Tras dormir como un angelito me he levantado a las 12. Cuando he entrado a desayunar al salón me ha salido una camarera: “¿Va a comer, señor?”. He tenido que disimular: “No, no…esto…¿la salida?” Mi caballo de hierro se había convertido ya en un coche y lo he cogido para ir a ver cómo era el Parque Natural de Somiedo a 20 kilómetros. A medida que avanzaba las montañas iban creciendo y creciendo y yo cada vez me hacía más pequeño. No tenía un destino fijo. Iba yo solo por la carretera y podía ir despacio disfrutando del paisaje. He parado en un pueblo llamado Caunedo y allí me he tomado una cerveza en la terraza de La Casona de Lolo y las vistas eran espectaculares. El camarero me ha dicho que un poco más adelante había un pueblo llamado La Peral en el que había un mirador desde el cual podía mirar. Hacia allá que me he ido. Al pueblo no se podía entrar con el coche, había un cartel que lo indicaba: “Prohibido el paso (excepto vecinos)”.
Yo he aparcado y me he adentrado andando en busca del mirador donde mirar. Cuál es mi sorpresa cuando estoy callejeando por la única calle del pueblo oigo motores. Me giro y dos coche aparcando…¡dentro del pueblo! En cuanto uno de los ocupantes ponen el pie fuera del coche desde una casa sale una voz de una señora de avanzada edad: “¡¡Ahí no se puede aparcar!!”. El buen hombre de uno de los coches en son de paz le contesta: “Ya, es que en el aparcamiento no hay sitio”. Dicho esto la anciana saca un bastón radiosónico y le desintegra. Yo continúo mi camino hacia el mirador sin mirar hacia atrás. Llego al mirador, llamado el Mirador del Príncipe. Que muchos como yo os estaréis preguntando, ¿qué Príncipe, ni qué ocho cuartos? Yo saco mi navaja multiusos y borro la palabra Príncipe y lo dejo de la siguiente manera “MIRADOR DE REY FELIPE VI O DE LA PRINCESA LEONOR”. Y allí que he echado toda la mañana. Si desde el coche las vistas eran espectaculares, desde el mirador son…
Estaba yo solo. Así que me he sentado y me he quedado disfrutando de la vista y de la paz. Hasta que… ”¡¡¡¡¡mamá, mamá, una vaca!!!!!” Sí. Una pequeña monstruito gritando todo lo que veía. Aviso a navegantes: lo de vaca no iba por mí. Una vaca, una flor, una piedra, una montaña…Todo lo que veía lo gritaba y la madre lo confirmaba: “Sí, una vaca. Sí, una flor. Sí una piedra” En un descuido de los padres, la niña se ha acercado a mí y sin querer la he dado con la planta de mi pie en su pequeña espalda y ha caído mirador abajo. Lo que os decía…el silencio, la paz, la tranquilidad… A la vuelta, y tras esquivar a una niña que agitaba las manos diciendo que se había caído de un mirador o no sé qué, he parado a comer en La Casona de Lolo. Media ensalada mixta, escalopines de ternera con salsa de cabrales y una tarta de queso de llorar. Todo con las mismas vistas que hace un rato os he dicho. He vuelto a Belmonte con el brazo por la ventanilla y cantando el “Viviendo deprisa” de Alejandro Sanz a 50 por hora. Realmente emocionante. Aprovecho para hacer un llamamiento a la Ministra de Fomento para que haga más anchas las carreteras. Tanto a la ida como a la vuelta del Parque de Somiedo la carretera era minúscula. Estrecha. Pequeña. Diminuta. En un determinado momento me he cruzado con un coche y el conductor me ha tocado un pecho. Me ha gustado, pero no sé…me ha parecido excesivo. Una vez llegado a Belmonte de Miranda he estado dando una vuelta y viendo los rincones del pueblo más pintorescos y con encanto. El río, el bar y el supermercado. He comprado agua en el Supermercado Félix. Y esto es lo que ha dado de sí el día. Os contaría lo que voy hacer mañana pero ni yo lo sé. Ahora veré si hay algo de teletienda hasta que me entre el sueño.