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MARRUECOS: MIL KASBAHS Y MIL COLORES. DE MARRAKECH AL DESIERTO. -Diarios de Viajes de Marruecos- Artemisa23
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Diario: MARRUECOS: MIL KASBAHS Y MIL COLORES. DE MARRAKECH AL DESIERTO.  -  Localización:  Marruecos  Marruecos
Descripción: Relato de nuestro viaje de 9 días por el sur de Marruecos, con dos jornadas en Marrakech y un circuito de 7 días en 4X4 por las cascadas de Ouzoud, una zona del Atlas, las gargantas de Amellago, Todrá y Dades, la ruta de las mil kasbahs, el Valle del Draa, las dunas, el valle de Ounila y bastantes lugares más.
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Etapas 1 a 3,  total 10
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Etapa: ITINERARIO Y PREPARATIVOS.  -  Localización:  Marruecos Marruecos
Descripción: En esta etapa cuento como hicimos el itinerario del viaje y los preparativos antes de salir.
Fecha creación: 01/06/2018 20:07  
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Marruecos era uno de esos destinos que teníamos en mente aunque aparcado sin saber muy bien el motivo. Quizás porque lo que más nos atraía suponía pasar mucho frío en invierno y mucho calor en verano, con lo cual no era fácil acomodar un viaje de ocho o nueve días fuera de nuestros periodos vacacionales habituales. Sin embargo, a primeros de este año tuvimos que cancelar un viaje a Costa Rica por problemas familiares y, posteriormente, se nos presentó la oportunidad de traspasar esos días a mayo, fecha que parecía idónea para hacer el periplo marroquí.

Teníamos claro lo que queríamos ver, mejor dicho, lo que teníamos claro era que no nos apetecía “ir de ciudades”, sino contemplar paisajes, ver kasbahs y llegar al desierto. Pero aparte de eso, no tenía ni idea de cómo preparar el viaje, ni siquiera de los lugares concretos a visitar aparte de lo ya mencionado. Tras consultar el foro, leer diarios y repasar guías de viajes y fotos en internet, sitios fijos eran las cascadas de Ouzoud, las kasbahs, las gargantas del Todrá y del Dadés y llegar a las dunas. Aunque estoy de acuerdo en que ir por cuenta de uno es la mejor manera de hacer turismo, en ocasiones no nos importa cambiar el chip, como en este caso, que por diversas razones deseábamos quitarnos de encima el tiempo que lleva preparar la ruta y la preocupación de conducir. Así que descartamos alquilar coche. Sin embargo, por más que miraba no veía nada organizado que se acercase a lo que deseábamos hacer, pues no queríamos recorrer cientos de kilómetros con lugares por los que se pasaba sin apenas parar. Miré tours compartidos y privados en 4x4, pero no terminaba de convencerme ninguno y menos me fiaba aún de dejarlo todo al azar, contratando excursiones en la propia Marrakech que a saber cómo podían resultar. Al final, leyendo varios diarios y recomendaciones en el foro, me puse en contacto por correo electrónico con Jota, un madrileño que reside en Marruecos desde hace varios años y dirige Atar Experience, una pequeña agencia que organiza viajes privados a medida de cada viajero o grupo de viajeros (el máximo son cuatro en un vehículo, pero del mismo grupo, no vas en el vehículo con personas que no conoces). Enseguida me contestó explicándome que no tiene itinerarios preparados de antemano sino que se ajusta a lo que quiera cada cliente, y me envió un cuestionario relativo a nuestras preferencias a la hora de viajar (clase de alojamiento, comidas, lugares que nos gustaría visitar o que nos interesaban especialmente, forma del viaje, edad, si queríamos carreteras o pistas, etc.).

Cuando tuvo mis respuestas, con las visitas que yo consideraba imprescindibles, me propuso un recorrido que pulimos juntos por email. Y en unos pocos días, todo quedó conformado en un circuito de siete días, recorriendo las Cascadas de Ouzoud, una parte del Alto Atlas, las gargantas de Amellago, Todrá y Dadés, la ruta de las kasbahs a través del palmeral de Skoura para cruzar después las montañas del Sarhro, llegar al valle del Draa y recorrer Agdz y Zagora hasta alcanzar Mhamid, donde acaba la carretera frente al desierto. Esto es un pequeño resumen, teniendo en cuenta que el dossier que me remitió constaba de casi 50 páginas junto con una presentación de más de 70 fotos.

Además, pasaríamos tres noches en Marrakech. Como en esta ocasión no disponía de mucho tiempo para hacer preparativos, le encargué también que nos buscara un riad en Marrakech (al final fueron dos) y los correspondientes traslados aeropuerto/riad/aeropuerto para evitarnos el rollo de los porteadores. Además del vehículo 4x4 con guía-conductor, el precio incluía alojamientos, desayunos, comidas y cenas con bebidas (no alcohólicas), cafés y tés. Durante el recorrido, podríamos parar todas las veces que quisiéramos e, incluso, cambiar el itinerario a nuestra elección, respetando el lugar de pernocta previamente contratado. Dado que se trata de recorridos totalmente personalizados, el coste final puede variar mucho hacia arriba o hacia abajo según los requerimientos de cada cliente; sin embargo, aunque es obvio que no se trata de un servicio “low cost”, el presupuesto me pareció muy comedido a la vista de su resultado y, sobre todo, comparándolo con otros tours que había consultado previamente.

El recorrido definitivo quedó así, aproximadamente.

Día 1. Llegada a Marrakech a las 12:35. Alojamiento en riad.
Dia 2. Comienzo del circuito en 4X4. Marrakech/Cascadas de Ouzoud/Graneros de Aoujgal/Imilchil (alojamiento).
Día 3. Agoudal/Cueva de Akhiam/Gargantas de Amellago o del Gheris (Imider y Amsad)/Oasis de Tadighoust (alojamiento).
Día 4. Tinejdad (El Khorbat y museo de los oasis)/Tinerhir/Gargantas del Todrá/Boumalne Dadés/Gargantas del Dadés/Valle de las Rosas/Skoura (alojamiento)
Día 5. Skoura (palmeral y kasbah Ameridil)/montañas del Sarhro/Valle del Draa: Agdz/kasbah de Tamnougalt/alojamiento en el oasis.
Día 6. Agdz/Zagora por pista/Jebel Zagora/Tamegroute/Dunas de Ait Isfoul por pista/alojamiento frente a dunas.
Día 8. Nasrat/Tagounite por pista/Tizi n’Selmane/Dunas de Erg Lihudi por pista/Bono/Agdz (alojamiento)
Día 9. Regreso hasta Ouarzazate/mirador sobre Ait Benhaddou/valle de Ounila/Telouet/Puerto de Tichka y alojamiento en Marrakech en riad.
Día 10. Marrakech
Día 11. Vuelo a España a las 13:10.

Aunque lo iré detallando convenientemente etapa tras etapa, el resumen del recorrido en GoogleMaps fue más o menos el siguiente, teniendo en cuanta los lugares de pernocta, si bien el itinerario no es ni mucho menos exacto porque varias veces dejamos la carretera para tomar pistas que resulta complicado descubrir en los navegadores, de modo que, salvo algún tramo inevitable, no repetimos a la vuelta los caminos de ida.



Reservé los vuelos con apenas un mes de margen. Desde Madrid, la opción más atractiva económicamente para viajar a Marrakech es Ryanair, pero siempre consulto la competencia por si hay alguna oferta disponible. Y la había. En Iberia encontré tres plazas a 45 euros en tarifa básica para la ida y cuatro plazas a 95 euros para la vuelta, algo más caro que Ryanair, aunque muchísimo más barato que las tarifas normales de Iberia, que se nos iban completamente de presupuesto. Claro que como no encajaban exactamente con el calendario previsto, tuvimos que hacer cambios para acomodar a dichas fechas el viaje que, finalmente, tuvo una duración de 10 días: llegada a Marrakech y tarde libre, seguido por siete días de circuito y un día entero en Marrakech, dedicando el último día solo para el regreso pues el avión despegaba a las 13:15 hora marroquí.

Preparativos.

Junto con la reserva de los billetes de avión, contraté un seguro médico de viaje (60.000 euros de gastos médicos incluidos) por 27,90 euros para dos personas y la facturación adicional de una maleta en bodega por 15 euros. La reserva de asientos costaba entre 8 y 15 euros, según el tipo de asiento, así que dejé su asignación a la diosa fortuna, puesto que en un trayecto de apenas dos horas no importa demasiado la ubicación en el avión ni resulta especialmente incómodo sentarnos separados si fuese el caso (que no lo fue).

El check-in online solo pudimos hacerlo con 24 horas de antelación a cada vuelo, con lo cual únicamente llevamos impresas las tarjetas de embarque del vuelo de ida. Esto no tiene importancia en Iberia, que no cobra ningún importe adicional por imprimir dichas tarjetas en los mostradores, al contrario de lo que sucede con Ryanair según he oído comentar.

Algunos datos de interés que conviene conocer previamente:

Documentación: para ciudadanos de la UE, no se necesita visado, solamente el pasaporte en vigor con una validez mínima de 6 meses. Viajes de turismo: como máximo 6 meses al año y no más de 90 días en cada periodo de 6 meses.

Vacunas: para viajar a Marruecos desde España no es obligatoria ninguna vacuna y para el tipo de recorrido que íbamos a realizar tampoco me pareció necesario recurrir a ninguna de las que se recomiendan como opcionales (hepatitis, tuberculosis o fiebres tifoideas).

Seguridad: aparte de las obvias advertencias acerca de la amenaza de atentados islamistas (al igual que en otros muchos países), no existen especiales problemas en este sentido en Marruecos. Únicamente hay que actuar con sentido común y vigilar las pertenencias en lugares muy concurridos, sobre todo en las medinas de las ciudades.

Horario: Una hora menos que en España. Marruecos tiene también horario de verano y el reloj se adelanta una hora. Sin embargo, con motivo del Ramadán (entre el 15 de mayo y el 18 de junio en 2018), el reloj se retrasa una hora y la diferencia horaria con España en ese periodo pasa a ser de 2 horas. A primeros de mayo (fecha de nuestro viaje), amanece sobre las 7 menos cuarto y anochece en torno a las ocho y cuarto, lo que proporciona más de 13 horas de luz, así que los días son muy largos y cunden mucho las visitas.

Moneda: el dírham. Con el cambio actual, por un euro os darán 11 dirhams más o menos.
Clima: En la zona que íbamos a visitar suele hacer bastante frío en invierno y mucho calor en verano. En mayo, se suponía que no encontraríamos temperaturas extremas, con lo cual el tiempo sería agradable en Marrakech, fresco en las montañas y caluroso, pero no demasiado, en el desierto. Y tampoco es época de lluvias.

Comidas. Una breve lectura de introducción a la comida marroquí me dejó alguna información aparte de lo que ya sabía. Las ensaladas se sirven al principio de la comida, junto con aceitunas verdes o negras, normalmente aliñadas. Un plato que suele tomarse al romper el ayuno durante el Ramadán es la sopa llamada “harira” (no confundir con harissa, que es una salsa picante), muy sustanciosa, con tomates, garbanzos, lentejas, especias y cordero. El cuscús es otro plato indispensable en la cocina norteafricana que consiste en una fina sémola cocinada al vapor hasta que los granos se inflan y se sirve con caldo (picante o no) y acompañado de verduras hervidas y carne. El tajín es un guiso cocinado a fuego lento en un recipiente de barro con tapa en forma de cono que da nombre al plato. Se puede elaborar con múltiples ingredientes principales como pescado, pollo, cordero o ternera junto con verduras, ciruelas, nueces, pasas, aceitunas, etc. También son típicas las brochetas de pollo o carne con distintos adobos y guarnición de arroz, y los hojaldres de diferentes tipos (briouats, pastelas dulces o saladas, etc.). También es inevitable el té verde con hojas de hierbabuena o menta y cargado de azúcar, que debe respetar la técnica correcta para servirlo en alto desde la tetera a los pequeños vasos, una especie de “escanciado” repetido al menos tres veces, que tanto veríamos hacer durante nuestro viaje. Pero eso lo contaré después.

Alojamiento en Marrakech.Además de los hoteles tradicionales, una forma de alojamiento muy utilizada es el riad. Se trata de una casa típica marroquí, situada en el interior de las medinas, que ha sido rehabilitada para albergar huéspedes, y que suele tener un patio interior, habitualmente con algún tipo de fuente u estanque, al que dan las habitaciones, que no tienen ventanas a la calle. Los hay de diferentes categorías, desde modestos a muy lujosos, y con una gran variedad de precios. Suelen ser alojamientos con pocas habitaciones y bastante encanto. Se pueden reservar por internet en las páginas habituales.

Ya solo quedaba preparar el equipaje con ropa ligera (pantalones de algodón largos, alguno corto, camisetas, camisas de manga larga y corta, un jersey, un par de chaquetas y un chubasquero, además de ropa interior, bañadores, calcetines de algodón, mocasines, deportivas y/o botas ligeras de trekking). Conviene llevar jabón o gel de ducha porque hay alojamientos donde no lo proporcionan. En el botiquín, aparte de la medicación personal si es el caso, lo habitual en cualquier viaje de este tipo: tiritas, desinfectante, antiinflamatorios en cápsulas y en crema, analgésicos, sobres de suero, antidiarreicos, laxantes, repelente de insectos, crema para las picaduras, algún sobre o pastilla para facilitar la digestión, etc. Aunque parece mucho, el conjunto cabe en un pequeño neceser y puede evitar bastantes quebraderos de cabeza en caso de indisposiciones leves. Teóricamente, no hay mosquitos, pero como a mí me pican hasta los que no existen, además, del repelente (Relec extreme) me llevé un aparato anti-mosquitos eléctrico por si acaso me visitaba algún ejemplar picador despistado. Los enchufes tienen el mismo tipo de clavijas que en España, así que no hay ningún problema para cargar baterías de ordenadores, móviles y cámaras de fotos, o para conectar otros aparatos, salvo las limitaciones de cada establecimiento hotelero.

Respeto al dinero, seguimos los consejos que da todo el mundo: llevamos una tarjeta de crédito para sacar de cajeros en caso necesario, ya que en la zona a la que íbamos apenas se utilizan para hacer pagos, ni siquiera en restaurantes u hoteles, y el resto en efectivo, en euros, para luego cambiarlo allí, ya que no sale a cuenta cambiar en España. Actualmente, el cambio allí está en torno a 11 DH por 1 euro. Para hacer los cálculos, resulta más fácil dividir entre 10 los dírhams, con lo cual el importe en euros será ligeramente menor al resultado final. Es conveniente hacer acopio de monedas (de 5 y 10 dh para propinas) y billetes pequeños (de 20 y 50 dh) porque en muchos sitios no disponen de cambio (o no quieren dártelo) y te ponen mala cara.

Algo muy útil, sobre lo que insistiré después, es llevar descargado en el móvil el mapa de Marrakech de google para utilizarlo sin conexión. Aunque no ofrece los itinerarios a pie, nos sirvió para orientarnos y, sobre todo, tuvo la curiosa virtud de espantar a los guías callejeros, como contare en su momento.
Viaje y llegada

Nuestro avión salía de la Terminal 4 Satélite de Barajas, lo que supone coger el trenecito y calcular una media hora más de antelación en la llegada al aeropuerto. A las 11:35 despegamos puntualmente hacia Marrakech. Durante el vuelo, nos dieron las fichas que hay que rellenar para entrar en Marruecos (conviene llevar un bolígrafo a mano). Los datos son sencillos: apellidos, nombre, nacionalidad, lugar de residencia, procedencia, destino (si lleváis reservado un riad, acordaos del nombre y la dirección porque lo pueden preguntar), número de pasaporte, profesión, etc. Si no os dan la ficha en el avión, se pueden recoger en el aeropuerto y, para acelerar el trámite, lo mejor es rellenar la ficha mientras se espera o que uno rellene las fichas mientras otro hace cola.

Antes de cumplirse dos horas de vuelo, estábamos sobrevolando la ciudad roja, que estaba cubierta de una ligera capa de polvo marrón. Nos había llamado la atención que la extensa cordillera del Atlas apareciese a lo lejos coronada con algunas manchas blancas en sus cumbres más elevadas: ¿nieve o nubes bajas? No estaría mal un poquito de nieve para animar el paisaje.


El aeropuerto de Marrakech es nuevo y bonito, recuerda en cierto sentido a la Terminal 4 del de Madrid, si bien ha añadido algunos detalles de influencia árabe, como el enorme panel de tipo arabesco. Enseguida nos dirigimos a la zona de control de pasaportes, donde se estaba acumulando mucha gente, ya que habían llegado varios vuelos casi a la vez. Además, tuvimos la mala suerte de que apareciesen justo delante unos equipos deportivos (masculino y femenino) de Hungría y Rumanía, que debían ir a disputar alguna competición. Entre unas cosas y otras, aunque había bastantes mostradores abiertos, tardamos casi una hora en cumplir con el trámite, si bien aparte de eso no tuvimos ningún problema para que nos sellaran el pasaporte. Es importante el número que ponen porque es el control de entrada en el país y lo pueden pedir, por ejemplo, al rellenar las fichas de los hoteles. Creo haber oído que este número permanece activo para cada viajero mientras se siga utilizando el mismo pasaporte.



Tras recoger nuestra única maleta facturada, junto a las cintas vimos dos oficinas de cambio, pero el tipo era malo, 10,65 dh/euro. Pensábamos que habría más oficinas a la salida, pero no fue así, ya que las otras están en la terminal de salidas del aeropuerto, así que no llevábamos ni un dírham. Suelen aceptar euros, pero con un horroroso cambio de 10 a 1. El mejor cambio lo ofrecen en el Hotel Ali (11,05 dh/euro), que se encuentra en las inmediaciones de la famosa Plaza Jemma el Fna, muy cerca de Correos, aunque tampoco estaba mal en otras oficinas de la propia Plaza (11,00 dh/euro).

A la salida del aeropuerto, se encuentran los taxis y también vimos llegar el autobús núm. 19, que creo que lleva a las inmediaciones de la Plaza Jamaa el Fna. También estaban esperando guías y conductores, enarbolando los consabidos cartelitos con el nombre de las personas a quienes iban a buscar. El mío no aparecía, aunque miré y remiré una y otra vez. Todos nos contemplaban con curiosidad y no tardaron en preguntarnos que nos sucedía. Confieso que al principio desconfiamos de su interés, después de todo lo que se dice y se escribe de los timos de Marrakech. Tenía anotado el nombre y la dirección del riad, pero no su número de teléfono. Al fin, acepté la ayuda que me ofreció uno de los guías que estaba esperando a un grupo. El hombre buscó el número de teléfono del riad, llamó con su móvil y me pasó con la propietaria, que me puso en contacto con Jota y en cuestión de minutos el problema quedó solucionado: había habido un malentendido con el horario y el chófer ya estaba de camino. El guía se retiró discretamente a su lugar de espera, sin pedirme nada a cambio. Naturalmente, además de las gracias le di una pequeña propina, que al principio no quería aceptar. Cuento esta anécdota simplemente para que seamos conscientes de que no se debe generalizar y que no todo el mundo en Marrakech va a la caza y captura de la propina del turista, lo cual no quiere decir ni mucho menos que haya que bajar la guardia y confiar en todo lo que nos ofrezcan y nos digan.

Al fin, llegó nuestro conductor y tras las pertinentes disculpas, nos llevó al Riad Azcona, que se encuentra en la parte sur de la Medina, en el antiguo barrio judío o Mellah, muy cerca del Palacio de la Bahía. Por el camino, pudimos apreciar el intenso tráfico que soporta esta peculiar ciudad, en la que llama la atención el gran número de motos que circulan a toda velocidad, muchas ocupadas por varias personas; no era extraño ver una moto con el marido, la mujer y dos niños, perfectamente colocados. Pese a todo, nos sorprendió ver varios jardines verdes y cuidados, y una ciudad, aunque no de tipo occidental al uso, sí con bastante mejor aspecto de lo que nos esperábamos. Pero los detalles los dejo para el relato de las etapas correspondientes a nuestras andanzas por Marrakech.

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Ver Etapa: ITINERARIO Y PREPARATIVOS.



Etapa: PRIMER DÍA EN MARRAKECH.  -  Localización:  Marruecos Marruecos
Descripción: En esta etapa relato nuestro primer día en Marrakech, que nos sirvió sobre todo para aprender a movernos por la ciudad.
Fecha creación: 01/06/2018 20:21  
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Llevaba un mapa y había buscado su ubicación en Google, pero como suele suceder en Marrakech nos hubiera resultado difícil encontrar el riad si no nos hubiera acompañado el chófer a pie hasta la misma puerta, ya que el coche allí no podía llegar. Y para empeorar las cosas había obras en la zona, lo cual obligaba a dar un rodeo. El traqueteo de las maletas rodando por las estrechas callejuelas repletas de gente con indumentaria diferente a la nuestra, motos y bicicletas impresiona un poco al principio, pero ya conocíamos esa inevitable sensación de otros viajes a otros sitios. De pronto, al cruzar un portal interior, nos sorprendió el sonido del silencio: un repentino e inesperado remanso de paz y tranquilidad.

Al fondo del callejón, se encontraba el riad Azcona, dirigido por una vallisoletana de nacimiento y vitoriana de adopción y su hija, que nos recibieron con una sonrisa y nuestro primer té marroquí, haciéndonos sentir cómodos desde el primer momento. El riad es bonito y tiene un patio central al que dan las habitaciones, decoradas con muy buen gusto y con un baño muy amplio. Al ser interiores, en los dormitorios no se escucha ni un ruido, lo que ayuda a descansar perfectamente.

Alrededores del riad e interior.


Aunque en principio y sobre el plano llegar a la Plaza Jemaa el Fna parecía una tarea complicadísima, con las explicaciones y el mapita que nos dieron resultó más fácil de lo previsto, si bien aprender a sortear a las motos es una asignatura que hay que aprobar incluso antes que la de esquivar a los “cazaturistas”. Recorrimos una serie de callejuelas estrechas y bastante tranquilas, en las que me llamaron la atención las puertas de algunas casas.





Encontramos rincones con mucho encanto, incluida una fuente casi escondida.

Salimos a una plaza, en la que torcimos a la derecha, para enfilar una calle estrecha y muy larga, que iba reproduciéndose a sí misma mediante arcos, mucho más concurrida y flanqueada por tiendas y tenderetes de todo tipo, creo recordar que era la rue Riad Zitoun Jdid. La tarea de hacer fotos resultaba algo complicada por la escasa distancia a la que estábamos de la gente, sabiendo, además, lo poco amigos que son allí de aparecer en las instantáneas, sobre todo las mujeres. Fui tomando algunas más o menos disimuladamente, aunque tampoco me gusta molestar a nadie pues creo que hay que respetar los deseos de cada cual.




En un cuarto de hora, estábamos en la Plaza, buscando el Hotel Ali con el fin de obtener nuestros primeros dírhams. Entre unas cosas y otras eran más de las tres y queríamos comer algo. Después de cambiar, nos sentamos en una terraza, en la que aún servían comidas. Pedimos una ensalada, brochetas de ternera y de pollo (con guarnición de arroz y patatas fritas), un postre que no recuerdo, dos coca colas y dos cafés cortados. Nos sorprendió la buena calidad del café. La leche nos la pusieron aparte, en un vasito para los dos. No servían bebidas alcohólicas, ni siquiera cerveza. La comida estaba buena, aunque tampoco nos dieron ganas de tirar cohetes. La cuenta ascendió a 178,00 dh, unos 16 euros.

Y tomando el café, repasamos un poquito de historia como solemos hacer en cada sitio que visitamos mientras contemplábamos el devenir de la gente en una de las plazas más concurridas y singulares del mundo.


Marrakech, es una de las cuatro ciudades imperiales marroquíes, junto con Mequinez, Fez y Rabat. Se la conoce también como la ciudad roja por ser ese tono entre rojizo y ocre el color natural de la tierra local utilizada tradicionalmente para la construcción de sus casas. Fue fundada como plaza militar en 1062 por los almorávides, que constituían la unión más poderosa de los pueblos bereberes y cuya intención era controlar las rutas comerciales que recorrían las caravanas. La muralla data de 1120, a causa de la amenaza que suponían los almohades del sur. Tenía 9 metros de alto, 200 torres, 20 puertas y unos 10 kilómetros de longitud, y cuya estructura se mantiene todavía. Esta prevención no evitó que los almohades expulsaran finalmente a los almorávides en 1147, edificando después una nueva ciudad, con imponentes monumentos que aún se conservan, como la mezquita Koutoubia, la mezquita de la Kasbah y la Puerta Monumental Bab Agnau. En 1269 fueron los benimerines quienes ocuparon Marrakech, que perdió la capitalidad en favor de Fez. En 1549, los sadíes procedentes de Taroudant derrotaron a los benimerines y devolvieron a Marrakech su importancia y la corte, expandiendo sus dominios hasta el Sahara occidental, Malí y Mauritania. Esta época fue de expansión y de esplendor monumental pues se construyeron bellos palacios como el majestuoso Badí, terminado en 1603, y del que, lamentablemente, sólo quedan los muros exteriores pues fue expoliado y casi derruido cuando a mediados del siglo XVIII los alauíes (dinastía que gobierna en la actualidad) expulsaron a los sadíes y trasladaron sus riquezas y la capital a Mequinez.

A lo largo del siglo XIX comenzó el interés europeo por las plazas norte africanas. Marrakech estableció relaciones comerciales con Gran Bretaña, aunque fueron Francia y España los países que al final instauraron su influencia política en Marruecos. El gobierno colonial fue aceptado por el cada vez más débil sultanato mediante la firma del Tratado de Fez en 1912, que ratificó el Protectorado Francés. Pero no por ello se alcanzó la paz y en Marrakech y el sur estallaron motines y revueltas, ante lo cual los franceses llegaron a un pacto con uno de los señores de la guerra del Atlas, Thami el Glaouni, que se instaló en Marrakech y gobernó con mano de hierro hasta 1955. A partir de los años 30 empezó a ganar fuerza el movimiento nacionalista, que tras la Segunda Guerra Mundial contó con el apoyo del entonces sultán, Mohamed V. En 1953, los franceses lo enviaron al exilio, colocando a un gobierno títere. El Glaouni había sido en parte promotor de este exilio y colaboró con el gobierno colonial para sofocar las revueltas que pedían el regreso del sultán. Sin embargo, el empeoramiento del conflicto con Argelia hizo que los franceses suavizasen su postura y permitiesen la vuelta de Mohamed V, a quien el Glaouni tuvo que suplicarle clemencia de rodillas. Aunque supuestamente fue perdonado, un año después murió en extrañas circunstancias que nunca fueron aclaradas. En 1955 Marruecos obtuvo su independencia. El rey actual es nieto de aquel sultán y primer rey, Mohamed V.


Marrakech cuenta actualmente con más de un millón y medio de habitantes y se encuentra dividida en dos zonas perfectamente delimitadas: la ciudad vieja o medina, rodeada por una muralla de bastiones de tierra roja, y la ciudad nueva, que empezaron a edificar los franceses durante la etapa colonial (Ville Nouvelle), donde destacan los barrios de Guéliz e Hivernage. Su arteria principal es la Avenida de Mohamed V, que desemboca en una de las puertas de la ciudad vieja, Bab Knob, que conduce a la Mezquita de la Koutoubia. La Medina, fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1985, si bien los protocolos de conservación de los bienes protegidos están bastante en entredicho.


El guion inicial de los lugares imprescindibles para visitar en Marrakech según todas las guías y recomendaciones es el siguiente:

-La Medina o conglomerado de callejuelas que forman la ciudad vieja amurallada y donde se encuentran los puntos turísticos más importantes: la Plaza de Jemaa el Fna, la Mezquita de la Koutoubia, la Mezquita de Al-Mansur, las Tumbas Sadíes, la puerta monumental de la muralla Bag Agnaou, el Palacio de la Bahía, el Palacio El Badí, la Medersa Ben Yusuf, la Kubba Ba’adyn y, naturalmente, los diferentes zocos.

-Fuera de la Medina: dar una vuelta por el barrio de Guéliz y los amantes de los jardines tienen los de la Menara (cerca del aeropuerto, jardín con árboles frutales, una alberca y un pabellón de tejado verde que se refleja en el agua) y los más sofisticados Jardines Majorelle, creados hace casi un siglo por el pintor francés Jacques Majorelle.

Pero vayamos por partes porque las cosas no resultaron como habíamos previsto.

La Plaza Jemaa el Fna es la más representativa de la ciudad vieja de Marrakech. Su nombre se traduce como Asamblea de los Muertos y hace referencia a la época en que se exhibían allí las cabezas de los ajusticiados clavadas en picas. Es enorme, de forma irregular y está pavimentada desde no hace mucho tiempo. Se dice que es una de las plazas más grandes, animadas y caóticas del mundo, que transforma su aspecto completamente con el paso de las horas, tranquilo por la mañana, apenas con los puestos de frutas, donde hacen zumos al momento, para ir animándose por la tarde, con vendedores de toda clase y condición, tenderetes mil, cuentacuentos, encantadores de serpientes, domadores de monos, aguadores con estridentes sombreros, bailarines, tragafuegos, tatuadoras de henna (algunas ataviadas con el nikab que solo deja una rendija para los ojos), intérpretes de cualquier instrumento imaginable, etc. Ya por la noche adquiere su máxima ebullición, con los puestos de comida, la humareda de sus fogones esparciéndose hacia el cielo mientras cae la tarde. Según pudimos comprobar, resulta imposible pasear por la plaza sin que te ofrezcan todo tipo de cosas, intentando convencerte para que compres, mires, toques, comas o bebas por el mejor precio (siempre conforme a sus intereses), obtenido tras un consiguiente y cansino regateo. Si no se desea caer en los tentáculos de estos apremiantes vendedores, lo mejor es no detenerse e ignorarlos completamente. De lo contrario, no te dejan en paz, sobre todo los de los puestos de comida, los encantadores de cobras adormecidas y los de los monos, que te plantan encima para una foto al menor descuido. Me dieron mucha pena los monos, la verdad. Por lo demás, tampoco hay que exagerar ni entrar en pánico, que los vendedores no se comen a nadie. Se les dice “no, gracias” (se queda mejor si se dice en árabe, "la, sukran"), al tiempo que se sigue caminando y asunto liquidado. Al principio cuesta un poco acostumbrarse a no responder; incluso alguno puede llegar a ponerse farruco y musitar un insulto (no es lo normal ni mucho menos), pero no hay que dejarse intimidar. No van a pasar de ahí, el turista está muy protegido en Marrakech, la ciudad en buena parte vive de sus ingresos y hay muchos policías tanto uniformados como de paisano vigilando. Lo cierto es que no tuvimos sensación de inseguridad.


Claro que como en cualquier otro lugar del mundo con gran número de turistas, hay que mantener las precauciones habituales: no hacer ostentación de dinero en la calle, tener cuidado con la cartera y llevar el bolso bien sujeto, a ser posible cruzado en bandolera. Por lo demás, la forma más sencilla de contemplar el devenir de la plaza es sentarse en alguna de sus terrazas, a ser posible en los pisos superiores, desde donde se contempla todo el tinglado sin recibir pesadas proposiciones y donde también es posible hacer fotos tranquilamente, sin herir la susceptibilidad de nadie. Pero esa experiencia decidimos dejarla para por la noche.


Tras pasear durante un rato por la plaza, la abandonamos por una calle amplia, en cuyo lado izquierdo se encuentran aparcadas las calesas turísticas. No sé cuánto cobran. De frente, aparecía la inequívoca estampa de la Mezquita de la Koutoubia, otra de las atracciones monumentales de la ciudad, que sólo puede verse por fuera ya que no se permite el acceso al interior a los no musulmanes. Las puertas se abren para la oración y como nos coincidió pudimos contemplar desde la calle una parte del interior, con sus arcadas blancas y el suelo cubierto de alfombras. Fue construida en el siglo XII y el arquitecto de su alminar, cuyos cuatro lados presentan decoraciones diferentes, proyectó también la torre de Hassan en Rabat y la Giralda de Sevilla. Al lado de la mezquita se han descubierto los restos de una antigua mezquita almohade, construida en 1147.


A un lado se encuentra la Koubba Lalla Zohra, un mausoleo blanco que contiene los restos de la hija de un esclavo que según dice la leyenda se transforma en paloma cada noche. Muy cerca hay unos bonitos jardines, con palmeras, árboles de hoja caduca y rosales. Las fotos salen muy chulas con la vegetación adornando la esbelta estampa del alminar.


En esta zona existen semáforos, lo cual viene bien para ayudar a esquivar el terrible tráfico de la ciudad, que no mengua sino todo lo contrario fuera de la Medina, aunque las calles son más anchas y hay aceras delimitando, al menos teóricamente, los respectivos reinos de vehículos y peatones.


A lo lejos, divisamos el alminar de la Mezquita de la Kasbah, que está junto a las Tumbas Sadíes, así que decidimos tomarla como referencia para llegar allí. Sorteando el inevitable caos circulatorio, pasamos cerca de un mercado y de una zona de talleres para coches y motos. Al fin, alcanzamos la puerta más bella y monumental de la ciudad, Bab Agnaou, del siglo XII, la única de la muralla realizada en piedra.


En Marrakech a cada paso hay arco o una puerta. Éstos aparecen en torno a Bab Agnaou y Bab Er Rob.

Cuando la cruzamos, nos topamos con una serie de puertas y callejones, que conducen a una animada plaza presidida por la Mezquita de la Kasbah, a cuyo costado derecho se hallan adosadas las Tumbas Sadíes.




Lamentablemente, se cierran a las cinco y ya eran las cinco y cuarto. Así que nos tocaba volver otro día. Aquí un individuo nos intentó camelar, intentando convencernos de que no quería nada, simplemente practicar el castellano, si bien lo que pretendía era llevarnos a una cooperativa de mujeres que trabajaban en no recuerdo qué. Como cebo, empezó a hablarnos de fútbol y como no nos vio muy entusiasmados con el Barça, enseguida pasó a hablar del Real Madrid, equipo del que se declaró seguidor, naturalmente. Para zafarnos de aquella cantinela, se nos ocurrió decirle que éramos del Atleti, lo que le dejó algo desconcertado; así que mientras pertrechaba un nuevo discurso, esta vez sobre los colchoneros, aprovechamos la ocasión para escapamos echando chispas. Y es que al final terminas metiéndote en algún episodio de estos aunque no quieras. Ay, qué pesaditos son. Pero tampoco hay que agobiarse, porque la mayor parte de la gente va y está a lo suyo, sin más.


Como ya no era hora de entrar en ningún monumento de los que nos interesaban, seguimos paseando sin rumbo por la Medina, recorriendo los zocos tranquilamente (bueno, todo lo tranquilamente que se puede ir con los gritos de los vendedores, los ofrecimientos de los falsos guías, y las motos y las bicicletas que te pasan por encima de los pies y la cabeza si te descuidas un momento). Nos fijamos en que muchas de las callejuelas de los zocos están cubiertas con toldos, rejillas, redecillas, cañizo, etc. Agradecimos la sombra porque empezaba a notarse el calor y la chaqueta estorbaba.




Volvimos al riad y tras descansar un ratito salimos de nuevo, investigando por unas callejuelas diferentes, de paredes aún más desconchadas, sin apenas turistas, abarrotadas de marroquíes que iban y venían ocupados en sus asuntos y también trabajando en talleres, principalmente de forja y madera. Nadie nos prestó la menor atención, cada cual se preocupaba de lo suyo y santas pascuas. Cuando quisimos enfilar hacia la plaza, vacilamos con el camino a seguir, estábamos un poco perdidos. Un chaval en bicicleta nos llamó a voz en grito para que le siguiéramos, pero entonces vimos en un arco una flecha que indicaba hacia la plaza Jemaa el Fna, justo en dirección contraria a la que quería dirigirnos el angelito. En fin, cosas de Marrakech…


Llegamos sin mayores contratiempos y fuimos a cenar a uno de los restaurantes recomendados en el foro, Chez Chegrouni. Subimos a la terraza, hicimos unas cuantas fotos y nos sentamos a contemplar el panorama al atardecer.


Pedimos sendas parrilladas de pescado y marisco pues presentíamos que no íbamos a tener muchas oportunidades de tomar pescado en los días venideros. Tampoco servían alcohol. No estuvo mal, aunque la cena no nos convenció del todo, sobre todo los calamares, que estaban tiernos pero insípidos.



Lo mejor, sin duda, las vistas.

Acabamos nuestra primera jornada en Marruecos con otro paseo por la plaza, esquivando a duras penas a los captadores de los puestos de comida, que son los más insistentes de todos con diferencia. Y recuperando la chaqueta porque la noche se había puesto fresquita, deshicimos el camino que nos habíamos aprendido perfectamente hasta el riad, adonde llegamos sobre las once, pues al día siguiente teníamos que madrugar ya que empezábamos nuestro tour por el sur marroquí.

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Ver Etapa: PRIMER DÍA EN MARRAKECH.



Etapa: CASCADAS DE OUZOUD, GRANEROS COLGANTES DE AOUJGAL E IMILCHIL.  -  Localización:  Marruecos Marruecos
Descripción: Esta es la etapa del comienzo del circuito en 4X4. Fuimos a las cascadas de Ouzoud, recorrimos carreteras del Medio Alto Atlas y fuimos hasta los graneros colgantes de Aoujgal. Terminamos atrapados en un puerto del Atlas por la nieve y un desprendimiento de rocas. Menos que fueron a rescatarnos...
Fecha creación: 01/06/2018 20:43  
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Habíamos dormido muy bien en el riad y a las ocho de la mañana nos esperaba un estupendo desayuno casero en el bonito patio interior. Después vino Jota a recogernos y nos despedimos de nuestras encantadoras anfitrionas. Fue todo un placer conocerlas y alojarnos en su establecimiento. No nos importaría volver.

Poco antes de las nueve de la mañana iniciamos el tour. El cielo estaba algo nublado, pero la temperatura era agradable, en torno a los dieciocho grados. En esta primera jornada teníamos por delante 377 kilómetros de acuerdo con el plano de viaje de GoogleMaps y cuyo perfil pongo a continuación. Sin embargo, es solo una estimación y lo utilizo únicamente como referencia porque no siempre circulamos por las rutas allí indicadas; además, últimamente se están construyendo carreteras nuevas en Marruecos que aún no figuran en el navegador, aunque algunas de ellas no suponen sino el asfaltado de antiguas pistas. Por fortuna, suponía una gran ventaja las casi trece horas y media de luz que se pueden disfrutar en el mes de mayo.


Dejamos Marrakech atrás por la concurrida carretera que va a Fez y empezamos a surcar otras con mucho menos tráfico, que presentaban unos campos bastante más verdes de la idea preconcebida que suele tenerse de estos lugares, si bien parece que en el norte de Marruecos el invierno y la primavera habían sido tan irregulares y locos como en España, registrándose abundantes lluvias y nieve incluso fuera de temporada. Vimos muchos olivos, con almazaras donde se produce el aceite de Marrakech, que tiene una gran calidad. Durante los primeros kilómetros me mostré bastante comedida y apreté bastante menos de lo normal el disparador de la máquina de fotos, situación que apenas tardaría un par de horas en cambiar. Y es que los paisajes invitaban a ello, sobre todo por sus colores, que tenían un brillo muy intenso, quizás debido a la luz africana, no lo sé.


Enseguida nos topamos con otra de las que iban a convertirse en contantes del viaje: los niños. Marruecos es un país con un índice de natalidad muy elevado y eso se nota a cada paso: se ven muchos niños por todas partes y a todas horas, en las calles de pueblos grandes o pequeños, con sus mochilas escolares a la espalda o, más sorprendentemente, caminando por las cunetas de las carreteras, a menudo alejados de casas y colegios. Ante tan continuo desfile, nos preguntamos (y seguimos preguntándonos) cuál es el horario escolar de estos niños, que parecen estar siempre yendo y viniendo.


Casi todos los críos se vuelven hacia los coches de los turistas. Saludan con los brazos en alto y piden a voz en grito bolígrafos y golosinas. Al verlos, recordamos las recomendaciones que nos habían dado (igual que en otros países, como Méjico o Egipto) de que no se debe dar regalos ni dinero a los niños porque entonces se acostumbrarán a pedir cosas que no necesitan (una chuchería o un bolígrafo no les van a salvar de ninguna penuria y son bienes baratos y accesibles en Marruecos) y considerarán a los extranjeros como monederos andantes, llegando incluso a “hacer pellas” para dedicarse en exclusiva a conseguir tales obsequios. Así que, por mucho que nos alague ver sus sonrisas y nos cueste decepcionarles, hay que aprender a decir “no” por su propio bien.


Cascadas de Ouzoud.

Después de unos 150 kilómetros y dos horas largas, llegamos a las inmediaciones de las Cascadas de Ouzoud (olivo en bereber). Sabemos que llevan mucha agua, aunque podía darse el caso de que fuese de color marrón por el arrastre de tierra propiciado por las intensas lluvias de los últimos días. Dejamos el coche en el aparcamiento y después de ir al servicio y tomar un café, nos dirigimos a contemplar esta verdadera maravilla natural. El recorrido comienza en la parte superior por un camino cementado con escaleras que va descendiendo hacia la poza que recibe el agua serpenteando por la garganta del Oued (río) el Abib. Está flanqueado por tiendas de recuerdos y restaurantes con vistas a las cascadas. Los vendedores nos llamaban, pero no eran demasiado pesados. También se puede acceder por la orilla contraria, a través de un sendero más intrincado que se interna entre los árboles, convirtiendo en este el recorrido en circular.


Antes que las cascadas vimos a los monos del Atlas, saltando de rama en rama entre los árboles. Están por todas partes, sobre todo donde se concentran los turistas, de quienes esperan obtener chucherías. Sin embargo, no hay que darles comida porque se acostumbran y cuando no viene gente no saben buscarse el alimento y pasan mucha hambre. Aunque son muy graciosos, no hay que descuidarse porque pueden quitarnos cosas que no llevemos bien sujetas.



Foto tomada por Jota.

La primera vista de las cascadas, que se contemplan completas desde el mirador, resultó espectacular. Con una caída de más de cien metros son las más altas del norte de África y nos dejaron con la boca abierta. Tuvimos la fortuna de que estuvieran pletóricas por las últimas lluvias y, además, con el agua de color blanco, lo que incrementaba su belleza. No parábamos de hacer fotos.


A la derecha, se puede ver el minúsculo tamaño de las personas que se encontraban en otro de los balcones, dando una idea del gran tamaño de las cascadas.

Además, el montañoso paisaje de fondo era precioso, con una brillante gama de colores verdes, rojos y ocres, contrastando con un cielo azul moteado por algunas nubes. De postal.


Seguimos bajando hasta llegar a otro mirador desde el que prácticamente se toca el agua, mejor dicho, el agua te cae encima. Los chorros caían con tanta fuerza que resultaba complicado hacer fotos sin que se mojase la cámara. El sonido era tan ensordecedor que apenas podíamos entendernos.


Siguiendo el curso del río, el panorama no desmerecía en belleza, que resaltaba la presencia del arco iris.


Foto de Jota.

Llegamos a la base de la cascada, donde un puentecito de madera permite cruzar a la otra orilla. También hay pequeñas barcas que acercan a los turistas a la caída del agua y que deben de acabar empapados.





Después de hacer decenas de fotos, fuimos a comer a uno de los restaurantes que cuentan con vistas sobre las cascadas. Allí nos encontramos con otro grupo de Jota, una pareja también de Madrid, que iba con un guía local en otro vehículo 4X4. Como nuestros recorridos coincidían durante los cuatro días siguientes, nos propusieron ir juntos (cada pareja en su coche, claro). Nos pareció una buena idea y los seis nos sentamos en una mesa a la sombra pues apretaba el sol y hacía calorcito. Tomamos aceitunas, ensalada, nuestro primer tajin (de carne) y naranja con canela. Nos gustó la novedad del tajin, que estaba bueno, aunque no fue el mejor almuerzo del viaje ni mucho menos.

Circulando por carreteras del Alto Atlas.

Después de almorzar, regresamos por la misma carretera hasta el cruce de la general, donde giramos a la izquierda en dirección a Azilal. El paisaje seguía estando verde y las flores silvestres ponían un bonito contrapunto.





Pasamos varios pueblecitos, en uno de los cuales había un mercado en plena ebullición; luego seguimos hacia el embalse de Bin el Ouidan, que presentaba una estampa muy bucólica desde la cima del puerto que teníamos que bajar para llegar a sus orillas.




Seguimos en paralelo al embalse, en cuyas inmediaciones se han construido alojamientos modernos que ofertan la práctica de deportes náuticos. Los paisajes no dejaban de atraer nuestra atención. El cielo se estaba nublando y favorecía aún más el atractivo contraste en los colores.





Nos encontramos con nuevos pueblecitos, que carecían del encanto de las aldeas de barro que veríamos más adelante, pero cuyas casas parecían pinceladas en un cuadro. Y pronto nos fijamos en lo que sería otra constante en el viaje: los pueblos marroquís quedan mucho más bonitos de lejos, formando parte del paisaje.





La carretera subía y bajaba, trazando curvas y más curvas. El recorrido resultaba muy entretenido y poco a poco me animé a hacer fotos. Merecía la pena.





Graneros colgantes de Aougjal.

Cuando divisamos la inequívoca estampa de los graneros a los que nos dirigíamos, el cielo se había cubierto y presentaba unas amenazadoras nubes negras. Parecía que nos íbamos a mojar. Dejamos la carretera y tomamos una pista, que pronto se tornó en un barrizal. Comenzó a chispear. Aparcamos los coches cerca del camino que conduce a las enormes escarpaduras en donde se encuentran los graneros, situados en la alta cuenca de Oued el Abib, al norte de Imilchil, en los límites imprecisos entre el Atlas Medio y el Central. Se remontan al siglo X y son una especie de chozas enclavadas en un estrato calizo erosionado en medio de un acantilado, con una caída vertical de unos 200 metros. La verdad es que impresionan y mucho.


Salvando las distancias, me recordaron a las covettes de Bocairent, también escavadas en alto en las rocas y con una función parecida. Las luchas entre las tribus bereberes del Atlas eran muy frecuentes en el pasado y la principal preocupación de los lugareños era mantener el grano a salvo para sobrevivir durante el crudo invierno. De modo que se les ocurrió esconder las provisiones, las mujeres y los niños en unas chozas construidas en el escarpado y alto acantilado, cuyo único acceso era un estrecho y recóndito sendero siempre vigilado, que obligaría a los asaltantes a avanzar casi en fila india, lo que facilitaba su defensa. Claro que hay quien afirma que los graneros se utilizaban también para esconder los botines obtenidos al guerrear con los enemigos.




Enseguida aparecieron varios chavales para ofrecerse como guías. No es que hagan falta pues el camino es muy evidente, pero son gente pobre que se lo toman como un trabajo, así que accedimos a que nos acompañaran a cambio de una pequeña propina. El sendero que conduce a los graneros desciende unos metros entre las rocas hasta alcanzar una repisa lo suficientemente ancha (metro o metro y medio) para que no resulte peligroso el acceso, si bien no hay protecciones de ningún tipo y la caída en vertical es de unos 200 metros, así que las personas con vértigo podrían pasarlo mal. Después, depende de cada cual lo lejos que quiera llegar en el recorrido.




La lluvia pareció darnos una pequeña tregua, aunque en el suelo había granizo caído unos minutos antes. El lugar era ciertamente espectacular y no parábamos de hacer fotos. No sé si a pleno sol y con más luz las vistas hubiesen sido mejores, pero el cielo negro le proporcionaba al conjunto un aspecto tenebroso de lo más sugerente. Abajo, entre escarpadas laderas arboladas con abundancia de sabinas, corría el río, serpenteando por el alargado valle, que se adivinaba verde aún en esta época del año. Todo muy bonito realmente.


El cortado era como una especie de “u” tumbada y al pasar la curva se llega al brazo en que se encuentran los graneros. Allí las dificultades en el sendero crecen pues se estrecha bastante, hay muchas piedras en el suelo y cuando llueve cae hasta una cascada sobre el mismo camino. Pasados los primeros graneros, cada cual decide donde lo deja pues el sitio se torna peligroso pese a que los chicos que nos acompañaban se movían como si estuviesen a dos metros del suelo en vez de a doscientos. Sin embargo, no hay necesidad de arriesgarse porque lo que se contempla incluso desde el principio ya compensa el desplazamiento.




Cuando volvimos a los coches, empezó a llover en serio hasta el punto de que nos costó salir de la pista pues los vehículos patinaban en el barro. Teníamos por delante 78 kilómetros y tres puertos hasta Ilmichil, donde íbamos a alojarnos esa noche. Y menudos 78 kilómetros, no lo sabíamos bien… Mr. Green

La inesperada aventura del viaje.

A 2.500 metros de altitud, el primer puerto ofrece desde su cima unas vistas preciosas. Sin embargo, nosotros nos encontramos con un panorama de fantasmagóricas siluetas grises que aunque tenían su encanto nos dejaron algo mosqueados en cuanto a lo que podría aguardarnos más allá.



Fotos de Jota.

Y lo que nos esperaba no tardó en presentarse: la nieve. En cuestión de minutos, empezamos a ver los colores marrones y verdes de la montaña desaparecer bajo un manto blanco. ¡Qué bonito, sí! Aplauso Aplauso




Lo malo fue que en un abrir y cerrar de ojos, las gotas cambiaron a unos copos enormes, que nos dejaron pasmados. La nevada era tan intensa que comenzaba a cuajar incluso en la propia carretera.



Al bajar ese puerto, la nieve se convirtió en lluvia intensa y las aguas de un arroyo inundaban ya una zona baja en la carretera, si bien cruzamos sin mayores problemas. Nos encontramos a un pastor y sus ovejas, menos mal que en ese lugar ni llovía ni nevaba.


Subíamos ya el último puerto de la jornada antes de Ilmichil, que se encuentra a unos catorce kilómetros una vez coronada la cumbre, cuando empezó lo más… “interesante”. Nevaba como hacía años que no había visto nevar. Unos copos enormes, que cubrieron campo y carretera en un abrir y cerrar de ojos. Cerca de la cima, vimos seis o siete vehículos parados, incluyendo una furgoneta colectiva que transportaba a unos veinte marroquíes. Pensamos que no podían pasar por la nieve y seguimos adelante aunque solo unos metros más pues al doblar una curva nos encontramos de bruces con un desprendimiento de piedras provocado por la gran cantidad de nieve que estaba cayendo. ¡Vaya plan! Ojos que se mueven


Retrocedimos marcha atrás y nos unimos al resto de vehículos que estaban a la espera de… ¿qué? La nieve seguía cayendo con una intensidad que no dejaba de sorprendernos; y se había hecho de noche. No sabíamos qué iba a pasar. Deshacer lo andado y buscar otro alojamiento no era una opción demasiado halagüeña porque estábamos muy lejos de lugares habitados y, además, tendríamos que pasar los dos puertos que habíamos dejado a nuestra espalda, a saber en qué condiciones. Confieso que pasé un momento de tensión cuando escuché el ruido sordo de las piedras que seguían cayendo en la siguiente curva de la carretera. Estábamos atrapados en un puerto perdido del Atlas cortado por un desprendimiento, bajo una nevada de narices y en plena noche… El conductor de la furgoneta consiguió contactar por su móvil con Imilchil, explicando la situación y pidiendo ayuda. Según nos explicaron habló incluso con el alcalde, quien le aseguró que iban a subir a rescatarnos. La verdad es que mi confianza no era mucha y costaba mostrarse optimista respecto a una solución rápida de aquel embrollo, quizás por el recuerdo de lo que sucedió en la AP-6 durante el pasado invierno a escasos 60 kilómetros de Madrid. Al fin, intentamos tomárnoslo con paciencia y humor; dimos buena cuenta de unos pistachos que nos pasaron nuestros compañeros del otro coche y hasta salimos a hacernos unas fotos para inmortalizar el momento. ¡Madre mía, cómo nevaba! Malvado o muy loco


Aproximadamente una hora y media después, aparecieron una excavadora quitando las piedras y una máquina quitanieves abriendo camino, con lo cual pudimos continuar hacia Imilchil, aunque la nieve del techo de los vehículos caía a plomo sobre los parabrisas, lo que nos obligó a detenernos un par de veces para retirarla.


A nuestra izquierda quedó el lago de Tislit, que ni siquiera se intuía dónde estaba en medio de la nevada que no cesaba. Sanos y salvos alcanzamos el Hotel Izlane de Imilchil, modesto pero muy limpio y con habitaciones con baño privado. Al llegar, notamos el reconfortante calorcito de la estufa que estaba encendida en el comedor. Sentados a su cobijo, había un grupo de moteros españoles a quienes también les había sorprendido la nieve, aunque venían de otro lado y no se toparon con el desprendimiento. Sin embargo, los pobres estaban helados; lo habían pasado peor que nosotros al ir en moto y no llevar ropa adecuada para combatir un frío tan intenso e inesperado en el mes de mayo: el termómetro marcaba un grado y seguía nevando.

El hotel Imilchil y la estufa salvadora (fotos tomadas a la mañana siguiente).

En el hotel fueron muy amables y pese a lo tarde que era nos prepararon una cena consistente: de primero, sopa harisa calentita que estaba de vicio y, de segundo, un cuscús realmente rico, remojado por un caldo delicioso, el mejor que tomaríamos en todas las vacaciones sin duda alguna. Como Jota cumplía años (¡vaya forma de celebrarlo!), nos invitó a una botella de vino de rioja para con la cena (menudo lujazo) y de postre apareció una estupenda tarta con velas y todo. Vamos, que la jornada terminó del mejor modo posible, riéndonos los seis cuando yo comenté que, al preparar el itinerario por email, le había preguntado a Jota si veríamos nieve en el Atlas y su respuesta fue, más o menos: ¿En mayo? ¡Nooo! Bueno, pues los efectos especiales habían funcionado a la perfección para satisfacer a los clientes, jajaja. Aplauso Aplauso Aplauso Aplauso


Aunque nos dieron dos mantas para poner en la cama, me acosté vestida porque tenía el frío metido en el cuerpo. Bueno, lo que he contado quizás parezca un relato exagerado, pero de verdad que fue exactamente lo que nos sucedió. Pese a todo, lo cierto es que esa noche dormimos muy bien.
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Ver Etapa: CASCADAS DE OUZOUD, GRANEROS COLGANTES DE AOUJGAL E IMILCHIL.

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  Últimos comentarios al diario  MARRUECOS: MIL KASBAHS Y MIL COLORES. DE MARRAKECH AL DESIERTO.
Total comentarios 19  Visualizar todos los comentarios

Artemisa23  artemisa23  09/06/2018 22:50   
Muchas gracias, jotaatar. El placer fue nuestro por haber disfrutado de un viaje magnífico que seguimos recordando. Un abrazo.

Meha  meha  11/06/2018 21:36   
Un viaje muy apetecible, cercano y lejano a la vez. Y eso de dejarse picar por los gusanillos está muy bien.

Artemisa23  artemisa23  12/06/2018 18:21   
Hola, meha. Muchas gracias por tu comentario y tus puntitos. Esos gusanillos me pican muy a menudo, lástima que no haya tiempo ni disponibilidad para satisfacerlos, jajaja.

Spainsun  spainsun  20/06/2018 23:29   
Te dejo mis estrellas. Muchas gracias por este excelente diario, como todos los tuyos.

Artemisa23  artemisa23  21/06/2018 19:06   
Cuánto te agradezco tu comentario y tus estrellitas, spaisun. Para mí es un placer poder compartir estos viajes en el foro: me sirven para recordar y si son útiles a otros viajeros, mejor todavía.

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thorbender
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Oct 21, 2008
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Fecha: Sab May 19, 2018 03:39 pm    Título: Re: Consejos para Marruecos

Hay veces que los peores demonios los llevamos nosotros mismos...
migueldp77
Migueldp77
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Fecha: Mie Jun 13, 2018 03:31 pm    Título: Re: Consejos para Marruecos

Nosotros hicimos una visita guiada por la mañana con el guía. Íbamos en grupo con agencia. La tarde la teníamos libre y el guía insistió en que nadie se quedara por su cuenta en Fez porque era fácil perderse y porque era peligroso.
Íbamos más de 50 personas y no se quedó nadie.
Bueno nosotros sí nos quedamos y disfrutamos mucho. No tuvimos sensación de peligro.
Sólo precaución y lógica, como en cualquier otro sitio.
Pilroma
Pilroma
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Jul 07, 2018
Mensajes: 2

Fecha: Sab Jul 07, 2018 05:44 pm    Título: Re: Consejos para Marruecos

Hola a todos! Me animo a pediros consejo ya que estamos un poco liados. Somos una pareja con un peque de 3 años, queremos ir una semana a principios de Septiembre a Marruecos y no sabemos que sería más conveniente en un primer contacto con el país. El desierto aunque tengo muchas ganas me lo han desaconsejado en estas fechas porque dicen que hace mucha calor para el niño, no se como lo veis. Si es así lo dejaremos para otro viaje y en este podríamos, 1- volar a Marrakech, alquilar un coche y de ahí hacer una ruta (abierto a recomendaciones) 2- desde Sevilla coger nuestro coche y visitar...  Leer más ...
luchino
Luchino
Indiana Jones
Indiana Jones
May 21, 2006
Mensajes: 2922

Fecha: Dom Jul 08, 2018 02:21 pm    Título: Re: Consejos para Marruecos

Principios de septiembre es una fecha algo temprana, quiero decir que aún hará calor en Marruecos.

Voto por la opción 2, recorrer Fez, Meknes, etc. Yo hice algo parecido, aunque volando a Casablanca, puedes ver mi diario.

La opción 1 es la que hace todos los quieren ir al desierto - yo sólo estuve en Marrakech - , son bastantes kms.; en cualquier caso, aconsejado en otras fechas.
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Stormtrotters
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New Traveller
Ago 13, 2018
Mensajes: 1

Fecha: Lun Ago 13, 2018 04:03 pm    Título: Re: Consejos para Marruecos

¡Hola!

Mi chico y yo acabamos de volver de Marruecos, nos lo recorrimos de este a oeste. En nuestro blog hemos creado un post con consejos útiles, os copiamos aquí los más importantes y os animamos a leer el resto en nuestro blog: Stormtrotters FORMA DE VESTIR Siendo occidental, te puedes vestir como quieras, seas hombre o mujer. Nos hemos cruzado con turistas vestidos de todas las formas posibles: pantalones largos, cortos, vestidos, minifaldas, camisetas de tirantes, manga larga… No hay una ley que te diga cómo vestirte ni prendas...  Leer más ...
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