El día de llegado no cuenta, porque fuimos de la estación a casa y allí nos quedamos. Así que nuestra cita con Edimburgo comienza al día siguiente.
VIERNES: desde nuestro alojamiento en línea recta llegabas a Princess Street. En este primer día vimos el monumento a Scott, y como hacía buen tiempo y dicen que Edimburgo es impredecible, aprovechamos para subir a Calton Hill y disfrutar de sus vistas. Atravesamos el puente de North Bridge (junto a la estación, famoso porque al parecer era el sitio elegido para los habitantes de Edimburgo cuando decidían suicidarse) y nos dejamos caer Royal Mile abajo hasta las puertas del palacio de Hollyrood. No entramos, no tenía tanto interés en verlo como para pagarles. Decir que esa parte baja de la Royal Mile es la más sosa, para el otro lado cambia mucho, como comprobamos más adelante. Junto al palacio había manifestantes kurdos, un chaval muy joven intentó explicarnos de qué iba la cosa, aunque con nuestro inglés nos entendimos regular.
Decidimos que era la hora de comer, y lo hicimos junto a la estación, en los bancos que hay dondé está la oficina de turismo. Después de pasear un poco más, entramos en la Galería Nacional de Escocia. Como todos los museos, es gratuito, y pudimos ver algún Rembrandt, Rubens, Degas, Van Gogh... Estuvo muy bien.
SÁBADO: Royal Mile pero esta vez por la parte más chula, la que va en dirección a Sant Gilles. Pero antes pasamos por el museo de la infancia, por curiosidad. No nos entusiasmó especialmente, pero curioso es. Después fuimos a Sant Gilles, nos gustó mucho, y después de ver la pequeña y famosa estatua de Bobby, entramos al Museo Nacional. Es un poco parque de las ciencias, pero no exactamente, y más mezclado. Perfecto para ir con críos. Dedicamos el resto de la jornada a pasear sin más, entre otros sitios por Grassmarket, donde había un gran ambiente.
DOMINGO: teníamos los pies molidos, y decidimos tomarnos el día con calma. Dormir un poco más, que además de viajando, estamos de vacaciones. Desayuar despacio, con dos cafés. Y todas esas cosas. Nos dirigimos al museo de arte moderno, que estaba fuera del circuito habitual vía Princess Street, quedaba antes a la izquierda. Por cierto, por esa zona había un edifico enorme, que no sabíamos que era ni nadie visitaba, aunque se notaba que estaba en uso. No sé donde nos enteramos de que es un colegio. El museo está dividido en dos edificios independientes, bonitos ambos, y tiene sus cositas. Tenía varias obras de Dalí, Picasso y Matisse. Además el entorno es bonito, jardines, bancos, todo muy cuidado. Echamos prácticamente toda la mañana (porque quisimos, se puede tardar menos), y después disfrutamos de un concierto en la calle de un grupo local que vendía sus cds in situ.
LUNES: con energías renovadas, ya estábamos en disposición de volver a darlo todo. Volvimos a pasear por los jardines de Princess Street, entramos a algún cementerio, contemplar el monumento a Scott -pequeño pero imponente-, North Bridge, Royal Mile, algunos callejones y por fin el Castillo. Lo dejamos para el lunes pensando que así habría menos gente y lo veríamos más a gusto. Y se estaba bien, no sé como sería el finde. Nos dijeron que si ya habíamos visto el de Stirling no merecía la pena pagar tanto porque no era mejor, pero hay cosas que una debe comprobar por sí misma. Finalmente pienso que es cierto, no vale 16 libras, pero en absoluto me arrepiento de haber entrado. Ojo, es bonito, simplemente que el precio es excesivo. Al día siguiente marchábamos a Glasgow para coger el avión, así que tocaba ir espidiéndose de Edimburgo.
La ciudad es pequeña y muy manejera, no hay grandísimas distancias, de hecho no usamos ni una vez el transporte público porque íbamos andando a todas partes. Se puede ver en un par de días, como siempre si tienes más pues mejor, la ves más a fondo y con otra tranquilidad, pero no es para nada grande, y además todo está muy junto.
VIERNES: desde nuestro alojamiento en línea recta llegabas a Princess Street. En este primer día vimos el monumento a Scott, y como hacía buen tiempo y dicen que Edimburgo es impredecible, aprovechamos para subir a Calton Hill y disfrutar de sus vistas. Atravesamos el puente de North Bridge (junto a la estación, famoso porque al parecer era el sitio elegido para los habitantes de Edimburgo cuando decidían suicidarse) y nos dejamos caer Royal Mile abajo hasta las puertas del palacio de Hollyrood. No entramos, no tenía tanto interés en verlo como para pagarles. Decir que esa parte baja de la Royal Mile es la más sosa, para el otro lado cambia mucho, como comprobamos más adelante. Junto al palacio había manifestantes kurdos, un chaval muy joven intentó explicarnos de qué iba la cosa, aunque con nuestro inglés nos entendimos regular.
Decidimos que era la hora de comer, y lo hicimos junto a la estación, en los bancos que hay dondé está la oficina de turismo. Después de pasear un poco más, entramos en la Galería Nacional de Escocia. Como todos los museos, es gratuito, y pudimos ver algún Rembrandt, Rubens, Degas, Van Gogh... Estuvo muy bien.
SÁBADO: Royal Mile pero esta vez por la parte más chula, la que va en dirección a Sant Gilles. Pero antes pasamos por el museo de la infancia, por curiosidad. No nos entusiasmó especialmente, pero curioso es. Después fuimos a Sant Gilles, nos gustó mucho, y después de ver la pequeña y famosa estatua de Bobby, entramos al Museo Nacional. Es un poco parque de las ciencias, pero no exactamente, y más mezclado. Perfecto para ir con críos. Dedicamos el resto de la jornada a pasear sin más, entre otros sitios por Grassmarket, donde había un gran ambiente.
DOMINGO: teníamos los pies molidos, y decidimos tomarnos el día con calma. Dormir un poco más, que además de viajando, estamos de vacaciones. Desayuar despacio, con dos cafés. Y todas esas cosas. Nos dirigimos al museo de arte moderno, que estaba fuera del circuito habitual vía Princess Street, quedaba antes a la izquierda. Por cierto, por esa zona había un edifico enorme, que no sabíamos que era ni nadie visitaba, aunque se notaba que estaba en uso. No sé donde nos enteramos de que es un colegio. El museo está dividido en dos edificios independientes, bonitos ambos, y tiene sus cositas. Tenía varias obras de Dalí, Picasso y Matisse. Además el entorno es bonito, jardines, bancos, todo muy cuidado. Echamos prácticamente toda la mañana (porque quisimos, se puede tardar menos), y después disfrutamos de un concierto en la calle de un grupo local que vendía sus cds in situ.
LUNES: con energías renovadas, ya estábamos en disposición de volver a darlo todo. Volvimos a pasear por los jardines de Princess Street, entramos a algún cementerio, contemplar el monumento a Scott -pequeño pero imponente-, North Bridge, Royal Mile, algunos callejones y por fin el Castillo. Lo dejamos para el lunes pensando que así habría menos gente y lo veríamos más a gusto. Y se estaba bien, no sé como sería el finde. Nos dijeron que si ya habíamos visto el de Stirling no merecía la pena pagar tanto porque no era mejor, pero hay cosas que una debe comprobar por sí misma. Finalmente pienso que es cierto, no vale 16 libras, pero en absoluto me arrepiento de haber entrado. Ojo, es bonito, simplemente que el precio es excesivo. Al día siguiente marchábamos a Glasgow para coger el avión, así que tocaba ir espidiéndose de Edimburgo.
La ciudad es pequeña y muy manejera, no hay grandísimas distancias, de hecho no usamos ni una vez el transporte público porque íbamos andando a todas partes. Se puede ver en un par de días, como siempre si tienes más pues mejor, la ves más a fondo y con otra tranquilidad, pero no es para nada grande, y además todo está muy junto.