Hoy tocaba atravesar las Great Smoky Mountains. Con el frío que hacía, no sabíamos cómo estarían las carreteras por la parte de arriba.
En el hotel no teníamos desayuno, pero había un bar donde nos tomamos unos ricos capuchinos, croissants y cereales.
Hicimos el check-out y nos dimos cuenta de que en la factura no aparecía el cargo por el parking. Se lo comentamos y nos contestó que si no aparecía, pues tanto mejor. Ya estaba hecha la factura y no lo iba a cargar ahora. Nos dijo la recepcionista que en la barrera del parking pulsáramos un botón que llevaba el nombre del hotel y que le dijéramos que nos íbamos, para que nos abriera la barrera. Pues nada, el parking al final nos salió gratis.
Pusimos en el navegador dirección a Cherokee, adonde llegamos en una hora aproximadamente. Hacía frío. Paramos a repostar junto a unas tiendas de artículos indios, mocasines, cinturones... y preguntamos por la entrada del parque. Estaba un poco más adelante.
En el centro de visitantes de Okonaluftee nos dieron un mapa del parque y preguntamos por las condiciones de la carretera. Nos indicaron que había algo de hielo y nieve en la parte alta, pero que no estaba habiendo problemas.
Los centros de visitantes que hemos conocido, me encantan. Hay muchísima información y la tradicional tienda de regalos. Y todos los empleados está más que dispuestos a ayudarte. Nos dijeron que a medio camino había una torre mirador desde donde había unas buenas vistas. Y en la parte exterior del centro de visitantes hay un museo al aire libre, el Mountain Farm Museum, con edificios de troncos, algunos del siglo XIX, aunque no originarios de la zona. Pasear entre esos edificios, era como estar dentro de un episodio de La casa de la pradera. Hay una casita, un establo, lavadero, granero, una pequeña escuela, una iglesia...
Tras rememorar viejas series de televisión, pusimos dirección a la cima. No había mucho tráfico, y subían y bajaban las típicas autocaravanas, que son más bien autobuses, así que no parecía haber, efectivamente, mayor problema.
Nos pasamos el desvío para el mirador, así que tuvimos que dar la vuelta. Hacía un día espléndido, pero frío. Aparcamos y desde ahí hay que empezar a subir, una media milla, pero empinada, hasta llegar al observatorio de Clingmans Dome. Por el camino hay varios bancos en los que poder descansar y a la vez observar el paisaje. Hay muchos pinos, pero también hay muchos árboles muertos, secos y grises, que según indicaban los paneles era a causa de un insecto europeo, aunque no mencionaba cual. El que quisiera andar por el bosque tenía varios senderos, entre ellos el Apalachian Trail.
Por fin llegamos a la torre de observación y tenía nieve alrededor. Abajo en el parking hacía una buena temperatura, pero arriba en la torre de observación soplaba un aire que cortaba. Ni me imagino cómo será en pleno invierno.
Los paneles están escritos en dos idiomas: inglés y supongo que cherokee.
Bajamos de la torre de observación y volvimos a la carretera. Habíamos hecho ya la mitad del trayecto de 33 millas que separan Cherokee de Gatlingburg. Y la prueba de que había hecho un frío de narices fueron unas minicataratas heladas que nos encontramos por el camino. Había chuzos enormes que colgaban de la pared.
La conducción por la carretera de montaña fue fácil. Ayuda que no hubiera mucho tráfico, pero pese a la cantidad de curvas que había en la bajada hacia Gatlingurg, se circulaba bien. Una de las curvas que pasamos fue una espiral completa de 360º.
Llegamos al Visitor Center de Sugarlands y preguntamos por una cascada que nos habían aconsejado visitar en Okonaluftee, pero era una caminata de casi una milla y media y el sol estaba poniéndose, así que no nos daba tiempo, por lo que optamos por seguir hasta Gatlinburg.
Paramos en la calle principal, para ver un ambiente totalmente montañero, como un pueblo de estación de esquí.
El parking eran 8$ de tarifa plana, el tiempo que estuvieses y entramos a comer a Puckers, totalmente americano, y en el que se podía fumar!!
Estaban haciendo unas reformas y no se dieron mucha prisa en servirnos.
Nos volvimos a poner en marcha y saliendo de Gatlinburg empezamos a ver construcciones, al borde de la carretera, tipo parque de atracciones: castillos, el Titanic, una casa al revés... todo ello aliñado con decoración navideña!! La verdad, era un poco (o bastante) hortera. Llegamos a Chatanooga sobre las ocho y cuarto y nos alojamos en el Days Inn, que está perfectamente situado, justo a la salida de la interestatal y cerca del centro.
Tras registrarnos nos dijeron que en el restaurante que había en el mismo edificio, el City dinner cafe nos hacían un descuento por ser clientes del hotel, y allí fuimos a cenar. Pedimos dos ensaladas que parecían preparadas para Pantagruel. Imposible acabarlas.
En el hotel no teníamos desayuno, pero había un bar donde nos tomamos unos ricos capuchinos, croissants y cereales.
Hicimos el check-out y nos dimos cuenta de que en la factura no aparecía el cargo por el parking. Se lo comentamos y nos contestó que si no aparecía, pues tanto mejor. Ya estaba hecha la factura y no lo iba a cargar ahora. Nos dijo la recepcionista que en la barrera del parking pulsáramos un botón que llevaba el nombre del hotel y que le dijéramos que nos íbamos, para que nos abriera la barrera. Pues nada, el parking al final nos salió gratis.
Pusimos en el navegador dirección a Cherokee, adonde llegamos en una hora aproximadamente. Hacía frío. Paramos a repostar junto a unas tiendas de artículos indios, mocasines, cinturones... y preguntamos por la entrada del parque. Estaba un poco más adelante.
En el centro de visitantes de Okonaluftee nos dieron un mapa del parque y preguntamos por las condiciones de la carretera. Nos indicaron que había algo de hielo y nieve en la parte alta, pero que no estaba habiendo problemas.
Los centros de visitantes que hemos conocido, me encantan. Hay muchísima información y la tradicional tienda de regalos. Y todos los empleados está más que dispuestos a ayudarte. Nos dijeron que a medio camino había una torre mirador desde donde había unas buenas vistas. Y en la parte exterior del centro de visitantes hay un museo al aire libre, el Mountain Farm Museum, con edificios de troncos, algunos del siglo XIX, aunque no originarios de la zona. Pasear entre esos edificios, era como estar dentro de un episodio de La casa de la pradera. Hay una casita, un establo, lavadero, granero, una pequeña escuela, una iglesia...
Tras rememorar viejas series de televisión, pusimos dirección a la cima. No había mucho tráfico, y subían y bajaban las típicas autocaravanas, que son más bien autobuses, así que no parecía haber, efectivamente, mayor problema.
Nos pasamos el desvío para el mirador, así que tuvimos que dar la vuelta. Hacía un día espléndido, pero frío. Aparcamos y desde ahí hay que empezar a subir, una media milla, pero empinada, hasta llegar al observatorio de Clingmans Dome. Por el camino hay varios bancos en los que poder descansar y a la vez observar el paisaje. Hay muchos pinos, pero también hay muchos árboles muertos, secos y grises, que según indicaban los paneles era a causa de un insecto europeo, aunque no mencionaba cual. El que quisiera andar por el bosque tenía varios senderos, entre ellos el Apalachian Trail.





Por fin llegamos a la torre de observación y tenía nieve alrededor. Abajo en el parking hacía una buena temperatura, pero arriba en la torre de observación soplaba un aire que cortaba. Ni me imagino cómo será en pleno invierno.


Los paneles están escritos en dos idiomas: inglés y supongo que cherokee.

Bajamos de la torre de observación y volvimos a la carretera. Habíamos hecho ya la mitad del trayecto de 33 millas que separan Cherokee de Gatlingburg. Y la prueba de que había hecho un frío de narices fueron unas minicataratas heladas que nos encontramos por el camino. Había chuzos enormes que colgaban de la pared.

La conducción por la carretera de montaña fue fácil. Ayuda que no hubiera mucho tráfico, pero pese a la cantidad de curvas que había en la bajada hacia Gatlingurg, se circulaba bien. Una de las curvas que pasamos fue una espiral completa de 360º.
Llegamos al Visitor Center de Sugarlands y preguntamos por una cascada que nos habían aconsejado visitar en Okonaluftee, pero era una caminata de casi una milla y media y el sol estaba poniéndose, así que no nos daba tiempo, por lo que optamos por seguir hasta Gatlinburg.
Paramos en la calle principal, para ver un ambiente totalmente montañero, como un pueblo de estación de esquí.
El parking eran 8$ de tarifa plana, el tiempo que estuvieses y entramos a comer a Puckers, totalmente americano, y en el que se podía fumar!!
Estaban haciendo unas reformas y no se dieron mucha prisa en servirnos.
Nos volvimos a poner en marcha y saliendo de Gatlinburg empezamos a ver construcciones, al borde de la carretera, tipo parque de atracciones: castillos, el Titanic, una casa al revés... todo ello aliñado con decoración navideña!! La verdad, era un poco (o bastante) hortera. Llegamos a Chatanooga sobre las ocho y cuarto y nos alojamos en el Days Inn, que está perfectamente situado, justo a la salida de la interestatal y cerca del centro.
Tras registrarnos nos dijeron que en el restaurante que había en el mismo edificio, el City dinner cafe nos hacían un descuento por ser clientes del hotel, y allí fuimos a cenar. Pedimos dos ensaladas que parecían preparadas para Pantagruel. Imposible acabarlas.