Al día siguiente conforme nos despertamos y desayunamos fuimos a ver una de las cosas más bonitas del valle del Dades, Ait Ben Haddou, es una kashba preciosa, pocas palabras hay que añadir porque las fotos lo dicen todo. Ahí se rodaron muchas películas y no me extraña porque el entorno no es para menos. Para llegar allí hay que cruzar andando un riachuelo aunque se puede cruzar en burrito. Es un sitio bastante turístico por lo que supongo que en época alta estará a reventar. Aun así merece la pena 100% porque es muy autentico. También es cierto que hay mucho comercio allí dentro y yo al menos acabe comprando de cada tontería que aún no se ni porqué. Insisto cuidado con el regateo porque aunque creas que vas ganando ellos NUNCA pierden!
Después de pasar toda la mañana en Ait Ben Haddou cogimos el autobús y hacia Marrakech. Por el camino fuimos parando ya que los paisajes que se recorren son espectaculares. Lo más sobrecogedor sobre todo es el atravesar el alto atlas que deja unas imágenes inmensas. Se pasa por una de las carreteras que más miedo me han dado a mí en mi vida, dejo una foto aunque la foto la he extraído de internet ya que no estaba yo para echar fotos ahí. Atravesando el atlas a mí la sensación que me daba cuando parábamos a contemplar los paisajes era como la de estar en los picos de Europa solo que en vez de ser todo verde era todo de un tono grisáceo seco.
Llegamos a Marrakech por la tarde y aquello fue un cambio de chip radical. Después de unos días visitando el desierto y los paisajes del atlas, llegábamos a una ciudad donde el mejor adjetivo es el de CAOS. Conforme nos dejó el autobús todo era incredulidad, el tráfico de los coches no respeta señal alguna, gente que viene y que va, te intentan vender lo que sea y con toda esa confusión llegamos a la plaza de Marrakech. El llegar a la plaza de Marrakech es una sensación que no se olvida. De repente te encuentras una plaza abierta y enorme donde se mezclar olores, humos, tambores, gente, música… es algo que no se puede describir es el caos dentro del caos. Hay una parte de la plaza en donde se improvisan espectáculos, tómbolas, gente tocando instrumentos, otro lado donde hay bares para comer los cuales desprenden una humareda que inunda toda la plaza, otro lado que está lleno de puestos de zumo de naranja y por último el inicio del zoco de Marrakech. Si a todo ese caos le sumas la llamada a la oración que se escucha por toda la plaza ya te puedes imaginar lo abrumador que resulta.
En este punto mi pareja y yo nos separamos del grupo organizado, ya que ellos al día siguiente continuaban para ir a ver Essaouira, pero nosotros cansados de autobús e impresionados por Marrakech decidimos quedarnos un par de días para ver mejor Marrakech. Buscamos un sitio para dormir y después de cenar en la plaza y vivir el ambiente nos fuimos a descansar.
Para dormir, como íbamos con el presupuesto escaso, buscamos una pensión de mala muerte por 15 euros que no merece la pena ni poner el nombre porque aquello daba miedo, pero por 15 euros la noche que mas se puede pedir! Hasta tenia baño dentro. Imaginaros que cutre era que el baño tenia ducha pero la ducha estaba encima del WC y si te querías duchar tenías que hacerlo con el WC entre las piernas mojándolo todo, un espectáculo!

Después de pasar toda la mañana en Ait Ben Haddou cogimos el autobús y hacia Marrakech. Por el camino fuimos parando ya que los paisajes que se recorren son espectaculares. Lo más sobrecogedor sobre todo es el atravesar el alto atlas que deja unas imágenes inmensas. Se pasa por una de las carreteras que más miedo me han dado a mí en mi vida, dejo una foto aunque la foto la he extraído de internet ya que no estaba yo para echar fotos ahí. Atravesando el atlas a mí la sensación que me daba cuando parábamos a contemplar los paisajes era como la de estar en los picos de Europa solo que en vez de ser todo verde era todo de un tono grisáceo seco.
Llegamos a Marrakech por la tarde y aquello fue un cambio de chip radical. Después de unos días visitando el desierto y los paisajes del atlas, llegábamos a una ciudad donde el mejor adjetivo es el de CAOS. Conforme nos dejó el autobús todo era incredulidad, el tráfico de los coches no respeta señal alguna, gente que viene y que va, te intentan vender lo que sea y con toda esa confusión llegamos a la plaza de Marrakech. El llegar a la plaza de Marrakech es una sensación que no se olvida. De repente te encuentras una plaza abierta y enorme donde se mezclar olores, humos, tambores, gente, música… es algo que no se puede describir es el caos dentro del caos. Hay una parte de la plaza en donde se improvisan espectáculos, tómbolas, gente tocando instrumentos, otro lado donde hay bares para comer los cuales desprenden una humareda que inunda toda la plaza, otro lado que está lleno de puestos de zumo de naranja y por último el inicio del zoco de Marrakech. Si a todo ese caos le sumas la llamada a la oración que se escucha por toda la plaza ya te puedes imaginar lo abrumador que resulta.
En este punto mi pareja y yo nos separamos del grupo organizado, ya que ellos al día siguiente continuaban para ir a ver Essaouira, pero nosotros cansados de autobús e impresionados por Marrakech decidimos quedarnos un par de días para ver mejor Marrakech. Buscamos un sitio para dormir y después de cenar en la plaza y vivir el ambiente nos fuimos a descansar.
Para dormir, como íbamos con el presupuesto escaso, buscamos una pensión de mala muerte por 15 euros que no merece la pena ni poner el nombre porque aquello daba miedo, pero por 15 euros la noche que mas se puede pedir! Hasta tenia baño dentro. Imaginaros que cutre era que el baño tenia ducha pero la ducha estaba encima del WC y si te querías duchar tenías que hacerlo con el WC entre las piernas mojándolo todo, un espectáculo!