Y después de esas 4 primeras horas de las que os hablaba ayer, siguieron pasando las horas, los días y los meses... y allí me tenías a mí, un año después, recorriendo esos mismos canales con la misma admiración que aquél primer día.
Sin embargo, ya había aprendido mucho de lo que es el verdadero Ámsterdam. Y qué queréis que os diga, es mucho más que:
- El barrio rojo
- La plaza Dam
- El museo Van Gogh
- Los coffee shops
- Voldenpark
- La casa de Ana Frank
Por supuesto que sin menospreciar todos estos puntos turísticos, de visita obligada en cualquier caso si váis como turistas, pero lo mejor que tiene esta ciudad es su día a día.
Me encapriché de la plaza Spui y el bar Hoppe con sus bitterballen con mostaza Dijon, las compras por Kalverstraat, las cervezas en Rembrandtplein, las noches en Leidseplein o los picnics primaverales y veraniegos (los días que así quería el sol) en Voldenpark o Rembrandtpark.
Ni coche, ni moto y casi ni tranvía... lo que allí me salvó la vida fue mi bici. Esas que encuentras en tiendas de segunda mano, un poco viejillas pero que hoy en día llamamos "vintage". Ah! y no has vivido en Ámsterdam si nunca te han robado la bici... las cosas allí funcionan así!
En Holanda se habla dutch pero que nadie se preocupe porque todo el mundo habla inglés. Y no sólo en los hoteles del centro de Ámsterdam o en los espacios turísticos. El inglés se domina en cualquier hostel, bar, médico o supermercado. Un alivio! Lo peor son las notificaciones legales... ahí ya no hay tu tía. El holandés (obviamente) es la lengua oficial para todos los trámites burocrátivos. Menos mal que existe Google Translate para hacernos la vida un poco más fácil en estos casos.
Sea como fuere... lo dicho, totally in love con Ámsterdam y sus amsterdammers un año después.
Miniguía:
