Este día nos tocaba madrugar, ya que teníamos que estar en la estación de trenes Hlavi Nadrazi a las 08:42 para tomar el tren que nos llevaría a Viena.
El billete de tren ya lo habíamos comprado previamente en la página web de la red ferroviaria checa: www.cd.cz/default.htm . Cada billete, de segunda clase, nos costó unos 19 euros. Recomiendo comprar los billetes directamente en esa web y evitar los intermediarios que lo único que hacen es encarecerlo. Durante el trayecto, unas cuatro horas y media, el revisor pasa dos veces: una en República Checa y otra en Austria. El tren es algo antiguo, pero nos resultó cómodo.
La llegada a Viena fue un poco "embajonante"... estaba nubladísimo e incluso nos llovió, lo que, unido al cansancio, no fue la mejor manera de comenzar en la ciudad. Sin embargo, esa primera impresión no tuvo nada que ver con el resto del viaje
Una vez localizado el metro compramos el abono de tranporte para 72 horas (14,50 €) para dirigimos al hotel. Se puede comprar en máquinas expendoras que tienen la opción de español
. Como ocurría en Praga, sólo hace falta validarlo la primera vez que se usa y guardarlo hasta que te lo pida algún revisor (tampoco nos ocurrió durante los tres días).Viena no es una ciudad barata; su alojamiento tampoco. Por eso decidimos quedarnos en un hotel alejado del centro pero que tuviera buena pinta. Y el elegido fue el Hotel Lucía: 202,50 € las tres noches, con desayuno. Las habitaciones son bastantes nuevas y está todo limpísimo, el desayuno no es una maravilla, pero aceptable. Y está muy bien comunicado con el centro a través del metro y del tranvía. En definitiva, nos gustó la elección.
Después de la comida, la ducha y el necesario descanso, fuimos a conocer la ciudad.
Por estar algo más apartado de lo demás, y porque nos picaba la curiosidad, fuimos a ver en primer lugar las Hundertwasserhaus. Se trata de un edificio un poco "diferente" a los demás.
Está lleno de color, de fantasía, no hay líneas rectas, los árboles aparecen por los tejados y ventanas... es genial. Y lo mejor de todo es que está perfectamente integrado en la ciudad, junto con el resto de edificios.

Me pregunto como tiene que ser vivir en un lugar abarrotado de turistas fotografiando tu fachada

Mientras estábamos en las Hundertwasserhaus comenzó a diluviar y como no íbamos preparados para la lluvia decidimos hacer un tour en tranvía recorriendo la Ringstrasse (tranvías 1 y 2). La Ringstrasse es una avenida que rodea el centro de Viena y que está llena de edificios importantes, a la vez que impresionantes, como la Ópera, el Parlamento, el Ayuntamiento... Viena es una ciudad muy bonita y, sobre todo, muy bien cuidada, está todo impecable, qué maravilla
.Cuando la lluvia comenzó a aflojar decidimos adentrarnos en el centro de Viena y la primera parada fue la Catedral de San Esteban (Stephansdom). El metro te deja en la misma plaza Stephansplatz y la visión de la Catedral nada más subir la escaleras es impactante: es altísima.

Comenzamos a pasear y los lugares de interés fueron apareciendo por nuestro camino:




Cuando ya estábamos agotados de tanto paseo decidimos ir a probar la especialidad de Viena, el Schnitzel del restaurante Figlmüller.
Cuando llegamos ya había cola para entrar
El filete es enorme, se sale por los lados y aunque es fino, llena, llena un montón.

Yo hubiese preferido compartir uno, pero mi novio tiene buen saque así que pedimos un schnitzel y una ensalada de patata para cada uno
Y así, a punto de reventar, finalizó nuestro primer día en Viena