Después de tener los vuelos comprados desde diciembre llegaba el día tan ansiado. Empezaba nuestro viaje a Japón, con nuestra escala en Moscú.
Para poder entrar en Rusia necesitas un visado. Si hacéis una escala y no tenéis pensado salir a visitar la ciudad no os hace falta nada, el visado solo es necesario si quieres “salir” del aeropuerto. Como sólo íbamos a estar unas horas en el país, el nuestro era de tránsito. Para conseguirlo además de pagar tus 58 euretes por persona, tienes que demostrar que estás cubierto por un seguro de viaje que cubra posibles incidentes. Nosotros nos lo hacemos siempre que salimos de la Unión Europea, pero si sois más “osados” y prescindís de seguro médico, aquí toca pasar por el aro. Además, aseguraos de que vuestra empresa aseguradora ofrece cobertura en Rusia. Para sacarlo hay dos formas:
- Directamente en el consulado ruso en Madrid www.rusmad.mid.ru/para.htm. Sale algo más barato pero tienes que ir a pedirlo y a recogerlo, y además te ponen muchas más trabas, nosotros lo intentamos pero por cuestión de fechas preferimos no arriesgarnos y hacerlo en centraldevisadosrusos.
-En centraldevisadosrusos.com/ que la verdad es lo más cómodo, te lo pueden mandar por correo (previo pago adicional de más euretes), pero nosotros fuimos directamente a las oficinas que tienen en Madrid y después de más de 3 horas esperando conseguimos tramitarlos. A los pocos días los teníamos en nuestro poder.

Volamos con Aeroflot en un Boeing 737 nuevecito y llegamos a Moscú sobre las 5/6am. Llegamos puntuales y genial porque ya era de día y habíamos planeado una ruta para ver lo principal y volver pronto al aeropuerto al siguiente vuelo que salía a las 19.00. Decidimos que como muy tarde a las 15.00 estuviésemos donde estuviésemos dejaríamos lo que estuviéramos visitando y saldríamos hacia el aeropuerto.
Ya habíamos comprado online antes de ir el billete del tren Aeroexpress aeroexpress.ru/en/ que va desde Sheremétievo al centro, en concreto a la parada de metro Belorusskaya, y tarda 35 minutos. Si lo compras online te ahorras algunos rublos y además tienes la comodidad de llevarlo hecho y pagado. Es un billete tipo puente aéreo, es decir, tienes los billetes y puedes coger el tren que quieras tanto a la ida como a la vuelta.
Salimos a la calle en la estación Belorusskaya, tan chula como rusa, y cogemos el metro. Con un solo billete sencillo puedes ver todas las estaciones siempre que no salgas a la calle, claro.

La verdad es que el metro es impresionante desde el punto de vista arquitectónico y además los trenes tienen una frecuencia altísima, como mucho de 2 minutos en todas las ocasiones en las que montamos. Recomendamos llevar impreso un plano de metro escrito en nuestro alfabeto y en cirílico porque si no puede ser bastante difícil saber donde estas, pero en general es bastante fácil utilizarlo. Las paradas que visitamos fueron: Belorrusskaya, Novoslobodskaya, Mayakovskaya, Park Kultury, Kievskaya y salimos a la calle en Smolenskaya.


Como curiosidad en la línea circular la voz masculina anunciando la próxima parada significa que el tren va en el sentido de las agujas del reloj, y si es femenina, al contrario. En las líneas radiales la voz masculina se acerca a la ciudad, la femenina se aleja. Parece una tontería pero es bastante útil.


Ya por fin en la calle, había solecito y buena temperatura así que cogemos la calle Arbat y desayunamos unos dulces raros en una terraza. La paisana que nos atendió tenía el mismo nivel de inglés que nosotros de ruso (nulo), seca y cara de pocos amigos. Ya veríamos que este fue el estándar de amabilidad que encontramos allí.


Al ser jueves el Kremlin estaba cerrado así que nos íbamos a centrar en la Plaza Roja. No nos importó porque como sabíamos que no íbamos muy holgados de tiempo, concentramos nuestros esfuerzos en otras atracciones. Antes de llegar y subir la calle donde está el Museo Estatal de Historia, ya nos encontramos una cola bastante grande para entrar al Mausoleo de Lenin, así que allí que nos quedamos. Dato importante: es gratis (free!) y abren de 10.00 a 13.00, así que si no queréis comeros una hora de espera como nos pasó a nosotros estad allí antes de las 10. No recuerdo cuanto tiempo estuvimos esperando, pero lo suficiente como para hartarte un poquito.

Al entrar te encuentras muchos guardias, te hacen que enseñes tus pertenencias y a la mínima que te paras un segundo en el recorrido te dicen que continúes y no te pares.
Dentro nos llamó la atención lo oscuro que estaba y los guardias fantasmales que hay según vas entrando. Todo muy muy oscuro, con luces rojas intensas enchufadas a los guardias. Y allí estaba Lenin, como si estuviera durmiendo, muy muy bien conservado. Nos quedamos flipando aunque poco queda en el recuerdo de ese minuto que lo ves, porque no te dejan pararte ni un segundo, y ya ni hablar de hacer fotos o videos.

Al salir fuimos a la Catedral de San Basilio, preciosa y más pequeña de lo que creíamos. A nosotros fue lo que más nos llamó la atención, su tamaño. Nos esperábamos algo mucho más grande. De cualquier manera, es una preciosidad y merece la fama que tiene. Por dentro no tiene espacios grandes y abiertos sino que son pasillos y salas. Todo muy laberíntico.


A esas alturas ya nos estaba abultando un poco el día (casi no habíamos dormido nada en el vuelo), así que fuimos a buscar algún sitio que no fuera guirilandia para comer. Entramos en el centro comercial GUM o como lo escriben ellos RYM pero al final comimos en un Kpowka Kaptowka por las calles de atrás del centro comercial que sirven patatas asadas con salsa.
Siempre intentamos integrarnos en los países a los que vamos, comiendo en sitios en los que vemos a gente local. Haciendo gala de la alegría y amabilidad de los rusos (nótese la ironía) la dependienta ni nos entendía ni quería hacerse entender. Menos mal que una chica que estaba detrás de nosotros para pedir nos echó una mano. Si no es por ello hubiésemos acabado comiendo cantos rodados. Comimos y fuimos hacia el puente situado detrás de la catedral San Basilio para ver el Kremlin desde allí. ¡¡Qué pasada!!

Desde el puente a lo lejos se veía la Catedral de Cristo El Salvador así que fuimos andando por la ribera del rio hasta allí, total, no parecía que estuviera muy lejos… Este fue uno de los momentos en los que descubrimos la “grandiosidad” de Moscú. Hay unos espacios libres tremendos entre atracciones. El calor apretaba bien, y al final se nos hizo algo pesado el paseo. Al llegar nos enteramos de que no dejaban entrar con pantalones cortos así que solo entramos uno de los dos y esta catedral sí que es más parecida a lo que estamos acostumbrados. Espacios grandes, muy chula la verdad.

Por matar un poco el tiempo visitamos alguna estación más de metro y para el aeropuerto. Al final acabamos la visita programada antes de la hora límite (15.00) que decidimos. La vuelta al aeropuerto transcurrió sin incidentes, y en el aeropuerto también fue todo sobre ruedas. Eso sí, ojo al control de pasaportes! No hemos visto algo más lento en nuestra vida.
Como conclusión de nuestra vueltecilla por Moscú (no se puede llamar de otra manera), sacamos un resultado muy positivo. Nos gustó mucho lo que vimos, bastante limpio y muy bien cuidado todo. Cambiamos unos 60€ en el aeropuerto y nos sobró algo de dinero, que gastamos en el aeropuerto a la vuelta en unos refrescos y algún souvenir. A destacar la amabilidad rusa… Disculpad, la ausencia de amabilidad rusa. No decimos ni discutimos que exista, pero nosotros no nos topamos con ella. También es cierto que después de nuestra súper experiencia nipona, las comparaciones son odiosas en este sentido!
Ahora en el avión a dormir todo lo que podamos, que nos espera un vuelo de unas 10 horas con llegada a las 10.30 aproximadamente de la mañana en Tokio. Nuestra aventura nipona está a punto de comenzar!