Hoy tocaba una de las rutas de carretera, pero paisajísticas. Blue Ridge Parkway, que está incluida dentro de la red de Parques nacionales.
Habíamos visto las fotos de la web, impresionantes. Pero también sabíamos que el apogeo del cambio de color de las hojas ya lo habíamos perdido. En cuanto pensamos en este viaje, ya me hice una idea de ir grabando en vídeo todo el recorrido que hiciéramos en coche. Pero a la hora de ir a montar la minicámara que llevaba, no me funcionó. Creo que fue porque al ser una cámara bastante antigua, no me admitía las tarjetas de 32 Gb. que quería ponerle. El caso es que monté la cámara de fotos con un minitrípode en el salpicadero, le hice un apaño con cinta de empalme y la dejé medio fija para todo el día. Conclusión, tengo vídeo pero apenas fotos.
Pero bueno, volviendo al relato, la víspera habíamos visto en las alertas de la web que parte del recorrido estaba cerrado, hacia el final, por lo que no podríamos hacerlo hasta Asheville. El punto de entrada lo cogimos en Fancy Gap, en Virginia, hacia el punto de milla 204 aproximadamente, y el primer desvío estaba en el punto 270, para volver a retomarlo unas diez millas más adelante, y continuar hasta la milla 355, donde nos tendríamos que salir, así que teníamos bastantes millas de carretera por delante. Cogimos la interestatal 52 y nos pusimos en marcha.
Poco antes de llegar a Fancy Gap, vimos en la distancia una montaña con forma curiosa, que resultó ser Pilot Mountain, como una guinda que coronara un pastel. Había una zona de aparcamiento a un lado de la autopista, así que paramos. Y nos encontramos con que hacía un frío impresionante. Y al haber viento, la sensación era peor.
Llegamos a Fancy Gap y paramos en la gasolinera para llenar el depósito. Y una mujer que estaba en la tienda comentó que cuando ella se había levantado a las cuatro de la mañana para dar de comer a los animales hacía 24F!! , 4 bajo cero.
Nos aseguramos de la entrada al Parkway, que está muy bien indicada, tanto en dirección norte como sur y empezamos el recorrido.
Fuimos pasando granjas aisladas, prados verdes, y pronto empezaron a aparecer a los lados de la carretera árboles con el follaje rojizo. El paisaje era precioso, muy bucólico. Con los típicos graneros de madera pintada de rojo y tejados de metal. Y los camiones de reparto de UPS que llegan a todas partes.
No había mucho tráfico, más bien, algún que otro turista y los locales, por lo que la conducción era una gozada. El límite era de 45 millas, pero a veces íbamos incluso por debajo para poder admirar todo el paisaje.
Por todo el recorrido hay miradores, muy bien indicados, para poder parar y hacer las fotos de rigor. A medida que fuimos subiendo, el frío fue bajando, y es que ya no hacía tanto viento.
En uno de los miradores en los que paramos había una camioneta del servicio de parques, con el conductor dentro. Y viendo éste que nos estorbaba para hacer alguna de las fotos, se movió de sitio y fue a aparcar al otro lado del aparcamiento. ¡Qué majo!
Fuimos recorriendo y parando en varios de los puntos y se nos fue pasando el tiempo. Unas millas antes del desvío empezaron a aparecer carteles y banderolas naranjas, así que imposible pasarse. Seguimos por carreteras secundarias, pasando pequeño pueblos. Uno de ellos se llamaba Walnut Grove y otro Ingalls
hasta llegar a Asheville.
Por la mañana habíamos reservado el Aloft Downtown, una gozada de hotel. Tenía parking para todo un día por 5$ y vistas sobre las montañas.
Nos registramos y comentamos en recepción que hacía frío. Y nos contaron que había sido una ola de frío canadiense que había entrado de repente, haciendo que bajaran las temperaturas a bajo cero en pocas horas.
Dejamos las cosas en la habitación y salimos para aprovechar los últimos rayos de luz. En la calle apenas había gente, y es que el frío no ayudaba mucho. Fuimos a Battery Av., una zona que nos habían indicado en el hotel, y con restaurantes y tiendas, y dimos una vuelta. La calle estaba tapizada con las hojas amarillas de ginkgo caídas. La ciudad es muy agradable pero oscureció enseguida. No apetecía mucho estar fuera, así que entramos en una chocolatería, The chocolate fetish, donde me tomé un chocolate calentito, espeso, al estilo europeo, y los empleados eran muy amables. Nos ofrecieron probar antes el chocolate, por si no nos gustaba. A mí no me hizo falta probar nada
En este viaje nos hemos acostumbrado a cenar a las horas locales, o sea, sobre las seis y media, y esta vez no fue distinto. En la calle Wall vimos un vegetariano, que parecía un sitio pequeñito, pero que resultó ser bastante grande, The laughing seed, donde nos tomamos hummus, risotto de calabaza asada, thali indian plate, bud y te, por 48$. Buenísimo.
Habíamos visto las fotos de la web, impresionantes. Pero también sabíamos que el apogeo del cambio de color de las hojas ya lo habíamos perdido. En cuanto pensamos en este viaje, ya me hice una idea de ir grabando en vídeo todo el recorrido que hiciéramos en coche. Pero a la hora de ir a montar la minicámara que llevaba, no me funcionó. Creo que fue porque al ser una cámara bastante antigua, no me admitía las tarjetas de 32 Gb. que quería ponerle. El caso es que monté la cámara de fotos con un minitrípode en el salpicadero, le hice un apaño con cinta de empalme y la dejé medio fija para todo el día. Conclusión, tengo vídeo pero apenas fotos.
Pero bueno, volviendo al relato, la víspera habíamos visto en las alertas de la web que parte del recorrido estaba cerrado, hacia el final, por lo que no podríamos hacerlo hasta Asheville. El punto de entrada lo cogimos en Fancy Gap, en Virginia, hacia el punto de milla 204 aproximadamente, y el primer desvío estaba en el punto 270, para volver a retomarlo unas diez millas más adelante, y continuar hasta la milla 355, donde nos tendríamos que salir, así que teníamos bastantes millas de carretera por delante. Cogimos la interestatal 52 y nos pusimos en marcha.
Poco antes de llegar a Fancy Gap, vimos en la distancia una montaña con forma curiosa, que resultó ser Pilot Mountain, como una guinda que coronara un pastel. Había una zona de aparcamiento a un lado de la autopista, así que paramos. Y nos encontramos con que hacía un frío impresionante. Y al haber viento, la sensación era peor.

Llegamos a Fancy Gap y paramos en la gasolinera para llenar el depósito. Y una mujer que estaba en la tienda comentó que cuando ella se había levantado a las cuatro de la mañana para dar de comer a los animales hacía 24F!! , 4 bajo cero.
Nos aseguramos de la entrada al Parkway, que está muy bien indicada, tanto en dirección norte como sur y empezamos el recorrido.
Fuimos pasando granjas aisladas, prados verdes, y pronto empezaron a aparecer a los lados de la carretera árboles con el follaje rojizo. El paisaje era precioso, muy bucólico. Con los típicos graneros de madera pintada de rojo y tejados de metal. Y los camiones de reparto de UPS que llegan a todas partes.



No había mucho tráfico, más bien, algún que otro turista y los locales, por lo que la conducción era una gozada. El límite era de 45 millas, pero a veces íbamos incluso por debajo para poder admirar todo el paisaje.
Por todo el recorrido hay miradores, muy bien indicados, para poder parar y hacer las fotos de rigor. A medida que fuimos subiendo, el frío fue bajando, y es que ya no hacía tanto viento.
En uno de los miradores en los que paramos había una camioneta del servicio de parques, con el conductor dentro. Y viendo éste que nos estorbaba para hacer alguna de las fotos, se movió de sitio y fue a aparcar al otro lado del aparcamiento. ¡Qué majo!






Fuimos recorriendo y parando en varios de los puntos y se nos fue pasando el tiempo. Unas millas antes del desvío empezaron a aparecer carteles y banderolas naranjas, así que imposible pasarse. Seguimos por carreteras secundarias, pasando pequeño pueblos. Uno de ellos se llamaba Walnut Grove y otro Ingalls
Por la mañana habíamos reservado el Aloft Downtown, una gozada de hotel. Tenía parking para todo un día por 5$ y vistas sobre las montañas.
Nos registramos y comentamos en recepción que hacía frío. Y nos contaron que había sido una ola de frío canadiense que había entrado de repente, haciendo que bajaran las temperaturas a bajo cero en pocas horas.
Dejamos las cosas en la habitación y salimos para aprovechar los últimos rayos de luz. En la calle apenas había gente, y es que el frío no ayudaba mucho. Fuimos a Battery Av., una zona que nos habían indicado en el hotel, y con restaurantes y tiendas, y dimos una vuelta. La calle estaba tapizada con las hojas amarillas de ginkgo caídas. La ciudad es muy agradable pero oscureció enseguida. No apetecía mucho estar fuera, así que entramos en una chocolatería, The chocolate fetish, donde me tomé un chocolate calentito, espeso, al estilo europeo, y los empleados eran muy amables. Nos ofrecieron probar antes el chocolate, por si no nos gustaba. A mí no me hizo falta probar nada





En este viaje nos hemos acostumbrado a cenar a las horas locales, o sea, sobre las seis y media, y esta vez no fue distinto. En la calle Wall vimos un vegetariano, que parecía un sitio pequeñito, pero que resultó ser bastante grande, The laughing seed, donde nos tomamos hummus, risotto de calabaza asada, thali indian plate, bud y te, por 48$. Buenísimo.