Hoy disfrutaremos de la piscina durante toda la mañana, para acercarnos, por la tarde a la praia de O Carvalho, pequeño y popular arenal ubicado a 13 kms de nuestro apartamento. Antes toca pasar por el super para arreglar la comida y la cena del día, ayer terminamos con todo lo que habíamos comprado en nuestro primer día en Portimao.
Después de comer y de una buena siesta
preparamos los bártulos playeros. En unos veinte minutos estamos aparcando en el minúsculo aparcamiento habilitado para la praia de O Carvalho, los alrededores están repletos de quintas y urbanizaciones que denotan un importante nivel adquisitivo. El acceso a la playa es curioso.Tras bajar unas escaleras bastante cómodas llegamos a un túnel que nos llevará a la playa, a través de unas escaleras excavadas en la roca. Por ello, antes de poder bajar hay que dejar que la gente que está abandonando la playa deje el acceso libre.
Llegamos a la playa, media playa ya está a esta hora a la sombra. Como hace calor nos instalamos en la parte sombreada y nos apresuramos para darnos el primer bañito.
Conforme van pasando los minutos y la sombra va ganando terreno la playa se va vaciando. Se está muy a gusto y aprovechamos para bañarnos, jugar a las pala y ver los saltos que algunos chavales hacen desde los acantilados.
Después de un par de horas dejamos la playa porque nos queda una última visita.
Tras veinte minutos de conducción llegamos a la localidad de Armaçao de Pera. Cuando nuestra hija tenía año y medio pasamos aquí nuestras primeras vacaciones en familia, ahora, casi 16 años después, nos apetecía refrescar los recuerdos.
Aquí también proliferan urbanizaciones, el entorno está más cuidado que en otras zonas del Algarve. Se nota la proximidad de la zona "mas VIP" de la región, Albufeira, Vilamoura....
Aparcamos sin problema en el entorno de la ermita de Nossa Senhora da Rocha situada en lo alto del acantilado que separa la Praia Nova de la de playas Nossa Senhora da Rocha. El enclave conserva la magia de la primera vez que lo visitamos. El atardecer hace que el momento se convierta en inolvidable.
En entorno está muy bien cuidado y la puesta de sol desde el promontorio en el que se sitúa la ermita es maravilloso.
Después de tomarnos un refrigerio en la terraza del restaurante que hay allí, nos volvemos al apartamento con una sonrisa pintada en la cara. Tocan duchas, cenas y recoger la maleta para mañana no demorar mucho la salida y poder hacer una parada en Coimbra.
















