En el día de hoy no es nuestra intención madrugar, pero ya desde bien temprano hace tanto calor que no se puede soportar estar dentro de la tienda.
Vamos a realizar una excursión por los alrededores de Regengburg, la primera visita es el monumento de Kelheim, a 30km.
La sala de la liberación de Kelheim es un monumento neoclásico de planta circular situado en lo alto del monte Michelsberg. Fue ordenado construir por Luis I para conmemorar las victorias frente a Napoleón. El parking es ineludible y cuesta 2€, la entrada al monumento son 3.5€ pero la tenemos incluida en la Baviera card.
El monumento se encuentra en restauración y parte de la fachada está cubierta por andamios. Aunque a mí a priori me parecía espantoso una vez dentro la impresión no fue tan mala.
El interior se puede decir que es incluso armónico, imperando los tonos neutros y el dorado. El recinto está flanqueado por colosales estatuas de victorias aladas dándose la mano y rematado por una monumental cúpula que, salvando las distancias, recuerda la del Panteón de Roma. Todo allí conduce a la exaltación del sentimiento patriótico germano, pero sin las estridencias propias de este tipo de monumentos.
A pocos kilómetros se encuentra el castillo de Prunn y hacia allí nos dirigimos. No hay ni una sola señal que nos indique como llegar así que nos cuesta un poco dar con la entrada, a la que llegamos caminando a través de un empinado camino por el bosque. Entramos en el patio de armas y vemos que las visitas únicamente son guiadas y que el siguiente pase es dentro de 40 minutos, así que esperamos sentados tranquilamente a la sombra. El castillo está situado en un promontorio rocoso que se eleva unos 70m sobre el suelo, todo él es un mirador privilegiado del Danubio.
Vista del Danubio desde el Castillo de Prunn
La historia de este castillo está ligada a la dinastía Wittelbach, siendo su residencia durante largo tiempo. No puedo contar mucho más, ya que la visita guiada es solamente en alemán y aunque nos dan unas láminas con el texto de las explicaciones para ir leyendo la verdad es que no lo aprovechamos demasiado y tampoco recuerdo nada destacable en el interior salvo que fue el lugar donde se halló el codexprunensis, códice medieval de gran importancia que versa sobre la leyenda del anillo de los nibelungos.
Próxima parada: Abensberg, pequeño pueblo con un gran atractivo: la fábrica de la riquísima cerveza Kuchlbauer y el edificio diseñado por Hunderwasser que la alberga.
Plaza de Abensberg
Es hora de reponer fuerzas, así que vamos directos al biergarten de la cervezera Kuchlbauer, situado a los pies de la Kunsturm, imagen más conocida de todo el conjunto. En ese momento no hay ningún turista, sólo gente del pueblo que se acerca allí a media tarde (para ellos, porque son las 15.30h pasadas y nosotros estamos comiendo) a charlar y pasar un rato agradable con sus vecinos y conocidos. Nos instalamos a la sombra y entramos al bar a pedir las cervezas. Alucinamos con los precios tan baratos, cañas de medio litro de cerveza tostada 2.80€, la pena es que nos tenemos que contener porque en un rato tenemos que coger el coche, responsabilidad al volante ante todo.
Kunsturm de Hunderwasser en la cervezera Kuchlbauer
El señor de la mesa de detrás se gira para hablar con nosotros, es un jubilado alemán que mantuvo negocios con México muchos años por lo que se expresa en un pulcro castellano adornado con un simpático asento manito. Nos resulta muy ameno conversar con él, lo acribillamos a preguntas sobre la vida en Alemania. Se nos pasa el tiempo volando, tanto que llegamos por los pelos a la tienda del museo, donde nos compramos, como no, un pack de cervezas surtidas para degustar en casa las que no nos fue posible probar allí, sniff, sniff.
Con muy buen sabor de boca nos despedimos de Abensberg, esperemos que hasta otra, y nos dirigimos a Regensburg. Aparcar en el centro es una quimera así que optamos por no dar vueltas y dejar el coche en el parking de la estación.
De nuevo se nos hace un poco tarde, así que nos olvidamos de poder visitar la catedral y nos tenemos quhttps://www.losviajeros.com/themes/default/images/bbcode/img.gife contentar con pasear por las calles del centro. El recorrido no es demasiado largo pero como ya comenté anteriormente, Ratisbona tiene un interesante casco medieval testimonio de su pasado romano y de su rica vida cultural e intelectual a lo largo de los siglos, sin olvidar el significado que tiene para la historia de España, por ser la ciudad natal del gran Juan de Austria, bastardo del emperador Carlos V.

Estatua de D. Juan de Austria en Ratisbona
Empieza a oscurecer y volvemos al camping, un poco tristes al ser nuestra última noche bajo el toldo de nuestra Quechua. Nos despedimos de las salchichas, la mostaza y las cervezas saboreadas al aire libre de las que llevamos disfrutando quince días.
Vamos a realizar una excursión por los alrededores de Regengburg, la primera visita es el monumento de Kelheim, a 30km.
La sala de la liberación de Kelheim es un monumento neoclásico de planta circular situado en lo alto del monte Michelsberg. Fue ordenado construir por Luis I para conmemorar las victorias frente a Napoleón. El parking es ineludible y cuesta 2€, la entrada al monumento son 3.5€ pero la tenemos incluida en la Baviera card.
El monumento se encuentra en restauración y parte de la fachada está cubierta por andamios. Aunque a mí a priori me parecía espantoso una vez dentro la impresión no fue tan mala.
El interior se puede decir que es incluso armónico, imperando los tonos neutros y el dorado. El recinto está flanqueado por colosales estatuas de victorias aladas dándose la mano y rematado por una monumental cúpula que, salvando las distancias, recuerda la del Panteón de Roma. Todo allí conduce a la exaltación del sentimiento patriótico germano, pero sin las estridencias propias de este tipo de monumentos.
A pocos kilómetros se encuentra el castillo de Prunn y hacia allí nos dirigimos. No hay ni una sola señal que nos indique como llegar así que nos cuesta un poco dar con la entrada, a la que llegamos caminando a través de un empinado camino por el bosque. Entramos en el patio de armas y vemos que las visitas únicamente son guiadas y que el siguiente pase es dentro de 40 minutos, así que esperamos sentados tranquilamente a la sombra. El castillo está situado en un promontorio rocoso que se eleva unos 70m sobre el suelo, todo él es un mirador privilegiado del Danubio.
La historia de este castillo está ligada a la dinastía Wittelbach, siendo su residencia durante largo tiempo. No puedo contar mucho más, ya que la visita guiada es solamente en alemán y aunque nos dan unas láminas con el texto de las explicaciones para ir leyendo la verdad es que no lo aprovechamos demasiado y tampoco recuerdo nada destacable en el interior salvo que fue el lugar donde se halló el codexprunensis, códice medieval de gran importancia que versa sobre la leyenda del anillo de los nibelungos.
Próxima parada: Abensberg, pequeño pueblo con un gran atractivo: la fábrica de la riquísima cerveza Kuchlbauer y el edificio diseñado por Hunderwasser que la alberga.
Es hora de reponer fuerzas, así que vamos directos al biergarten de la cervezera Kuchlbauer, situado a los pies de la Kunsturm, imagen más conocida de todo el conjunto. En ese momento no hay ningún turista, sólo gente del pueblo que se acerca allí a media tarde (para ellos, porque son las 15.30h pasadas y nosotros estamos comiendo) a charlar y pasar un rato agradable con sus vecinos y conocidos. Nos instalamos a la sombra y entramos al bar a pedir las cervezas. Alucinamos con los precios tan baratos, cañas de medio litro de cerveza tostada 2.80€, la pena es que nos tenemos que contener porque en un rato tenemos que coger el coche, responsabilidad al volante ante todo.
El señor de la mesa de detrás se gira para hablar con nosotros, es un jubilado alemán que mantuvo negocios con México muchos años por lo que se expresa en un pulcro castellano adornado con un simpático asento manito. Nos resulta muy ameno conversar con él, lo acribillamos a preguntas sobre la vida en Alemania. Se nos pasa el tiempo volando, tanto que llegamos por los pelos a la tienda del museo, donde nos compramos, como no, un pack de cervezas surtidas para degustar en casa las que no nos fue posible probar allí, sniff, sniff.
Con muy buen sabor de boca nos despedimos de Abensberg, esperemos que hasta otra, y nos dirigimos a Regensburg. Aparcar en el centro es una quimera así que optamos por no dar vueltas y dejar el coche en el parking de la estación.
De nuevo se nos hace un poco tarde, así que nos olvidamos de poder visitar la catedral y nos tenemos quhttps://www.losviajeros.com/themes/default/images/bbcode/img.gife contentar con pasear por las calles del centro. El recorrido no es demasiado largo pero como ya comenté anteriormente, Ratisbona tiene un interesante casco medieval testimonio de su pasado romano y de su rica vida cultural e intelectual a lo largo de los siglos, sin olvidar el significado que tiene para la historia de España, por ser la ciudad natal del gran Juan de Austria, bastardo del emperador Carlos V.
Empieza a oscurecer y volvemos al camping, un poco tristes al ser nuestra última noche bajo el toldo de nuestra Quechua. Nos despedimos de las salchichas, la mostaza y las cervezas saboreadas al aire libre de las que llevamos disfrutando quince días.