera a Georgia un país europeo por su historia y su cultura. Con una superficie de 60.700 km2 y una población que roza los 4 millones de habitantes, está situada en la región del Caúcaso, con salida a la costa este del Mar Negro. Tiene frontera con Rusia al norte y al noreste, con Turquía y Armenia al sur, y con Azerbayán al sudeste. Su nombre no proviene de San Jorge, su patrón, como podría pensarse, sino del término griego “geórgos”, que significa agricultor o trabajador de la tierra, pues era a lo que se dedicaban la mayor parte de sus pobladores en la época clásica.
La zona estuvo habitada desde tiempos prehistóricos, prueba de lo cual son los homínidos de hace un más de un millón ochocientos mil años encontrados en Dmanisi, los más antiguos fuera de África. Los georgianos son etnicamente distintos de sus vecinos, y su lengua, que cuenta con cuatro alfabetos, no guarda relación con ninguna otra del mundo. También allí han aparecido los yacimientos vinícolas más antiguos descubiertos en el mundo hasta ahora, que datan de hace 8.000 años, con una manera de producir el vino propia y única, que aún se utiliza en las bodegas más tradicionales.
En la antigüedad, existieron los reinos de Cólquida (Jasón y los Argonautas) en el oeste, y en el este, Iberia, nombre que daban griegos y romanos al reino de Kartli, sin que se sepa más allá de meras suposiciones el motivo de la similitud de su nombre con el de la Península Ibérica: lo cierto es que existieron los iberos del este y los iberos del oeste, y que pudieron conocer su mutua existencia y tener contacto entre sí en algún momento. En el siglo I, Cólquida pasó a ser provincia romana, mientras que Iberia mantuvo sus propios reyes, alternando periodos tensos con otros de amistad y alianzas con los emperadores romanos.
Aparte de dioses locales, en Iberia era común el culto a Zoroastro y a Mitra, considerado por algunos el precursor de San Jorge, el patrono del país. En el año 303, Santa Ninó, una mujer de Capadocia, empezó a predicar el cristianismo, que fue calando en la población hasta que en 317 muchos nobles se convirtieron a la nueva fé y en 337 se adoptó la ortodoxia oriental como religión oficial del reino. En el siglo V, se fundó Tiflis, adonde se trasladó la capital desde Miskheta.
En los siglos siguientes, hubo conflictos permanentes entre Bizancio y Persia en su intento por hacerse con Iberia, cuya monarquía fue abolida en el año 580. Tras la invasión árabe de 645, Tiflis se convirtió en emirato hasta que en el siglo XI, tras un sinfín de vicisitudes, se unificaron los reinos del este y el oeste bajo la dinastía Bragationi, dando comienzo a la llamada Edad de Oro cultural y política de Georgia, que culminó con la reina Tamar la Grande (1184 y 1213). Una mujer tan poderosa y querida que pasó a la historia no como reina sino como rey. Posteriormente, acaecieron invasiones de mongoles, otomanos y persas, que produjeron la devastación del país. En 1783, se inició el protectorado ruso sobre Kartli-Kajetia; en 1801, Georgia quedó anexionada al Imperio Ruso.
En 1918, se declaró la primera República independiente de Georgia, que acabó en 1921 con la invasión del ejército rojo provocando su integración forzosa en la URSS. Tras la caída de la Unión Soviética, el 9 de abril de 1991, Georgia recuperó su independencia, aunque en adelante sufrió muchos vaivenes políticos y sociales con varias guerras, la última de cinco días con Rusia, en 2008, por la disputa de los territorios georgianos de Osetia del Sur y Abjasia, que actualmente están ocupados militarmente por las tropas rusas. La mayor parte de la sociedad georgiana desea integrarse en la Unión Europea y en la OTAN, a favor de lo cual se producen frecuentemente manifestaciones ciudadanas.
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Sí, a ése me refiero. Quería evitarme esa subida a pie porque camino con muletas y al parecer la pendiente es bastante fuerte.
También me han dicho que por un accidente en los túneles, estos están cortados y se vuelve por el mismo camino (sólo pensaba llegar hasta la iglesia de la Dormición, de todos modos)
Es un minibus que se pilla justo detrás de las taquillas, comprando el billete junto con la entrada. El trayecto son 3m. El precio era irrisorio. Viajamos en junio. Bajamos andando pero si regresas al punto donde te bajaste y te ven con muletas, seguro que podrás bajar en el minibus (es que bajamos andando y no se si tienen ese servicio). Aunque no lo se, no vi ningún cartel ni leí en ningún lado que ese minibus no funcione los lunes...
miguelang031075 Moderador de Zona 24-05-2007 Mensajes: 15056
He escrito a una oficina de turismo de Athaltsikhe y me han dicho que el autobús funciona cuando está abierta Vardzia, que como museo que es cierra los lunes, pero que en temporada alta todavía podría funcionar. Me ha animado a ir a Vardzia cualquier otro día de la semana.
Pretendía hacer el recorrido de Athaltsikhe a Kutaisi en lunes. Ahora lo tendré que hacer como ida y vuelta desde Tbilisi.
Anda, claro, así si que tiene sentido… De todos modos, durante la visita, al llegar a una especie de pasadizo, si vas con muletas no te recomiendo que continúes.
Aun así, merece la pena ir.