Despues de desayunar frente al hotel nos dirigimos hacia Camden. Como siempre llegamos temprano y muchas tiendas aun no han abierto.
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Llegamos hasta la zona de los establos que es la más chula. Aunque son apenas las 9:30 ya estás preparando los puestos de comida asiática, mejicana, caribeña, etc. El holor a cebolla lo inunda todo y, curiosamente, incluso nos entra hambre.


El mercado está chulísimo, sobre todo hay puestos de camisetas y ropa de los años ´50, ´60 y ´70. Tambien gótica y punk. Al final me compro una camiseta (15 libras) y un par de monederos de gatos (5 libras. Ya ha quedado claro que me gustan los gatos, ¿no?).
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La zona de los establos es alucinante.

Decidimos que tenemos que regresar en un proximo viaje con más dinero y una maleta bien grande.
A pesar de que solo son las 11 de la mañana probamos los fideos fritos y pollo (7 libras). Está buenísimo. Como esto empieza a ponerse a tope, decidimos ir en barquito hasta Little Venice (13 libras los dos, solo ida).


Es un paseo muy agradable, cruzando parte de Regent Park, hasta que llegamos a Warwick Avenue donde no puedo evitar cantar la canción de Duffy: “When I get to Warwick Avenue, meet me by the entrance of the tube…”(confieso que canto faaaatal, pero me encanta)

Cogemos el metro para dejar las compras en el hotel y, ya en la puerta, no podemos evitar entrar en nuestro pub para tomar unas Strongbow fresquetas (sidra). Y de camino, como ya empieza a haber gusa, una hamburguesa de pollo y unas salchichas con patatas fritas (18 libras todo).

Despues de dejar las cosas en la habitación y descansar un poquito, nos disponemos a dar nuestro último paseo por Londres. Decidimos dar el pequeño crucerito por el Támesis con City Cruises, con lo que nos ahorramos un pase con los 2x1.


Uno de los del barco va comentando lo que vemos, parece que hace comentarios divertidos y que casi todo el mundo se ríe. Y digo casi porque mi "marío" y yo lo único que entendemos es "to the left", "to the right".
De nuevo en el Big Ben nos dirigimos hacia Trafalgar Square buscando un pub que nos había comentedo un amigo, el Sherlock Holmes.
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Está bastante bien, tendremos que venir a comer en otra ocasión. Mi “marío” prueba una nueva cerveza y yo el WKD Blue que sabe a gominola.
Y, por último, nos acercamos a Covent Garden, donde un artista callejero está comenzando su espectáculo. Es muy divertido, nos quedamos hasta el final.

Y al hotel, un poco de sushi en el Sushi-yo y una última cerveza en el London Pub (este viaje ha estado lleno de sushi, cerveza y sidra)
La última noche nos guarda una sorpresa. De pronto empieza a sonar un pitido bastante fuerte. Al principio no se de que se trata, ¿es la alarma del teléfono? ¡No!¡Es la alarma contra incendios!
Rápidamente me asomo a la ventana y veo que ya hay gente en la calle: una mujer con rulos (¿se ha llevado los rulos de viaje?); un chico en pantalones, cortos sin camiseta pero con la almohada bajo el brazo;... La alarma por fin para. Mucha gente está asomada a las ventanas y no sabemos que hacer, ¿bajamos?, ¿echamos a correr?. LLegan los bombores. No han tardado ni cinco minutos, aunque parecen no tener mucha prisa. A los dos minutos se van, parece que ha sido una falsa alarma. Todos regresan a la cama, todos excepto un grupo de españoles que se quedan un rato bajo nuestra ventana fumando y bromeando. Pienso: "Ahora me va a costar dormirme de nuevo" Creo que ni siquiera llegué a terminar de pensar la frase, ya estaba dormida.