Este era el día en el que hacíamos el traslado desde Viena a la capital de la República Checa: Praga.
Ibamos a visitar un país nuevo, con un idioma que desconocíamos (tendríamos que apañarnos con el inglés y el lenguaje gestual) y además tendríamos que hacer el cambio de moneda, aunque 1 € equivalía más o menos a 25 CZK (corona checa) por lo que los cálculos mentales para saber la equivalencia de las cosas lo teníamos más o menos claro.
Como íbamos a llegar a Praga pasadas las dos de la tarde y no íbamos a comer en el hotel, el día anterior cambiamos en Viena lo justo para comprar un billete de transporte público para cada uno de la expedición y luego, ya en el centro de Praga, cada uno cambiaría los euros que considerara necesario.
Tras hacer el check-out de las habitaciones, y comprobar que todo estuviera en orden para que en el hotel nos devolvieran la fianza (es lo que tiene viajar con un grupo de adolescentes), montamos en el autobus y partimos rumbo a Praga. Al llegar a la frontera me dí cuenta, como el año pasado cuando pasamos de Hungría a Austria, de que empezaban a proliferar los casinos y los burdeles, lo que me hizo suponer que en Austria no deben de estar legalizadas esas actividades...
Bueno, finalmente llegamos al hotel a la hora prevista. Se trataba del Hotel Albion, un cuatro estrellas pero que estaba muy a las afueras de la ciudad, cosa, por otro lado, que ya sabíamos.
Después de dejar las maletas y repartir las habitaciones fuimos a la recepción porque teníamos entendido que vendían billetes para el autobus, pero no fue así, por lo que nos fuimos directo a la parada. Teníamos que tomar el bus y después, de 4 ó 5 paradas, coger el metro para llegar al centro de la cliudad después de otras tres o cuatro paradas.
Llegó el bus, nos montamos... e intentamos que el chófer nos vendiera los 25 billetes, cosa que fue imposible por lo que opté por bajar a todos y esperar al siguiente bus. Mientras llegaba, llamé a la guía que íbamos a tener al día siguiente para explicarle lo sucedido. ME dijo que lo normal es que el chofer no nos vendiera los billetes y que directamente nos "colaramos" en el siguiente bus hasta llegar a la parada del metro. Me comentó que si daba la casualidad de que nos pillará algún revisor, la volviera a llamar para que ella les explicara la situación. Total, que llegó el bus y todos para arriba. El chófer no dijo ni mu.
Al llegar al final d trayecto, era una especie de estación de autobuses, fuimos directos a la parada del metro que estaba allí mismo para comprar los billetes en las taquillas... que estaban cerradas!! Había unamáquina expendedora pero no aceptaba billetes.
Salimos de nuevo al exterior y vimos allí mismo un kiosko en el que se suponía que vendáin billetes, pero la kioskera no quería vendernoslos ni tampoco cambiarme los billetes por monedas (otra vez problemas con el idioma). Al lado había un hotel y la recepcionista, muy amable, me dijo (hablamos en inglés) que no podía darme cambio en monedas pero que en cualquier estanco podría comprar los 25 billetes.
Ale, a buscar un estanco que no encontraba... después de preguntar a un par de jóvenes, en inglés, por supuesto, me indicó donde había un estanco y allí fuí. Un desastre, la estanquera, una persona mayor, tampoco me entendía pese a que le mostraba en mi iPhone la cantidad de billetes que quería en checo, pero nada, se ve que no le gustaban los turistas... Llegué a la conclusión de que no me quería vender los 25 billetes porque sí accedió a venderme uno, pero cuando saqué un billete de 5000 coronas se volvió a cerrar en banda, así que, muy amablemente eso sí, la mandé a la mierda y salí de su establecimiento.
Yo había dejado a los alumnos con la otra profesora y ya había pasado casi una hora desde que habíamos dejado el bus, así que opté por volver y "colarnos" otra vez. Pero mientras volvía vi una especie de centro comercial en el que también había una entrada al metro... y con taquillas!! Había dos taquilleras. Me puse en la que más cola había porque era una chica joven y cuando me tocó el turno pude por fin comprar los billetes gracias a que la chica hablaba inglés. La taquillera cincuentona que tenía al lado nos miraba con cara rara.
Entre pitos y flautas volví con los chavales que estaban muertos de hambre (eran ya casi las cinco de la tarde), montamos en el metro y nos bajamos en la parada de Můstek, muy céntrica y que tomaríamos como nuestro punto de encuentro. Allí mismo había varias casas de cambio y después de adquirir todos nuestras coronas y de quedar para la vuelta más tarde nos separamos en busca de algún sitio para comer.
Nosotros lo hicimos en una cafetería de la avenida que da al museo, la Václavské náměstí (bueno, en verdad es la Plaza Wenceslao) que es también por donde salieron los tanques cuando lo de la Primavera de Praga.


Después de la merienda (porque la hora que era ya...) andamos un poco por los alrededores, hasta náměstí Republiky y la Torre de la Pólvora.

La plaza de la República

La Torre de la Pólvora
La verdad es que estábamos un pelín cansados, o más bien estresados por el incidente de los billetes, y nos metimos en una cafetería a esperar a que fueran llegando los alumnos.

Bebiendo pivo la espera es más corta
Y una vez que llegaron todos esta vez sí compramos en las máquinas el bono de 48 horas para el transporte público porque ya teníamos monedas y nos montamos primero en el metro y luego en el bus para volver al hotel.

Esperando el metro