El Museo de Historia Natural lo abren a las 10 de la mañana así que a menos cuarto aproximadamente ya estábamos allí tras habernos comido nuestro último bagel :(((
Había un pelín de gente pero al abrir las puertas todos fuimos para dentro y fue muy rápido. Das una donación. Es gigante. Yo me propuse verlo en dos horas por lo que íbamos visitando a toda pastilla todas las salas con el plano en la mano deteniéndonos en muy pocas cosas. Estando yo en la tienda del museo cuando llevábamos en él una hora y cuarto recibimos una llamada al móvil muy muy importante que llevábamos semanas esperando. Era una noticia laboral muy esperada para nosotros y fue tal la sorpresa y la alegría que aunque intentamos seguir viendo el museo no podíamos parar de pensar en la llamada. Por ello, fuimos a ver la ballena -que de lo que nos quedaba era lo más chulo- y salimos del museo porque no estábamos concentrados en las cosas del museo, teníamos la cabeza en otra parte.
Lo vimos casi entero. Hicimos muchas fotos.

Metro y para la Quinta Avenida a gastarnos los últimos dólares que nos quedaban. Fuimos a Hollister de nuevo y a un Duane Reade a por más chocolates y tonterías.
Nos despedimos comiendo en un Shake Shack y recogimos las maletas en el hotel a eso de las 14 horas.
La vuelta al JFK estaba prevista hacerla en taxi pero como la llegada el primer día nos fue tan fácil con el metro lo haríamos en metro. Lo bueno es que la parada del metro de la calle de nuestro hotel te llevaba directamente a Jamaica Station y no había que hacer transbordos sino no sé yo si hubiéramos podido con las 4 maletas escaleras para arriba y para abajo.
A las 15.30 estábamos en el aeropuerto. Y a las 18h me encontré un Shake Shack en la puerta del avión y no me pude resistir y cogimos la cena. Era comer por comer pero no lo pude evitar.
El vuelo fue muy bien y en 6 horas y media llegamos a Madrid (había mucho viento de cola -aunque no se movió nada- y por eso llegamos tan rápido).