Llegamos a Ochagavia el domingo por la tarde, como estaba previsto. Allí nos esperaba la dueña de la casa rural alquilada y nos condujo hasta nuestro nuevo alojamiento.
Tengo que reconocer que me decepcionó. Yo había visto la página web del alojamiento y allí ofrecían dos alojamientos distintos, uno de 6 plazas y otro para bastantes más inquilinos, pero sólo había una fotografía así que supuse que ambos alojamientos estarían en el mismo edificio. Craso error. Nuestra casa rural era en realidad un piso en una zona de nueva edificación a las afueras de Ochagavia. Bien es cierto que nadie me mintió sino que yo no pregunté pero el hecho es que no era lo que yo creí contratar. La verdad es que el piso estaba bien, tenía todo lo necesario y cubría nuestras necesidades pero no puedo contaros nada bueno de él, ni malo tampoco. En conclusión no os lo recomiendo, seguro que encontráis algo más bonito por la zona.
Aprovechamos el tiempo libre para dar un paseo por el pueblo, merece la pena una visita. Es un pueblo típico del Pirineo, con grandes casonas de piedra y sus habitantes tienen a gala ser el pueblo más cuidado de la zona, todos los balcones llenos de flores, las casas pintadas y el pueblo limpísimo. Muy bonito
El lunes por la mañana teníamos que ir a Pamplona a recoger a mi sobrino que venía en tren, así que el plan nos venía dado. Decidimos recoger al chico en la estación y dedicar el resto del día a visitar la ciudad.
Pamplona
Tengo que reconocer que es una de las ciudades que me ha decepcionado claramente. Por un lado está el hecho de que nos perdimos y no fuimos capaces de llegar a la estación, al final tuvimos que dejar el coche en un parking público y llamar al chico y se viniera en taxi hasta donde estábamos, pero tengo que reconocer que esto es culpa mía y solo mía, pero lo más importante es que en mi guía parecía que había muchas cosas que ver y que eran monumentos importantes, pero son pocos monumentos y tampoco son representativos.
Decidimos recorrer la ciudad, pasar el día y comer en ella pero nos dio para muy poco, en un par de horas habíamos visto lo que había que ver y ya está.
Nos dirigimos primeramente a visitar la catedral y visitamos lo poco que se podía ver sin pagar. Lo que vimos no justificaba una visita “ad hoc”, es posible que las cosas importantes fueran las que se veían pagando, pero no nos apetecía pagar, así que no lo hicimos. El exterior no es gran cosa, así que terminamos pronto la visita.
Al salir rodeamos la catedral, siguiendo los restos de la antigua muralla y luego visitamos La Navarrería, conjunto de calles que conserva el antiguo trazado ortogonal de los campamentos romanos. No hay que olvidar que Pamplona fue fundada por Pompeyo en el año 74 a. C. Es una zona muy bonita, calles con mucho sabor y cuyos nombres nos remiten a un pasado medieval, como Tejería, Calderería, Mercaderes y la conocidísima calle de la Estafeta.
Después pasamos por la Plaza del Castillo y paramos en el Café Iruña, que me encantó. Un precioso café de finales del XIX con sus típicas columnas de hierro y una decoración a base de espejos, realmente bonito.
Luego nos acercamos hasta la iglesia de San Cernín, iglesia gótica del siglo XIII, de sólida presencia y que tiene una bonita portada.
Así que un poco decepcionados decidimos regresar por donde habíamos venido pero ¡nos volvimos a perder! Y dimos más vueltas que un tonto y al final acabamos en la carretera que va a Francia, vía Roncesvalles. Hartos y hambrientos decidimos parar y comer en el primer sitio que encontrásemos que fue un modesto restaurante (eso nos pareció) llamado El Molino
www.elmolinourdaniz.com
En la planta baja sirven menú y en la alta hay restaurante a la carta. El menú era bastante extenso y tenía todo una pinta muy buena, pero a mi hijo mayor no le “apetecía” nada de eso, así que subimos arriba. Aquí el ambiente era otra cosa: decoración moderna y con mucho gusto, manteles de hilo, etc.
La carta ofrecía verdaderas exquisiteces y solomillo para el caprichoso. Comimos aperitivo, primero, segundo, postre, café y vino y salió a una media de 45€ por persona. Luego supimos que es establecimiento cuenta con una estrella michelín. Realmente merecía la pena pagar ese dinero por la comida que nos ofrecieron. Os lo recomiendo.
Artaiz
De vuelta hacia Ochagavia por la NA 140, nos desviamos pasado el pueblo de Garralda, hasta Aoiz y el pequeño núcleo urbano de Artaiz que guarda una joyita románica de gran belleza. La iglesia de San Martín.
Esta iglesia data del siglo XII, tiene una sola nave terminada en ábside semicircular y con una torre sobre su única nave. Es un típico ejemplo de iglesia con leones devoradores de hombres. En la fachada principal y sobre la espléndida portada encontramos dos leones, uno a cada lado de la portada. En uno vemos a un león que devora por la cabeza a un hombre y sujeta entre sus patas a otra víctima, ambos son pecadores y el león guardián de la puerta no les permite el paso, el otro león sujeta a un hombre con cara de felicidad, se trata de un justo que sonríe feliz pues nada tiene que temer del león.
La portada merece una larga y tranquila contemplación, desde la belleza de los capiteles que adornan las columnas, hasta el adorno en damero de sus arcos. Y sin olvidarnos del tímpano, adornado con medallones labrado.
Por último debemos fijarnos en el alero y las pequeñas esculturas que adornan todo el perímetro de la iglesia, desde la portada hasta el ábside, todo un muestrario de figuras humanas y de todo tipo, algunas bastante curiosas, entre ellas un falo. A ver si lo encontráis.


Despues, reconfortados con una exquisita comida y una alegría para la vista y el alma nos volvimos a casa con la sensación de no haber perdido el día.






