Llega el momento de abandonar nuestro adorado camping, Adiós Nord Sam, ojalá nos volvamos a ver!!
Nuestro siguiente destino es Regensburg, unos 140km al norte de Múnich, pero no vamos directamente ya que queremos parar en el lago Chiemsee para visitar el último de los palacios de Luis II, construido sobre una de las islas del lago.
Llegamos a Prien y nos asalta el dilema de siempre, aparcar gratis lejos o dejarlo en el parquin al lado de la taquillas pagando. Nos decidimos por esto último, ya que no queremos robar ni un minuto a la visita. Sacamos el ticket para el barco (7,60€ ida y vuelta), hay bastante gente, pero por suerte zarpa pronto y después de un corto paseo desembarcamos en la isla. En la taquilla tenemos que canjear nuestro explotado ticket de los 14 días por las entradas al palacio. Hay bastante cola en ese momento.
A falta de mar, Baviera está salpicada de lagos en los que se pueden practicar todo tipo de actividades acuáticas, y el Chiemsee cuenta además el atractivo añadido de la vista al palacio, por lo que en verano es muy elevada la afluencia de visitantes.
Hay otras edificaciones de interés en la isla, como el Monasterio de los Agustinos, pero estamos limitados de tiempo así que vamos a ceñirnos únicamente al palacio, el museo y una visita rápida a los jardines.
El palacio de Herrenchiemsee fue el último de los que Luis II hizo construir. En su deseo de emular al Rey Sol, ideó este palacio a imagen y semejanza de Versalles, sólo que debido al abrupto fallecimiento del Rey y la falta de financiación quedó inconcluso, estando sólo edificado el cuerpo central.
Nos incorporamos al grupo que nos corresponde, vamos a hacer la visita guiada en inglés. El interior es fastuoso, siendo el coste de este palacio tan elevado como N2006euschwanstein y Linderhof juntos. Tan solo 11 estancias fueron terminadas, encontrándose entre ellas el salón de los espejos, fiel reproducción del de Versalles.
En la planta baja se encuentra el museo dedicado a Luis II, donde se pueden contemplar todo tipo de objetos pertenecientes al rey, fotografías, ropas, cartas manuscritas, mobiliario, etc. Me resulta sumamente interesante la exposición, me hubiera gustado visitarla con mayor detenimiento para así profundizar más en la enigmática figura de este desdichado rey. Sobre todo me encanta la maqueta del delirante castillo de Falkstein, último proyecto de Luis II nunca realizado.

Retrato de Luis II y su prometida Sofia Wittelsbach / Castillo de Falkstein
A la salida nos encontramos con que acaban de encender las fuentes, aprovechamos para hacer fotos a destajo antes de que se apaguen. Los juegos de agua dan un efecto aún más versallesco si cabe a los jardines y el palacio.
Damos un paseo por el amplio parque que rodea el palacio hasta llegar al embarcadero. Otra vez subimos al barco para realizar el trayecto de vuelta, nos cruzamos con un barco de vapor que al más puro estilo Mississippi realiza un recorrido turístico por el lago.
Comemos algo rápido en Prien y sufrimos lo nuestro para subirnos de nuevo al coche, debe haber unos 50ºC dentro, tirando por lo bajo.
Es domingo y la autopista va hasta arriba de tráfico, que no para de aumentar conforme nos acercamos a Múnich. En cierto momento los tres carriles son insuficientes y en las pantallas anuncian que sobre la marcha se habilita el arcén como cuarto carril, lo que hace que la velocidad se aligere un poco.
Una vez en Regensburg buscamos el Azur Camping, está a unos 4km del centro y es el único con el que cuenta la ciudad. La señora que nos atiende en recepción además de hablar un inglés penoso no puede ser más desagradable, no nos quiere dejar meter el coche ni tan siquiera para descargar los bártulos, por lo que estamos tentados a irnos a otro camping a 30km. Discutimos un rato y a regañadientes nos permite meter el coche para descargar y nos recalca que tan pronto acabemos lo tenemos que aparcar fuera porque es un camping en el que no admiten coches ¿?? Sin duda fue el peor del viaje, instalaciones y limpieza muy por debajo del nivel que estábamos encontrando en Alemania. Nos cuesta 26€/noche.
A estas alturas del viaje ya montamos el campamento con los ojos cerrados. Una vez hecho esto volvemos a subir al coche para dar una vuelta por Regensburg.
Ratisbona fue una de las pocas ciudades alemanas cuyo casco antiguo se salvó de los bombardeos en la segunda guerra mundial permaneciendo intacta. Fue declarado patrimonio de la Unesco en 2006.
Es la última hora de la tarde y el sol empieza a declinar, damos un paseo por el centro, que nos causa muy buena impresión, especialmente la catedral con sus altísimas torres góticas.
Volvemos al camping, solicitamos en recepción el wifi y nos dedicamos a hacer las reservas de los hoteles para los próximos días.
Nuestro siguiente destino es Regensburg, unos 140km al norte de Múnich, pero no vamos directamente ya que queremos parar en el lago Chiemsee para visitar el último de los palacios de Luis II, construido sobre una de las islas del lago.
Llegamos a Prien y nos asalta el dilema de siempre, aparcar gratis lejos o dejarlo en el parquin al lado de la taquillas pagando. Nos decidimos por esto último, ya que no queremos robar ni un minuto a la visita. Sacamos el ticket para el barco (7,60€ ida y vuelta), hay bastante gente, pero por suerte zarpa pronto y después de un corto paseo desembarcamos en la isla. En la taquilla tenemos que canjear nuestro explotado ticket de los 14 días por las entradas al palacio. Hay bastante cola en ese momento.
A falta de mar, Baviera está salpicada de lagos en los que se pueden practicar todo tipo de actividades acuáticas, y el Chiemsee cuenta además el atractivo añadido de la vista al palacio, por lo que en verano es muy elevada la afluencia de visitantes.
Hay otras edificaciones de interés en la isla, como el Monasterio de los Agustinos, pero estamos limitados de tiempo así que vamos a ceñirnos únicamente al palacio, el museo y una visita rápida a los jardines.
El palacio de Herrenchiemsee fue el último de los que Luis II hizo construir. En su deseo de emular al Rey Sol, ideó este palacio a imagen y semejanza de Versalles, sólo que debido al abrupto fallecimiento del Rey y la falta de financiación quedó inconcluso, estando sólo edificado el cuerpo central.
Nos incorporamos al grupo que nos corresponde, vamos a hacer la visita guiada en inglés. El interior es fastuoso, siendo el coste de este palacio tan elevado como N2006euschwanstein y Linderhof juntos. Tan solo 11 estancias fueron terminadas, encontrándose entre ellas el salón de los espejos, fiel reproducción del de Versalles.
En la planta baja se encuentra el museo dedicado a Luis II, donde se pueden contemplar todo tipo de objetos pertenecientes al rey, fotografías, ropas, cartas manuscritas, mobiliario, etc. Me resulta sumamente interesante la exposición, me hubiera gustado visitarla con mayor detenimiento para así profundizar más en la enigmática figura de este desdichado rey. Sobre todo me encanta la maqueta del delirante castillo de Falkstein, último proyecto de Luis II nunca realizado.
Retrato de Luis II y su prometida Sofia Wittelsbach / Castillo de Falkstein
A la salida nos encontramos con que acaban de encender las fuentes, aprovechamos para hacer fotos a destajo antes de que se apaguen. Los juegos de agua dan un efecto aún más versallesco si cabe a los jardines y el palacio.
Damos un paseo por el amplio parque que rodea el palacio hasta llegar al embarcadero. Otra vez subimos al barco para realizar el trayecto de vuelta, nos cruzamos con un barco de vapor que al más puro estilo Mississippi realiza un recorrido turístico por el lago.
Comemos algo rápido en Prien y sufrimos lo nuestro para subirnos de nuevo al coche, debe haber unos 50ºC dentro, tirando por lo bajo.
Es domingo y la autopista va hasta arriba de tráfico, que no para de aumentar conforme nos acercamos a Múnich. En cierto momento los tres carriles son insuficientes y en las pantallas anuncian que sobre la marcha se habilita el arcén como cuarto carril, lo que hace que la velocidad se aligere un poco.
Una vez en Regensburg buscamos el Azur Camping, está a unos 4km del centro y es el único con el que cuenta la ciudad. La señora que nos atiende en recepción además de hablar un inglés penoso no puede ser más desagradable, no nos quiere dejar meter el coche ni tan siquiera para descargar los bártulos, por lo que estamos tentados a irnos a otro camping a 30km. Discutimos un rato y a regañadientes nos permite meter el coche para descargar y nos recalca que tan pronto acabemos lo tenemos que aparcar fuera porque es un camping en el que no admiten coches ¿?? Sin duda fue el peor del viaje, instalaciones y limpieza muy por debajo del nivel que estábamos encontrando en Alemania. Nos cuesta 26€/noche.
A estas alturas del viaje ya montamos el campamento con los ojos cerrados. Una vez hecho esto volvemos a subir al coche para dar una vuelta por Regensburg.
Ratisbona fue una de las pocas ciudades alemanas cuyo casco antiguo se salvó de los bombardeos en la segunda guerra mundial permaneciendo intacta. Fue declarado patrimonio de la Unesco en 2006.
Es la última hora de la tarde y el sol empieza a declinar, damos un paseo por el centro, que nos causa muy buena impresión, especialmente la catedral con sus altísimas torres góticas.
Volvemos al camping, solicitamos en recepción el wifi y nos dedicamos a hacer las reservas de los hoteles para los próximos días.