El desayuno es una comida importante y, además, es lo más barato. Hasta las 11h casi todos los coffee shop tienen ofertas y por 5, 6 o 7 $ se pueden tomar huevos, bacon, salchichas, café en cantidades industriales, tostadas con mermelada y mantequilla, una especie de panecillos redondos deliciosos que se llaman English muffin, waffles y tortitas con almíbar o miel.
Una de las ventajas, no solo a la hora de desayunar, sino a todas horas, es que en todos los restaurantes, a menos que sean de mucho lujo, el agua es gratis y la sirven casi sin pedirla. Tienen grandes jarras con hielo y van pasando por las mesas llenando los vasos.
También suele ser gratis la segunda o tercera taza de café. No es un café exquisito, siempre de Melita recalentado y demasiado suave para el gusto español, pero se toman varias tazas y la camarera sirve una y otra vez a todo el que lo pide.
A la hora de la comida, el lunch, hay tanta oferta que no merece la pena ni planificarla.
Los norteamericanos, a mediodía, excepto los sábados y los domingos, comen rápido y donde pillan.
Lo más barato son los coffee shop, donde se pueden comprar sándwiches, que son mucho más grandes y variados que los españoles y, a veces, van acompañados de patatas y ensalada.
Y los delicatessen, en los que se puede uno sentar o comprar para comer en la calle (to go).
A la hora del lunch, no así en las cenas, lo normal es ver a gente comiendo sola, con el periódico o el libro prácticamente metido en el plato y a una velocidad que parece que lo menos importante es saborear lo que se está comiendo.
Otra posibilidad es ir a Chinatown y tomar el dim sum, que en realidad es el plato del día, pero que consiste en ir cogiendo platillos de un carrito que va pasando por las mesas y pagar al final, dependiendo de la cantidad de platos que se hayan elegido. También se puede comer a la carta por un precio no excesivo. En Chinatown es mejor comer que cenar, porque cierran pronto y el barrio empieza a ser muy aburrido a partir de las 21h.
Muchos neoyorquinos se limitan a tomar fruta, que venden cortada en todos los delicatessen. Se van echando los trozos en un recipiente de plástico y se paga según el peso. En muchos de estos lugares también tienen platos calientes y el sistema es el mismo. Se mezclan verduras, la carne, las patatas, la ensalada, etc en un recipientey se pesa. Lo mismo se paga por la carne que por patatas.
La cena es otra historia. Los neoyorquinos, que salen a cenar muy a menudo, sobretodo en fin de semana, suelen elegir cuidadosamente el restaurante y reservar con antelación. Llegar a un restaurante sin reserva es casi impensable y lo normal es que no haya sitio.
Otra particularidad es que no se puede entrar en el comedor hasta que el encargado no indique la mesa.
La cena se toma con tranquilidad, generalmente acompañada de vino, y es raro ver a gente comiendo sola.
Generalmente se empieza por un aperitivo, que no es como el español, es simplemente una bebida, un Bloody Mary, un Whisky Sour, etc y después se pasa a las entradas y al segundo plato.
Las posibilidades de elegir restaurante en Manhattan son casi infinitas, así como el tipo de cocina: francesa que generalmente es cara porque lo francés sigue siendo lo más ``chic´´, italiana, china, japonesa, hindú, criolla, griega, mexicana, española, judía, vegetariana, de Europa del Este, irlandesa, tailandesa, vietnamita, tibetana, árabe y de cualquier otro país imaginable.
El brunch de los sábados y los domingos, que se sirve desde mediodía hasta las 16h sigue el mismo rito que el de las cenas. Si se va a un buen sitio hay que reservar y también tiene algo de acto social, aunque un poco más funcional. Se empieza con un cóctel y después se toma un plato que puede ser un filete, salmón ahumado o los famosos huevos Benedict.
Aunque en muchos restaurantes hay camareros que hablan español, conviene conocer algunos términos en inglés.
Casi todos los segundos platos tienen guarnición: patatas o verduras y ensalada, y hay que elegir contestando a las interminables preguntas de cómo se quieren las patatas: baked (cocidas) o French fries, y cómo se desea la carne: rear (poco hecha), medium (en su punto), well (bien hecha) o, incluso, medium well (bien hecha pero sin pasarse).
También es variada la oferta de verduras, así como el tipo de aliño de la ensalada: Russian, una especie de salsa rosa; Italian, aceite y vinagre pero con hierbas; French, una salsa rojiza; de queso o, simplemente, oil and vinegar.
Una de las ventajas, no solo a la hora de desayunar, sino a todas horas, es que en todos los restaurantes, a menos que sean de mucho lujo, el agua es gratis y la sirven casi sin pedirla. Tienen grandes jarras con hielo y van pasando por las mesas llenando los vasos.
También suele ser gratis la segunda o tercera taza de café. No es un café exquisito, siempre de Melita recalentado y demasiado suave para el gusto español, pero se toman varias tazas y la camarera sirve una y otra vez a todo el que lo pide.
A la hora de la comida, el lunch, hay tanta oferta que no merece la pena ni planificarla.
Los norteamericanos, a mediodía, excepto los sábados y los domingos, comen rápido y donde pillan.
Lo más barato son los coffee shop, donde se pueden comprar sándwiches, que son mucho más grandes y variados que los españoles y, a veces, van acompañados de patatas y ensalada.
Y los delicatessen, en los que se puede uno sentar o comprar para comer en la calle (to go).
A la hora del lunch, no así en las cenas, lo normal es ver a gente comiendo sola, con el periódico o el libro prácticamente metido en el plato y a una velocidad que parece que lo menos importante es saborear lo que se está comiendo.
Otra posibilidad es ir a Chinatown y tomar el dim sum, que en realidad es el plato del día, pero que consiste en ir cogiendo platillos de un carrito que va pasando por las mesas y pagar al final, dependiendo de la cantidad de platos que se hayan elegido. También se puede comer a la carta por un precio no excesivo. En Chinatown es mejor comer que cenar, porque cierran pronto y el barrio empieza a ser muy aburrido a partir de las 21h.
Muchos neoyorquinos se limitan a tomar fruta, que venden cortada en todos los delicatessen. Se van echando los trozos en un recipiente de plástico y se paga según el peso. En muchos de estos lugares también tienen platos calientes y el sistema es el mismo. Se mezclan verduras, la carne, las patatas, la ensalada, etc en un recipientey se pesa. Lo mismo se paga por la carne que por patatas.
La cena es otra historia. Los neoyorquinos, que salen a cenar muy a menudo, sobretodo en fin de semana, suelen elegir cuidadosamente el restaurante y reservar con antelación. Llegar a un restaurante sin reserva es casi impensable y lo normal es que no haya sitio.
Otra particularidad es que no se puede entrar en el comedor hasta que el encargado no indique la mesa.
La cena se toma con tranquilidad, generalmente acompañada de vino, y es raro ver a gente comiendo sola.
Generalmente se empieza por un aperitivo, que no es como el español, es simplemente una bebida, un Bloody Mary, un Whisky Sour, etc y después se pasa a las entradas y al segundo plato.
Las posibilidades de elegir restaurante en Manhattan son casi infinitas, así como el tipo de cocina: francesa que generalmente es cara porque lo francés sigue siendo lo más ``chic´´, italiana, china, japonesa, hindú, criolla, griega, mexicana, española, judía, vegetariana, de Europa del Este, irlandesa, tailandesa, vietnamita, tibetana, árabe y de cualquier otro país imaginable.
El brunch de los sábados y los domingos, que se sirve desde mediodía hasta las 16h sigue el mismo rito que el de las cenas. Si se va a un buen sitio hay que reservar y también tiene algo de acto social, aunque un poco más funcional. Se empieza con un cóctel y después se toma un plato que puede ser un filete, salmón ahumado o los famosos huevos Benedict.
Aunque en muchos restaurantes hay camareros que hablan español, conviene conocer algunos términos en inglés.
Casi todos los segundos platos tienen guarnición: patatas o verduras y ensalada, y hay que elegir contestando a las interminables preguntas de cómo se quieren las patatas: baked (cocidas) o French fries, y cómo se desea la carne: rear (poco hecha), medium (en su punto), well (bien hecha) o, incluso, medium well (bien hecha pero sin pasarse).
También es variada la oferta de verduras, así como el tipo de aliño de la ensalada: Russian, una especie de salsa rosa; Italian, aceite y vinagre pero con hierbas; French, una salsa rojiza; de queso o, simplemente, oil and vinegar.










