25 de junio
El día amanece frío, como no, estamos en San Francisco. Nos abrigamos un poco y salimos a buscar algún sitio para desayunar en los alrededores del motel. No es fácil, pero al final damos con un sitio en el que tomar café y bollos, el Emile's Coffee and Tea. De vuelta al motel, nos preparamos para explorar por encima San Francisco, puesto que es el único día que tenemos entero aquí. Nos van a quedar muchas cosas en el tintero, pero así tenemos excusa para volver. Nuestro primer destino, Alamo Square, para ver las casitas victorianas pintadas con vivos colores, conocidas como Painted Ladies. En el parque situado en la plaza, poca gente paseando, está casi desierto, aparte de un par de personas con sus perros. Hay que vigilar donde se aparca, puesto que hay muchas zonas prohibidas, dependiendo del día y la hora.
Tras las fotos de las casas, nos vamos, GPS en mano, a intentar subir a Twin Peaks para tener la vista panorámica de la ciudad. Se ve venir que será en vano, pues la niebla es muy densa. Pero tampoco hay mucho más planeado para hoy...Efectivamente, al llegar arriba, no se ve más allá de un par de metros, así que nos damos la vuelta para ir de nuevo a Lombard, para bajar esta vez con el coche por las curvas, perfectamente marcadas en el GPS.
Después la idea es ir a tener unas vistas del Golden Gate desde Fort Point, casi debajo mismo del puente. La carretera está en obras al llegar a la zona del puente, y me paso la última salida, que es la que debía coger, así que me meto de lleno en el puente, sin más remedio que atravesarlo y dar la vuelta en el mirador del otro lado. No teníamos intención de hacerlo en sentido hacia San Francisco, puesto que hay que pagar peaje. La idea era salir por él mañana al dejar la ciudad y rodear la bahía por el extremo de Oakland. Vamos a tener que pagar peaje, que al ser un coche de alquiler y no tenerlo prepagado, nos vendrá el cargo cuando estemos ya en casa... Aprovechamos para detenernos a sacar unas fotos en el mirador, pero con tanta niebla no se ve prácticamente nada. Además, el viento hace que no se esté nada bien en este lado. Mientras las chicas visitan el lavabo, aprovecho para llamar otra vez a Steven. Esta vez logro dar con él, que vive en Sonoma, a una hora de San Francisco. Para evitarle el tráfico de entrada a la ciudad, quedamos en un punto intermedio para vernos y comer mañana, así que volveremos a atravesar el Golden Gate, a ver si tenemos más suerte y luce el sol. Al final quedamos para un brunch en Tiburón, pueblecito situado poco después de Sausalito. Medio muertos de frío, volvemos a pasar por el puente hacia el interior de la ciudad, para ir a Baker Beach y tener otra perspectiva del puente. Tampoco se ve nada...
Nos vamos a almorzar, puesto que esta tarde tenemos la visita concertada en Alcatraz. Después de dar muchas vueltas por la zona de los muelles para encontrar aparcamiento, al final lo tenemos que dejar en uno vigilado y cubierto, muy cercano al Pier 33 en el que se coge el ferry para ir a La Roca. Salimos con algo de prisa, puesto que aún no hemos comido, y volvemos al Pier 39 a comer. Después de preguntar en el Hard Rock, donde nos dicen que tenemos que esperar 40 minutos para poder sentarnos, nos vamos a tomar unas ensaladas en el Chowder's, sentados en la barra. Saliendo, casi tenemos que ir corriendo para no perder el barco.
Después de la cola, y con el barco a punto de zarpar, nos disponemos a sacar unas fotos del momento, y nos damos cuenta que nos hemos dejado la cámara en el coche, la mochila está vacía. Le explico la situación al vigilante, pero nos dice que el siguiente ferry va lleno y no tengo tiempo de salir a buscar la cámara, así que tendremos que hacer las fotos con el móvil... Qué pena.
El trayecto dura apenas 15 minutos, y desembarcamos por fin en La Roca, con un par de horas por delante para disfrutar de la visita, con audioguía incluida en el precio (en latino). A pesar de las fotos, la visita nos gusta mucho, aunque somos conscientes que muchas partes de la penitenciaría no las muestran a las visitas turísticas. Se ven las celdas, duchas, comedor, patio, hospital, dependencias de los guardas... y cómo no, la tienda de souvenirs, en la que hoy está firmando libros (escritos por él mismo), un expresidiario (#1259), que debe tener cerca de 90 años. Se puede entrar también en alguna de las celdas, e incluso te encierran en una de las de castigo totalmente a oscuras durante 30 segundos. Una experiencia más...









Regresamos a tierra y nos vamos directos al aparcamiento, pues tememos que la cámara haya quedado a la vista y nos la hayan robado del coche. Tenemos suerte, había quedado en el suelo y aún está allí. Volvemos al motel, y nos disponemos a coger toda la ropa sucia para ir a una lavandería a hacer la primera colada del viaje. La lavandería, regentada como no por chinos, está a punto de cerrar, pero amablemente, nos dejan acabar la secadora. Después de esto, toca salir a cenar y a preparar maletas para marcharnos mañana de San Francisco. Damos una vuelta por el barrio y entramos en un tailandés, pero la carta no nos acaba de convencer y nos levantamos para seguir buscando. Al final nos metemos en una minipizzería a comer un par de trozos de pizza y un plato de pasta que superan con mucho la mala pinta que tiene el local, llamado Piccolo Italia.