¡Buenos días! Hoy va a ser un día estupendo. El día se ha levantado claro y el sol luce radiante. Bajo al comedor de un espléndido humor y desayuno de campeonato para afrontar éste, que será un día bastante intenso. Hoy toca ver el midtown, de nuevo, incluyendo la 5ª avenida. Como hoy es viernes, el Met cerrará a las 21:00h por lo que aprovecharemos para visitarlo por la tarde cuando ya quede poca luz.


Salimos del hotel a eso de las 8:15h y como de costumbre nos dirigimos por la calle 43 hacia el oeste. Después de saludar y observar por enésima vez el Chrysler Building, torcemos hacia el norte por Lexington Avenue, por donde ascendemos acercándonos cada vez más al destacable nº 570 de Lexington Avenue, con su elegante torre de 50 pisos en estilo art decò, coronada con espectaculares motivos góticos. Torcemos por la 47 hacia el oeste y enfilamos hacia el norte por Park Avenue, de nuevo. Éste es un hermoso paseo que merece la pena ser recorrido en más de una ocasión.



A nuestra espalda, el Hemsley Building, detrás de él, el MetLife Building. Pasamos de nuevo por delante del Waldorf Astoria, esta vez sin el tremendo dispositivo de seguridad del pasado viernes, presente en toda la calle. Seguimos avanzando y torcemos en la calle 42 hacia el este, de nuevo a Lexington Avenue. Un poco hacia el norte, en el nº 601, se alza el Citigroup Center, de 59 plantas, con la parte superior en forma de plano inclinado y que presenta la particularidad de que la parte inferior del edificio se encuentra totalmente abierta, compartiendo el espacio con la pequeña y moderna iglesia de San Pedro. La plaza que se abre debajo ofrece una alucinante impresión de ingravidez, cuando se contempla toda la mole de acero y hormigón únicamente sobre sus pilares.




Un poco más al norte, a mano izquierda se encuentra la Central Sinagogue, pero volvemos por la calle 53 hacia el oeste, para pasar al lado del Seagram Building, el primer edificio en Nueva York construido en estilo internacional, y el Lever House, uno de los primeros edificios inteligentes de la historia, sin ventanas y recubierto de un vidrio especialmente aislante, disminuye la necesidad de climatización interna del edificio. Entre la 5ª avenida y Madison Avenue se encuentra el coqueto espacio llamado Paley Park, con varias cortinas de agua en forma de cascada, donde se ubicaba un famoso fragmento de 5 placas de hormigón del muro de Berlín, que lamentablemente ha sido retirado para su restauración debido a un reciente acto de vandalismo. Cuando se termine de arreglar se expondrá en la vecina Tishman Speyer Properties.





Al llegar a la 5ª avenida nos dirigimos al sur y volvemos a encontrarnos con el maravilloso Atlas frente al nº 630, frente a la casi totalmente oculta por los andamios San Patrick’s Cathedral. Intentando ignorar la horrible cubierta pasamos al interior del edificio para echar un ojo pero el desastre continúa dentro. Todo oculto por redes de protección, mantos de tela vulgar, a lo que hay que sumar la indeseada compañía de los diversos golpes y martillazos que daban los obreros. Una visita no muy aprovechable.






Salimos de nuevo hacia la 5ª avenida, y accedemos desde aquí a la Rockefeller Plaza. De nuevo se alza ante nosotros el GE Building. La plaza ha cambiado de aspecto, han retirado la terraza y están colocando el dispositivo refrigerante para la pista de patinaje. Toda la plaza presenta un aspecto imponente de día y a la maravillosa y radiante luz de la mañana. Entramos en el GE Building por el norte y avanzamos hacia las taquillas del City Pass para reservar cita y poder subir al Top of the Rock. Esperamos un rato y reservamos para 40 minutos más tarde, por lo que aprovechamos para salir y visitar de nuevo el Rockefeller Center. Con la luz del sol se destacan mucho la textura de la piedra y los diferentes relieves que decoran el conjunto. Además de “Prometeo robando el fuego”, en medio de la plaza, otros dioses encabezan las portadas de los diferentes edificios, como Hermes, el mensajero de pies alados, o Deméter, diosa de la agricultura, o incluso el mismísimo Zeus, padre de todos los dioses.


Continuamos hacia el oeste por la 49 hasta la Avenida de las Américas. Los hermosísimos números 1251, 1221 y 1211 refulgen debido a Lorenzo, así como el Radio City Music Hall. Volvemos por la calle 50 y entramos de nuevo al GE Building, esta vez para ascender a la cima.






Una vez dentro la espera es amenizada por un video sobre la historia del Edificio desde que la RCA lo ocupara por vez primera. Actualmente los estudios NBC son sus principales inquilinos. Durante el ascenso nos explican que el mirador Top of the Rock consta de tres terrazas correspondientes con los pisos 58, 59 y 60, por las que nos podemos mover con total libertad. Al llegar, salimos y disfrutamos de unas increíbles vistas de Manhattan, hacia el norte con Central Park como protagonista principal mientras que hacia el sur es el Empire State Building el que copa el protagonismo. Personalmente creo que las vistas desde el Empire State Building son mejores pero ésta es la mejor vista disponible de este último, a la espera de que se permita el acceso al One World Trade Center. Después de disfrutar un muy buen rato decidimos bajar y en la tienda me compro por 15 $ una camiseta negra con la famosa fotografía de los obreros descansando encima de una viga en el piso 59, aún en obras.


Salimos del Edificio a través del complicado conjunto de galerías comerciales subterráneas y llegamos finalmente a la 5ª avenida, por donde avanzamos hacia el norte hasta la 53 donde giramos a la izquierda y continuamos hasta el MoMA (Museum of Modern Art). Como nuestros City Pass incluían la entrada nos metimos adentro, después de dejar nuestras cosas obligatoriamente en la consigna. El museo es precioso, al margen de la exposición. Es un lugar agradable y bien dispuesto. No es demasiado grande por lo que la visita se puede hacer dinámica, sobre todo porque nosotros no disponíamos de demasiado tiempo, aunque suficiente para ver lo que más nos interesaba.


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Subimos a la última planta y vamos bajando. En la 5ª planta autores importantísimos como Picasso, Duchamp, Dalí, Van Gogh, Klimt,…, etc. Me llaman especialmente la atención “Las señoritas de Avignon”, de Picasso, considerado el primer cuadro cubista de la historia, “Noche estrellada” de Van Gogh, y la “Persistencia de la memoria” de Dalí. También resulta impresionante “La esperanza II” de Gustav Klimt o “Mujer con Mandolina”, “Los músicos” y el famosísimo “Ma Jolie” de Picasso. De Picasso también me gusta la “Cabeza de mujer con moño”.







En la 4ª planta, destaco a Warhol y, en efecto, me gusta mucho su ala. Tengo curiosidad por contemplar algo de la obra de Pollock y solo tengo que decir que, no sé, ese hombre pintaba con una ira interior descomunal. Mirar alguna de sus obras me resulta desconcertante, inquietante. En cierta ala exponen una serie de cuadros en blanco junto con otros completamente negros que califico como una de esas estafas del arte moderno, que me irrita. Por último, añadir que “2 hermanas” de un tal Jonh D Graham me hizo reír bastante.


El 3er piso alberga objetos decorativos, maquetas arquitectónicas y creaciones que marcaron una época. De esta manera podemos encontrar un helicóptero Bell-47D1, un Jeep M38A1, algún video musical representando el Punk, o algunos videojuegos que quedarán para la posteridad, como el Pacman (Comecocos), Tetris, Space Invaders o el Street Fighter 2.





Bajamos al 2º piso donde una exposición de bocetos y dibujos de Henri Toulouse-Lautrec hace nuestras delicias y terminamos ya en la planta baja donde salimos al jardín de Esculturas a relajarnos un poco en ese especial ambiente. Unas cuantas sillas rodean un pequeño estanque y encima de alguna de ellas hay algún bloc y lápices para que pueda dibujar el que quiera.
En poco más de una hora estamos en la tienda donde encontramos algunas cosas interesantes y yo termino adquiriendo un nuevo reloj despertador de forma cúbica por 35 $. Finalmente salimos y vamos a comer, que ya es hora.
Decidimos retroceder a la calle 51 oeste para volver al Cafe Duke, puesto que es completo, barato y ya lo conocemos. Por unos 10 $ como un plato de pollo guisado con verduras y una selección de frutas de postre. No es ninguna maravilla pero no está mal.
Salimos del Cafe Duke y avanzamos por la calle 51 hacia el este y al pasar por el Rockefeller Plaza norte, han montado una feria de productos gastronómicos. Aquí suceden cosas como esa todo el rato. El paisaje cambia día a día. Echando un ojo descubro un puesto donde venden sirope de arce, y como estaba muy interesado me compro un litro por 22 $. Cuando lo meto en la mochila soy consciente de que ésta comienza a pesar más de la cuenta. No obstante, me da igual.




Subimos por la 5ª avenida y nos desplazamos hacia el este por la 55. Estamos delante del Sony Building (AT&T Building), muy alto y anticuado. Entramos en su patio interior y compro un capuccino en el Starbuck’s que aquí se encuentra. Salimos hacia la calle 56 y entramos en el magnífico atrio de IBM Building lleno de parterres con bambúes. Algún escaparate curioso muestra lo que creo que son auténticas armaduras de samurai, y entramos a Niketown, una tienda exclusiva para productos Nike. Muy grande y muy…, muy…, deportiva. Lo más destacable es el escaparate con maniquíes alineados con todas las equipaciones oficiales de la NFL.


Salimos a la calle 57 este y en la esquina con la 5ª avenida está la famosísima tienda de Tiffany’s. Todo un homenaje al lujo en forma de joyas y elementos decorativos realizados con todo tipo de materiales nobles. Varias plantas son accesibles mediante ascensor que incluye una amabilísima ascensorista. Por un momento se me ocurre ir a por un par de croissants para hacer la tontería, toqueteándolo todo con mis deditos pringados de mantequilla, pero finalmente cambio de opinión, puesto que no me apetece que me echen de mala manera, ja ja ja.

A la salida entramos a la Trump Tower por la 5ª avenida y echamos un vistazo al recibidor de uno de los edificios más caros y lujosos del mundo. El momento es genial puesto que suena en el ambiente la maravillosa “Ain't that a kick in the head?” de Dean Martin, una canción que me gusta especialmente. Varios mostradores venden merchandising de… ¿Donald Trump? ¿Pero quién narices va a comprar nada ese tío? Este mundo es increíble.



Saliendo cruzamos la calle y nos detenemos en Abercrombie & Fitch, una tienda de ropa cuyos dependientes son gente guapa vestidos de chándal que a la mínima orden se quedan en ropa interior para delicia de los compradores. A la entrada, uno de los susodichos está posando para delicia de la nube de mujeres que se arremolinan a su alrededor a la espera de poder sacarse una foto con él. El interior de la tienda resulta bastante agradable, a pesar de la escasez de luz y de la música machacona. A la salida tenemos una buena visión de la bonita Trump Tower, aunque lamentablemente hayan quitado los árboles de los parterres exteriores de los pisos bajos.






Llegamos a la Grand Army Plaza, otra vez, aunque no será la última y entramos a una de las más famosas jugueterías del mundo, FAO Schwartz, utilizada como decorado en la película Big, de Tom Hanks. Dos encantadores plantas repletas de todo lo que un niño pueda desear. Peluches y más peluches de todas las formas y tamaños, estatuas de Lego por doquier, y un famoso piano gigante para tocar con los pies que da la impresión de haber sido cambiado por otro sensiblemente más pequeño. Mi alma friki ataca de nuevo y me marcho de la tienda con 2 camisetas de la DC, una de Superman y otra de Flash, que hace tiempo que tengo en mente, por 15 $ cada una. La puñetera mochila me sigue fastidiando…


Pasan poco de las 17:00h y ya es hora de avanzar hacia el Met. Subimos por la 5ª avenida y aprovecho para sacar una foto decente de la Frick Collection, y paseando, paseando nos plantamos en las puertas del Met (Metropolitan Museum), probablemente el museo más importante de la ciudad y uno de los más importantes del mundo. Accedemos al interior del Great Hall y conseguimos las entradas en un mostrador, gracias de nuevo a nuestros City Pass, con las que adquirimos unos excelentes planos del lugar. Visitar el Met puede resultar abrumador y un poco frustrante si se quiere ser demasiado ambicioso. La exposición es realmente grande, al nivel de museos como el Louvre, por lo que decidimos marcarnos objetivos en función del tiempo y ganas. Decidimos visitar las secciones grecorromana y egipcia como principales intereses y después ya veremos.







En primer lugar y debido a la hora que es accedemos a la terraza para contemplar sus vistas sobre Central Park al atardecer. Ésta está bastante concurrida pero ofrece un bello espectáculo. De camino a la sección grecorromana nos perdemos un poco por la planta baja, pasando por la sección de artes de África, Oceanía y las Américas. Atravesando la parte americana, la sala 358 está llena de esculturas mesoamericanas de gran belleza. Maravilloso, el jugador de pelota ameca, y una urna funeraria zapoteca. La sala 357 está repleta de objetos decorativos de oro de gran belleza, usados como ornamentos corporales, y también cerámicas estupendas. Entre todo ello destaco colgantes de diferentes figuras, enmascaradas y de pájaro, de estilo tairona, así como máscaras funerarias calimas, o placas pectorales. También preciosas figuras cerámicas masculinas o femeninas chancay.




En la parte de Oceanía, en la sala 354, espectacular es la recreación de un techo de una casa ceremonial de Papúa Nueva Guinea, que también incluye sus pináculos, así como los ídolos protectores Nggwalndu. Muy llamativo resulta un instrumento de percusión de Vanuatu, en forma de tótem con una ranura longitudinal de más de 4 metros de altura, adornado en su parte alta por una extrañísima máscara.


Y por fin llegamos a la sección de arte grecorromano, en la sala 162, llena de bustos de emperadores como el de Lucio Vero y también filósofos como Sócrates, o gente completamente anónima. También son habituales las estatuas de mármol de diferentes épocas, la mayor parte de ellas descabezadas y desmembradas, o urnas y sarcófagos repletos de bajorrelieves.


Un precioso mosaico llama mi atención. Colgado en una pared representa el rapto de Ganímedes por parte del lujurioso Zeus, transformado en águila. A su lado una entrada se abre hacia la increíble reconstrucción de un cubiculum nocturnae, o dormitorio con auténticos frescos extraídos de la Villa Romana de Boscoreale. Realmente impresionante por su belleza y color.




De aquí pasamos a la sala 160, que contiene, entre otras cosas, una parte de una columna jónica del Templo de Artemisa en Sardis, puesto que entera no cabría en la estancia. También destacan una estatua de un hombre en bronce y la cabeza de una estatua de Alejandro Magno, uno de mis personajes históricos favoritos, procedente de una colección privada. Después pasamos a la galería 153 con más enormes estatuas de mármol y atravesamos las salas 159, 157, 155 y 151 que muestran una impresionante colección de cerámica griega, así como armas y armaduras.



De esta forma volvemos al Great Hall, en cuya parte norte se sitúa un coloso sedente, supuestamente representando al faraón Amenemhat II, que anuncia nuestra proximidad con la sección de arte egipcio. Al comienzo, ¡una mastaba! ¡Aquí dentro! ¡Qué burrada! Procede de Saqqara y perteneció a un oficial de corte llamado Perneb. El interior está labrado con ricos relieves y frescos, representando ofrendas varias.



Pasando por la sala 103 me detengo para admirar unas tallas de madera en tamaño casi real, representando a Merti, governador provincial, y su esposa, formando parte de un total de 11 estatuas encontradas en su tumba. Una gran colección de preciosos objetos inundan un enorme número de vitrinas: Joyas, prendas de vestir, maquetas que representan barcazas o incluso actividades cotidianas, como un matadero, o sarcófagos de madera decorados con preciosas pinturas en cada centímetro. Estupendos los vasos canopos, usualmente conjuntos de 4 vasijas que representan 4 deidades protectoras para albergar en las tumbas 4 órganos embalsamados, esenciales para continuar con la vida en el más allá. A saber: Estómago, hígado, intestinos y pulmones.

Y así nos plantamos en la sorprendente sala 131, el ala Sackler, que alberga el ¡Templo de Dendur! ¡Aquí dentro! ¡Otra vez! Es un templo pequeño, de época ptolemaica, regalado al estado yanqui por su contribución al salvar el patrimonio egipcio afectado por la construcción de la presa de Asuán y la posterior formación del Lago Nasser. Muy bonito, similar al de Debod, en Madrid, en relación al tamaño. La entrada está flanqueada por 2 columnas coronadas por capiteles que representan flores de loto y, aunque el acceso al Sancta Sanctorum está impedido, es posible admirar parte de los relieves que lo adornan.


El templo está guardado por dos colosos sedentes del faraón Amenhotep III. Cerca, en la misma sala tres magníficas estatuas sedentes de la diosa Sekhmet, con cabeza de leona, símbolo de la fuerza, cuya ira está relacionada con la guerra, los desastres naturales y las enfermedades. No obstante, apaciguarla puede conllevar fortaleza y vigor para superar las adversidades.



Del resto de la exposición debo señalar dos cosas más: La capilla de Ramsés I, procedente de Abbydos, construida por su hijo Seti I, en la que aparece el propio Ramsés y su esposa ofrendando incienso y otras cosas a Osiris, Isis y Hathor, en los relieves de la pared sur. Hacia el oeste se representa a hijo y padre, ambos realizando ofrendas a sendos símbolos osiríacos, acompañados por Horus en un caso y por Isis en el otro. La otra cosa reseñable es el Libro de los Muertos, un enorme papiro con instrucciones, normas y ritos para poder alcanzar con éxito la vida más allá de la muerte. Realmente precioso.

Al llegar aquí se podría decir que ya hemos cumplido nuestras previsiones pero decidimos acercarnos a la exposición de arte islámico del primer piso. Subimos por la escalinata principal y al avanzar hacia el sur nos asomamos por una puerta dentro de la que han reconstruido ¡El patio renacentista del Castillo de Vélez Blanco!, precioso, pero bastante deslucido en este entorno. Una obra maestra del renacimiento español en EEUU. Una pena.


¡En fin! Seguimos avanzando hasta la sala 450 con un precioso y enorme Corán sobre un soporte de madera medieval. Distintos tipos de celosías sobre las paredes complementan la ambientación. En las salas 462 y 463 se ubican un buen número de objetos y gran cantidad de alfombras de estilo persa. Ambas estancias se encuentran separadas por unos magníficos arcos de madera procedentes de la India.

En la sala 456 nos encontramos con una recreación de un patio de estilo marroquí donde han integrado 6 columnas procedentes de la Alhambra, que fue bastante saqueada durante el s. XIX.

Y para terminar, en la sala 461, la Sala Damasco, se recrea un recibidor de una casa noble del s. XVIII.

Ya un poco cansados avanzamos hasta sentarnos en unos bancos en medio de la sala 401. Ésta presenta en una de sus entradas una pareja de toros alados con cabeza humana, y las paredes están revestidas de relieves distintos. Todo el conjunto pretende evocar la sala de audiencias del palacio real de Ashurnasirpal II en Nimrud. Efectivamente hemos terminado en medio de la sección asiria.





Después de descansar un rato, constatando que la mochila, en efecto, me está matando, terminamos en el balcón que rodea el The Great Hall. No queda mucho para el cierre del museo y decidimos dar una vuelta rápida por la sección de pintura europea, por lo que arrancamos hacia allá y podemos apreciar algunas obras preciosas, de Rembrandt, Vermeer, Rubens o Van Dyck, antes de que nos echen definitivamente.
Realmente molidos emprendemos la vuelta hacia el sur por la 5ª avenida pero para ello tomamos el primer autobús que pasa bajándonos en Grand Army Plaza. Entramos en la tienda Apple para hacer alguna comprilla de última hora y nos vamos directamente al hotel, esperando no caer inconscientes por el camino, ja ja ja.
Continuará.










