En Nueva York hay cientos de turistas en todas las épocas del año y, por tanto, unas colas de horas en la mayoría de puntos de interés. Así que si quieres visitar más de un sitio sin perder el día entero toca madrugar. Nuestro planning para este primer día fue el siguiente:
Empezamos por el Empire State Building, símbolo de la ciudad, a las 8:00 de la mañana, justo cuando acaban de abrir. No había nadie en la cola así que pudimos visitar a gusto el observatorio de la planta 86.

Desde aquí fuimos a pie hasta la Central Station, el edificio Chrysler y las Naciones Unidas: seguidor o crítico con su misión en el mundo, la visita merece muchísimo la pena. Nosotros la hicimos además, junto al clon chiflado de Ban Ki-moon.
Desde allí y también a pie llegamos hasta Madison Square Park, desde donde contemplamos el Flatiron Building mientras saboreábamos unas deliciosas hamburguesas del Shake Shack.
Ahora ya en metro fuimos hasta el Moma, del que nosotros destacamos: todos los cuadros de Van Gogh, el impresionismo francés, Pollock, Christine's World y el jardín de esculturas. También está uno de nuestros cuadros favoritos, La Persistencia de la Memoria, pero resultó una decepción absoluta (¡qué pequeñito!).
Recorrimos parte de la 5ª Avenida: St. Patrick Cathedral, Tiffany's... Y para seguir con el tema peliculero y como seguíamos con ganas de andar, fuimos por las lujosas Madison Avenue y Park Avenue hasta la calle 60, entre la 2 y la 3, donde está Serendipity 3, la cafetería que da nombre a la película.
Tras descansar un rato en una cafetería cercana (Serendipity estaba hasta arriba) volvimos hasta el Rockefeller Center para subir a otro rascacielos, el Top of the Rock, ya de noche.