Beep, beep, beep…las 5:30 am. suena el despertador y nos ponemos en marcha, tenemos por delante un largo “dianoche” tan excitante como intrigante.
Coche, avión, otro vuelo y llegamos a Catania en Sicilia, nuestro lugar de destino y también punto de partida.
Y aquí comienza la aventura para conseguir ver y fotografiar un volcán en erupción, algo que siempre ha estado en la lista de los deseos pendientes y que ahora puede ser una realidad. Después de meses de preparación, vamos a poder comprobar si todo el trabajo ha merecido la pena.
Recogemos el coche que teníamos reservado y que a última hora cambiamos por un modelo SW superior porque por experiencia sabemos que siempre terminamos exigiendo el máximo a todo. En 5 minutos sufrimos el caótico sistema de circulación de Sicilia; todo lo que nos hayan contado es cierto por exagerado que nos parezca. Una vez en la carretera que nos llevará a Nicolosi, la puerta del Etna, nos alegramos de haber decidido alojarnos allí y dejar atrás Catania y la costa porque nos hubiera hecho perder mucho tiempo y no hemos venido a hacer turismo.
A medio camino paramos en un supermercado y nos aprovisionamos de bebida y comida para las excursiones, y de paso comemos algo porque se nos había olvidado y ya son casi las 5 de la tarde.
Llegamos a nuestro hotel, un lugar con encanto y que en el que Mateo nos acoge como en familia. Cuesta mucho encontrar hoteles de este tipo, pero merece la pena porque todos los detalles son importantes para que la experiencia de viajar sea placentera.
En 15 minutos hemos cambiado nuestro equipo de viaje por el equipo fotográfico y nuestra indumentaria de turista por la de montañeros. Cuando Mateo nos ve con esas pintas y le decimos que nos vamos a subir al Etna, su cara cambia de expresión. Son las 6 de la tarde y ya es de noche, nadie sube al Etna por la tarde y menos en esta época del año. Le decimos que no se preocupe que no vamos a la cumbre, que vamos a un lugar desde donde poder hacer fotografías del cráter sureste. No se quedó nada convencido porque nos pidió el número de móvil por si acaso, vaya ánimos y confianza que nos infunde.
Coche, y en 5 minutos ya estamos subiendo por la carretera que lleva al Refugio Sapienza; es una de las grandes ventajas de estar alojados tan cerca del monte Etna. Aunque tenemos prisa, la tentación se apodera rápidamente y comenzamos con la práctica del “cuneting”, las vistas de Catania y toda la bahía iluminada son espectaculares.
Llegamos hasta la zona del refugio y aquello parece un lugar abandonado, las multitudes de casetas de souvenirs, restaurantes, tiendas, centros excursionistas, parking, etc. todo desierto. No en vano no nos hemos cruzado ni un solo coche en todo el trayecto, sólo un zorro que nos ha venido a saludar en una de las paradas para hacer alguna fotografía.
Seguimos y unos kilómetros más adelante dejamos el coche en un pequeño espacio al lado del arcén. Nos terminamos de equipar nuestras botas, guantes, ropa térmica, mochila, bastones, frontal… y en ese momento nos damos cuenta que estamos absolutamente solos. El silencio es total y la única compañía de la luz de la luna nos ayuda a llegar hasta el comienzo del sendero. Realmente es un camino precioso, encendemos los frontales y...
Coche, avión, otro vuelo y llegamos a Catania en Sicilia, nuestro lugar de destino y también punto de partida.
Y aquí comienza la aventura para conseguir ver y fotografiar un volcán en erupción, algo que siempre ha estado en la lista de los deseos pendientes y que ahora puede ser una realidad. Después de meses de preparación, vamos a poder comprobar si todo el trabajo ha merecido la pena.
Recogemos el coche que teníamos reservado y que a última hora cambiamos por un modelo SW superior porque por experiencia sabemos que siempre terminamos exigiendo el máximo a todo. En 5 minutos sufrimos el caótico sistema de circulación de Sicilia; todo lo que nos hayan contado es cierto por exagerado que nos parezca. Una vez en la carretera que nos llevará a Nicolosi, la puerta del Etna, nos alegramos de haber decidido alojarnos allí y dejar atrás Catania y la costa porque nos hubiera hecho perder mucho tiempo y no hemos venido a hacer turismo.
A medio camino paramos en un supermercado y nos aprovisionamos de bebida y comida para las excursiones, y de paso comemos algo porque se nos había olvidado y ya son casi las 5 de la tarde.
Llegamos a nuestro hotel, un lugar con encanto y que en el que Mateo nos acoge como en familia. Cuesta mucho encontrar hoteles de este tipo, pero merece la pena porque todos los detalles son importantes para que la experiencia de viajar sea placentera.
En 15 minutos hemos cambiado nuestro equipo de viaje por el equipo fotográfico y nuestra indumentaria de turista por la de montañeros. Cuando Mateo nos ve con esas pintas y le decimos que nos vamos a subir al Etna, su cara cambia de expresión. Son las 6 de la tarde y ya es de noche, nadie sube al Etna por la tarde y menos en esta época del año. Le decimos que no se preocupe que no vamos a la cumbre, que vamos a un lugar desde donde poder hacer fotografías del cráter sureste. No se quedó nada convencido porque nos pidió el número de móvil por si acaso, vaya ánimos y confianza que nos infunde.
Coche, y en 5 minutos ya estamos subiendo por la carretera que lleva al Refugio Sapienza; es una de las grandes ventajas de estar alojados tan cerca del monte Etna. Aunque tenemos prisa, la tentación se apodera rápidamente y comenzamos con la práctica del “cuneting”, las vistas de Catania y toda la bahía iluminada son espectaculares.
Llegamos hasta la zona del refugio y aquello parece un lugar abandonado, las multitudes de casetas de souvenirs, restaurantes, tiendas, centros excursionistas, parking, etc. todo desierto. No en vano no nos hemos cruzado ni un solo coche en todo el trayecto, sólo un zorro que nos ha venido a saludar en una de las paradas para hacer alguna fotografía.
Seguimos y unos kilómetros más adelante dejamos el coche en un pequeño espacio al lado del arcén. Nos terminamos de equipar nuestras botas, guantes, ropa térmica, mochila, bastones, frontal… y en ese momento nos damos cuenta que estamos absolutamente solos. El silencio es total y la única compañía de la luz de la luna nos ayuda a llegar hasta el comienzo del sendero. Realmente es un camino precioso, encendemos los frontales y...