Partir a casi cualquier destino desde Zaragoza es toda una aventura, y en este caso no iba a ser diferente. Para llegar a Roma fuimos a la estación de tren Delicias a las 8.40 horas, de allí un AVE a Barcelona Sants y un cercanías al Prat que tarda unos 18 minutos y sale cada media hora, desde donde nuestro vuelo despegaba el día 3 de julio a las 13:40 horas, como ya es habitual con línea de bajo coste Ryan Air, 170 €( i/v dos personas), es decir, que pese a todos los malos comentarios que encontramos en doscientos mil webs al final el dinero manda, y nosotros por ahora no hemos tenido ningún problema con esta compañía.
Como consejo de viaje para los que vayáis en AVE hasta vuestro punto de partida, recordad que con vuestro billete de larga distancia viene incluido el billete del tren de cercanías. Lo único que hay que hacer es buscar en el billete un código e introducirlo en las máquinas de venta de billetes. Parece una tontería, pero un billete sencillo Sants – Aeropuerto te cuesta 4.10 € por trayecto y persona. Otra opción si no habéis ido en AVE es adquirir una T10 (tarjeta de 10 viajes) que sale por unos 10€ y es válida para ir al aeropuerto. En principio no tendría que valer, pero lo cierto es que se admite.
Nuestro avión aterrizaba en Ciampino a las 15:30 horas. Este aeropuerto se encuentra a unos quince kilómetros de Roma, pero es una distancia engañosa porque una cosa es la distancia a Roma y otra lo que cuesta llegar al centro. La mejor opción es trasladarse en uno de los autobuses que hacen el trayecto de ida y vuelta Aeropuerto – Estación de Termini. Nosotros elegimos los autobuses de Terravision, que salen aproximadamente cada media hora y hacen el trayecto en otro tanto. Los billetes se pueden adquirir directamente en la parada de bus, pero yo os recomiendo que los compréis en la página web. Sale igual de precio (4€), pero si hay fila para subir al autobús tenéis prioridad, y es algo bastante importante si no queréis tener que esperar media hora sentados en la marquesina. Seguramente mientras hacéis fila para embarcar en el aeropuerto pasarán con un carrito para venderos los billetes, y se venden al mismo precio también.
Si sois de los primeros en subir al bus y os gustan las emociones fuertes os aconsejo sentaros en las primeras filas para ir viendo como se conduce en Roma. Lo primero que llama la atención es ver que el propio conductor va con pinganillo bluetooth en el oído (se ve que los manos libres no han llegado a Italia) y lo más “divertido” es cuando ves que suelta el volante y conduce con los codos. Todo esto aparte de ir soltando todo tipo de insultos al resto de conductores. No es que sea muy católico, pero al bajar del autobús me daban ganas de besar el suelo como el Papa.
Y por fin estamos en Termini. Maleta en mano nos dirigimos a coger el metro para llegar a nuestro hotel. El metro de Roma es muy pequeño y se ve bastante viejo, pero hay que reconocer que es bastante funcional. Dos líneas: A y B. Se cruzan justamente en Termini, por lo que no os extrañéis si veis que sale gente de todas partes y hay que entrar a empujones en el vagón. De precio es bastante asequible, tan solo 1.50 €, y ese mismo billete es válido para un viaje de metro y los que sean de bus durante 100 minutos. Cierto es que no vimos ni un revisor en los cuatro días, pero por ese importe no creo que merezca la pena que nadie te ponga la cara colorada y encima tener que pagar una multa por no pagar.
No hay tarjetas de cinco ni de diez viajes, por lo que hay que comprarlos sueltos. Se pueden adquirir en estancos, kioscos,… Lo mejor es cogerlos directamente en la Estación de Termini. Si al final cogéis el bus de Terravision os dejará en una calle lateral de la estación (en la puerte del Terra Café), mismo lugar de donde saldrá para volver al aeropuerto.
En nuestro caso cogimos la línea A dirección Battistini hasta la parada de Lepanto. Y de allí directos al Hotel, el NH Leonardo da Vinci. Hotel de cuatro estrellas, bastante funcional, un poco viejo pero con los servicios que para un viaje de cuatro días se demandan: limpieza, tranquilidad, buena zona y buen desayuno buffet. Eso sí, que nadie espere al coger un hotel en Roma que la equivalencia en estrellas sea igual. Para mi este hotel en España sería Tres estrellas. Nuestra elección se basó en precio y también en no querer “jugárnosla”, y una cadena conocida como NH era un valor casi seguro. Precio de tres noches por habitación doble cama King size con desayuno buffet incluido: 297 €. A esto hay que añadir 3 € por persona y noche en concepto de tasa turística que se cobra en Roma (el importe depende del tipo de alojamiento).
En resumen… a las 18:00 horas llegada a la habitación, breve descanso y a por Roma!!
[align=center]
Como consejo de viaje para los que vayáis en AVE hasta vuestro punto de partida, recordad que con vuestro billete de larga distancia viene incluido el billete del tren de cercanías. Lo único que hay que hacer es buscar en el billete un código e introducirlo en las máquinas de venta de billetes. Parece una tontería, pero un billete sencillo Sants – Aeropuerto te cuesta 4.10 € por trayecto y persona. Otra opción si no habéis ido en AVE es adquirir una T10 (tarjeta de 10 viajes) que sale por unos 10€ y es válida para ir al aeropuerto. En principio no tendría que valer, pero lo cierto es que se admite.
Nuestro avión aterrizaba en Ciampino a las 15:30 horas. Este aeropuerto se encuentra a unos quince kilómetros de Roma, pero es una distancia engañosa porque una cosa es la distancia a Roma y otra lo que cuesta llegar al centro. La mejor opción es trasladarse en uno de los autobuses que hacen el trayecto de ida y vuelta Aeropuerto – Estación de Termini. Nosotros elegimos los autobuses de Terravision, que salen aproximadamente cada media hora y hacen el trayecto en otro tanto. Los billetes se pueden adquirir directamente en la parada de bus, pero yo os recomiendo que los compréis en la página web. Sale igual de precio (4€), pero si hay fila para subir al autobús tenéis prioridad, y es algo bastante importante si no queréis tener que esperar media hora sentados en la marquesina. Seguramente mientras hacéis fila para embarcar en el aeropuerto pasarán con un carrito para venderos los billetes, y se venden al mismo precio también.
Si sois de los primeros en subir al bus y os gustan las emociones fuertes os aconsejo sentaros en las primeras filas para ir viendo como se conduce en Roma. Lo primero que llama la atención es ver que el propio conductor va con pinganillo bluetooth en el oído (se ve que los manos libres no han llegado a Italia) y lo más “divertido” es cuando ves que suelta el volante y conduce con los codos. Todo esto aparte de ir soltando todo tipo de insultos al resto de conductores. No es que sea muy católico, pero al bajar del autobús me daban ganas de besar el suelo como el Papa.
Y por fin estamos en Termini. Maleta en mano nos dirigimos a coger el metro para llegar a nuestro hotel. El metro de Roma es muy pequeño y se ve bastante viejo, pero hay que reconocer que es bastante funcional. Dos líneas: A y B. Se cruzan justamente en Termini, por lo que no os extrañéis si veis que sale gente de todas partes y hay que entrar a empujones en el vagón. De precio es bastante asequible, tan solo 1.50 €, y ese mismo billete es válido para un viaje de metro y los que sean de bus durante 100 minutos. Cierto es que no vimos ni un revisor en los cuatro días, pero por ese importe no creo que merezca la pena que nadie te ponga la cara colorada y encima tener que pagar una multa por no pagar.
No hay tarjetas de cinco ni de diez viajes, por lo que hay que comprarlos sueltos. Se pueden adquirir en estancos, kioscos,… Lo mejor es cogerlos directamente en la Estación de Termini. Si al final cogéis el bus de Terravision os dejará en una calle lateral de la estación (en la puerte del Terra Café), mismo lugar de donde saldrá para volver al aeropuerto.
En nuestro caso cogimos la línea A dirección Battistini hasta la parada de Lepanto. Y de allí directos al Hotel, el NH Leonardo da Vinci. Hotel de cuatro estrellas, bastante funcional, un poco viejo pero con los servicios que para un viaje de cuatro días se demandan: limpieza, tranquilidad, buena zona y buen desayuno buffet. Eso sí, que nadie espere al coger un hotel en Roma que la equivalencia en estrellas sea igual. Para mi este hotel en España sería Tres estrellas. Nuestra elección se basó en precio y también en no querer “jugárnosla”, y una cadena conocida como NH era un valor casi seguro. Precio de tres noches por habitación doble cama King size con desayuno buffet incluido: 297 €. A esto hay que añadir 3 € por persona y noche en concepto de tasa turística que se cobra en Roma (el importe depende del tipo de alojamiento).
En resumen… a las 18:00 horas llegada a la habitación, breve descanso y a por Roma!!
[align=center]
Por la ubicación del Hotel la Plaza del Poppolo nos queda a cinco minutos andando así que cruzamos el Tiber y pasamos un rato contemplando la plaza. Ya son prácticamente las 19:00 y ni intentamos entrar a la Iglesia de Santa María porque es la hora de cierre. Unas fotos al obelisco, otras tantas a las Iglesias Gemelas, una vista conjunto viendo la confluencia de las tres vías y la explicación ofrecida por la aplicación del móvil.
Aprovecho para decir, sin ánimo de hacer publicidad de ninguna empresa, que hoy día las apps de mapas de Smartphone vienen fenomenal. En este caso concreto y si el moderador me lo permite (sino que lo borre) hago mención a la Guía Ulmon, que permite descargar de forma gratuita los cinco primeros mapas de las ciudades que se necesiten y que nos vino fenomenal. Lo más importante es el mapa offline con gps, que te permite guiarte por toda la ciudad sin preocupación por el facturón de roaming que puede venir en la siguiente factura. Además, puedes marcar tus puntos favoritos y en muchos de ellos leer las explicaciones que vienen directamente de Wikipedia.
De la Piazza del Poppolo andamos por la vía Babuino hasta llegar a la Plaza de España, donde nos llevamos nuestra primera decepción: la fuente de la barcaccia está en restauración y no se puede ver. Las famosas escaleras atestadas de gente como siempre. Vistazo al obelisco de 1789 y otro ojo rápido a la vía Condotti, calle en la que se encuentran las tiendas de mayor lujo de la ciudad.
De la Plaza de España seguimos callejeando hasta llegar a la Fontana di Trevi. Ya habíamos leído que se encontraba en restauración pero pensábamos que algo se podría ver. Pues nuestro gozo en un pozo… no había plataforma para pasar cerca de las esculturas y además el Palacio que hace de portada tras la fuente estaba rodeado de andamios. Siempre hay que intentar ver el lado positivo: una razón para volver.
Ya son casi las nueve y hay hambre así que la mejor opción para quitarnos el gusanillo de pizza italiana y poder descansar en el hotel es comprar unos trozos de pizza al peso. Por cierto, bueníííísima, pero en el sitio que la cogimos también un poco cara, a unos 30€/kilo creo recordar. Hay sitios mucho más baratos, pero el lugar era para verlo y no pudimos resistirnos. Unos buenos trozos de pizza y una botella de vino blanco hicieron en aquel momento que la habitación del hotel se convirtiera en un restaurante con estrella Michelin. [/align]