Nuestro último día en el maravilloso país luso... No queríamos abandonarlo sin visitar una ciudad de la que habíamos oído hablar mucho y que nos habían definido como una maravilla: Sintra.
Sintra fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1995. Está situada al oeste de la capital de Portugal, a unos 30 km. Nosotros fuimos en coche, pero tengo entendido que existen numerosos trenes que comunican Lisboa con esta ciudad.
Mi recomendación personal es que vayáis a verla y que le dediquéis algo más de tiempo que el que le dedicamos nosotros (sólo teníamos medio día para descubrirla). Vale la pena, os lo aseguro.
Sintra presenta una fantástica oferta cultural entre los que destacan dos lugares cuya visita es imprescindible: Castelo Dos Mouros y el Palacio da Pena.
Para llegar a estas dos maravillas, nosotros cogimos un autobús (después de haber aparcado nuestro coche debidamente) que nos llevó hasta allí. La verdad es que está todo muy bien organizado: 4'50 € es el precio del autobús, que está todo el día subiendo y bajando desde la sierra donde se encuentran estos dos monumentos hasta el centro de Sintra. El precio de entrada a ambos monumentos es de 5€ (aunque es posible conseguir entradas combinadas más baratitas. Creo recordar que para visitar los jardines del Palacio había que sacar otra entrada distinta también).
Nosotros nos vimos en la difícil situación de tener que elegir visitar sólo uno de ellos. Y aquí estaba el problema: yo quería visitar el Palacio romántico, tantos colorines juntos *_* (me recordaba a los palacios de los cuentos de hadas) y mi marido, amante empedernido de los castillos, quería visitar el Castillo de los Moros.
Finalmente, y por una cuestión de colas, decidimos visitar el castillo (apuntado el palacio para otra ocasión).
Si decidís alguna vez ir, recordad que calzado cómodo: muchas escaleras y muchos caminitos de piedra.
Los árabes fueron los encargados de la construcción de este castillo(de ahí su nombre) , allá por el siglo VIII o IX; aunque fueron los cristianos en la Reconquista los que se encargaron de finalizar las obras.
El conjunto del castillo, con unas murallas de 450 metros, puede recorrerse libremente por rampas y escalinatas.
Además de la importancia histórica de estas ruinas (muy bien conservadas), uno de los mayores atractivos que se encuentran para subir es la maravillosa vista que desde allí podemos disfrutar:
Después de nuestra visita, bajamos al pueblo donde pudimos disfrutar de una auténtica comida portuguesa en un restaurante que estaba en un sótano, escuchando fados
Nos tomamos un café y compramos queijadas de Sintra (muy ricas, pero no tanto como los pasteis de Belem).
Llegó la hora de emprender nuestro viaje de vuelta, llevándonos un sabor muy dulce en nuestros labios por el acogimiento caluroso de nuestros vecinos, sus costumbres, sus gentes, su comida...
Volveremos... también volveremos... y mientras nos alejamos, recuerdo aquel poema de Eugénio de Andrade, que tan bien supo concentrar la esencia lusa:
Esta névoa sobre a cidade, o rio,
as gaivotas doutros dias, barcos, gente
apressada ou com o tempo todo para perder,
esta névoa onde começa a luz de Lisboa,
rosa e limão sobre o Tejo, esta luz de água,
nada mais quero de degrau em degrau.
(Esta niebla sobre la ciudad, el río, las gaviotas de otros días, barcos, gente con prisa o con todo el tiempo para perder, esta niebla donde comienza la luz de Lisboa, rosa y limón sobre el Tajo, esta luz de agua, nada más quiero de peldaño en peldaño).
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